Los precios, explicación en dos partes para responder al engaño que difunden los medios.

En tiempos de inflación la ignorancia es el mejor insumo para el gobierno que emite moneda. No tiene que hacer mucho esfuerzo, porque enseguida aparecen los cazadores de brujas a encontrar dominios entre intermediarios y supermercados. Eso sirve para que la gente crea, además, que el gradualismo es gratis, que la inflación no es lo que se paga por el culto al gasto público y a la santa recaudación. Esta editorial en dos partes es del año 2013, le pido a la gente del gobierno que escuche el final del segundo video, sobre la perspectiva del “kirchnerismo bueno” y la desgracia del eterno retorno.

 

 

El nuevo buzón de la policía de los precios

El lanzamiento de un sistema “cool” de control de precios llamado SEPA (cuya función es que no se sepa nada), desnuda el lado más vulnerable del gobierno de Macri. Justamente aquél en el que se juega la vida de la gente. Hay una seria confusión entre cosas poco o mal definidas como “ajuste” y otras de las que es asombroso que no se haya aprendido en la Argentina, como precios e inflación.

Hay 4000 años registrados de experiencias de controles, búsquedas de fantasmas, persecuciones y castigos por algo llamado “precio” que fundamentalmente la economía matemática confunde con meros números. Pero detrás del precio está la libertad misma. Si esto a alguien le parece exagerado, no está entendiendo de qué estamos hablando, por eso es imposible que pueda hacer un juicio sobre por qué Macri está siendo llevado directo a una crisis, por un equipo económico que no le sirve ni a él, ni a la gente.

El socialismo ha fracasado y fracasará siempre porque no entiende los procesos del mercado. El control político hace imposible el cálculo económico como mostraron Mises y Max Weber hace muchos años, justamente porque carece de precios. El lugar que ellos ocupan en la economía fue reemplazado por la decisión política de “buenas” intenciones que terminan siempre en violencia física. Llegaron a imitar precios de las economías de mercado, lo cuál es una supina ignorancia, porque los precios son distintos en distintas circunstancias, no son un número mágico a descubrir, sino el resultado de la experiencia sin magia. Pero de la experiencia específica y concreta de los que actúan, no de los estudiosos de ninguna ciencia conocida.

Kicillof, dada su formación marxista, pensaba que con el nivel actual del desarrollo informático aquella experiencia soviética hubiera terminado de otra manera. El pensaba que al socialismo lo que le faltaba era tecnología. Tecnología que fue luego inventada por el capitalismo, parece que el socialismo siempre depende de su paradigma opuesto.

Totalmente equivocado Kicillof, no menos que los actuales responsables de la conducción económica que han dicho que ahora existen las herramientas para controlarlo todo online, en tiempo real. Para ellos Moreno era muy analógico tal vez. Un error de proporciones dramáticas y triste.

Precio implica que el que hace o da, lo hace voluntariamente. Es un tema moral por supuesto, pero a nadie le interesa el problema moral, ni siquiera al actual papa, menos le podemos pedir a los economistas. El problema es que esto mucho más que moral, es todo el secreto por qué el capitalismo triunfa, el socialismo fracasa, tenga o no computadoras. Que el precio suponga voluntad, lo convierte en la mayor, única herramienta de cálculo del comportamiento económico de millones de personas. Ese número no tiene vida propia, sino que nos dice con mucha precisión si otros van a vender o comprar, nos van a contratar o no. Permite, fuera de todo verso, saber lo que la gente quiere y qué está dispuesta a sacrificar para tenerlo. Dato que para los socialistas ni importa, todo vale por si mismo y qué haya que dejar de lado les parece que ni existe como problema.

Dicho lo anterior, las palabras pueden usarse de los modos más arbitrarios, pero precio libre es una redundancia y precio sin libertad o “precio controlado” un oxímoron. Espero haber sido hasta acá lo suficientemente claro para que nadie piense que estoy haciendo un problema semántico, de esto depende todo, incluso el futuro de este gobierno y del país, siempre tentado a abrazarse a los delincuentes cuando vienen las tormentas.

Al que le interese esta explicación la hice más detalladamente en mi libro “Hágase tu voluntad. Bajar del cielo para conseguir un cargador de iPhone”.
Comprender esto es comprender al capitalismo: el sistema de precios nos permite conocer una larga, interminable y hasta inimaginable red de voluntades, sobre las cuales es posible hacer cuentas, asumir riesgos, invertir ahorros, comprar, vender, trabajar. Justo por ser voluntades, es lo que más importa. No es que sabemos “qué es bueno para la sociedad” o consignas de ese nivel de soberbia. De lo que nos enteramos es qué es lo que la gente que necesitamos hará, porque, acá viene el gran dato, se muestra dispuesta por si misma a hacerlo. El problema del control es que cuando más fracasa, es cuando tiene éxito. Consigue que ahora alguien obedezca por amenazas o presiones a cambio de que tal cosa no vuelva a ocurrir.

Un funcionario le llama a un número obligatorio de intercambio de una moneda por un bien o servicio “precio”. Unos lo hacen en una libreta, otros en una aplicación de última generación, pero el error es igual. Claro que por el uso de la fuerza puedo obligar a Carlitos a suministrar el arroz al supermercado a 5 hoy. Muy difícil que lo pueda repetir mañana, ni siquiera con un grado mayor de violencia, porque Carlitos no se comportará igual que si lo dejaran hacer lo que quiere. Y solo estamos frente a la dificultad del primer y más a la mano eslabón de la cadena. Faltan las innumerables personas que intervienen en el proceso de producción del arroz, desde las máquinas para cosecharlo,  los sombreros y los guantes de Carlitos y todo aquello con lo que contaron todos los tipos que siguen en cada una de esas ramas que se abren a cada paso del proceso productivo, que es imposible de abarcar incluso con la imaginación. Para entender de qué hablo, nada mejor que el memorable ensayo de Leonard Read “Yo, el lápiz”, del que abajo les dejo una adaptación a video. Esa es la complejidad que ningún planificador podrá imitar jamás.

Incluso la versión blanda de todo esto es contraproducente, no digo inútil. La mera presión ejercida por declaraciones de funcionarios, la vigilancia, la propuesta al público para que considere enemigos a los que producen, distribuyen, venden. Eso solo podrá producir satisfacciones al ego burocrático o al inflamado odio de los consumidores, pero pasa por encima del sistema de voluntariedad, hace a la gente que actúa en el mercado moverse por otra cosa que por sus propias ganas, de manera que no podemos ya dar por sentado que su comportamiento se mantenga o sea previsible. No, no hay otro camino al respeto para el crecimiento, lamento informarles. Aunque esto se haga con fines propagandísticos, el daño ocurre igual. Recordemos que hasta Nestor Kirchner de alguna manera entendía que no debía alterar los precios. El optó por falsificar las estadísticas en un principio, pero así inició el camino que llevó a Moreno, porque es inexorable que la mentira termine en cazas de brujas.

Por supuesto, la perversión mayor del caso es que la inflación es producida por el aumento de la masa monetaria para que le gobierno haga frente al gasto público. Mientras te sugiere vigilar al supermercado, nadie tiene una cámara en el proceso inflacionario que ocurre en el Banco Central. Como hay más moneda, las personas que actúan de acuerdo a lo que quieren, ya no puede obtener lo mismo por lo que venden o brindan y comienzan a ajustar sus decisiones al nuevo valor de la moneda. Después vienen los cazadores de brujas a caer sobre ellos. Entonces la cuestión se pone cada vez peor, porque a la economía desorganizada por la inflación, se le ponen más obstáculos para volver a organizarse, repito, en base a voluntades. La ambición es reemplazada por el miedo y el miedo es uno de los componentes que más encarecen una economía.

No bajan la inflación, la mandan a un solo precio: la tasa de interés.

La inflación no terminó, ni se apagó, ni se controló, ni se bajó. Tampoco el dólar se ha calmado por un rato porque la moneda trucha argentina se haya estabilizado. El gobierno de la señora Kirchner y sus brujos ensayan un nuevo truco que consiste en concentrar todas las exteriorizaciones del problema en un solo precio, que de cualquier manera afecta a toda la economía: la tasa de interés. Ortodoxia menguelista de la más pura cepa. Le llamo menguelismo al uso de instrumentos para obtener resultados usando a las personas como animales de laboratorio.

Mientras el elenco artístico kirchnerista despliega su comedia llamada “precios cuidados”, la política anti precios en las góndolas se maneja en el Banco Central, haciendo pases mágicos para que las tasas de interés sean lo suficientemente altas para que una buena cantidad de pesos emitidos para pagar las cuentas del estado (que no paran de emitirse), se atesoren como préstamos al propio gobierno. Éste a su vez no llevará a cabo ningún negocio que justifique pagar esas tasas, todo se traduce en un nuevo quebranto que alimenta el mismo círculo vicioso. Una enorme zanahoria como para que solo suba la zanahoria y todas esas asociaciones de consumidores creadas por el kirchnerismo festejen la inutilidad de su existencia.

Es fácil de notar que en la lista de “precios cuidados”, el precio tal vez más importante de todos que es la tasa de interés, no figura.

Lo que obtiene el gobierno es calmar las góndolas y dejar que algunos pobrecitos de la Cámpora crean que han conseguido algo con la vigilancia. Ya produjo destrucción al alterar los precios relativos con la emisión y el lanzamiento al mercado de pesos sin contrapartida, ahora realiza otra alteración en sentido contrario con la tasa de interés. Todo a lo Menguele.

Ahora bien, si alguien piensa que esta es una inflación que la gente no sufrirá, se equivoca. Hay tanto ni-ni (que ni piensa ni le importa) desprevenido, que mejor aclararlo. La tasa de interés determina qué negocio es rentable y qué negocio no lo es. Si poner un quiosco genera un retorno del 10% y prestarle al gobierno un 11% sin correr ningún riesgo, entonces se sacrifica producción por financiamiento a la vagancia. Las tasas que hoy pagan los bancos como consecuencia de esta política iniciada a principios de febrero, alcanzan al 25% ¿Qué otro quiosco además del Frente para la Victoria genera beneficios a guarismos tales que justifique pagar esas tasas más el spread bancario?

Lo que hace el oficialismo mientras le miente a la gente con la ayuda de casi toda la prensa, cómplice o boba, es lo que dijeron que no iban a hacer: enfriar la economía. O más bien congelarla, para que los balances no se vean feos a ver si algún organismo internacional menguelista consuetudinario como el FMI le presta contra semejante dibujo.

El problema siempre es que el que está siendo financiado no tiene como ganar, como producir, como para pagar sus deudas y justificar la tasa que paga. Entonces tenemos enfriamiento del mercado y a la vez el iceberg otra vez creciendo y creciendo. Los que están en la tasa hoy saben que el iceberg existe, van a elegir cuándo saltar a los botes.

Hay un alternativa por supuesto al enfriamiento de la economía, que es el enfriamiento de la vagancia, del sector improductivo. Esto es el “estado para todos” o estado para bobos, más precisamente. Pero eso no lo van a hacer ¿Para qué les sirven las soluciones que los sacrifiquen a ellos mismos? Nunca Menguele experimentó sobre si mismo ni sobre su familia.

Esto termina como ya lo sabemos. Lo contó Roberto Cachanosky hace unas semanas en La Nación. Estamos en otro Plan Primavera, una lavadita de cara, con ácido sulfúrico. No hace falta que les diga que después de aquella primavera no vino ningún verano.

Pesojas, una especulación de domingo

Hay todo un debate en el sector agropecuario acerca de qué hacer con la cosecha de la soja. Si exportarla y regalarle al gobierno su botín o conservarla, teniendo además en cuenta que el acceso al dólar está restringido, por lo tanto encarecido. Bien, va esta idea sólo para especular. Los productores podrían vender la soja en el mercado interno como reserva de valor para todo el público que quiere adquirir dólares y no tiene más remedio que hacerlo en el mercado negro, a través de certificados de venta que podrían circular. Incluso podrían usarlos para hacer sus pagos, sería una moneda fuerte, mucho mejor que recibir pesos de libre impresión del Banco Central que se desvalorizan a un ritmo vertiginoso.

¿No preferirías que te paguen en Pesojas más que en pesos K?

Precios o garrotes

Si los políticos tuvieran claro qué es un precio, la mayoría se encontraría sin destino y se tirarían por la ventana. Y si la gente tuviera conciencia de lo que se les quita con la expansión monetaria que este gobierno se ha tomado como la panacea populista por excelencia el país estallaría.
El precio es lo que conocemos, la tasa, de una transacción o un cúmulo de intercambios ocurridos sin violencia, en eso que llamamos mercado que es la abstracción del intercambio social realizado de forma pacífica.
Para atacar al mercado lo más común es desconocer que exista siquiera como posibilidad. Entre los seres humanos sólo hay conflictos de intereses y ganar significa someter a alguien que debe perder ¿Qué necesitamos entonces? ¿Productores? No, defensores y vindicadores, es decir, políticos. Porque ese mundo en el que la gente intercambia lo que tiene por lo que quiere no existe.
Es la explicación perfecta de la propia agresividad, que los otros empezaron primero.
La realidad no es esa. Cuando una transacción ocurre sin violencia y por voluntad de las partes, la tasa del intercambio es un precio. Ninguna otra cosa lo es. Las mercaderías llegan a las góndolas por una sucesión de precios. La gente ha trabajado e intercambiado sin conocerse, siguiendo muchos pasos desde la siembra en el campo, la cosecha, la elaboración del pan, el traslado, la conservación. Y de todos los productos y maquinarias necesarias para auxiliar esa producción. Todos hicieron sus análisis de costo/beneficio y el resultado fue que la lata de arvejas está ahí en la góndola a un precio ofrecida, que el consumidor convalidará en su caso al comprarla o no lo hará, obligando a reconsiderar las decisiones de riesgo tomadas por toda la cadena. Cuando hay precio tenemos la seguridad de conseguir la mercadería a esa tasa porque llega a nuestras manos como consecuencia de que a todos los aportaron algo para que ocurra les convino hacerlo, no fueron obligados. De manera que tenemos buenas perspectivas de saber que seguirá pasando en el futuro si la violencia sigue ausente.
La inflación altera todas las tasas, lleva a cometer equivocaciones y a calcular mal las relaciones de costos y beneficios. El gobierno imprime billetes, aumenta su oferta y por tanto la moneda que actuaba como referencia vale menos para adquirir productos. El señor que aportó el camión para transportar la harina cobró una cantidad que ya no le rinde de la misma manera para adquirir los insumos necesarios para su labor. Debe recalcular y pedir más billetes para obtener el mismo valor. Una vez que lo hace el daño de la inflación se ha detenido. La inflación no es el aumento de precios sino la causa monetaria de ese aumento que viene a ponerle fin en realidad.
Si la expansión monetaria llegara a todas las personas al mismo tiempo, los cambios de precios ocurrirían igual pero sin otro efecto que la pérdida de tiempo de cambiar los números. En valores todos estaríamos igual. El daño económico no está en el cambio de precio sino en todo el proceso hasta que todos los precios cambian, incluidos los salarios.
Para ganar más con la estafa inflacionaria el gobierno necesita retrasar la adaptación de los precios. Tiene que sacar ventaja de comprar con la moneda fresca a precios anteriores a su emisión.
Los precios sin inflación se modifican por otros motivos. Cuestiones estacionales, avances tecnológicos, circunstancias personales que hacen que las personas varíen sus cálculos de costo/beneficio para realizar transacciones.
Con o sin inflación alterar los precios significa ir en contra de la voluntad de las personas que hacen los intercambios. En el caso de la inflación, se impide al mercado asumir el problema causado por la emisión. Sin inflación, se altera la evaluación que había realizado la gente de sus costos y beneficios y por lo tanto también se alteran sus comportamientos futuros. En los dos casos el que estaba dispuesto a vender el aceite ya no lo está. En un contexto inflacionario la gente pierde la noción de si está ganando o perdiendo y se resguarda para evitar quebrantos.
Entonces aquella cadena de decisiones que llevó a las arvejas a estar ofrecidas en la góndola se ven violentadas en el final del camino. El dueño del supermercado está ahora amenazado por el estado, pero no lo está el transportista, al que aquel le comunicará que ya no puede pagar lo mismo por el producto. El estado entonces tendrá que amenazar también al transportista, y después de él al que le provee el combustible, a su mecánico, después al que sembró y al que fumigó, en una sucesión infinita de garrotazos.
Una vez que se ingresa en el campo de la violencia, no tiene fin. Es el Camino de Servidumbre que explicaba Hayek.
Pero por más que para los que se sienten amenazados por la libertad de los demás la violencia es una maravilla, es cara, es imposible poner un policía al lado de cada persona. Por lo tanto aparecen los mercados paralelos y por más amenazas que se realicen en un punto dejan de surtir efecto.
Precios o garrotes, alternativa no hay.
La historia de los controles de precios muy bien contada en 4000 años de Controles de Precios y Salarios de Robert Lindsay Schuettinger y Eamonn Butler, es la de las amenazas, la cárcel, las guillotinas y el linchamiento. Pero jamás dieron resultado, porque se pone a la gente ante alternativas imposibles a un costo político sideral.
Esa es la razón por la que el señor Moreno se encuentra que después de extorsionar a los supermercadistas va a tener que aplicar los mismos métodos con sus proveedores, y después descubrirá que no es suficiente. El gobierno se encamina al suicidio, el problema del país es todo el daño que hará en el camino y lo que costará remontar semejante destrucción.
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Confesiones y disparates de Randazzo

Las entidades agropecuarias denuncian los habituales aprietes del policía del comercio Guillermo Moreno y la respuesta del ministro del interior es la siguiente:

“Lo que defiende (el secretario de Comercio Interior) Guillermo Moreno es la posibilidad de que no se disparen los precios de la carne. Esa es la discusión que se está dando y a la que el Gobierno no está dispuesto a renunciar, porque se trata de cuidar el bolsillo de todos los argentinos”

No hace el más mínimo amague de negar los aprietes. El ministro del interior, se limita a invocar razones para utilizar la extorsión. En esto consiste el “estado de izquierdo” del kirchnerato.

La década del dos mil será recordada como la del cualquiercosismo. Después agrega un señor que llegó a ministro del interior que “”no vamos a permitir que la gente se quede sin comer carne porque a alguien se le ocurre que su rentabilidad está por encima del derecho de los argentinos a tener precios lógicos para un país que es uno de los principales productores de alimentos del mundo”

Si hubiera un derecho a tener un precio lógico y si los precios lógicos existieran, este gobierno que nos trajo de nuevo la alta inflación debería estar todo en cana. La gran falsedad económica del planteo reside en sostener algo que justificaría bochar a un alumno de colegio secundario: que la rentabilidad depende de aumentar precios. Vaya, ni siquiera ha descubierto la revolución industrial.

Y la falacia moral es la de decir que los argentimos “tenemos derecho a comer carne” porque “somos grandes productores” de ese producto. Los argentinos no producimos carne señor, los que la producen son los criadores de ganado. Y nos hemos venido beneficiando todos con que lo hicieran a precios excelentes hasta que llegaron ustedes promoviendo el corralito cambiario y su correlato que es la inflación.

Sustitución por dos

Para los que dicen que el gobierno no se está ocupando de la inflación, sepan que ya se la está reduciendo a la mitad. Para eso se recurre a una modificación en la forma de medirla, porque la “persuasión” de don Guillermo Moreno sobre encuestadores y técnicos del Indec no llega a alcanzar los objetivos oficiales.

Lo bueno de esta metodología anti-inflacionaria es que si no da resultado este índice, se puede buscar otro hasta que la inflación desaparezca. Todo muy coherente porque la nueva forma de medir la inflación parece que tiene en cuenta el “efecto sustitución”. Eso quiere decir que se asume que cuando un precio sube, la gente reemplaza el producto por otro. Entonces ya no miden la inflación sino el gasto de las personas, no se trata de la medición de los precios al consumidor sino de los precios que el consumidor puede pagar. Si no son los que pagaba ayer, serán los que paga hoy. Si comía carne dos veces por semana y ahora la come una vez al mes, para el Indec no ha cambiado nada porque su gasto se mantendrá relativamente constante; lo cual es lógico porque la gente no tiene a su disposición la máquina de fabricar billetes.

Si una persona gana cien, no puede gastar más de cien. Si suben los limones, tiene que reemplazarlos por otra cosa (pochoclo por ejemplo) o tal vez por las ganas de comer limones. La conclusión oficial será que los precios están igual porque la gente gasta lo mismo. Si, claro, hay fallas lógicas muy evidentes ¿pero quién se da cuenta? ¿Guillermo Andino? ¿Daniel Tognetti?

El problema es que los salarios se están ajustando alrededor del 20 por ciento. Tal vez la gente decida comprar limones de cualquier manera y la estrategia para “combatir la inflación” se deteriore un poco. A los que temen eso, eternos pesimistas, desde el oficialismo les decimos: ¡Don’t worry! Si eso sucede también podemos sustituir otra vez la metodología de cálculo.

Problemas nunca hay, es sólo falta de imaginación para sustituir.

Dejamos la soberbia de lado

De todos los reportajes dados en la última semana por la entonces candidata oficial y ahora presidente electa doña Cristina Fernández de Kirchner, el de anoche de Morales Solá fue el más complaciente y monono. Superó incluso a González Oro con su pregunta magistral: “¿Cómo se llevaba con mamá Ofelia?”.

El columnista de La Nación estaba feliz con todas las respuestas. Le preguntó cual era su sensación por el rechazo en los grandes centros urbanos y la señora le contestó campante que para ella centro urbano era Mendoza. Fue entonces cuando me dí cuenta de que la señora presidente electa estaba pensando ignorarnos a los soberbios que elegimos otras cosas. A don Joaquín la respuesta le pareció re simpática y le devolvió una sonrisa.

¿Cómo va a combatir a la inflación? Importando las mediciones de Estados Unidos y no dejándose convencer por los que dicen que la del Indec es trucha. Algo así: La inflación que mide el Indec está perfecta, pero la vamos a desperfeccionar cambiando su metodología. En definitiva la inflación se soluciona con métodos adecuados de medición, lo cual abrirá sin dudas toda una escuela nueva de la economía.

Sin embargo he estado reflexionando todo el día. Las palabras de la señora por un lado, las admoniciones de mister chief of gabinet acerca de la soberbia de los porteños al votar distinto que el resto del país y las del poeta Braga Menéndez llamando tilingos a los que no la votamos a la señora. Voy a hacer un esfuerzo por adaptarme y deponer la actitud de resistencia que no nos lleva a ningún lado. Decidí re titular algunas noticias, empezando por Santa Cruz, teniendo en cuenta que en medio de una sonrisa de Morales Solá la señora presidenta electa dijo que el periodismo debía revisar la forma en que había estado informando sobre lo que ocurría en la provincia presidencial después del resultado electoral del domingo:

Santa Cruz: 20 personas se arrojan debajo de la camioneta de Varizat para romperle los amortiguadores

Fondos de Santa Cruz: ¿Cuáles fondos de Santa Cruz?

Skanska: El sector privado de la década del noventa se coimea entre sí y emite facturas truchas. Tinelli nada que ver.

Aeroparque: Aduana maltrata a turista venezolano Antonini Willson sólo por tener plata

Hegel desde la tumba: “El cambio recién empieza”

Renuncia Miceli. Quiere tener más tiempo para buscar una casa nueva

Les pido a todos que colaboren porque me parece que entre los lectores de este blog también hay mucho soberbio y tilingo.