Lanata empeoró las cosas

Lanata empeoró las cosas

No dejo de reconocerle a Lanata el papel que tuvo en hacer visibles las barbaridades del kirchnerismo en su última etapa, pero me voy a referir a su artículo sobre la “militancia”. No tengo ninguna sensación de que haya que agradecerle reconocer lo que eran los psicópatas violentos que poblaron montoneros, erp y todas las organizaciones de violencia política que cometieron crímenes horrendos para tomar el poder y acabar con todo vestigio de libertad y ley. Hay un grupo de argentinos que tiene mucho más mérito, por jamás haber hecho el panegírico de esa actividad criminal ni haber estado dispuestos a aceptar la propaganda del terrorismo bajo el mote de “derechos humanos”. Gente que sigue diciendo lo que estableció el informe “Nunca Más” en base a las denuncias que hubo 8000 desaparecidos. También había propaganda en ese documento, porque varios de los allí mencionados de repente reaparecieron. Esa fue la razón por la que “nunca más” se publicó la lista de las personas en sucesivas ediciones. Verdades loperfidianas no autorizadas.

Tengo que atenerme al contexto para esta cuestión. El señor Lopérfido dijo lo que se sabe sobre desapariciones, el aparato político que pretende obligarnos a pensar que eran hippies le saltó al cuello y Lanata anuncia que igual Lopérfido estuvo mal, porque a pesar de que dijo la verdad, hay que mentir hasta que él nos diga. Entonces nos miente después de anunciarlo y nos habla de 30 mil desaparecidos. Nos deja sin nada, pero el héroe es él y hasta que no nos acepte y nos valide los que simplemente estamos interesados en la verdad y no en mantener algún relato en particular o en venerarlo, tenemos que esperar a que nos valide. El decidió que no nos valida más que lo que quiere. Nos da un caramelo y nos anuncia que tal vez mañana nos de otro.

Empeora las cosas porque hasta ahora mucha gente tenía miedo de pensar en otra cosa que en 30 mil dseaparecidos porque entonces todo el aparato opresor le caía encima. Ahora Lanata inaugura una etapa en la que sabemos que es mentira, reconocemos que es mentira, peor lo decimos igual ¿A qué obedecemos? Antes no se podía pensar en la verdad, ahora nos dice que nos cagamos en ella.

Lo peor es que creo que hace un esfuerzo para salirse de los paradigmas que trajeron este desastre y se destaca en honestidad sobre la mitología izquierdista. Para mi es el discurso de un alcoholico contra el alcohol, con un vaso de whisky en la mano. Cansa una sociedad en la que bajo cualquier circunstancia o conducta, la izquierda nos tiene que aprobar. Todos esperan que sean ellos los que digan la verdad y entonces se festeja una simple edición de la mentira, mientras la honestidad se desvaloriza una vez más.

El cuento de la soberanía

El cuento de la soberanía

Soberanía es un concepto heredado de un tipo de poder sostenido en la mera fuerza. La idea de “atributo del soberano” traspasada a una república bajo el expediente forzado de llamar “soberano” al “pueblo”, es un pase mágico pero no resuelve nada. La invocación de soberanía en el derecho internacional supone una entente entre gobiernos que tienen un ejército y que ejercen la fuerza. Por lo tanto y basados en eso, se respetan, por ahora.

En una república no hay soberano ¿El pueblo soberano? ¿Ante quién? Si la respuesta es ante el gobierno, el concepto queda por completo vacío. Si es ante sí mismo más. En una república lo que se llama “gobierno” (palabra también traspasada) es una organización defensiva, por lo tanto no soberana de nadie.

El uso de esa palabra confunde los objetivos de un gobierno republicano cuyo fin, a pesar de que los socialdemócratas lo hayan destruido, es la preservación de la libertad de sus ciudadanos. El territorio se cuida de invasores como medio de defensa, no como un fin en si mismo, no como un ámbito en el cuál un “soberano” impone su voluntad y se queda con los recursos. El soberano extrae y se impone, la república no debería. A la república la extensión de su territorio en principio no le interesa, salvo que eso de alguna manera se relacione con su propia defensa por razones particulares.

Ahora bien, no vivimos en repúblicas, no queda ninguna. Incluso pueden haber quedado en la intención desde el principio, desviadas por la falta de nuevas definiciones de la política que se relacionen con la idea de libertad hasta lo que tenemos hoy. Así subsistió el “poder legislativo” del gobierno sobre la vida privada, que en cuanto se piensa es cien por ciento incompatible con el sistema de valores republicano. Vivimos en estatismos, de los que somos súbditos en nombre de nosotros mismos, mediante una ficción cada vez más retórica de que se nos está cuidando.

La diferencia es importante porque podemos plantearnos qué le interesa a los estatismos de la “soberanía” y todavía hay poco sentido. Pensemos en Malvinas. Incorporar a las Malvinas a la “soberanía” del estatismo argentino implicaría que su población pasara a engrosar la propia, cuando entre los valores del estatismo está trabar el ingreso al territorio de personas que no hubieran nacido en el. Otro sinsentido para una república, tan centrada se supone en la igualdad ante la ley, su heredero el estatismo ha cambiado los derechos de nacimiento desde el linaje al suelo, aunque en los países europeos sigue siendo la sangre lo determinante.

Después puede haber intereses de extracción de petróleo y pesca para que el estatismo al modo de los soberanos acreciente sus arcas. El estatismo argentino tiene problemas para conseguir capital que explote los recursos de los que ya se apropió, de manera que no se a dónde vamos con eso. En una república lo coherente sería que el subsuelo fuera privado y su explotación no tuviera nada que ver con los estados, tampoco sus beneficios. El petróleo privado de las Malvinas tendría el mismo efecto benéfico sobre la economía circundante que el extraído en Comodoro Rivadavia, bajo la condición republicana de que las fronteras para los negocios privados (todo tipo de contratos y traslados de mercaderías y personas, permanencia pacífica, no existan. No habría por qué pelear por eso, al contrario, habría que levantar las barreras.

Los súbditos del estatismo argentino, eso si, tendrían que solventar nuevos empleados y organismos, con todo su presupuesto. Pero para la gente no se ven ningún provecho.

El único plano en el que el problema no tiene solución es en el de la generalidad patriotera y la incomprensión de lo que es una república, por haberse transplantado sin más un concepto extraño del que parece hay miedo de deshacerse. Por eso se lo sostiene la retrógrada soberanía con mitología, una muy perversa e inmoral llamada nacionalismo, con el que se envenena la mente de generaciones para hacer del fracaso un objetivo romántico. En el nacionalismo el sometimiento y el robo a la población se transforma en un fin “moral” y nada más. Ventaja real ninguna.

El nacionalismo beneficia nada más a los inquilinos del poder, que ven mejorar su vida y engordar su ego. Esto se implanta a través de un sistema que tampoco es compatible con una república llamado educativo. Se que Sarmiento quería hacer otra cosa, en su momento histórico no hay más que rescatarlo, pero su frase sobre “educar al soberano” es equivocada por completo y fuera de contexto, ya lo podemos ver. El que lo dude, cuélguese una foto de Baradel en la cocina para verla todas las mañanas al desayunar.

Una república se preguntaría, más que de quién es la “soberanía”, el método de ampliar los derechos y negocios de los particulares a una zona potencialmente provechosa. No se preocuparía por plantar una bandera que hace varias generaciones que se usa como método de dominio interno, de robo y engaño.

La sacarina engorda

La sacarina engorda

— 101.
— ¿101? No puede ser.
— Pero es.
— Me pesé antes de salir, daba 98.

La enfermera siguió llenando los datos de Alfonso como si no hubiera escuchado. Era tan habitual que las balanzas de los pacientes dieran menos que la de precisión de 900 dólares del consultorio y que lo hicieran siempre cerca de las cifras redondas, que le aburría seguir la conversación. Alfonso quedó mirando a la espera de continuar la disputa pero no tuvo más remedio que desistir. La odió.

El médico nutricionista que le recomendó su clínico, el doctor Alvaro Alvarez, lo recibió con una sonrisa. Le explicó el resultado de los estudios que le había hecho y le dio una serie de recomendaciones, que podrían resumirse en la necesidad de una hora de ejercicio aeróbico diario, prohibición de grasas, no azucar, no alcohol, drástica reducción de harina y un recetario de cocina cuyo contenido más excitante era una manzana asada preparada con edulcorante. Todo eso durante tres meses hasta el próximo control.

Acostumbrado a negociar por su profesión de político, Alfonso intentó explicarle que había leído sobre los beneficios del vino, la fuente de proteínas que es el asado, la antidieta y otras muchas teorías que encontró en internet, pero Alvarez ni siquiera se mostró interesado. Apenas le dijo: “Señor diputado, entienda que usted es el que tiene el problema, no yo. Mi trabajo es hacer que viva muchos años, le acabo de dar mi mejor consejo. Usted es un adulto y se necesita un adulto para combatir sus problemas de salud”. Tras lo cual, con otra sonrisa, lo acompañó a la puerta y lo despidió.

¡Que hijo de puta! pensó Alfonso. Le contó al llegar a casa a Gabriela lo que le habían dicho.

“Que desastre”, comentó ella.

— ¿Pero le dijiste lo importante que es para vos el encuentro con tus amigos los domingos para ver el fútbol con pizzas y cervezas?

— Ni llegué a decirle eso, el tipo un témpano. Si lo vieras, una terrible insensibilidad. En ningún momento pareció interesarse por mi. Me trató como un robot contando calorías.

Se quedaron en silencio. Gabriela especulaba con que a ella le dijera lo mismo el tal doctor Alvarez, porque tenía su propio turno para la semana siguiente. Esa noche le preparó a su marido un zapallito hervido, medio huevo duro y una galletita de agua, acompañado con jugo diet de maracuyá. Ella se sirvió una milanesa que había quedado del almuerzo, con puré de papas, también con el jugo diet de maracuyá para mostrar solidaridad con su marido.

No hablaron durante toda la comida. Mientras tomaban el café y se incumplía la primera regla de no usar azucar, Alfonso comentó que no sentía ninguna diferencia, que no se sentía mejor. “¿Vos me ves mejor?”

Al día siguiente ahogó sus penas con una cerveza y unos salamines con su amigo Ivan, quién por suerte le dio una salida. Le habló de la Clínica Carr, que tenía una metodología muy eficiente para bajar de peso, basada en las necesidades emocionales de los pacientes. Justo lo que Alfonso necesitaba, algo más humano, menos “calculista”, dijo. Desde el mismo bar arregló un turno para el martes.

Se sentía feliz otra vez, esa noche festejaron con Gabriela con los riquísimos ravioles al whisky que ella hacía, receta de su madre. Durante el fin de semana aprovecharon para comer de todo, antes de empezar el nuevo régimen de la Clínica Carr. “Los gustos hay que dárselos en vida”, dijo Gabriela.

Ya el aspecto de la nueva Clínica le pareció mucho mejor a Alfonso. Estaba llena de aparatos, computadoras. En la sala de espera había un televisor 4K sintonizado en ESPN. Las enfermeras eran espectaculares, todas con minifalda. En otra pared había un cartel con el lema de la institución: “Bajar de peso con fe y esperanza”.

El doctor Axel Karlitos le cayó diez puntos. Un tipo fenómeno que hablaba de fútbol y de política. De verdad el día y la noche entre una y otra experiencia.

— Mire don Alfonso, vamos a ir de a poco, hasta que usted se acostumbre. Nosotros tenemos la filosofía de que la dieta tiene que adaptarse al paciente y no el paciente a la dieta. Lo que queremos es construir una relación y dejarnos interpelar por sus sensaciones.

— Magnífico doctor, estoy preparado para hacer lo que haya que hacer para estar bien.

— Muy bien, la actitud es lo primero. Empezaremos por reemplazar el azúcar por edulcorante. En tres meses vuelva para un control.

— ¿Nada más?

— Por ahora no.

— Bueno, si hay que hacer sacrificios se hacen doctor. La pizza y la cerveza son importantes para mi, porque los domingos nos reunimos con nuestros amigos a ver fútbol.

— Ok, no lo deje, pero sea moderado.

Alfonso pondría lo mejor de si. Estaba feliz por el trato humano que había recibido. En los meses siguientes fue bastante estricto con la prohibición del azúcar. El problema fue cuando vio a su clínico nuevamente y este le dijo que todos sus valores habían empeorado y que su peso estaba ahora en 120.

Desde todo punto de vista ese fue un momento clave en la vida de Alfonso. Se sentía estafado, que se habían burlado de él. Pensó en mucha gente que estaría pasando por circunstancias similares. El era ante todo, se decía en el taxi volviendo a su casa, un político. Un político se debe a la gente y si sus propias experiencias no lo hacían reflexionar para volcar todo su potencial hacia las personas de carne y hueso, ese político no servía para nada.

Esa noche se pusieron a trabajar con Gabriela en una nueva campaña, que en pocos meses lo llevaría a la fama nacional, a subir en las encuestas y a convertirse en la nueva figura del país. Primero la esbozó en un memo titulado “La sacarina engorda”. Ahí contaba cómo en la Clínica Carr le habían mentido acerca de la posibilidad de adelgazar con sacarina, cuando en verdad había comprobado en carne propia que engorda como pocas cosas que haya comido antes. Acusó a los médicos en general de vivir en un mundo aparte, sin pensar en la gente que solo quiere un poco de felicidad. Sobre todo aquellos que como él tenían una tendencia a engordar, esos eran los que merecían mayor comprensión de la sociedad. Proponía empezar por tirar la sacarina que cada uno tuviera en casa y subir videos a Youtube.

El memorandum fue publicado en el diario La Nación, después de que circulara por las redes sociales. En pocas semanas Alfonso había recorrido todos los medios como el nuevo gurú de la nutrición basada en la felicidad, no en la dieta que era una receta que venía importada desde los grandes centros de poder. Inició una campaña para prohibir la sacarina, juntando millones de firmas. El hashtag #LaSacarinaEngorda fue tendencia mundial durante varias semanas.

Su popularidad creció tanto que Partido decidió en agosto postularlo ese año para la presidencia. Aunque ni él lo podía creer, ganó las elecciones con el 61% de los votos, una semana después de que la Clínica Carr fuera clausurada por el intendente y el doctor Axel procesado y detenido por asociación ilícita.

Alfonso ordenó que inmediatamente después de jurar como presidente le tuvieran preparado el decreto prohibiendo la sacarina, sustancia propia del colonialismo cultural. Quería que el momento de la firma sea transmitido por cadena nacional.

Antes de que se encendieran las luces para la transmisión, Alfonso sentado en el sillón de Rivadavia sentía que había cumplido con el propósito de su campaña. Era feliz.

Fue el momento en que cayó de cara sobre la hamburguesa con queso y las papas fritas que le había preparado su nuevo nutricionista. La coca cola salió despedida y mojó al camarógrafo.

El presidente rodó por el piso y su presidencia llegó a su fin.

Una respuesta de yudo a los gobernadores peronistas.

Una respuesta de yudo a los gobernadores peronistas.

Es cierto, los gobernadores peronistas son unos chantas. A este gobierno le piden lo que no le pedían a la tirana sub-africana a la que obedecían como lacayos. También es cierto que están tratando como reparto de la coparticipación la asignación de recursos para manejo de la policía a la Ciudad de Buenos Aires, cuando el gobierno se deshace de recursos pero también de gastos.

Sin embargo la respuesta del gobierno tiene serios defectos. Primero que la moral de los gobiernos peronistas no es el punto, además de no tener arreglo. Pedirles que se comporten como perritos falderos porque se liberaron del maltrato, es un contrasentido. Se supone que eso debe poner fin al sometimiento. Por otra parte los pone en evidencia, eso debe ser tomado como una ventaja. Debe restablecerse un sistema federal, donde las responsabilidades estén bien delineadas, eso es incompatible con gobernadores peronistas que actúen como lo hicieron cuando obedecían a los bandidos. No es normal, no está bien.

El problema es el gabinete de Macri no ha decidido un cambio de sistema económico e institucional, sino que viene con la idea de financiarlo, quitar el látigo pero que los esclavos sigan siendo esclavos, ahora en nombre de la colaboración. Lo más importante de la pretensión de las provincias de recuperar el 15% de la coparticipación no es que a la señora se la dejaban pasar, sino que desnuda la estafa de la confiscación de los fondos de pensión para volver a establecer el régimen de reparto. Se había argumentado que las AFJP, que no eran una gran solución, estaban nadando en dinero pero no pagaban buenas jubilaciones, pero resulta que todo eso se volcó al gasto público de corto plazo para establecer un dominio interno dictatorial. Las provincias debieron ceder recursos a la corona. El duranbarbismo habrá elegido no cuestionar aberraciones como aquella y ratificar una intención continuadora de esa y otras políticas en nombre de la necesidad electoral, pero ahora se encuentra con los dilemas numéricos, que no leen encuestas.

Si la intención del gobierno es realizar cambios de fondo y no remar hasta que aparezcan los incendios, esta pequeña crisis de la coparticipación le da dos oportunidades. Una encarar en serio la reforma del sistema, terminando con el método unitario de coparticipación y, segundo, tomar rumbo hacia la única solución que parece estar descartada, que es la única real, esto es la reducción drástica del gasto público para que se convierta en inversión y gasto privado, no solo por razones financieras. Las provincias peronistas se lo están pidiendo. Dado que hay que devolverles el 15% de coparticipación, se anuncian en el mismo acto los recortes que lo posibilitan. Reclamos al Partido Justicialista. El federalismo real no es compatible con el estado kirchnerista.

Pero si Macri entra en el llanto por no ser tratado como un tirano solo porque no los trata él como un tirano, es absurdo y queda como jamón del sandwich. Ya escribí sobre esto pero voy a insistir. Hay dos formas de ejercer el poder, una como un bandido, esto es como Néstor y Cristina Kirchner, basados en sus personas e intereses como centros de decisión, o del modo legal. Si Macri recurre a la realidad (se devuelve la coparticipación y eso requiere un recorte, además de demostrar la estafa del asalto a los fondos de las AFJP) y a la ley. El presidente tiene poder de sobra en la Constitución, si los otros poderes del estado no convalidan medidas correctas, pues pagarán el costo ante la opinión pública. El poder personal de los tiranos K, no temía a la opinión pública, planteaban los dilemas y el resto retrocedía. Con el fundamento legal estricto, pasaría lo mismo con mejores razones posibles de explicar. Los Kirhner tenían que hacerlo reprimiendo la información y la opinión. La legalidad fundamental es la Constitución, todo el resto está subordinado.

Por ahora pareciera que se quiere nadar en el sistema con ajustes “técnicos”. Los funcionarios del área económica se prestan a discutir con el semi-analfabetismo periodístico sobre cosas como inflación, en los mismos términos trogloditas que tanto sirvieron al kirchnerismo para tapar el problema. Dan explicaciones sobre el precio de la carne y se meten en la mitología de los abusos de “cadenas de distribución”, evitando el punto de la emisión monetaria para financiar un gasto público descontrolado, al que ni siquiera se menciona. Por eso es difícil que Macri logre convencer con el argumento de beneficiar a las provincias que administran bien, el principal lastre del país está en el gobierno nacional y la forma negadora de lidiar con la cuestión es la inflación, la que a su vez se esconde en falsos debates sobre comportamientos de agentes del mercado. Es por eso que el gobierno se siente sin salida frente al reclamo peronista, está descartando la solución real. Si es por el “costo político”, que requeriría muchas precisiones como el problema del corto y el largo plazo, ahí está el grupo de Urtubey ofreciéndose a pagarlo.

El fin debe ser que los gobernadores sean gobernadores, que se hagan responsables de los gobiernos clientelares que manejan, también de la imposibilidad del asisencialismo y el costo que eso tiene sobre el sector privado de sus provincias, pero también de los recursos que le piden en devolución al gobierno nacional. Si para la Ciudad de Buenos Aires la asignación del presupuesto policial implica hacerse cargo del gasto respectivo, pues que la devolución de la coparticipación vaya con la transferencia de responsabilidades también. Ya que lo piden, acá va. De otro modo todo este juego no es más que otra forma de provocar aumentos de gastos del sector público en términos absolutos y por tanto mayor necesidad de esquilmar a la población con impuestos o inflación, todo lo cual terminará pagando el macrismo en términos políticos.

La demagogia no es moral

La demagogia no es moral

La referencia a la pobreza como víctima de la riqueza tiene el único fin de colocar al número contra el recurso. Eso no puede ser respetado como plan político, menos como tesis moral o religiosa, es un simple y burdo modus operandi.

El juego continúa a pesar de que el número inexorablemente pierde al atacar su fuente de subsistencia, porque los doctrinarios de este plan obtienen lo que quieren a su costa.

Por eso aunque la realidad les muestre a los que se dejen encantar que nunca llegan a lo que quieren y que cada vez se aleja más, la ilusión de la salida fácil que le ofrecen los asaltantes en nombre de la bondad, se sigue alimentando con mentiras.

De las mentiras se construyen mitos y en muchas generaciones a eso se le llamará religión. Algunas son nada más que la promesa de que lo que te sacan en esta vida te lo recompensarán en otra. Otras son honestas en sus intenciones, pero la facilidad con la que se pasa del mito tranquilizador a la estafa es enorme. Mucho más fácil y disimulado que hacerse deshonesto en el mercado. Por eso el propósito de denostar lo “material”, en ese terreno manipular “almas” se hace más difícil. El dinero por si mismo no te envilece, lo que les preocupa es que te separe de su propio poder de envilecimiento.

Diez aclaraciones un tanto impacientes sobre las mediciones de desigualdad

Diez aclaraciones un tanto impacientes sobre las mediciones de desigualdad

La excluyente moralina izquierdista está encantada con los resultados del índice de Oxfam (una buenísima respuesta aquí de Ramón Rallo), una ONG “buena”, que acumula causas nobles sobre la pobreza en el mundo. Perdonen que ponga entre comillas esa bondad, se que eso escandaliza a más de uno que se siente culpable de solo considerar que gente que reparte a los pobres pueda ser cuestionada, sobre todo porque no me tomé ni me tomaré el trabajo de contabilizar sus acciones. Ese antecedente es el que se usa para dar valor a sus observaciones, nunca en la historia la demagogia ha dado tanta impunidad. Está mal porque gente que recibe donaciones y las reparte usa el prestigio que eso da para difundir ideas que están incluso contra los que producen el dinero que reciben en donación, contra los intereses de la gente a la que asisten y solo opera en en función de su figuración y poder.

Definamos izquierda: sincretismo doctrinario, moral, esotérico y tribal parasitario, basado en culpabilizar la habilidad y el éxito, exacerbando el sentimiento de fracaso de la población con falsos dilemas.

Dicho esto, lo que de verdad se está confrontando es el modelo de falsa desgracia, parasitario, contra otro productivo. El hambre en el mundo no lo combaten las ONGs ni las iglesias, ni los grupos de voluntarios. Si en cambio lo hacen los millonarios a los que quieren señalar por la sencilla razón de que si ese proyecto productivo es es entendido como bueno, ellos, los culpabilizadores cuyo papel es juzgar, no tienen sentido de existir. Pero no porque sean impotentes para combatir el hambre, mi sospecha es que no les interesa tres pitos a esta altura. Están mucho más enfocados después de repartir y sacar fotos, en esta parte política con la que atraen toda la atención. Para lo que son impotentes es para ser buenos, que es el cartel que les interesa, porque ser buenos como quieren les da poder y sobre todo es gratis. Un poco de reparto de zapatillas por aquí y por allá y ya se sienten con derecho a juzgar lo que tienen los grandes millonarios. Es contra el peligro que representa esta gente que la Biblia sabiamente dice que hay que procurar que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. El cartel de bueno es abuso de poder, no es bondad.

Primera aclaración: Lo que tienen las ONGs es recursos para consumo. Sean esas zapatillas, alimentos, abrigo, lo que sea. Lo que tienen los millonarios si lo obtuvieron limpiamente, en su mayor medida son recursos de capital, que están produciendo entre otras cosas para combatir el hambre. Lo que ellos realizan se multiplica, lo que hacen las ONGs se termina en la primera operación.

Segunda aclaración: En el caso de los millonarios tanto lo que tienen para su propio consumo como lo que tienen invertido en bienes de capital destinados producir cosas útiles para la población, son el reflejo de transacciones en las cuales lo que recibieron a cambio quienes pagaron, fue superior a esa suma. Eso está en la lógica de toda transacción pacífica, ambas partes valora más lo que reciben que lo que dan y por eso intercambian. Esto implica que la comparación entre los más ricos y los más pobres es tramposa, porque la riqueza de los ricos contribuyó seguro a la menor pobreza de los pobres y no al revés como sugiere el estudio.

Tercera aclaración: La capacidad de consumo de una persona más allá de determinado nivel no sube demasiado. Tener cien o cincuenta mil millones de dólares en la cuenta, no hace que el que tenga la segunda suma coma mejor caviar que el de la primera. La diferencia está en que el segundo toma decisiones económicas que benefician a muchas más personas. Tiene mayor poder económico, no político. Digo benefician, algo que el resentimiento impide ver, porque bajo reglas de mercado no tienen capacidad de obligar a nadie a pagar por lo que ofrecen.

Cuarta aclaración: Cualquier poder ilegítimo que los millonarios tuvieran sería ejercido contando con apoyo de gobiernos. Estas organizaciones se desentienden por completo del poder del gobierno, más bien quiere que los gobiernos se ocupen de que los ricos no sean tan ricos. Eso les da poder a ellas y también a los gobiernos. El gobierno no tiene dinero, solo lo extrae, cada peso que acumula va en empobrecimiento de los individuos privados.

Quinta aclaración: Mientras por lo indicado antes la utilidad de los millonarios para el resto de la población se mide justamente por sus millones, que es lo que este estudio trata de convertir en problema, la de las ONGs se mide emocionalmente. Esa emoción está basada en la explotación de la culpa por lo que se tiene y la promoción del resentimiento. Desde el punto de vista de la superación de la pobreza, sus acciones se consumen en un acto, no promueven una solución ni un flujo permanente y sostenible y alteran la capacidad de subsistencia de los asistidos si se prolongan en el tiempo. Como bien lo señalaba Ayn Rand, el reparto de los repartidores no podría existir sin la previa actividad de los productores. Ni siquiera podemos afirmar que el dinero regalado no estaría mejor en una inversión o en sueldos para actividades productivas. Solo podemos considerar subjetivamente útiles los propósitos de los donantes y de los que reciben las donaciones; algo que queda entre ellos, que puede entenderse como producto de la cultura culposa. No se cuántas personas han dejado la pobreza por ser asistidas por ONGs, pero gracias al mundo empresario se puede decir que esta es la época de mayor riqueza general de la historia humana. Como dice Rallo, nada se dice de que las fortunas se concentran en los países que respetan medianamente la producción y la pobreza en los países que siguen las pautas morales o políticas de los igualadores. Pero hasta esos países son menos pobres gracias al valor que crean los que son capaces de producir.

Sexta aclaración: Si un cataclismo natural hiciera desaparecer a las 62 personas más ricas del planeta y a sus empresas, las otras se volverían más pobres, no más ricas.

Séptima aclaración: El asalto a los millonarios puede tener éxito como un solo acto de depredación, a partir de ahí tendría el mismo efecto que el cataclismo natural de la aclaración anterior.

Octava aclaración: Los ricos nos convienen para venderles bienes y servicios. Incluso los ricos ilegítimos como los gobiernos, cuya riqueza nunca se compara con la pobreza de la población, son utilizados como fuentes de recursos a cambio de servicios (en el segundo caso, ilegítimos).Sin ricos no solo no hay capitalismo, tampoco hay socialismo ni ONGs. Esta es la razón también por la que pululan organizaciones, académicos y periodistas que hacen comparaciones que lo único que logran es justificar al estado, del cual obtendrán algún favor, o culpabilizar a los que producen para quitarles dinero sin darles nada util a cambio más que un falso perdón. Hay una manera honesta de obtener dinero de los ricos, pero no es ninguna de las dos mencionadas.

Novena aclaración: En un mercado libre todos tenemos la posibilidad de ser Bill Gates, pero solo hay unos pocos que logran ser Bill Gates ¿Por qué? Porque el descubrimiento de la riqueza es difícil, lleno de riesgos y sin ninguna seguridad. Hacer aparecer a los ricos más ricos como privilegiados, es un trabajo de parásitos. Lo cierto es que no son privilegiados sino elegidos por consumidores que combaten su pobreza y que su triunfo explica en gran medida el avance de la humanidad y nuestro estándar de vida. Lo que estas ONGs pretenden es construir un sistema de elección paralelo al del mercado, donde los bienes no estén distribuidos en base a su productividad, sino a un criterio moral que ellos manejan, despreocupándose por completo del resultado, porque su único interés es el manejo en sí.

Décima aclaración. Si el capitalismo es injusto y genera por generación espontánea millonarios malos que explotan al mundo ¿Por qué razón los buenos no hacen empresas super exitosas y las usan para repartirnos sus frutos? Porque no tienen idea de como hacerlo, pero tampoco aceptan la realidad de que el mercado es un ámbito de libertades y de riesgos donde el mejor lugar para que esté la riqueza es en manos de quién la supo crear. Esto es bueno para ellos y también para todos los demás.

(Foto: Igualdad cubana, la pobreza que según el Papa debe ser amada como una madre)

El grupo Bilderberg y el Gobierno Mundial

El grupo Bilderberg y el Gobierno Mundial

Ayer escuché hablar por primera vez de algo llamado “Bilderberg Group”, un gran club de políticos, empresarios, periodistas y gente influyente que se reúnen en privado de manera periódica y, aparentemente, discuten eventos mundiales con la idea de unificar criterios. Lo que escuché fue que este grupo estaba impulsando la creación de un gobierno mundial, preocupación que ahora está de moda. Recuerdo allá por el 2001 cuando los bienpensantes del mundo decían que lo que estaba mal de Estados Unidos era que fuera a la guerra sin aprobación de las Naciones Unidas. Todos estaban de acuerdo con esa sentencia, del mismo modo que se festejó la internacionalización de la persecución penal en nombre de los “derechos humanos” y la construcción del Tribunal Penal Internacional. Todo eso conduce a la formación de un gobierno mundial, pero parece que la alarma está cuando un grupo se reúne de un modo secreto. Los elefantes pasan por delante, pero se buscan ratones abajo de la mesa.

Me puse a ver un par de videos, entre ellos este documental, en el que se denuncia el secreto de las reuniones. Adam Smith decía que cuando un grupo de empresarios se reúnen (agrego yo, en lugar de operar en el mercado de acuerdo a sus intereses), el consumidor está en peligro. Si los empresarios tienen negocios que gozan de permiso oficial para ganar poniendo en riesgo dinero ajeno, como los bancos, la cosa es peor. Si en el medio hay políticos, ni hablar. Pero de ahí a atribuirle a este club el ser el verdadero poder detrás de todos los tronos, me parece que hay un abismo.

Que algo sea secreto, por otra parte, no me indica para nada que sea incorrecto. Y si es incorrecto, tampoco tengo datos para saber incorrecto en qué, para qué, en perjuicio de quién y de cuánto perjuicio estamos hablando. El secreto puede obedecer nada más al deseo de hablar con libertad en un ámbito privado, sin que eso tenga consecuencias sobre sus intereses. Pero además, el hecho de que se considere al “secreto” privado como un problema, implica la habilitación del ojo colectivo y la invitación al gobierno a convertirse en El Gran Hermano. Ninguno de los que interviene en esta cruzada victimizante se detiene un minuto a pensar en la cuestión.

Vuelvo a los elefantes y las ratas. La opinión pública no es para nada engañada sobre los planes políticos y económicos peores del mundo, al contrario, los comparten. Cuando un político habla de proteccionismo (contra sus bolsillos), de derecho laboral (contra sus oportunidades laborales), de ambientalismo místico (contra su economía particular), de nacionalismo (contra su libertad como individuos), contra el capital (contra la posibilidad de mejorar sus ingresos), de educación pública y centralizada (contra su posibilidad de pensar libremente), contra las migraciones pacíficas (contra su libertad de escapar y de intercambiar con más personas mejorando sus condiciones de vida), a favor de la jurisdicción internacional y la legitimación de organismos internacionales (contra su propio control de lo que pasa en la política); no solo lo hacen en público y sin ningún secreto, sino que son apoyados de modo excluyente. Entonces el problema del poder y del atentado contra los intereses de la gente, no está para nada escondido. Está sobre la mesa y pocos lo ven.

No señores, lo peor de la política no ocurre en privado.