Reseña del libro “Archivos de una década Siniestra”

Reseña del libro “Archivos de una década Siniestra”

la mancha
SOBRE ARCHIVOS DE UNA DÉCADA SINIESTRA, DE JOSÉ BENEGAS
Por  Carlos Eduardo Larrosa Núñez (Carson Marsh)
A José Benegas lo conoccaptura-de-pantalla-2016-12-22-a-las-3-31-14-pmí en la UCEDÉ, en la segunda mitad de los Ochentas. Años gloriosos para la militancia liberal, porque nos sentíamos felices con nuestra incorrección política y estando “solos contra el mundo”, con un discurso claramente diferenciado y OPUESTO a los boludogmas imperantes por décadas (una “matriz diversificada” de estatismos, dirigismos, controlismos y otros “ismos” conexos). Tanto José como quienes fuimos jóvenes militantes en esa época, estábamos, de alguna manera “formateados” por quien era el referente ineludible de la UCEDÉ: el Ingeniero Álvaro Carlos Alsogaray. Cuando digo “formateados”, quiero decir que, utilizando la razón y en uso pleno de nuestra libertad, buscábamos un discurso como el de Alsogaray para reforzar la firmeza de nuestras propias convicciones.
En el momento en que comencé a releer los artículos de El disidente, el primero que quise recordar fue el del fallecimiento de Alsogaray, el 1º de abril de 2005. Alsogaray le hablaba a personas adultas, por eso no era demagogo y le era imposible elaborar diagnósticos mentirosos respecto de situaciones graves. José, desde El disidente, estuvo en línea con lo que habíamos aprendido de Alsogaray: abordar la realidad con la seriedad y crudeza que la misma merecía; en todo momento y en cualquier lugar. El camino MÁS DIFÍCIL en país “adaptable” y de “lealtades móviles” como lo es la Argentina. Entre fines de 2001 y mediados de 2003, teníamos trato casi permanente con José; esto es, entre el GOLPE DE ESTADO del 20 de diciembre de 2001 (que él, en sus artículos, hoy condensados en este libro, termina llamando REVOLUCIÓN, debido a las consecuencias política, jurídicas, económicas y de todo tenor que significaron los subsiguientes años “kakistas”) hasta la parodia comicial del 27 de abril de 2003 que terminó con el señor K entrando a Balcarce 50. Eso me permitió estar al tanto de las preocupaciones de José desde ANTES del 25 de mayo de 2003, cuando por med
io de sus correos electrónicos dando a conocer quién era este individuo y alertando sobre que lo peor estaba por venir.
El mérito de El disidente es que se trata de un testimonio descriptivo y analítico de una REALIDAD que CASI NADIE quería ver por entonces. El PEOR MOMENTO de un totalitarismo en construcción es EL INICIAL, cuando resulta “simpático” y se aplaude todo lo que hace (los campos de concentración del nazismo, como siempre recuerda José, no surgieron al principio del Tercer Reich, sino AL FINAL). Es el de las persecuciones “simpáticas”, cuando el emperador come uvas mientras ordena que los leones salgan a la arena y la turba circense ríe cuando éstos despedazan en la arena a víctimas cuya vida no vale nada, estando a merced de un dedo pulgar hacia arriba o hacia abajo. Se convirtió José, de este modo, en un cronista-analista del asalto brutal contra la Corte Suprema de Justicia, de la persecución política contra “blancos específicos” como “militares y menemistas”, de la sumisión obsecuente de Gustavo Béliz a su nuevo amo, de los primeros disparates conjuntos de los Fernández, de la “interna” entre Duhalde y el señor K, de las irregularidades en la “sucesión presidencial” ante las enfermedades del marido de la entonces “Primera Ciudadana”, de la “evolución” de la Ayatollah Elisa Carrió (aliada inicial del “kakismo”), de la “tibieza” de Macri, López Murphy y otros representantes del “espacio” que ni siquiera se animaba a llamarse “de centroderecha” (y los proyectos enemigos del derecho de propiedad votados por los legisladores de ese “riñón”), los “planes de seguridad” del régimen frente al auge de la delincuencia y su obsesión con Juan Carlos Blumberg, las peleas entre piqueteros oficialistas y opositores; entre otros temas. Pero no sólo eso: José analizó cada uno de estos puntos sin perder de vista el ideario de la Constitución Nacional de 1853 y de referentes intelectuales como Alberdi, Alsogaray y Rand; pero siempre con su estilo personal que lo hace claramente identificable. No se limitó a describir los hechos, sino a INTERPRETARLOS. A explicar POR QUÉ esos acontecimientos NO estaban en línea con lo que la Constitución de 1853 establecía y POR QUÉ el desconocimiento de las reglas de la economía y del funcionamiento del mercado llevan, inevitable (y, a veces, ineluctablemente), al fracaso.
Archivos de una Década Siniestra tiene el VALOR ENORME de un “te lo dije y te lo advertí” claramente fundado. Por eso vale la pena LEERLO CON ATENCIÓN; porque la libertad nunca va a dejar de estar amenazada. Y es un valor que hay que defender día a día. Así lo entendía el José Benegas que yo veía en la Convención Metropolitana de la UCEDÉ (allá por 1988), el José Benegas que tuve el gusto de conocer más profundamente en 1999 (cuando editó “La Moral del Violador”), el José Benegas hipercrítico de 2001-2015 y el José Benegas de hoy; con el que se podrán tener acuerdos o desacuerdos, pero del que no se puede dudar de la claridad de sus ideas y de la honestidad con que las expone.
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Contenido del libro Crónicas Inconexas

INTRODUCCIÓN

Libitz, el loco

Las Armas de la Libertad

Los caminos del infierno

La secreta esperanza de que los candidatos mientan

Asistencialismo: vasallaje bienechor

Uber: el estado al desnudo

Atendiendo a Mr. Krugman

Libertad: ¿Venderla o producirla?

¿Cómo sería ser libre?

La nueva guerra americana

Lo que no se dice del control de las drogas

Un nuevo feudalismo

Gramsci y la violencia de género

Los confederados no dispararon en Charleston

Desnudando al colectivismo

Que la empresa te acompañe

Por qué el capitalismo no es darwinismo social

El empresario

El error de la Sra Clinton

El error del Señor Trump

Por qué somos el centro del universo

El ideal social del papa Francisco y su viaje a Cuba

Macri y el lado oscuro de la fuerza

Vista previa:

Los holdouts le enseñan moral al estado argentino.

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¿Cuánto más van a repetir la falacia de que los holdouts no merecen cobrar porque compraron deuda muy barata y están ganando mucho? ¿Puede sobrevivir un país con tanta gente tan infantil?

Veamos ¿Por qué estaba barata la deuda en cuestión? La única razón es que fue repudiada por el deudor y que el deudor era un gobierno y que los gobiernos no quiebran y en el actual estado del derecho internacional son impunes. El que está llorando ahora por lo barata que se compró la deuda es el que que la abarató con su deshonestidad. No hay ninguna cuestión moral a favor de la posición argentina.

Dicen que los fondos “ganan mucho”, pero la única oportunidad que tienen ellos de ganar mucho es la aspiración del deudor de ganar mucho al no pagar sus deudas. La diferencia es que los acreedores no defraudaron a nadie. El hecho de que ellos existan hizo que la deuda repudiada valiera “algo”. Ese valor al que la compraron existe porque ellos están organizados y con capacidad de juntar volumen para aguantar. Fueron el límite a la desfachatez.

Los holdouts, dado que como dije antes los gobiernos son impunes, son la respuesta del mercado a esa impunidad. Es cara y tiene grandes posibilidades de obtener ganancias, porque ellos tratan con bandidos. Son los que salen detrás de ellos y de todo el aparato de santificación del estatismo, incluida la prensa, los curas y todo género de demagogos.

Los holdouts además son una bendición para los gobiernos que cumplen; ellos pagan tasas inferiores en la medida en que se difunde lo que ellos hacen con los que no pagan, lo que es un incentivo para quienes piensen en la posibilidad de prestar. Porque como el mundo no termina hoy, hay que asegurarse con la conducta actual de seguir teniendo crédito, que, cuando se trata del mercado privado, se guía por la seguridad y los rendimientos.

Los holdouts tratan los temas de plata como de plata. Los otros verseros recurren a falacias morales para ahorrarse guita, son de la peor miseria que ha dado el espectro moral de nuestros días.

No hay ningún caso moral detrás de gobiernos bandidos, inclumplidores y que se victimizan a la hora de pagar. La única forma de tratar con ellos y negociar, por la sencilla razón de que el país está en problemas, es agachar la cabeza, exponer la situación y apelar al deseo de cobrar de los acreedores, teniendo en cuenta esas limitaciones.

La última razón de la inmoralidad del deudor, es que llora para seguir pidiendo. Lo cual es lamentable porque no asume su alcoholismo, que cuando llegan las cuentas convierte en su “caso moral” contra el acreedor.

Por último, los holdouts tienen una posición moral incluso mejor a los de los acreedores principales. Es dudosamente ético prestarle a un gobierno que no produce y que solo paga esquilmando a la población. El único caso moral que puede haber en esta materia es contra el endeudamiento en general de los gobiernos. Los holdouts no son los que le prestan a los gobiernos, sino que compran deuda repudiada y hacen justicia con eso. Lo mejor de todo es que lo hacen por propio interés, que es el mejor motor de la sociedad, no solo en lo económico, fundamentalmente en el plano ético.

 

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Mensaje cortito a Macri, casi un SMS

Mensaje cortito a Macri, casi un SMS

Ingeniero, lo piensan hachar. Unos porque necesitan recuperar el poder y otros porque necesitan tratar con bandidos para tener pauta publicitaria. Esa visión suya de que haciendo cosas lindas a ojos de esa gente y con educación tendrá una ronda de ding, dong, dang, es equivocada. Aquí el budismo no aplica. Un grupo muy numeroso de argentinos ha estado viviendo de los demás y de que un gobierno niegue la realidad y maltrate a los que se le oponen durante 12 años. Eso convirtió a nuestro país en una calamidad moral. Eso actúa como una droga y en los próximos meses pasarán por el período de abstinencia, no importa que sus “técnicos” le digan que hay que seguir repartiendo, usted no podrá repartir en la misma proporción, eso requiere altas cuotas de autoritarismo que parecería que no van con usted y la olla está vacía. Irremediablemente se vacía porque repartir implica para unos no tener que producir y para otros no tener motivo para hacerlo.

Pero usted no está frito, salvo que barrene porque la ola lo lleva directo a donde quieren sus enemigos que vaya. El viernes los mismos que decían que la extorsión pública de la señora era un “estilo de comunicación”, van a decir que no cumplió la ley por querer cerrar el AFCA y los que decían que no estaban ni a favor ni en contra de Clarín mientras lo querían cerrar, le darán con todo por levantar un programa que es una completa malversación de fondos públicos como 678 ¿Sabe qué? Incluso se lo harán desde Clarín.

El negocio con los gobiernos criminales es obedecer y cobrar y con los gobiernos que no quieren serlo es jugarla de valientes. Es simple, es claro, es miserable. Son 70 años de estatismo, inflación, educación nacionalista. Si usted cree que la que está hecha mierda es la infraestructura, se equivoca como buen ingeniero: la destrucción está en las conductas y no tiene eso que ver con falta de curas, por cierto. Desde ahí se propaga la misma maroma moral porque ellos también la han mamado. Lo que hay es un aprendizaje sobre el crimen diario. Ser buenos con los malos y malos con los buenos, es algo que hasta Tognetti puede aprender a hacer.

Todo eso opera en su contra en el actual curso de los acontecimientos.

¿Hay salida? Si la hay: resultados. Los resultados ocurren de un solo modo, pero va a tener que bancarse igual que lo hachen. Se van a volver locos y será muy divertido, pero tenga en cuenta que hacharlo lo van a hachar igual. Usted entenderá que si la idea es destruirlo, mejor es hacer todo lo que hay que hacer olvidando la crítica. La fórmula está en la palabra prohibida porque a todo ese sistema le resulta sumamente amenazante: mercado. Total, abierto, libre, sin regulaciones, con bajísimos impuestos, un completo paraíso fiscal, reducción abrupta del gasto público, libertad de comercio sin restricciones. La Argentina volará de actividad LU-CRA-TI-VA. No se deje tentar por los temerosos, no le tema a los precios, deje que hagan lo que están llamados a hacer: guiar a la producción, unir rentabilidad a interés del consumidor. Haga de la Argentina Hong Kong. No apueste al asistencialismo, eso es destruir la cabeza de la gente y reducirla a la servidumbre. Tema, pero que el temor no lo paralice porque tiene más motivos para temer paralizado. Sorprenda a sus enemigos saliendo para adelante, no deje que lo midan.

Esto ya se hizo. Estoy seguro de que usted lo sabe.

Es todo. Caro me salió el SMS.

El autoritarismo contable de la segunda vuelta

El autoritarismo contable de la segunda vuelta

La segunda vuelta electoral parte de un supuesto falso desde el punto de vista de lo que se considera actualmente como el parámetro de legitimación por excelencia, que es el bien de los gobernados. Este supuesto es que un país necesita un gobierno con capacidad de hacer lo que quiere hacer, de acuerdo a la última versión del humor político general.

No se entiende que el estado es poder y que el estatismo es autoritarismo, por lo tanto tampoco se entiende que eso de la “gobernabilidad” es un valor para el pensamiento despótico, no  para el republicano. Ni se entiende, ni se enseña, por eso cuando escucho que todo se solucionará con educación y veo alejarse a la sociedad de los objetivos que planteaban Jefferson o Sarmiento de instruir sobre la nueva institucionalidad de la libertad y sus condiciones, me alarma tanta inconsciencia sobre lo que se está diciendo.

Montesquieu y los Padres Fundadores en los Estados Unidos imaginaban a las ramas del gobierno compitiendo entre si. No había necesidad de que una de ellas “ganara” ninguna contienda, sino de que se controlaran entre unas a otras. El destino de un país no depende de una política sino de las instituciones y de la ley, no entendida como mera voluntad legislativa sino como los principios de derecho que parten de la libertad individual. Esa es la función del gobierno, las variantes en cuestiones de administración e inversión del gasto limitado del estado de acuerdo a criterios de distintas facciones, son contingentes. Si el partido A las puede llevar adelante o no, no importa al interés general. Hará acuerdos o tal vez no los logre y un determinado gobierno se vaya sin haber conseguido lo que quería hacer. No tiene ninguna importancia y si eso es producto de que no ha logrado convencer a suficiente gente así debe ser.

No existe ningún problema con un gobierno “débil”, en tanto no lo es nunca para hacer cumplir la ley. Lo puede ser en todo caso respecto de sus propósitos políticos particulares, pero no para aquello establecido en la Constitución que se resume en la defensa de los ciudadanos.

Se que me van a decir que esto es sólo la versión liberal (si tienen quemado el cerebro me dirán “neoliberal”) de la república. Por supuesto que lo es. El asunto es este, que tampoco quieren asumir: si un gobierno no se sostiene en principios liberales, lo hace en principios autoritarios. No hay búsqueda de mayoría artificial si no se cree que la sociedad tiene un “conductor” que tiene que tener capacidad para llevarla como si fuéramos todos súbditos. Es la visión del gobierno como central en la vida del país, opuesta a la de aquellos que sabiamente lo dividieron por quererlo limitado, la que se preocupa por la falta de apoyo de quién administra al estado. Por el contrario si pensamos que la sociedad se conduce básicamente por contratos y por una vida privada libre y que el gobierno está para determinadas cosas, el problema de un gobierno minoritario no importa, en cambio alarma el deseo de muchos de convertirlo en mayoritario cuando no lo es.

¿No hay alternativa? Bueno, un gobierno un poquito autoritario es un gobierno que es dueño un poquito de las libertades de los individuos. Yo diría que éstos están un poco perdidos porque con los recursos y poder del gobierno y los dilemas que describe Hayek en Camino de Servidumbre, una vez que se inicia ese camino es difícil volver atrás.

Pero hay algo más, que desarrollo en mi libro 10 Ideas Falsas que favorecen a sus víctimas. Las dictaduras del siglo XXI en las mentes de sus víctimas. Esto es que el andamiaje institucional político de la división de poderes sólo tiene sentido para preservar la libertad individual de la libertad del gobierno (su “gobernabilidad”) . Se trata de un corset, de unas reglas que entorpecen la consecución de los deseos del gobernante. El día que nos convencieron de que el país fluye si el gobierno goza de “gobernabilidad”, es el día en que nos hicieron comprar el autoritarismo siendo sus víctimas, no sus beneficiarios, aún cuando la cosa siempre se presentará como de vida o muerte para nosotros.

La trampa consiste en convencer (se enseña en los colegios y las universidades) de que la “democracia” requiere un gobierno que tenga fuerza suficiente, para no ser entorpecido por la división de poderes. Se le asigna un papel vindicativo y todo vengador necesita una espada grande. Así como suena y en la misma línea va lo de las segundas vueltas para que una minoría se convierta en mayoría con tirabuzón. Está implícito en el razonamiento que los votos hacen al mandamás menos vulnerable a las críticas, las decisiones desfavorables en el Congreso y los fallos adversos. Los gobiernos necesitan, nos dicen, una credencial pesada para no tener que discutir tanto y hacer lo que pensaban hacer. Este es un pensamiento puramente anti institucional y autoritario. Se lo disfrazará de paternalismo, por supuesto.

Ni los gobiernos mayoritarios ni los minoritarios deben estar habilitados para hacer cualquier cosa. O por lo menos a esa habilitación no se le debe dar tinte de ningún tipo de santidad, es la vieja ansia de unos por someter a los otros. Pero hacer de las minorías mayorías por medio del balotaje, es una directa apuesta al sentido despótico del poder. Si pensamos que eso es lo mejor, obligar a la gente a elegir entre los que otros eligieron para que las matemáticas unjan a un favorito en nombre de todos, entonces deberíamos acabar con la farsa republicana y otorgarle el consagrado el poder absoluto. Más gobernabilidad que esa no se puede tener.

Esto con independencia de que en un sistema totalmente desquiciado puede ocurrir que una banda criminal tenga la primera minoría y la segunda vuelta sea el método se sacársela de encima porque todo lo demás falló, no se quiso usar o los contendientes prefieren negar que están frente a un grupo fuera de la ley y hacerse cargo de eso. La segunda vuelta en sí, es una aberración.

Teoría de la ruptura del abuso (reflexión para no escuchar la #CadenaNacional)

Adora abusar del poder la señora Kirchner, practicar la humillación, gozar del aplauso a cualquier cosa que diga. Tiene un público que ya ha sido despojado de todo. Entregaron su alma por estar adentro y no afuera padeciéndola. Ese ser humano y su grupo despreciable son el emergente perfecto de un sistema político mal diseñado, torcido en la historia y profundamente incomprendido por todos. Porque no hay incentivos para comprenderlo sino para estar en alguna red de complicidades que simule ser lo que no es. Lo único que les interesa a accionistas del que comanda esa mujer es no caerse del bote.

Scioli al final, contra todos los que siempre quisieron verlo como distinto, es el peor de todos ellos. Aclaremos, auténtico no hay ninguno. Lo que pasa es que Scioli está manchado para el grupo malvado porque parece tener otro color. No porque hubiera sido “menemista”, muchos otros tipejos vienen de ahí y ahora dicen que tienen una jefa incuestionable. Entre el marxismo y la servidumbre de la gleba para ellos no hay ninguna diferencia, todo se trata de obedecer y convertirse en residuo, para obtener cositas. Toda creencia, teoría, pseudo teoría o moraleja de chicle bazooka, sirve para explicar por qué se está ahí, aunque la única real es querer pertenecer al proyecto de vida de una rata. Las ratas han sobrevivido en la humanidad, no nos equivoquemos. Los sciolis han llegado hasta aquí con sus genes así, siendo como es este. Que haya una porción importante de la población con dignidad intentando mejorarse, gozando de autoestima y promoviendo una ética consecuente, es un fenómeno novedoso y privado; otra victoria del milagro llamado capitalismo de los últimos dos siglos. Digo milagro no en un sentido místico, sino porque irrumpió por una sucesión de acontecimientos, no por convicciones de iluminados que lo instauraran como una religión alternativa.

El gran error de nuestro proyecto constitucional – y no solo del nuestro, de todos – es querer establecer relaciones políticas, de por si peligrosas y caldo de cultivo para cualquier cosa, en base a prohibiciones formales y al diseño de unos mecanismos que por sí solos parecían conducir a la protección de la libertad (donde crece la ética, la dignidad y los sciolis lustran zapatos o se hacen útiles en cosas más importantes a fuerza de ser pagados y ordenados para serlo). La falla es que no tiene puerta de salida y entonces por más que todo parezca funcionar en el tablero de dibujo, a la larga la política como abuso se abre paso, incluso usando todas las palabras que significaban todo lo contrario al abuso. Por eso no hay que violar palabras como libertad, propiedad, justicia o república, hay que convertirlas en otra cosa. El populismo como una alta expresión de este deterioro, explota al débil y si no lo encuentra lo crea. Convierte al débil en número y al número en fuerza y privilegios para los ellos y sus secuaces. Se les suman los sciolis, los eichmann que se auto flagelan para pertenecer, flagelando ciegamente.

La salida de ganarles en número también se cierra, porque recaudan, compran, asustan, disciplinan. Todo eso sería inútil si hubiera salida de verdad. Es totalmente impotente una parte de una relación libre por más trampas y manipulaciones que utilice, si la otra abre la puerta y se va. El gran problema constitucional del siglo xxi no son los monarcas absolutos, sino al absolutismo del propio sistema diseñado por la constitución. Y ese problema en mi opinión tiene una sola solución: la salida. Que es el mismo resorte a nuestra disposición frente a un mal supermercado, un mal frabricante de autos o un mal diario.

La cosa va por varias vías: la apertura a la emigración, que depende de crear otro clima internacional y terminar con toda la mitología xenófoba del último siglo y la ignorancia acerca de que los extranjeros traen desocupación y no riqueza. A esa ignorancia han contribuido los economistas mitológicos que sirven al poder como lo servían los bufones y los cortesanos, que son capaces de aplaudir el ingreso de un medio de producción como el capital, pero siembran el miedo de la recepción de otro, el trabajo. El criterio económico de la restricción a la inmigración es totalmente equivocado.

La otra es la secesión. Los países tienen que poder dividirse, juntarse, separarse en ciudades, todas las veces que quieran, si el sistema político pretende estar basado en la libertad. No sólo por coherencia, sino porque las relaciones abusivas se solucionan saliendo, no llorando, no protestando, no queriendo convencer al abusador o tratándolo como un gobernante legítimo.

La tercera es una variante de la segunda. La creación sobre un territorio de dos sistemas políticos diferenciados. El populismo, el país de sciolis y el despojo humano que preside la Argentina que está gritando en este momento estupideces en una cadena nacional, explican cada vez que abren la boca y durante todo el tiempo que la tienen abierta, que todo lo malo que pasa lo hacemos los que no somos sus esclavos, no los queremos y los criticamos por sus crímenes y sus afanos. Es el momento para que se quiten de encima todos sus problemas. Esto es algo sobre lo que vengo insistiendo desde el 2004 y vi que varios han llegado a la misma conclusión, de manera que es hora de ponerse a pensar en hacer esta propuesta. Una parte del territorio para los que somos menos, la peor si se quiere. Otra para los que son más y están podridos de todas las cosas malas que les hacemos y como no los reconocemos. Se puede elegir vivir sufriendo el “neoliberalismo” con nosotros o quedarse en el paraíso que se inició el 25 de mayo de 2003. Cada uno hace lo que quiere y seguro ellos se convertirán en potencia, como decía Isabel, y se reirán de nuestra desgracia.

Ahora que pusieron de moda con su neolengua la palabra femicidio, siempre decimos que la mujer que recibe un golpe se tiene que ir. Es lo primero. No intentar reformar ni aguantar al agresor. Bueno, a ver si nos damos cuenta de que todo responde a una noción más abstracta, que es que del abuso no se sigue un debate, sino una ruptura.

PS: Aprovecho para pasar un aviso parroquial. Estoy por empezar una columna en radio, a pedido de mucha gente que me lo pide. Busco financiamiento privado, comercial no lo va a haber. No lo había hace varios años, menos lo va a haber ahora. Interesados por favor encuentren la forma de contactarse conmigo. Gracias.

El vaciamiento intelectual de un país

La palabra más usada en de estatización de YPF es “vaciamiento”. Recurrieron a ella desde el neo-genio oficial Kicillof, hasta Elisa Carrió, desde Claudio Lozano a Gerardo Morales, la propia presidente de la nación y todo el periodismo bien pensante. En la calle la idea se impuso, por eso algunos apaciguadores empiezan por decir que “no se puede defender a Repsol”. En una república todo el mundo tiene defensa y no por ser puro. El mundo de la pureza es el de los Ayatolas.

Según el mito retirar ganancias de una empresa es sinónimo de vaciamiento porque se asume también que invertir es una obligación que los empresarios tienen con la sociedad. No es el vaciamiento del Código Penal que es una forma de defraudación cometida por el empresario fallido contra sus acreedores para retirar bienes mediante distintas maniobras tornando para ellos ilusoria la posibilidad de cobrar. El vaciamiento es un delito contra la propiedad, no contra el Estado y sus supuestos altos fines, no contra la colectividad, la sociedad ni la bandera.

Lo que se le imputa a Repsol no tiene nada que ver con ese delito, sino con la expectativa nacionalista de que produzca más a pesar de que el precio regulado le indica que no lo debe hacer sino fuera del país donde se le paga mejor por el producto.

Se sabe que no es un negocio que deba quebrar el del petróleo si no interviene el gobierno. Esa denuncia de “vaciamiento” no se puede hacer en un tribunal regular, sino ante el club de los buenos socialistas, explicando que los empresarios son malos y trabajan para ellos y no para la gloria patriótica. Delito sería que hicieran eso, en lugar de pensar en sus accionistas. Y sería un delito de acción pública por el daño al derecho de propiedad y por lo tanto al sistema institucional y la confianza de futuros inversores.

Lo que ha hecho Repsol es retirar ganancias de YPF como una forma de desinvertir en el negocio siguiendo los incentivos que el gobierno impuso al regular los precios. Y si algún delito o incumplimiento contractual hubiera ocurrido la expropiación no está contemplada como castigo.

Al contrario de lo que sostiene el pensamiento salvaje nacional, nunca nos puede convenir que los accionistas se sientan que quedan atrapados y a merced de las necesidades políticas, porque como hoy no se acaba el mundo vamos a volver a necesitarlos. Por la misma razón que nos conviene que nuestros clientes se vayan contentos de nuestra oficina y no nos consideramos unos vivos bárbaros por sacarles la billetera a la salida.

La obcecación nacionalista amerita una caza de brujas pero no termina con la brujería. Lo que es una consecuencia de la política intervencionista se toma de un día para el otro como una ofensa a la nación. La brujería es convertir un precio en algo que no es. Precio es la tasa a la cual una transacción ocurre sin violencia, contando con la voluntad de ambas partes. El precio nos permite saber que la actividad se realiza sin sacrificar a nadie y que los que pagan o reciben consideran los costos y los beneficios que e conocen mejor que nadie. Gratis por decreto implica en cambio, como nada es gratis de verdad, que unos no pagan y otro es puesto arriba de la parrilla para que los demás se sirvan. La gratuidad si no se natural, por ejemplo la del aire, si requiere esfuerzo humano, implica violencia.

Que encima el señor Kicillof no entienda nada del negocio es un agregado, en nada mejoraría la situación de un robo de un auto que el ladrón fuera un buen conductor si de verdad se entiende el problema moral, jurídico, político y social de la propiedad y sus consecuencias sobre las libertades personales.

Oriana Fallaci dijo alguna vez que todo argentino tenía un enano fascista adentro. No se con qué medía esa señora porque el fascista de enano no tiene nada. El común de los argentinos se identifica como estatista. No hay político que no lo sea en la actualidad. Estatista parece ser dar una pátina de compromiso con “todos nosotros”. El estatismo conmueve el corazón de María Eugenia Estenssoro, senadora que en otros temas ha tenido un desempeño impecable. En el mejor de los casos se ha visto a algunos sostener que “no importa que una empresa sea estatal o privada”

Perdón por aguarles el heroísmo de jardín de infantes, pero estatismo es nada menos que autoritarismo. El enano de Fallaci, el gigante de la Argentina del siglo XXI. La única diferencia entre un Kicillof en el llano y un Kicillof en el estado es la autoridad, la capacidad de imponer sus decisiones. El Estado no convence, vence. El empresario privado (de poder) debe seducir, por supuesto con lo que tiene a su favor. El Estado ordena. Decir que es lo mismo que una empresa sea estatal o privada es lo mismo que decir que da igual que se produzca de modo voluntario o a los garrotazos.

El argentino ni siquiera es estatista porque haya estudiado con los libros de Kicillof. Lo es porque le gusta que un comisario ponga a raya a todos los atrevidos exitosos. Quiere que en un punto se acabe la discusión y se imponga una solución. Paga un alto precio por ese pensamiento, crea un ambiente de malandras y coimeros. Estos últimos porque descubren la oportunidad de parar a la autoridad con un “precio” pagado al funcionario como una forma de no tener que matarlo para defenderse. Y el argentino confirmará en este acto sus creencias de la maldad empresaria.

Con el mismo espíritu que esperaba antes los golpes de estado, la Argentina ha desatado su fiebre de golpes de derechos. Que alguien venga y les pegue a los que se están portando mal. Las palabras se acomodarán para que la salvajada se parezca a una ética, a una doctrina política de la defensa nacional.

Claro que el autoritarismo es ignorancia, pero no de las lecciones del colegio, sino de los beneficios del proceso civilizador, que es el del respeto. Cualquiera aprende fácil el valor de lo propio. Hasta los ladrones actúan para apropiarse. La civilización consiste en entender el valor de lo ajeno. No el valor para la humanidad ni el universo ni el más allá. El valor para uno. Los inmigrantes ilegales llegan a los Estados Unidos donde no tienen nada a beneficiarse de que allí todos tienen mucho y algunos mucho más. Se deshacen de sus propiedades para adquirir los beneficios del derecho de propiedad como sistema. El que no teme el garrote piensa, ahorra y ofrece.

Decir que la cuestión de la caída de la producción ha sido el “vaciamiento de YPF” es como que el iceberg le impute a los pasajeros del Titanic el naufragio por haberse subido a los botes. Y nuestros curanderos eliminando botes para reducir daños.

La acción del gobierno que convalidará el Congreso fue un simple asalto a la empresa. No es una expropiación porque no ha mediado indemnización previa. El vaciamiento como delito es el que cometerán los funcionarios llevando la empresa al desastre y utilizando sus recursos para fines políticos.

Pero no es el único motivo por el que esta acción no tiene cabida según la Constitución. El artículo 20 de la constitución aclara que los extranjeros gozan en el país de los mismos derechos que los nacionales. Usar la bandera para expropiar también sería inconstitucional. Por último la “utilidad pública” de la que habla el artículo 17 no es tampoco una utilidad nacionalista porque en lo normativo al menos en la Argentina rige la libertad de comercio e industria. Esa utilidad púbica es calificada, no se trata de un simple “nos viene bien para nuestros fines políticos de acuerdo a determinadas ideas”. Es una utilidad pública entendida dentro de los valores constitucionales, que no son los de ninguno de los personajes nombrados más arriba.