SI LA ARGENTINA ESTÁ CONDENADA AL ÉXITO, DUHALDE LA QUIERE INDULTAR (Febrero 2002)

Semanario Urgente.

SI LA ARGENTINA ESTÁ CONDENADA AL ÉXITO, DUHALDE LA QUIERE INDULTAR
— POR JOSÉ BENEGAS

Ante un país que se hunde en el mar de la anomia, el alfonso-peronismo se apresta a asaltar el Palacio de Justicia al mejor estilo nacional socialista, en nombre de los ‘sanos sentimientos’ del Pueblo argentino.

Son esos ‘sanos sentimientos’, que en la Alemania nazi servían de fundamento al sistema penal y a la represión estatal, los esgrimidos, con otros nombres, contra la Corte por las hordas ‘cacerolistas’ y los grupos de abogados laboralistas que protegen, por vías torcidas, sus intereses pecuniarios. Ellos son el fundamento real por el que la policía política representada por el progresismo mediático y parlamentario se propone otorgar a la alianza gobernante la suma del poder bajo la mascarada de un juicio político.

Los jueces con los que reemplazarán a los actuales, son jueces amigos, cercanos, que ya han prestado servicios a la causa proletaria y a la cruzada ‘antimenemista’ (lo que para ellos es, lo más sano entre los sentimientos nacionales).

Son el tipo de jueces a los que llaman ‘independientes’. En cambio quienes no les responden, ni convalidan los procedimientos de ajusticiamiento de sus adversarios; los que cometen el atrevimiento de resolver de acuerdo a derecho aunque beneficie a los réprobos preestablecidos y quienes tienen supuestas simpatías con gente antipática para el poder; vendrían a ser para nuestra política bizarra los dependientes.

La población ignora por completo los motivos y aspiraciones de la cosa nostra política para quitar a los jueces que no les responden del medio y es conducida como ganado por las campañas oficiales de desinformación y distracción.

Un día la víctima son los banqueros, otro día los comerciantes, otro día las empresas privatizadas, otro día los que saltaron el ‘corralito’ y otro las instituciones más básicas de la República, como la Corte Suprema de Justicia.

Sin saber siquiera quienes son los ministros de la Corte, ni qué hacen, ni qué espera la Constitución de ellos, ni de qué se los acusa, muchos de los golpeadores de cacerolas colaboran mansamente con la destrucción del último resguardo que les queda en la protección de sus derechos y de sus garantías.

Un día protestan porque la propaganda oficial dice, falsamente, que convalidaron el corralito, y cuando se enteran de que lo declararon inconstitucional protestan porque se supone que atentan contra la subsistencia del sistema bancario (¿cuál sistema bancario?), aunque los bancos eran supuestamente los depositarios de todo el mal habido en el país y maléficos aliados de anteriores gobiernos a los que el actual venía a abandonar.

Y si no protestaran ya por eso, lo harían por otra cosa; prenderían la televisión para notificarse de contra quién tienen que despotricar hoy.

La actual Corte es producto de un pacto sellado entre el propio Alfonsín y Menem en 1994, denominado Pacto de Olívos. El radicalismo ‘progre’ sostenía que debían hacerse cambios en el máximo tribunal para otorgarle credibilidad. Lograron su propósito pero parece que lo que era creíble en ese entonces ya no lo es; y entonces la Corte no cuenta más con el aval del señor Alfonsín, que vendría a ser algo así como el máximo exponente de los ‘sanos sentimientos’ del Pueblo argentino.

Duhalde, quien fue partícipe al haber apoyado y convalidado el Pacto de Olivos, no aprueba (él cree que debe aprobarlo) que esta Corte haya declarado ilegal el procedimiento que llevó a la detención de su archienemigo Carlos Menem, con todo el esfuerzo que él había hecho para que eso fuera posible.

Cualquier cosa que se oponga al poder de Alfonsín, a los deseos de Duhalde o a ‘la Verdad’ representada por la señora Carrió, resulta automáticamente ilegal, no independiente, corrupto e inmoral.

Estas tres voluntades unidas al periodismo ‘progre’ y a las empresas periodísticas que hacen negocios con el Estado conforman la nueva religión nacional y a cuyo son parece que deben desenvolverse las instituciones bajo pena de ser arrasadas. El que no se adapte es un corrupto, un gusano que debe ser aplastado. Los intereses políticos de esa entente son el único Derecho vigente.

Padecemos un gobierno provisorio que no cuenta con legitimidad electoral, que fue seleccionado por ser lo más representativo de la clase política que a su vez se encuentra completamente divorciada de la gente. Ese gobierno conduce los destinos del país liberado del control parlamentario gracias, a las facultades extraordinarias otorgadas por el Congreso. A su vez, mediante incentivos, extorsiones y amenazas ha concentrado la información y logrado una prensa tan obediente y oficialista como no se recuerda en la Argentina, a pesar de toda la tradición que tenemos en la materia.

Como corolario de este proceso de feudalización política, asistimos a esta forma tan grave de golpe de estado que es el descabezamiento del Poder Judicial con un doble juego. Por un lado se recurre al hostigamiento mediante hordas callejeras y mediáticas que ni los gobiernos militares se atrevieron a utilizar y por otro a un aparente juicio político que no es tal porque la sentencia final ya está dictada. No existen garantías en la Argentina para la celebración de juicio político alguno contra los jueces de la Corte.

Si el gobierno se sale con la suya podrá disponer a diestra y siniestra (sobre todo a siniestra) que hacer con nuestro patrimonio sin ningún control parlamentario ni judicial. Podrá hacernos ricos o pobres según encajemos día por día en el grupo de beneficiarios del terrorismo normativo al que ya nos ha acostumbrado.

Estamos sometidos a la política de la hoguera, que subsiste consumiendo todo lo que haya su alrededor: banqueros, empresarios exitosos, empresas privatizadas, adversarios políticos y ahora el Poder Judicial. Habrá que preguntarse que seguirá cuando consuma a todos los conspiradores que ha creado la propaganda sin escrúpulos adquirida en Brasil.

¿A qué enemigo recurrirá el gobierno una vez que acabe con la Corte Suprema de Justicia? Tal vez seamos los ciudadanos que traicionamos al país comprando dólares porque somos tan egoístas que no nos gusta que el Estado nos asalte.

Lo que es indudable es que es un proceso que se retroalimenta y necesita cada vez dosis más grandes de violencia y atropello para subsistir. Tal vez fusile en la plaza pública a algún banquero que tienen prisionero con ayuda de nuevos amigos que tiene en la Justicia para alimentar teorías conspirativas que expliquen su fracaso. Ese sistema institucional que se está instalando a paso redoblado recibe por nombre totalitarismo.

El señor Duhalde afirma ahora, acompañado de nuestra aprendiz de Robespierre, la señora Carrió, que la Corte intentó ‘chantajearlo’ con el fallo en el que declaró la inconstitucionalidad del llamado ‘corralito’. Pero es solo una afirmación de quienes han mentido demasiado, y que ni siquiera sirve para rebatir la solidez que de manera unánime se le reconoce a la sentencia.
Si por casualidad o por un milagroso despertar de la conciencia republicana la Corte perviviera a esta andada de incivilización, habremos dado un paso a favor de la institucionalidad, estableciendo un antecedente con efectos beneficiosos.

En cambio si, como parece, la desaparición de la Justicia se concreta por cualquier método que les resulte útil, nos preguntaremos si a esa cita que efectuara el Presidente respecto a que “la Argentina está condenada al éxito” no habría que completarla con la obsesión de este gobierno por indultarla.

— ® José Benegas, febrero de 2002, Argentina.

El viejo

El anciano juez fue bajado del auto por dos jóvenes de al rededor de 25 años con remeras de La Cámpora. Estaba desnudo. El cuerpo encorvado y frágil dejaba ver el contorno de sus huesos. Los ojos húmedos reflejaban algo más que temor por lo que estaba por vivir; se notaban capturados por una profunda e irremediable tristeza. El pelo se le iba sobre los ojos pero no podía arreglarlos porque las esposas se lo impedían. Se lo condujo al escenario montado especialmente en la Plaza Néstor Kirchner (ex Plaza de Mayo). Los concurrentes gritaban excitados consignas como “Legítima justicia, el pueblo te propicia”, “estos son los pibes de la revolución” y “Néstor no murió”. El crimen del juez había sido precisamente no morir cuando la presidente necesitó su lugar en la Corte para colocar a su nieto, quince días atrás.

Mientras lo ataban a los engranajes del potro armado en forma vertical para que todos pudieran ver al Pueblo haciendo justicia, se entonaron las estrofas del Himno Nacional. Al gritar la muchedumbre la estofa que dice “oh juremos con gloria morir”, la excitación se potenció, la gente levantaba el brazo izquierdo con el puño cerrado y ponía un énfasis mayor al cantar. Después corearon “viejo hijo de puta”, una y otra vez.

“Señor procesado ese es el Pueblo”, dijo el joven ministro. “¿Acepta usted que su mandato ha terminado pues los legítimos representantes populares lo han determiando?” Acercó el micrófono a los labios del juez, quién levantó la cabeza para mirar al ministro a la cara e intentó escupirle, pero no tuvo la fuerza para alcanzarlo.

“Como así no lo habéis hecho, la patria te lo demanda”, gritó mirando a la gente. Hizo una señal y otros dos integrantes de La Cámpora comenzaron a girar la rueda.

Se sintieron los quejidos del juez, que luego se convirtieron en un grito ahogado y en espasmos. Su ojos se dieron vuelta hacia atrás y ya parecía inconsciente cuando su brazo derecho se desprendió porque no se le notó reacción. El brazo suelto chorreaba abundante sangre y se produjo un silencio en el que no se oían siquiera las respiraciones de los asistentes. La pierna izquierda se separó de inmediato, expulsando más sangre, como una explosión que manchó a las personas de la primera fila que se limpiaban con desesperación y escupían el líquido que les había ingresado a la boca. Algunas personas miraron a su alrededor, buscando referencias sobre cómo debían reaccionar. El ministro quebró el silencio al comenzar a aplaudir. Poco apoco lo fue siguiendo el resto de la gente.

“Tenemos otra vacante en la Corte” certificó el médico poniendo sus dedos en la carótida del magistrado. Se puso a saltar y a gritar “legítima justicia, el pueblo te propicia. Se agachó para mojar sus manos en la sangre, y salpicó al público agitándolas. El ministro festejaba la ocurrencia con la mirada desorbitada. Todos eran uno ahora que el juez no estaba más y gritaban con la consigna del escenario, más fuerte aún que al comenzar.

“Conmociona al mundo el fallecimiento del juez” tituló el diario más vendido. Su principal columna de opinión señalaba que “La presidenta tiene que darse cuenta de que no puede tener ministros así, que desprestigian a su gobierno”. En la radio por la mañana se oyeron más críticas: “Este gobierno no tolera a la gente que piensa distinto”, “así no es una democracia verdadera”, “casi parecen el gobierno de los noventa”, “ejecutar jueces no es de izquierda, le están haciendo el juego a la derecha”.

Algunas voces más moderadas destacaron que el país vivía una gran división entre los que apoyaban la ejecución y los que estaban en contra, como si no pudiera haber posiciones más objetivas y equidistantes.

Una cláusula constitucional

Un proyecto de Constitución redactado por mi, contendría esta cláusula:

No pueden votar:

1. Los empleados públicos ni los funcionarios o magistrados o cualquiera que se encuentre a sueldo de la nación.
2. Los accionistas, directivos o empleados de empresas contratistas del estado.
3. Quienes reciban subsidios, dádivas o beneficios a cargo de la nación, hasta cinco años después de haberlos recibido.
4. Cualquier tipo de empresa o individuo que propague publicidad oficial paga, ni sus directivos o empleados.
5. Los cónyuges o parientes en primer grado de quienes se encuentran comprendidos en las categorías anteriores.

Elijan de qué lado quieren estar. Hay una incompatibilidad ética evidente.

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Los términos de un acuerdo posible e indispensable de la oposición

Mauricio Macri y Sergio Massa compiten por la presidencia. Uno y otro apuestan a obtener una ventaja en primera vuelta electoral que vuelque a los electores del otro en su favor, porque saben que sus votantes tienen como primera prioridad escapar al kirchnerismo que, de subistir, arruinaría toda oportunidad de la Argentina de convertirse en un país civilizado en las próximas décadas.

Macri ahora piensa que tiene todas las de ganar, como podría haberlo pensado hace unos meses Massa, que fue el artífice de sepultar las ilusiones de reelección de la señora Kirchner. Pero esa ventaja, le sirve de poco en realidad, porque entre ambos candidatos, lo quieran o no, lo saben, hay unas PASO. La hay porque su electorado es en octubre en una medida importante el mismo; el voto antikirchnerista que nadie intentó conquistar en los 12 años de calvario de este sistema ultraperonista de gobierno. Si esto es así, la ventaja de Macri puede hacerse valer tanto en agosto como en octubre, no tiene sentido político alguno posponerlo y con eso darle a Scioli la oportunidad de participar en una segunda vuelta. Con mayor razón sabiendo que cualquier circunstancia podría en unos meses invertir la ventaja de Macri sobre Massa o de Scioli sobre ambos.

Las PASO no requieren un acuerdo político ni programático. No hace falta mucho menos llegar a un compromiso de coalición. Solo la decisión de adelantar la competencia para poner en clara desventaja al kirchnerismo. La elección de Scioli es bastante mala de por sí para el país, ha demostrado ser el rey de todos los vicios políticos y estar dispuesto a entregar su dignidad para mantenerse en su cargo, sin que le tiemble un pelo y jactándose como si se tratara de una virtud. Además no le auguro mucha permanencia en el cargo de presidente si los kirchneristas tienen a su delfín en el banco de suplentes.

El kirchnerismo no solo deja un país destruido. El estado está contaminado en pleno. El problema más grave se encuentra en la Justicia, organizada de modo expreso para cometer encubrimiento. El próximo gobierno va a enfrentar serios problemas. Otra de las ventajas de adelantar la competencia entre los opositores es que necesitan minimizar sus roces ahora para poder apoyarse mutuamente después de las elecciones.

El massismo viene del kircnerismo, pero el PRO viene de la tolerancia al kirchnerismo. No se han destacado en su rol de control o de tener sangre en las venas frente a un gobierno que los ha sobrado con su corrupción, sus trampas y sus mentiras. Solo Carrió y alguno más pueden decir que los enfrentaron con decisión. Pero aún ella coqueteó con el kirchnerismo al principio y les dio herramientas fundamentales para llevar a cabo su plan totalitario: el golpe a la Corte, la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final, ambas aberraciones constitucionales no se compadecen con la pretenciosa cita de los principios republicanos a la que nos acostumbra. Esto sin desmerecer su papel posterior. Así como Massa quebró para siempre el sueño reeleccionario, Carrió no dejó de denunciarlos con mayor o menor eficacia. También les dio a Ocaña y a Timermann y veneró a Felipe Solá cuando decía que del otro lado de su raya en el piso estaba sólo Macri. La tercer gran ventaja que les otorgó fue regalarles la idea de la asignación universal por hijo, secreto importante de la victoria que obtuvieron en el 2011.

No es para facturar que hago este lista de gruesas faltas sino simplemente para que se deje de usar el puritanismo cívico para evadir el conflicto principal que es la subsistencia de un sistema nacionalsocialista cuyo próximo paso será asociar a la Argentina a todos los regímenes criminales del mundo, incluido el país señalado como responsable del atentado a la AMIA. Ya mataron a un fiscal y lo descalificaron frente a nuestros ojos, imaginemos lo que harán después de usar y deshacerse de Scioli.

Cualquier otra cuestión o diferencia hoy es menor. Los opositores comparten sus malos programas económicos desarrollistas y la mediocridad general de su estatismo. Pero comparten el no tener simpatía por la asociación de la Argentina con Irán, Rusia y los demás gobiernos nacional socialistas de la región.

Está el injustificable problema político de que Carrió podría no tolerar un acuerdo con Massa para competir en las PASO y podría dar un portazo. No tiene justificación porque de lo único que se trata es de competir en agosto en vez de en octubre para permitir a los electores darle un final al kirhcnerismo. Pero aún así esta dificultad puede salvarse. El acuerdo entre Macri, Sanz y Carrió puede transformarse en alguna forma de coalición que no incluya a Massa, de modo tal que ese sector del peronismo no fuera incluido en un posible futuro gobierno de Macri y viceversa y el acuerdo se reduzca a las primarias. De ese modo el electorado tendrá la oportunidad de expresarse contra el gobierno que siempre apostó a dividir a la oposición y Carrió quedaría satisfecha en sus pretensiones de no juntarse con Massa.

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Pensar en la pobreza, en lugar de hacer pobrismo

Hoy escuché otra oda poética sobre la pobreza en Radio Mitre donde uno a otro se daban manija con lo bien que se sentían declarando su amor a los pobres. Lo mismo he escuchado toda la vida y esto que estoy escribiendo ya, así como está, escandaliza a una mayoría abrumadora. Ya sospechar de tanta bondad, está prohibido. La gente está más interesada en conservar su bondad que en resolver de verdad los problemas.

Hay una sola forma de hacer de la pobreza una cuestión de cataclismos naturales. Se llama mercado. Se que a todos los buenos argentinos que les digan que el amor no vence a la pobreza es un horror, no quieren saber nada con otro método de solucionarla, porque entonces se quedan ellos sin nada. Lo siento, prefiero no ocuparme de ellos y su narcisismo. El verdadero amor no es narcisista, es trabajoso, se interesa por los resultados. Así que ni siquiera es eso a lo que llaman amor. No hay amor sin apego al a realidad.

En el mismo programa que aplica esa bondad narcisista a toda cuestión, proponiendo gasto estatal, se lamentan los impuestos. Son buenos en ambas puntas, irresponsables, por eso los pongo en esa categoría de falsa generosidad. Aclaro, ni se dan cuenta. Esto no es un ataque personal, están nadando en un dulce de leche moral del que también son víctimas.

La pobreza que conocemos está directamente relacionada con el gasto estatal. El estado no produce sino que extrae recursos. El asaltante y el recaudador son los únicos que obtienen recursos empobreciendo. En el mercado sólo se obtienen recursos enriqueciendo, justamente porque la violencia y la estafa están excluídas. Ninguna otra cosa es el mercado, por lo tanto cuando hay un intercambio, es en beneficio de ambos.

Primera definición. El estado empobrece y que después gaste el botín no lo remedia, como no remedia el gasto de ningún asaltante. Es una sábana corta que tira de un lado y deja afuera a mucha gente. En el impuesto a las ganancias a los sueldos se ve la relación, pero están tan ciegos en su bondad narcisista que no hacen la relación obvia. Sin embargo la mayor parte del empobrecimiento no se ve. Está en los negocios que no pueden hacerse, debido a que al sumar el costo estatal (el costo del uso de la violencia púbica que teóricos económicos tienen la osadía de considerar dentro de su ciencia). Eso es menos enriquecimiento, que es el único remedio que existe a la pobreza.

Cuando un empresario abre un negocio crea el valor de los salarios que paga. Los buenos lo consideran el mal. Ellos no crean nada, pero su misión en esta vida es juzgar al que lo hace como “no bueno”, por lo que no da. Ayn Rand denunciaba la barbaridad de darle mérito al derivado (repartidor) y restárselo al creador (repartido). No hay primero sin segundo. Cuando ese negocio se ve impedido por un costo improductivo, como es un impuesto, entonces se genera de verdad la pobreza que vemos, de la que después se lamentarán haciendo poesías.

Claro, para cambiar de visión hay que renunciar al poder que se ejerce sobre el pobre. Ese paternalismo perverso que se fomenta como ético y a esa posición soberbia de protector verbal de la humanidad.

¿Qué haría yo en lugar de lagrimear sin dirección? Pensaría al estado, mientras lo haya, de acuerdo a lo que es indispensable de él. Intentaría pensar la forma de organizarlo más barata posible para que ejerza su función y luego cerraría todo lo demás, en un sólo día. Buscaría financiamiento para suavizar el cambio y pagar sueldos por un período prudencial y haría una inmediata y drástica reducción impositiva. No más impuesto a las ganancias para nadie. Flat Tax a la menor tasa posible para cubrir los gastos.

No se puede nadie declarar honradamente preocupado por la pobreza y simultáneamente no ocuparse de su causa: la recaudación y la regulación fiscal. Una sola fuente de riqueza existe: la actividad humana libre. Lo demás es verso, lágrimas de cocodrilo. Parte del problema, no de la solución

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Cumbre borrascosa, una victoria a lo Pirro.

Panamá es sede de un gran espectáculo de un grupo de estados autoritarios que representan la voz cantante de la región frente a la complicidad o silencio de los otros. En esto ha resultado el retiro del interés por la América hispana por los Estados Unidos a partir del ataque del 11S. Eso es muy lamentable de volver a comprobar; se los acusa de “imperio” y se preocupan más por las libertades de las personas que habitan al sur de su frontera que la propia OEA y sus miembros.

Sin embargo, el valor político de esta exhibición populista que valida dictadores es igual a cero. Por más que consigan toda la atención para su acto político, al conquistar un sistema de derecho internacional, lo destruyen, con lo cual se quedan sin nada. Podrán conseguir la atención de los medios de comunicación por la osadía de exhibirse como lo que no son, pero los organismos internacionales sirven en la medida en que hay un derecho internacional vigente medianamente sostenido. Conquistarlo para convertirlo en un escenario para la al poder de facto, no los hace dueños de la legalidad regional, sino de la ilegalidad, que ya poseían.

Países como Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia y Nicaragua se han coligado en la última década en contra de todos los valores expresados por la Organización de Estados Americanos, arrasando las instituciones políticas, el derecho de propiedad y la libertad individual de todas las formas posibles, para dejar una máscara de simulación “democrática” que no creen ni ellos. Venezuela es el caso extremo de un gobierno que quiere ser obedecido como si el país fuera un ejército (sin sentir vergüenza por llamar “comandante” a su mandamás fallecido), pero pretende ser reconocido con la legitimidad de una democracia.Ningún país libre tiene un comandante. A la Cumbre llegan a ponerle un moño a tal simulación.

Pero el lugar que ocupan en la organización regional no es culpa de ellos, sino del resto de los miembros que han sido cómplices o tibios. Mas cercano Brasil del primer vicio y Chile del segundo.

Al final, como muestra de su verdadero carácter, se han ocupado de reivindicar al régimen más oprobioso de todos, esto es el de Cuba, que es invitado a participar como una forma de vaciar de todo contenido ético a la OEA. Ayudados además por el gesto de acercamiento del gobierno norteamericano, que aún así parece ser el único país preocupado por los crímenes contra la libertad y la vida del gobierno de Maduro.

Es el punto culminante de un proceso de deterioro que lleva unos quince años.  Pero es la victoria más pírrica imaginable. Al triunfar, han perdido. Lo hacen en el momento de su mayor debilidad política y económica, con sus sistemas productivos derrumbándose. La mayor falla es que al forzar tanto la protección a los crímenes cometidos por el régimen venezolano, han provocado la declaración de 25 ex presidentes que, de continuar actuando, correrán la atención hacia ellos frente a la opinión pública, ocupando el lugar de la autoridad moral que la OEA ha rehuido. Ese es el hecho más significativo de esta Cumbre de las Américas. La propaganda se termina el sábado.

Se ven los disidentes que no pueden ejercer sus derechos de oposición en sus países. A la vista de todo el mundo quedará claro que son regidos por facciones dictatoriales. Nadie puede legitimar a los Castro y a los crímenes de Maduro sin perder su propia legitimidad. Los ex presidentes desnudan eso. Ningún país en el que rija someramente el estado de derecho, requiere que sus minorías, opositores o disidentes se hagan oír en foros internacionales, porque tienen el escenario interno para expresarse. Si la OEA no estuviera cooptada por fuerzas autoritarias, no se reunirían ni los disconformes ni semejante número de ex presidentes para hacer el trabajo que le correspondía al organismo.

Hay dos fuerzas en pugna en Panamá. La conservadora de una especie de sindicato de gobiernos actuando en banda (fuerza a la que se sometió el servicio migratorio panameño al detener, maltratar y pretender censurar a Rosa María Payá y otros representantes de la sociedad civil cubana) y la del derecho internacional, la libertad y las instituciones republicanas. La primera representada por unos farsantes que, sobre el final del siglo pasado, decían ser los custodios de los derechos humanos, la institucionalidad y la lucha contra la corrupción. Los segundos por disidentes y ex presidentes que pronuncian por primera vez en un acto como este la palabra ¡basta! Los primeros están en su etapa más decadente festejando su aparente triunfo sobre la legalidad. Los segundos son los que han encendido la llama de la justicia. Una que una vez encendida, no se podrá apagar.

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