Contenido del libro Crónicas Inconexas

INTRODUCCIÓN

Libitz, el loco

Las Armas de la Libertad

Los caminos del infierno

La secreta esperanza de que los candidatos mientan

Asistencialismo: vasallaje bienechor

Uber: el estado al desnudo

Atendiendo a Mr. Krugman

Libertad: ¿Venderla o producirla?

¿Cómo sería ser libre?

La nueva guerra americana

Lo que no se dice del control de las drogas

Un nuevo feudalismo

Gramsci y la violencia de género

Los confederados no dispararon en Charleston

Desnudando al colectivismo

Que la empresa te acompañe

Por qué el capitalismo no es darwinismo social

El empresario

El error de la Sra Clinton

El error del Señor Trump

Por qué somos el centro del universo

El ideal social del papa Francisco y su viaje a Cuba

Macri y el lado oscuro de la fuerza

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Destrucción de valores: Gramsci y la “violencia de género”

DESTRUCCIÓN DE VALORES

Gramsci y la “violencia de género”

Argentina es un país gobernado desde hace 12 años por un grupo que, desde el vamos, tenía en su haber la desaparición de mil millones de dólares de una provincia. Un gobernador que llegó a la presidencia favorecido por un presidente provisorio (Duhalde) para evitar la llegada de Carlos Menem a su tercera presidencia, había sacado fuera del país ese dinero y nunca más se supo de él. Llegó a presidente con el 22% de los votos después de que Menem renunciara a participar en la segunda vuelta electoral. El gobierno de Kirchner, seguido después del de su mujer, se dedicó a construir un imperio propio al rededor del estado. Administró el país como si fuera un botín. Para eso se alió a la primitiva izquierda violenta del peronismo, reavivando juicios de derechos humanos, a costa de tirar por la borda todo tipo de garantías constitucionales. También fue apoyado en eso por todo el país “bienpensante”, porque el valor máximo de la corrección política era estar contra Menem y Kirchner ofrecía la vuelta al estatismo más acérrimo. Practicó una receta estrictamente populista para acrecentar su poder.  Es decir, la explotación de cualquier debilidad para legitimar el poder absoluto y la expoliación masiva en favor de su grupo.

Parte importante del método político kirchnerista ha sido favorecer al delito. No solo el propio, sino el común. Instalar jueces que propician que los delincuentes son víctimas de la sociedad y que luchar contra el delito es luchar contra los pobres. Suena absurdo para cualquiera, pero esto que acabo de decir es bastante textual, no se trata de una exageración. Toda protesta por el delito callejero era tomada por un gran aparato de propaganda como fascismo. El kirchnerismo fue la primera banda política en tener su propia agrupación de delincuentes en las cárceles, llamada “Vatayón militante”, así, con V y con “y”.

Esto último es también parte de una metodología gramsciana de destrucción de valores (incluída la V). No porque detrás haya una utopía socialista, sino el interés de una banda por tener todo el poder y el control y quedarse con los recursos. Nada tiene que valer, porque el individuo debe ser sometido a unas condiciones en las que no pueda confiar en su propio juicio. Eso lo hace fácil de manejar.

Otra parte de la metodología es la creación y utilización del mito, al que llaman “relato”. Los “derechos humanos” son el mito que incorporaron, bajo el cual justificaron todo tipo de defraudaciones al fisco. Convirtieron a las Madres de Plaza de Mayo en una empresa constructora de viviendas y produjeron un desfalco de unos trescientos millones de pesos. Bonafini al identificarse con los derechos humanos era intocable. Podía emitir cheques sin fondos que los jueces no se atrevían a tocarla. Esa era justo el tipo de impunidad que Kirchner vio que podría lograr subiéndose a la ola izquierdista. Para kirchner la “ideología” era una cobertura para robar, como lo es para todos sus seguidores hoy, ninguno de los cuales hace referencia a ideas, sino sólo conflictos donde ellos son buenos y quienes se oponen son malos. Es decir, populismo.

Los medios fueron controlados mediante la pauta oficial, las amenazas y el uso de los organismos de inteligencia. Durante los primeros años del kirchnerismo la política fue prohibida de hecho en la televisión abierta y ya promediando su mandato, también en la televisión por cable. La información se despolitizó como en los años de gobiernos militares. Solo después de romperse la relación de la banda de kirchner con el grupo Clarín, volvió de a poco el periodismo. A partir de ahí, Kirchner comenzó un plan de conquista cultural comprando personajes de la farándula para que lo defendieran de cualquier cosa, e incorporando jóvenes sin escrúpulos con grandes sueldos para realizar trabajos partidarios con dinero del estado. Armó su propio sistema de propaganda para reemplazar a Clarín. Su propósito fundamental era denostar a los adversarios para mantener al país en conflicto permanente. A esto le llamó la propaganda “revalorizar a la política”, aunque era precisamente lo contrario a lo que habían hecho. Retiraron la política y después la reemplazaron por grupos de fanáticos que carecen de opinión propia o de ideas. Nada más toman partido en el momento que se los indica el poder, contra aquellos que les indica el poder.

Volviendo a la seguridad, el índice de delitos creció exponencialmente. La policía fue instruida para no recibir denuncias de modo de manejar las estadísticas. La sociedad así se mantenía atemorizada y anulada políticamente y entretenida con los conflictos preparados por el estado. Todo fue reemplazado por peleas de la farándula decadente.

El populismo requiere utilizar el resentimiento. El estado es el que pone fin a las “injusticias sociales”. Entonces mientras a un argentino se lo puede matar en la calle en nombre de la lucha de clases, nadie puede decirle a otro cosas discriminatorias como hacer alusión a su peso, estatura etc. El gobierno administrativamente sanciona toda discriminación de modo estricto, reitero, mientras avala los crímenes. La razón es que la discriminación alude a actividades antipáticas de la población pacífica, donde el gobierno puede meterse para dividir. No produce ningún efecto en el comportamiento antipático, no es lo que le interesa, sino mantener disciplinada a la sociedad y acostumbrada a que el gobierno produce las consignas y la sociedad obedece.

La introducción ha sido larga para llegar a la cuestión del título, la llamada “violencia de género”. La ley en cuestión fue sancionada en el año 2009, pero en plena proceso electoral de este año 2015, el estado ha iniciado una campaña para que en todos los programas de televisión y radio se convierta en el monotema la llamada “violencia de género” y el “femicidio”. Cualquiera diría siguiendo los medios argentinos que de repente los hombres se han puesto a matar mujeres y de modo no menos repentino, al gobierno le empiezan a importar los crímenes. Pero en realidad es todo lo contrario.

Primera aclaración. El Código Penal argentino sanciona al homicidio, como no podía ser de otra manera. El homicidio no hace ninguna referencia de género, es sólo el idioma castellano. Se sancionan del mismo modo las muertes de varones y mujeres. En segundo lugar, uno de los agravantes del homicidio es la “alevosía”, es decir la debilidad de la víctima aprovechada por el victimario. No importa si uno u otro son varón y mujer. La alevosía incluye cualquier evidente desproporción. Con ello abarca también el delito contra los niños.

La introducción del género es una forma de colectivizar la responsabilidad e introducir la idea de que lo importante no es matar sino a quién matar. A su vez expandir la noción de que los hombres matan a las mujeres y no que determinados individuos son responsables de actos criminales y como tales deben ser castigados. La responsabilidad se diluye en un conflicto político general. Así como cuando matan a alguien en la calle para robarle el reloj, se trata del ejercicio de la lucha de clases, cuando un hombre mata a una mujer, se trata del conflicto entre el género masculino, contra el femenino. Se expande una culpa general, quién no se adose a la campaña también entra en el sector de los sospechosos. Hay que obedecer, seguir las consignas oficiales y la de cualquiera que grite desigualdad, de otro modo uno se coloca en el lugar de “feminicida”.

A su vez, cuando empieza a importar si el muerto es varón (instrumento de la lucha de clases) o mujer (víctima de todo el genero masculino), el homicidio en sí pierde valor. Se lo reemplaza por una lucha igual de inventada que la de clases para promover el resentimiento y el poder del estado. Se reemplaza el problema de justicia que hay detrás del crimen, por el problema de “igualdad de género” que hay en el programa político oficial. La destrucción de la justicia como valor que da más protagonismo al tirano como protector.

La ley en sí mezcla los delitos cometidos contra la mujer, que ya tenían recepción legal, con la igualación forzada, la creación de organismos culpabilizadores que no tienen nada que ver con la lucha contra el crimen y el otorgamiento de poder a la mujer que es estigmatizada como débil, con independencia del pensamiento retrógrado, para que pueda utilizar al estado cada vez que se vea contradicha o enfrentada sin violencia por un hombre. Los hombres matan a las mujeres porque no hay igualdad, ese es el mensaje.

La sociedad rendida no enfrenta nada de esto. El plan es muy eficiente en la destrucción de valores y el sembrar divisiones creando pequeños déspotas que le van indicando a los demás cómo deben pensar o comportarse. A su vez la educación enseña a alejarse de las abstracciones y los significados de las cosas. Parece dar lo mismo luchar contra la violencia familiar de cualquier tipo, que convertirlo en una lucha de géneros. Todo tiene que dar lo mismo para que la oveja en lugar de sentirse esclava se sienta protegida. Quién lo denuncie contará con poco respaldo. Mi problema es que no lo puedo evitar.

Todo delito debe ser combatido sin convertirlo en instrumento de objetivos políticos. Esa no es una lucha colectivista, es la protección del individuo, contra la agresión de otro individuo o de un grupo.

Artículo del número 7 de www.cronicasinconexas.com

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Los K definen su propia violencia

¿Cómo encajamos la idea de la “diversidad” con la de “eliminar lo individual en función de lo colectivo” en un mismo bote colectivista?
¿Cómo compatibilizar la idea de violencia contra el “género femenino” contenida en la ley 26.485 con el discurso permanente del poder K o los antecedentes terroristas que consideran heroicos?
La ley dice en su artículo cuarto que violencia contra la mujer es: “Definición. Se entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes”. ¿No es esto la rutina del trato de Cristina Kirchner y cada kirchnerista, miembro de la cámpora o amanuense del aparato de propaganda a todos los que no forman parte de su banda o los veneran, en cada discurso, cada cartel, cada pintada, cada participación en los medios? Solo podemos excluir el ataque sexual, pero todo es actuar desde el abuso del poder por acción y omisión contra la vida, la libertad, la integridad física y psicológica, económica y patrimonial de cada argentino no K. Siempre tratando de convencer de que esa violencia le conviene a la mayoría y sólo afecta a una minoría indeseable, descalificada por ser minoría.
Supongamos que lo que dice el artículo cuarto citado solo sea violencia contra la mujer pero que por alguna razón que no explicitan la violencia contra los hombres fuera otra cosa ¿No están padeciendo violencia así definida todas las mujeres no kirchneristas del país?
No está mal definida la violencia, lo incorrecto es que se la circunscriba a la mujer o que se iguale una trompada a un prejuicio. Porque entonces la trompada queda diluida en su gravedad. O que se lo presente como un problema de lucha de géneros y no de gente civilizada contra salvajes. Pero desde el punto de vista político y del trato a los ciudadanos inermes esa caracterización es más que acertada y tiene otro efecto mucho más dañino. Recuerda aquella campaña publicitaria que ideó Gabriel Dreyfus para la UCEDE en la que la imagen de la república aparecía como una mujer golpeada.
La práctica del asesinato de la reputación no empezó por este gobierno, pero son la continuación de esa actividad violenta de sus antecesores ideológicos como Horacio Verbitsky y todos sus soldaditos. Gente acostumbrada a no debatir sin ensuciar. El problema es que como nos enseñaron los propios falsos organismos de derechos humanos y lograron convertir en doctrina, el crimen adquiere otra dimensión, la universal, cuando se practica desde el Estado.
Clarín, el campo, los periodistas, Juan Carlos Blumberg, Mauricio Macri, Francisco de Narvaez, y con menor importancia pero igual gravedad yo mismo cuando expuse la relación entre artistas fanáticos K y las fortunas que cobraban del estado. La lista es larga, otros antes que ellos antes de que el aparato de desprestigio llegara al poder. La “década del noventa” que todo el mundo se siente obligado a insultar y menospreciar para no ser objeto del efecto invalidante que el paredón verbal ha logrado sobre determinadas personas, situaciones o hechos. Todo es violencia, todo es rompimiento de la paz, todo es enemistad. El caldo en el que nadan los que quieren enseñarnos diversidad y qué cosa es violencia de género.
Preguntaba al principio. Saben definir mejor que nadie lo que ellos hacen y mucha gente en nombre de la aceptación a si mismos colabora de manera inadvertida con otras violencias contra terceros, cuando no la ejercen por si mismos invirtiendo los roles. Como un festival en el que le toca a otros.
El perverso plan totalitario de la psicópata que nos gobierna es tan retorcido que está invitando a los violentos a formar parte de su proyecto, y a las víctimas de la violencia a convertirse con ellos en victimarios de otros. Hacer de toda factura emocional una fuerza agresiva para usar en su favor.
De manual, no hay contradicción. Cuando la presidente ilegítima de la Argentina invita a ahogar la individualidad en función de lo colectivo, no está interesada en ahogar la individualidad de los aliados, ni de ella, ni de los que estén dispuestos a ser violentos con los que ella señale. Por eso está dispuesta a practicar toda la diversidad que no se oponga a sus planes. Y cuando define lo colectivo, pues no es otra cosa que sus propios intereses.
Esto debiera tener solución. No se si los que se convierten en parásitos económicos, políticos y morales de la sociedad llegan al aparato del poder y destruyen la posibilidad de convivencia o si el aparato de poder termina por ser un incentivo para que gente antisocial se encumbre. En todo caso lo que debiera tener una salida es la relación de enemistad que establecen con todos nosotros. La secesión, la sedición, lo que sea. Si el único problema que tienen los nazis del gobierno somos los que no somos nazis ni queremos robar con ellos, deberían divorciarse de nosotros y nosotros de ellos. Pero son parásitos como los tipos que golpean a las mujeres, no lo hacen porque las odien, lo hacen porque necesitan estar sobre ellas, dominarlas. La vejación es un método para permitir esa violencia. Entonces sólo hay una guerra que empieza a terminarse cuando la víctima deja de justificar, abandona la complicidad y comienza a auto estimarse al punto de decir basta. A veces el golpeador no sabe qué hacer cuando la victima deja de hacer el papel para el que la preparó.