Santos – FARC, acuerdo de perros.

tarde-de-perros-cartelUna remake de Tarde de Perros debería tener un final diferente, acorde con los nuevos tiempos. Al Pacino tendría que llegar a un acuerdo con la policía en el que se le permitiera quedarse con una caja del banco y que algunos de sus rehenes tengan que manejar sus casas de acuerdo con las reglas del asaltante. Se le podría dar una radio para que difunda sus ideas políticas basadas en que los bienes de otros tienen que ser repartidos por él y donde cuente la historia de sus logros heroicos.

El convenio podría estar avalado por el cura del barrio e invitar a las fuerzas vivas de la ciudad a la ceremonia de firma, con fotos.

Ahora estamos en el reemplazo de todos los valores políticos por las relaciones. La policía y los delincuentes deberían participar de talleres de terapia de grupo para mejorar su relación y dejar de lado las reglas de justicia que los separan. Ese sería un mundo con más amor, más comprensión y más paz ¿O no?

Siguen asesinando a Nisman

Siguen asesinando a Nisman

Rafecas desestimó una denuncia contra la ex-presidente tomándose varias páginas, lo que desde el vamos es incompatible con el concepto de desestimación, que consiste en quitarle todo crédito a la instancia por lo absurdo de la pretensión. Si la carencia de fundamentos es tan grande, eso se escribe en una oración. Un ejemplo de denuncia que merece una desestimación sería la de un secretario de comercio que imputa delitos a profesionales de la economía por estimar una inflación a su juicio equivocada, con más razón si es evidente que es acertada.
El denunciante de la presentación que Rafecas tira la a la basura era uno de los fiscales más importantes del país, llevando adelante una investigación de peso internacional, como el atentado contra la AMIA. Ese denunciante había aparecido muerto en su departamento con un disparo en la cabeza. En sus manos no había huellas de pólvora. Sus celulares y computadora habían sido intervenidos con posterioridad a su muerte. La justicia se negó a investigar un posible homicidio, lo que ni si quiera significa condenar a alguien por homicidio, simplemente averiguar si es posible que lo hayan matado.
La desestimación de Rafecas incluye la incorporación de pruebas que contribuyen a enterrar la investigación, dado que si es necesario averiguar algo antes de resolver, quiere decir que la denuncia no es desestimable. Eso no hace más que evidenciar lo forzado del destino de la actuación de Nisman. Esas pruebas son una nota de un ex director de Interpol, con la ilegal intervención de la Procuración del Tesoro que actúa en defensa de los intereses de los imputados y no del Estado Nacional. El agregarlas y valorarlas, es un acto jurisdiccional, por lo tanto la investigación se abrió solo para cerrarla, sin cumplirse los requisitos, plazos y garantías de un sobreseimiento. Rafecas no denuncia a la Procuración del Tesoro por intervenir en defensa de los imputados. Rafecas decide un entierro forzado e ilegal de la causa abierta por un fiscal asesinado el fin de semana anterior a exponer en el Congreso los detalles de su denuncia. Para que cierre el proceso, tuvo que caer en una sala caracterizada por avalar los intereses del kirchnerismo sin ninguna vergüenza y el recurso de casación contra esa resolución “cajonearse” hasta que el turno en la Alzada le tocara a un fiscal identificado partidariamente con el gobierno anterior.
Un grupo de ciudadanos firma una solicitada pidiendo la destitución de Rafecas por esa actuación. Entonces se producen el tipo de reacciones a las que el kirchnerismo nos acostumbró pero desde lugares muy variados: la exhibición obscena de una gran complicidad, la descalificación bestial y burda de la petición que no hace más que darle crédito, mezclándose en esta tarea abiertos miembros de la banda kirchnerista con otros que desde su identificación como “moderados”, han descalificado toda resistencia contra la banda en cuestión hablando de maldad y odio en los denunciantes, no como ellos, imbuidos en esa la moderación rayana en la funcionalidad. Todo, como en épocas K, sin responder a los cuestionamientos a Rafecas, parte esencial de la técnica cubana del asesinato de la reputación y modus operandi burdo del kirchnerismo, sino centrando la discusión en la solicitada y las malas intenciones de sus suscriptores. Rafecas no tiene nada que explicar, los que deben explicar son los que lo cuestionan, verificar si son suficientemente republicanos, buenos correctos o si están cometiendo el pecado de “ampliar la grieta”.
Ahí están juntos Aníbal Fernández, Federico Pinedo, Luis D’Elía, Gustavo Vera, Alberto Fernández y Luis Novaresio. Alberto Fernández, acólito de Sergio Massa, afirmó que los que firmaron la solicitada eran unos trogloditas por cuestionar la actuación de un juez. El mismo que como jefe de Gabinete capitaneo la destitución de la parte de una Corte que le molestaba a sus planes políticos por el contenido de sus sentencias, que era correcto, mientras dejaba indemne a la otra parte de la misma Corte, que había suscritpo los mismos fallos. Novaresio dijo que el caníbal se comía al caníbal.
Como en el apogeo K unos demonizan, los otros juegan a la moderación igualando a denunciantes y denunciados, pero centrando el problema en los últimos y sus supuestos malos sentimientos, que obviamente son buenos, y decretando que la realidad está en algún lugar intermedio entre la denuncia y la falsedad de la denuncia, dando a entender que esa maniobra es “moderación” o “verdadero periodismo”, además de bondad consistente en “querer cerrar la grieta”.
¿Qué une a toda esta gente en una postura tan forzada? No hay como pegarle al chancho para saber quién es el dueño.
Rafecas también tiene a su cargo la (no) investigación del monasterio del señor López. Dijo la semana pasada que las pobres monjitas que no son monjitas eran unas víctimas. No me extiendo en el tema, ya lo hice en el post anterior.
Es grande la conspiración contra Nisman, pero ya se ve. Lo que queda por saber es por qué el gobierno de Macri no investiga su muerte, ni su denuncia. No hablo de juzgar, la investigación de campo es función también del gobierno, máxime en un asunto de semejante importancia institucional. Para eso comanda la policía y a los organismos de inteligencia ¿O hay que pensar que nadie quiere saber lo que pasó? ¿Será muy troglodita semejante inquietud?

Las pobres monjitas

Las pobres monjitas

El kirchnerismo era demasiada degradación, pero la intervención del monasterio ya le dio categoría que no existía con anterioridad. Pongámosle colapso moral de una década tenebrosa. Ahora bien, en este momento vemos lo que pasa, como cuando eran gobierno, pero no hay instituciones funcionando (salvo para recaudar) que reaccionen. La responsabilidad ya no es de ellos. Esta semana Macri anunció una nueva “guerra” contra el narcotráfico, pero ahí tienen haciendo declaraciones altisonantes a la principal mafia del país, sin que de verdad se los toque.

Nadie levantó una información difundida por Laura di Marco en Radio Mitre. Habló de la existencia de un “Vaticano Group” dirigido por Gustavo Vera, el delegado oficioso de Bergoglio, con el fin de generar oposición a Macri. Como sabemos el elenco gobernante se caracteriza por ignorar los conflictos y la única línea de acción que tienen respecto del papa es la tentativa de seducción, a la que el monarca eclesiástico responde con gestos despectivos como citar al presidente para reunirse con él en el día de la “lealtad peronista”, el 17 de octubre. Mientras sus operadores Vera y los curas comunistas auto denominados “villeros”, se mueven en abierta intervención en política contra el gobierno, al que consideran demasiado a la derecha como a todo lo que no sea de ultra izquierda. En el oficialismo Rozitchner explica que las derechas y las izquierdas no existen más, a lo que no le dan mucha pelota las izquierdas pero si las “derechas”, porque no hay ninguna. En la legislatura porteña el “Vaticano Group”, cuenta di Marco, se juntó con dos jueces conocidos por beneficiar al kirhcnerismo mucho más allá del sentido común: Casanello y Rafecas. Ayer Rafecas dijo que las monjas de General Rodríguez no tenían nada que ver con la circulación de fondos robados y se atrevió a afirmar que López había hecho todo para involucrarlas. A la misma conclusión habrá llegado el sagaz “investigador” que nombró la Iglesia para determinar esas responsabilidades.

Es un chiquero que tienen enfrente los de Cambiemos y el principal problema político del país, pero en el gobierno especulan con el tema y con los beneficios que puede traer el espectáculo de esta gran banda frente al público. Después dicen que la falta de escrúpulos es algo que inventó el peronismo, pero la Argentina es un país donde todos son capaces de jugar con cualquier cosa. Son estómagos a prueba de balas, pero agitan el fuego. Hay una escena de la película Pi, donde el protagonista se divierte con un león, situación muy parecida a la de estos vivos.

Las monjas no tenían idea, dice el interlocutor del “Vaticano Group” Rafecas. El video que todo el mundo conoció en el que se lo ve a López golpear la puerta, dejar los bolsos y el arma y luego a la monja ayudando a entrarlos, fue interpretado por los que lo comentaban como no determinante para establecer si la señora en cuestión sabía lo que estaba haciendo. La razón es que no se observa que mire hacia el arma. Pero el indicio no es lo que hace la monja sino lo que hace López, que es dejar el arma muy tranquilamente en el piso sin ninguna preocupación porque la mujer lo viera y, dado que no sabía cuál de ellas iba a responderle, esa actitud las involucra a todas. Dicho en otros términos, es López y no la mirada o no mirada de la monja, el que da un indicio claro y contundente de que entre todos ellos había complicidad.

Seamos conscientes del tamaño del escándalo, no ya de López y sus bolsos. El de la justicia nada más simulando actividad; recordemos el allanamiento que se hizo una semana después, la excusa de no entrar al cuarto de una monja, que encima se certificó después que no era tan monja, porque estaba en clausura. Hablamos de una investigación judicial, de una acción detenida in fraganti, eso no fue otra cosa que la determinación de no investigar. Después el nombramiento del “investigador”, cuya única actividad fue lograr que los diarios titularan “La Iglesia investiga”. Por último la reunión del “Vaticano Group” auspiciada por el propio Bergoglio, información que nadie se muestra interesado en levantar o profundizar y, el final “feliz”, el cuento del propio Rafecas de las monjitas inocentes y el plan de López para involucrarlas. López es al final, un señor que perjudicó a la pobre Cristina Kirchner y a la Iglesia, posiblemente a sueldo de Clarín y Macri. Después dicen que los milagros no existen.

Ahora tratemos de interpretar al oficialismo y su vaivén entre el saibabismo y el maquiavelismo indolente. Hacer como que no pasa nada, hacer como que se hace lo que no se hace mientras no se suministra al público información sobre todos estos escándalos, dejándole la cuestión a jueces ya no de la servilleta sino de la caja de seguridad, cuando la materia involucra a la administración del estado que tienen a su cargo, algo mucho más cercano que el narcotráfico en sí. El final debería escribirlo Robert Louis Stevenson, a mi me excede.

El argumento mafioso contra el Impeachment contra Dilma Rousseff

El argumento mafioso contra el Impeachment contra Dilma Rousseff

El siguiente argumento es repetido como un mantra por partidarios de Rousseff y por comentaristas y periodistas: “Aquellos que juzgaron a la presidente de Brasil están tan comprometidos con las investigaciones de corrupción como la propia Dilma”, por lo tanto no pueden condenarla. Es completamente inválido. Lo mismo dicen cuando frente al latrocinio generalizado del kirchnerismo, se responde “Macri es igual”; respuesta sin sentido aún cuando la igualdad fuera cierta.

Lo asombroso es cómo se repite fuera de los sectores interesados y en mi opinión tiene que ver con la capacidad de difamación y castigo psicológico que ha desarrollado la izquierda, que hace que mucha gente con poco valor esté pensando todo el tiempo si lo que va a decir de algún modo la pone a merced de ese ojo censor. Lo que se conoce como “corrección política” que es el resultado de un acoso moral.

Es un argumento mafioso porque supone que deberían callarse o apoyarla los que son iguales que ella. Es como decir “son del mismo club” para justificar que sean tolerantes con los crímenes de un “par”. No se cómo descendimos al punto en que no se dan cuenta de lo que denota esa observación: Deben preservarse los valores de la mafia.
El juicio político por cierto no es bueno ni correcto por sí mismo, pero tampoco es un juicio penal. Los mismos que repiten el argumento mafioso en el día de hoy se encargaron de aclarar que el proceso contra Rousseff no se basaba en actos de corrupción sino en el desvío de partidas con fines partidarios. El primer error es pensar que corrupción es nada más llevarse dinero a casa, porque para la cultura latinoamericana el lucro es un tabú, algo que no se puede mostrar, mientras se relativiza cualquier acto delictivo que no implique eso. Un crimen no requiere quedarse con nada en lo personal. Ni siquiera el problema del robo es el “beneficio propio”, sino la violación de la propiedad. Desviar partidas por razones políticas es una forma de defraudación y es estrictamente un caso de corrupción, en tanto que esta palabra quiere decir “desnaturalización”, puede ser de la función o del acto. En este caso la función del presupuesto, un elemento esencial entre quienes están en el poder manejando fondos que no les pertenecen y la gente. Desviar fondos es apoderarse de ellos.

El segundo error es darle nulo valor a las investigaciones sobre Petrobrás al contexto del juicio político. Como en muchas investigaciones criminales cuando hay una multiplicidad de hechos, es válido elegir algunos que están más claros para llegar a una condena. Si este desvío de fondos no requiere una investigación ulterior, es un medio idóneo para juzgar a una presidente que además de malversar fondos, está involucrada como ex ministra del área en el escándalo de Petrobrás. Es decir, no es que el proceso no tiene nada que ver con ese caso. Lo mismo y tal vez de un modo más determinante, puede decirse de la recesión profunda que vive el país, forma parte fundamental de la situación de una presidente a ser responsabilizada por sus actos y errores. Son tres las motivaciones fundamentales de la destitución de la ex presidente, aunque en la condena se tuviera en cuenta una sola.

Distinto sería el caso si todo fuera inventado, que es el único punto aquí. Ni el argumento mafioso ni el pretendido divorcio de las otras dos cuestiones fundamentales, sirven para responder lo que habría que responder que es la realidad de las imputaciones. En la Argentina se vivió un proceso de juicio político que era una verdadera farsa contra la Corte Suprema. Los hechos invocados no tenían ninguna entidad y se basaban en el desacuerdo jurídico de gente bastante ignorante, sobre el cuál la Corte tenía la máxima autoridad y encima se los usó para condenar a los réprobos y no se les aplicó a los que seguían los criterios que interesaban al poder. El contexto que servía como motivación era imposible de invocar: el gobierno quería el control de la justicia para cambiar la jurisprudencia respecto del “corralito” y las causas sobre los hechos de la guerra sucia.

El juicio político es una bendición. Brasil lo ha utilizado dos veces para presidentes en las antípodas ideológicas. Una república y el poder en general requieren responsabilidad, es bueno que los presidentes, que son todopoderosos, se sientan vulnerables. Hay una versión hiperlegitimadora según la cual el resultado es malo porque contradice al voto a favor de Rousseff de la población. Primera falacia: no fue elegida para violar la ley. No hay pronunciamiento de la gente al respeto y los legisladores también fueron votados entre otras cosas para eventualmente llevar adelante un juicio político contra alguien obviamente votado. En segundo lugar, más importante aún, esa interpretación de una “democracia” como la selección de un dueño del país que no puede ser tocado, no vale nada. A los mismos marxistas que años atrás hablaban abiertamente de terminar con ella les encanta para llevar adelante dictaduras votadas de una población cautiva del populismo. Pero si esa fuera la democracia, habría que terminar con ella por ser el régimen más perverso de opresión imaginable. La opresión en nombre de los oprimidos.

Lo “académico”

Lo “académico”

Hay cosas que son académicas y cosas que no son académicas y esto es una realidad completamente nueva para mi. En mi juventud todavía existían los argumentos válidos y los inválidos y la gente podía ser más o menos inteligente, profunda, precisa. Lo más importante es que había ideas correctas o incorrectas o incomprobables. Ahora nada de eso importa ni existe más, porque todo es académico o no académico.

En el estado argentino hay un conocido decreto que lleva el número 333 del año 1985, dictado por Raúl Alfonsín, de “Normas para la elaboración, redacción y diligenciamiento de los proyectos de actos y documentación administrativos”. Su objeto es reglamentar la forma de los documentos oficiales, resoluciones o decretos de los ministerios o el poder ejecutivo. Cuando trabajaba en la liquidación de empresas públicas había que preparar ese tipo de actos administrativos y todo debía pasar por el filtro del Decreto 333, que indicaba, indica en realidad porque está vigente, cosas como el tamaño del papel y los 0,6 gramos que debían pesar las hojas, y se detallaba con precisión milimétrica los márgenes, el lugar del encabezamiento, que los apellidos debían ir con mayúsculas en todas sus letras, etc., en una serie interminable de instrucciones que rara vez se conseguía cumplir, lo que provocaba que la Mesa de Entradas del ministerio frenara cualquier iniciativa, sin ninguna consideración por su urgencia o importancia. Se podía estar enviando fondos para atender un terremoto que la Mesa de Entradas rebotaba disposiciones que no se ajustaban al terrorífico decreto una y otra y otra vez. El mundo de lo “académico” tiene cosas muy parecidas a las del decreto 333, con sus normas sobre citas y su constante vigilancia acerca de que no se afirme nada que sea demasiado importante.

Académico es tener un grado, un título para hablar. Digo que es algo nuevo porque este término y el criterio que hay detrás, no se utilizaba, al menos no cerca mío, como criterio de seriedad y mucho menos de acierto. No creo que sea inocente, me parece que lo que se ve es un vaciamiento de contenidos que hace a los “académicos” proclives a aceptar las ideas “correctas” que un comisariato de lo que es debido está cuidando como a las verdades reveladas de una nueva religión. Abrumados por el lugar donde van las citas y la adaptación a un policía asignado como “director de tesis”, las ideas se vuelven demasiado etéreas para el trabajoso esfuerzo de adaptarse. Ese es el ambiente donde, pensaba Hayek, si el liberalismo ingresaba para exponer sus poderosas razones, el mundo cambiaría. Mi experiencia es ver cambiar a muchos liberales hacia la categoría de “académicos” que para poder decir cualquier cosa libremente, algo que valga la pena, tienen que salirse del ámbito “académico”, con el problema que trae eso en cuanto a que el control de la legitimidad de lo que dice, permanece y permanecerá para siempre en el comisariato. Mejor sonreír y decir poco. Ellos son los dueños de la marca, pero todos los que están adentro, sean adherentes entusiastas, de la crema del sistema o marginales, contribuyen a establecer que el templo de la validez y la autoridad, lo da la “academia”. No como el lugar donde estudiaron, sino la entidad, la élite que les vendieron como el reaseguro de sus privilegios, pero es la cadena de su esclavitud intelectual.

El fenómeno que se vive actualmente en las universidades norteamericanas, que suelen ser la antesala de lo que se copia después en el mundo, en cuanto a “limpiarlas” de ideas “impuras” para que la Universidad sea un “lugar sano” (o “seguro” según como se lo quiera traducir), la incorporación de departamentos de “diversidad” y toda esa cultura de izquierda manipuladora y estúpida, no encuentra contrincantes serios dentro, salvo profesores que excepcionalmente resisten algo un poco y mientras pueden. Porque una vez creada la autoridad del saber, la consagración política de la falacia de autoridad, ese poder sirve para lo que sirve el poder: para hacerse de recursos, concentrar las decisiones y tener la llave de entrada y de salida. La izquierda no es izquierda, esa es una palabra no académica, no se los puede ver, pero se cuelan todos sus criterios. Ese lugar del control es el preferido por el alma del mediocre.

Esta semana escuché tres veces el uso de esa palabra “académico” como sinónimo de “nosotros” y me doy cuenta de que es parte importante de la decadencia de los títulos como sistema de aprendizaje. No es que nunca hayan servido pero antes se los relativizaba, ahora son un absoluto. En mi juventud nadie se ocupaba de doctorarse en la Facultad de Derecho. No servía para nada más que para alimentar el ego de los “doctores”, lo cual ya nos parecía signo de poca inteligencia. Se escribía una tesis, que no es ninguna gran cosa, solo para obtener un trato de doctor. En general despreciábamos eso y probablemente haya sido una mirada un poco prejuiciosa, pero apostaría a que, al menos en mi facultad, quienes se interesaban por obtener el doctorado apuntaban más al narcisismo hueco que al conocimiento o al menos se sentían alimentados por esa palabrita “doctor” que los asemejaba a los médicos y que de cualquier manera por un criterio bastante absurdo de la Corte, se le aplicaba a cualquier abogado. Pero tampoco importaba, porque no agregaba el doctorado gran cosa a lo que se conocía sobre el derecho, mucho menos a la filosofía en la que se lo sustentaba que era lo más importante. Así que a lo largo de los años el acceso a la tesis se fue dificultando, agregando más y más requisitos y llenándolo todo de normas, para obtener el mismo resultado pero ahora bajo el designio de una élite burocrática repartidora de honores. Dudo bastante que ese tipo de control mejore el pensamiento o lo haga más riguroso.

El doctorado se convirtió en un pedestal y a su vez en un requisito para tener acceso a las cátedras. Se convirtió en el “certificado” que en los Estados Unidos se otorga como barrera de entrada hasta a los que quieren ser peluqueros. Un mundo gobernado por un gran decreto 333, que a a Alfonsín le hubiera fascinado. Ahora el doctorado es barrera absolutamente ineludible en el mundo de los que pueden usar la palabra “académico” como criterio de verdad. Lo peor es que lo “académico” es el lugar de los profesores, no de los alumnos, a los que debería dedicarse la academia. Fijémonos en esto, académico es sinónimo de escolar, pero nadie dice “esa cuenta que dice dos más dos es cuatro” no es “escolar”. Porque además de que a ese nivel parece que todos advertirían la falacia, escolar está demasiado bajo en la escala de prestigio construido como para ser útil a propósito alguno.

Todo me parece bastante absurdo pero lo grave es que me da la impresión de que lo mediocre ha ganado todas las batallas y que mucha gente inteligente alimenta al decreto 333 y le baja el precio al conocimiento, a la búsqueda de la verdad que no se de dónde sacaron que está dentro de la academia, que solo aporta los rudimentos de las cuestiones. En esa mediocridad florecerán los mediocres intra muros, los saca codos y es un lugar poco propicio para el pensamiento libre, porque en primer lugar está mal visto que sea libre, porque no es “académico”. Eso han conseguido. No veo cómo puede florecer la libertad donde todo está así de controlado, lleno de sellos, títulos y citas según métodos reglamentarios.

Rosenkrantz, otro juez que no debiera serlo

Rosenkrantz, otro juez que no debiera serlo

No se en qué momento el derecho se convirtió totalmente en izquierdo, pero desbarrancó en una pendiente muy pronunciada desde la década del 90. Hoy, un gobierno que dice no ser populista y que ya no existen ni las derechas ni las izquierdas (frase viejísima), nombró dos miembros de la Corte Suprema de izquierda socialista, que es lo que en general está detrás del slogan de la “muerte de las ideologías”. Alguien me dijo que Rosenkrantz era una maravilla porque era “moderado”. Parte del buzón socialista en el que el país está metido hasta el último pelo, es la sustitución del pensamiento por la cuestión de los modales. A la mayoría de la gente que no se identifica como socialista o de izquierda en el país, les pueden meter a Stalin en su casa si se presenta con unas formas urbanas y sonrientes.

No es que con esto pretenda decir Rosenkrantz es “malo”. A eso le puede sonar mi comentario al que diga que es “bueno”, como sinónimo de moderado, educado o no se qué cosa. En Estados Unidos la discusión más importante sobre cómo se compone la Corte tiene que ver con la concepción filosófica sobre el derecho y el estado. En la Argentina, mientras se evade esa cuestión y se la tapa con “notas” o antecedentes académicos (el mísmo método con el que les metieron a Gils Carbó), curiosamente, todo viene desde la misma perspectiva socialista, opuesta a la de la Constitución histórica, dicho sea de paso. Hay una ideología que no parece para nada muerta debo decir. El gobierno de Macri se caracteriza por escapar de esas definiciones y entonces termina proponiendo dos jueces que van en el mismo sentido, para demostrarle al mundo que “no existen las ideologías”, lo que se prueba favoreciendo a la izquierda. El tabú es tan grande, que lo comentado hasta acá ya escandalizará a mucha gente, pero el macrismo acaba de vivir en carne propia el problema de haber subestimado cuál es la concepción constitucional de sus candidatos, en el fallo horrendo dictado por el Tribunal en el caso de las tarifas del gas.

El nuevo juez de la Corte viene con el mismo tipo de dogmas socialistas que sus compañeros del Tribunal, no hay una sola excepción. Eso está perfectamente reflejado en un trabajo titulado “La pobreza, la ley y la constitución” publicado en la Yale Law School Legal Scholarship Repository. Ahí plasma el nuevo ministro su visión sobre el estado, la libertad individual – relegada a los objetivos colectivos – y la pobreza. Intenta realizar un análisis de las obligaciones de los que no son pobres con los que son pobres, por el simple hecho de que unos son pobres y otros no, sin ninguna justificación acerca de por qué existe esa relación “jurídica”, mucho menos por qué existe la pobreza y la no pobreza. Es solo un imperativo moral del que deduce normas legales, es decir actos estatales, intervención de la autoridad, límite a la propiedad y manejo de la vida de los ciudadanos en nombre de esa moral. Nunca considera siquiera la posibilidad de que la pobreza tenga como solución la producción, algo que corresponde a los que son pobres y a los que no lo son, pero que específicamente en el caso de los más pobres, depende en gran medida de que no aparezcan ni asaltantes ni moralistas a entorpecer los proyectos de los que tienen más capital.

Rozenkrantz no parece creer que exista un problema de escasez, por lo tanto el derecho está habilitado desde los imperativos morales socialistas para resolver la pobreza. Todo es una cuestión de distribución y planificación centralizada. Normas buenas harán que haya menos pobres. También define al derecho privado como el que regula las relaciones privadas (según él una “moderna economía de mercado” es la que está plenamente regulada, es decir, la que no tiene nada de economía de mercado), esto es, por su objeto, y no por el hecho de que pertenezca al arbitrio de los privados, que es la cuestión fundamental.

El artículo podría titularse “la necesidad crea derechos”, que es el meollo de la ideología autoritaria. Se traduce como que la necesidad habilita a la intervención de la autoridad política, que es lo que requieren tales “derechos”. Ocurre que las necesidades son ilimitadas, por lo tanto pensar de esa manera a la acción del estado, equivale a sostener la validez de un poder ilimitado. Pero en estas concepciones del derecho constitucional, todo el asunto es promover la felicidad, sin ninguna consciencia acerca de que se está promoviendo hacer felicidad con palos, porque el estado no tienen nada que no tengamos nosotros como no sean los palos.

El trabajo apunta finalmente a dilucidar si los llamados “derechos económicos” (que no existen más que en la voluntad política) deben ser o no incluídos en la constitución y si “los pobres deben obedecer al derecho” y llega, afortunadamente a la conclusión opuesta a la de Gargarella, que dice que no. ¿“Obedecer al derecho”? ¿Por qué no usar la palabra “respetar”? Se está preguntado específicamente si una persona por ser pobre tiene impunidad para incumplir sus contratos, impedir a los demás circular y cosas equivalentes. No se trata de “obedecer una orden”, sino de respetar a los demás, es una abstención, no una acción que “los pobres” deben seguir como unos soldados y de la que podrían revelarse (desde ya, si pensara así, yo estaría con Gargarella, pero no como excepción sino como regla). El problema por supuesto es de concepción, si pensamos que el el derecho es una completa farsa o que toda ley formal es derecho (algo que está supuesto claramente en el trabajo), entonces es un instrumento de dominación, algo que se obedece o no se obedece y nada más que eso. Pero resulta que el mundo que pensaba así colapsó, porque lo cierto es que ese respeto a los contratos, el dejar circular, el permitir a los demás desarrollarse, es lo que da las oportunidades de salir de la pobreza. El almacén que me va a contratar no se instalará en mi barrio si es un barrio de ladrones, no importa si lo son por razones privadas o por sus creencias acerca de lo injusta que ha sido la vida con ellos. El almacenero no aparecerá en ninguno de los dos casos.

El violar derechos ajenos no es una vía para salir de la pobreza válida como regla, menos como regla jurídica, menos para un juez. No es sólo un problema en Gargarella que dice que si, lo es también en Rozenkrantz que dice que no tímidamente, porque la razón que da para negarlo no solo no es terminante sino que da por buena la moral socialista de la que parte una pregunta tan desacertada: esa de que los pobres son causados por falta de “distribución”. Un análisis económico necesario le hubiera llevado a la conclusión de que la pobreza que conoce es hija de la distribución socialista, parasitaria y extractiva.

No, no creo que pueda haber jueces socialistas, pero hay algo que es mucho peor que eso y es la frivolidad de la sociedad argentina, sobre todo de la que no forma parte de la avanzada ideológica planificada, de hacer como que la cuestión ni siquiera merece consideración.

Lo dicho, reitero, no tiene que ver en absoluto con que sea bueno o malo el nuevo ministro de la Corte, ni siquiera con que sea bueno o malo Gargarella, que si me preguntan creo que es bueno, pero jamás le daría un lugar en el estado, menos de juez.

Burkas

mujeres con burka¿Es esto nada más un símbolo del sometimiento de la mujer? A las mujeres se las esconde, pero ¿de quiénes? La consigna es que ellas despiertan “pensamientos impuros”, que son los muy puros pensamientos vitales del sexo. El esquema de poder de los hombres tratando a las mujeres como ganado los excede a ellos, es el dominio de la religión, de los religiosos, sobre todos, a través de la manipulación de los impulsos vitales, transformándolos en problema, poniéndole a cada uno en su cabeza el ojo vigilante de la divinidad, de sus representantes de carne y hueso en realidad, contra todo lo que los individuos quieren (sexo, felicidad, dinero).

Los varones de ese formato de dominación son unos esclavos aunque de otro tipo, como los colaboracionistas sádicos de un ejército invasor. Se los invita a esperar para disfrutar en la muerte, mientras tanto son un instrumento de los religiosos, hasta cuando castigan. Las mujeres son el último eslabón de la esclavitud; mientras los varones las vean vestidas como siervas no se darán cuenta de su propia servidumbre.

En “occidente” (que es tantas cosas como el capitalismo y el comunismo, una religión estatal que pretende ser anti estatal), tuvimos una gran dosis de lo mismo y todavía persiste. El actual papa es un colocador de burkas económicos en todas las cabezas de sus fieles, un gran corruptor, un ayatolá buscando su oportunidad. Después habrán otros velos si le dan cabida, por ahora tiene para entretenerse diciéndole a todos que buscar una ganancia es como mirar una teta.

La alternativa a la barbarie es un mundo secular, no la “religión verdadera”, el del conocimiento de la realidad, no de las consignas, no del relato común de someternos a algo más estético que la burka física. Estábamos bastante bien cuando todo eso se había reducido al ámbito privado, el problema lo tenemos cuando se invade el público, el de las reglas que se imponen. Así es el fallo de la Corte espantosa de la Argentina, una admonición represiva del “tener”, el burka económico contra los malos pensamientos lucrativos.

El gran peligro es que la represión que reconocemos, que está en esta foto, le de una nueva oportunidad a la represión que no vemos, porque son burkas cercanas, asumidas como inevitables, como la “distribución de la riqueza”, la “educación”, la “recaudación”. Ese final sería terrible. La alternativa real a este movimiento medieval expresado en la foto no es ni siquiera la liberación de la mujer, que ya estaría bastante bien sacarles eso, sino la liberación del sexo y de todo lo que queremos del yugo de la culpa, del negocio de la culpa, del negocio inmundo de la culpa.