El vaciamiento intelectual de un país

La palabra más usada en de estatización de YPF es “vaciamiento”. Recurrieron a ella desde el neo-genio oficial Kicillof, hasta Elisa Carrió, desde Claudio Lozano a Gerardo Morales, la propia presidente de la nación y todo el periodismo bien pensante. En la calle la idea se impuso, por eso algunos apaciguadores empiezan por decir que “no se puede defender a Repsol”. En una república todo el mundo tiene defensa y no por ser puro. El mundo de la pureza es el de los Ayatolas.

Según el mito retirar ganancias de una empresa es sinónimo de vaciamiento porque se asume también que invertir es una obligación que los empresarios tienen con la sociedad. No es el vaciamiento del Código Penal que es una forma de defraudación cometida por el empresario fallido contra sus acreedores para retirar bienes mediante distintas maniobras tornando para ellos ilusoria la posibilidad de cobrar. El vaciamiento es un delito contra la propiedad, no contra el Estado y sus supuestos altos fines, no contra la colectividad, la sociedad ni la bandera.

Lo que se le imputa a Repsol no tiene nada que ver con ese delito, sino con la expectativa nacionalista de que produzca más a pesar de que el precio regulado le indica que no lo debe hacer sino fuera del país donde se le paga mejor por el producto.

Se sabe que no es un negocio que deba quebrar el del petróleo si no interviene el gobierno. Esa denuncia de “vaciamiento” no se puede hacer en un tribunal regular, sino ante el club de los buenos socialistas, explicando que los empresarios son malos y trabajan para ellos y no para la gloria patriótica. Delito sería que hicieran eso, en lugar de pensar en sus accionistas. Y sería un delito de acción pública por el daño al derecho de propiedad y por lo tanto al sistema institucional y la confianza de futuros inversores.

Lo que ha hecho Repsol es retirar ganancias de YPF como una forma de desinvertir en el negocio siguiendo los incentivos que el gobierno impuso al regular los precios. Y si algún delito o incumplimiento contractual hubiera ocurrido la expropiación no está contemplada como castigo.

Al contrario de lo que sostiene el pensamiento salvaje nacional, nunca nos puede convenir que los accionistas se sientan que quedan atrapados y a merced de las necesidades políticas, porque como hoy no se acaba el mundo vamos a volver a necesitarlos. Por la misma razón que nos conviene que nuestros clientes se vayan contentos de nuestra oficina y no nos consideramos unos vivos bárbaros por sacarles la billetera a la salida.

La obcecación nacionalista amerita una caza de brujas pero no termina con la brujería. Lo que es una consecuencia de la política intervencionista se toma de un día para el otro como una ofensa a la nación. La brujería es convertir un precio en algo que no es. Precio es la tasa a la cual una transacción ocurre sin violencia, contando con la voluntad de ambas partes. El precio nos permite saber que la actividad se realiza sin sacrificar a nadie y que los que pagan o reciben consideran los costos y los beneficios que e conocen mejor que nadie. Gratis por decreto implica en cambio, como nada es gratis de verdad, que unos no pagan y otro es puesto arriba de la parrilla para que los demás se sirvan. La gratuidad si no se natural, por ejemplo la del aire, si requiere esfuerzo humano, implica violencia.

Que encima el señor Kicillof no entienda nada del negocio es un agregado, en nada mejoraría la situación de un robo de un auto que el ladrón fuera un buen conductor si de verdad se entiende el problema moral, jurídico, político y social de la propiedad y sus consecuencias sobre las libertades personales.

Oriana Fallaci dijo alguna vez que todo argentino tenía un enano fascista adentro. No se con qué medía esa señora porque el fascista de enano no tiene nada. El común de los argentinos se identifica como estatista. No hay político que no lo sea en la actualidad. Estatista parece ser dar una pátina de compromiso con “todos nosotros”. El estatismo conmueve el corazón de María Eugenia Estenssoro, senadora que en otros temas ha tenido un desempeño impecable. En el mejor de los casos se ha visto a algunos sostener que “no importa que una empresa sea estatal o privada”

Perdón por aguarles el heroísmo de jardín de infantes, pero estatismo es nada menos que autoritarismo. El enano de Fallaci, el gigante de la Argentina del siglo XXI. La única diferencia entre un Kicillof en el llano y un Kicillof en el estado es la autoridad, la capacidad de imponer sus decisiones. El Estado no convence, vence. El empresario privado (de poder) debe seducir, por supuesto con lo que tiene a su favor. El Estado ordena. Decir que es lo mismo que una empresa sea estatal o privada es lo mismo que decir que da igual que se produzca de modo voluntario o a los garrotazos.

El argentino ni siquiera es estatista porque haya estudiado con los libros de Kicillof. Lo es porque le gusta que un comisario ponga a raya a todos los atrevidos exitosos. Quiere que en un punto se acabe la discusión y se imponga una solución. Paga un alto precio por ese pensamiento, crea un ambiente de malandras y coimeros. Estos últimos porque descubren la oportunidad de parar a la autoridad con un “precio” pagado al funcionario como una forma de no tener que matarlo para defenderse. Y el argentino confirmará en este acto sus creencias de la maldad empresaria.

Con el mismo espíritu que esperaba antes los golpes de estado, la Argentina ha desatado su fiebre de golpes de derechos. Que alguien venga y les pegue a los que se están portando mal. Las palabras se acomodarán para que la salvajada se parezca a una ética, a una doctrina política de la defensa nacional.

Claro que el autoritarismo es ignorancia, pero no de las lecciones del colegio, sino de los beneficios del proceso civilizador, que es el del respeto. Cualquiera aprende fácil el valor de lo propio. Hasta los ladrones actúan para apropiarse. La civilización consiste en entender el valor de lo ajeno. No el valor para la humanidad ni el universo ni el más allá. El valor para uno. Los inmigrantes ilegales llegan a los Estados Unidos donde no tienen nada a beneficiarse de que allí todos tienen mucho y algunos mucho más. Se deshacen de sus propiedades para adquirir los beneficios del derecho de propiedad como sistema. El que no teme el garrote piensa, ahorra y ofrece.

Decir que la cuestión de la caída de la producción ha sido el “vaciamiento de YPF” es como que el iceberg le impute a los pasajeros del Titanic el naufragio por haberse subido a los botes. Y nuestros curanderos eliminando botes para reducir daños.

La acción del gobierno que convalidará el Congreso fue un simple asalto a la empresa. No es una expropiación porque no ha mediado indemnización previa. El vaciamiento como delito es el que cometerán los funcionarios llevando la empresa al desastre y utilizando sus recursos para fines políticos.

Pero no es el único motivo por el que esta acción no tiene cabida según la Constitución. El artículo 20 de la constitución aclara que los extranjeros gozan en el país de los mismos derechos que los nacionales. Usar la bandera para expropiar también sería inconstitucional. Por último la “utilidad pública” de la que habla el artículo 17 no es tampoco una utilidad nacionalista porque en lo normativo al menos en la Argentina rige la libertad de comercio e industria. Esa utilidad púbica es calificada, no se trata de un simple “nos viene bien para nuestros fines políticos de acuerdo a determinadas ideas”. Es una utilidad pública entendida dentro de los valores constitucionales, que no son los de ninguno de los personajes nombrados más arriba.

En lugar de indignarse, piensen

Lo que ustedes reclaman como hijos mal atendidos es lo que toda la vida les hemos estado diciendo los que no creemos en el uso de la autoridad central para manejar a la sociedad que el Estado no puede dar. No son sus dirigentes los que han fallado, ellos han hecho exactamente lo que ustedes demandaban y así les fue.

Las viviendas, los empleos, las jubilaciones que ustedes quieren que les den, deben ser producidas. Una vez que escribieron en un papel todos los derechos y aspiraciones que tienen alguien tiene que venir y hacer eso que ustedes dicen que nacieron con el derecho a tener (y ahora lloran ante los que se pusieron a escribir papeles cada vez más lindos y fueron entronizados a los puestos de mando), se deben fabricar los ladrillos, y el cemento, extraer el hierro de la roca y convertirlo en vigas, enviarlo en camiones – que muchos fabricaron – y ponerlas en su lugar. Y hay que estudiar para saber cuál es ese lugar. Ustedes piden que otros escriban todos esos derechos que dicen tener y ellos lo hacen. Crean oficinas de derechos y escriben leyes por las que ustedes van a tener todo lo que necesitan. Pero todavía falta la instancia de ponerse a trabajar ¿Y saben qué? Háganse cargo porque la verdadera naturaleza de sus pretensiones es deleznable. Quieren que esa autoridad vestida de paternalismo utilice la fuerza contra otros para que esos ladrillos, vigas y camiones, esos conocimientos adquiridos con mucho esfuerzo para saber cómo hacer sus viviendas, todo eso sea hecho esclavizando a todos los que intervienen en el proceso. Claro, ya no usan látigos directamente en la obra, solo pasa el recaudador y les revisa las cuentas para ver de dónde apoderarse del fruto de su trabajo. Y ustedes están ahí para alentarlos, sin saber que siempre los que pagan son ustedes. Parece que hay justicia finalmente en el mundo. Ustedes reclaman y ustedes pagan porque están ahí al margen de una economía que como tiene que cargar con el peso de sus pretensiones autoritarias, debe tirar el lastre de los menos productivos ¡Adivinen quiénes son los menos productivos! Ustedes los que están en las carpas quejándose porque su crimen no paga.

No se disfracen más de “democráticos reales”, ustedes son colectivistas reales. En el colectivismo no hay democracia alguna porque el ciudadano no existe, solo la maquinaria. No falsifiquen sus intenciones, van a terminar con la poca libertad que sus deseos han dejado en pie.

No pidan que se vaya nadie, váyanse ustedes. Váyanse al carajo. O empiecen a pensar. Tiren sus libros y busquen otros. Traicionen a sus maestros y libérense de la Matrix o déjense de joder de una buena vez con tanto llanto.

Por qué perdió Rajoy

A veces las cosas tienen una explicación más simple de lo que parece. Martín Varsavsky compara hoy a Rajoy con de la Rúa, del que se muestra con razón decepcionado. Digamos que en términos técnicos argentinos evalúa al ex candidato del PP como un auténtico nabo.

El Partido Popular español es un gran partido sin duda, con mucha organización, con contenido, con plataforma. Dista mucho del tipo de reunión de lectores de Anteojito que es nuestra derecha, centro derecha, fafafa o como quieran denominarse. En Anteojito no está la respuesta a qué es lo que deben ser, por eso a veces no es tan fácil que acepten un apelativo.

Pero toda organización tiene mejores y peores momentos. Mi experiencia personal no se si pintará algo de lo que pueda explicar otra derrota del PP después de la anterior que fue tan circunstancial. Hace unos meses me presentaron a una “jefa de prensa” de Rajoy en la Argentina, antes de su visita. No me conocía, lo cual no es ningún pecado, pero tampoco demostró mucho interés por conocerme. De hecho le dije que tenía ganas de entrevistar a Rajoy para FM Identidad en el horario que quisiera y dónde quisiera. Puedo entender que la agenda no es ajustable, pero no me respondió y a la segunda vez que intenté llamarla ya no me atendió. Me dijo que tampoco le quedaban invitaciones para el acto. Se las había gastado (presumo que en unos cuantos lectores de Anteojito que estaban en el mismo lugar). Me olvidé de Rajoy y no creo que haya sido una pérdida muy grande para su campaña pero no parece que la cosa funcione bien cuando se está perdiendo algo que se tenía ganado.

La señora no era española sino Argentina. Hay mucha gente en estos puestos que está para hacer el menor esfuerzo y conseguir una tarjeta con una chapa importante, sin interesase por la cuestión que tienen en sus manos. Algo que me cuesta entender, pero es así.

Lo segundo que ocurrió, esto no tan personal, es que cuando Aznar visitó Buenos Aires, fue recibido por el entonces presidente Kirchner.  Se deshizo en elogios. Una falla de sus contactos en Buenos Aires, a quienes no conozco, salvo a la señora de marras de cuyo nombre me olvidé como ella se habrá olvidado del mío. Me pareció un típico error de lectores de Anteojito que creen que la política es vender un producto al votante sin entender que requiere también una red de apoyos. No se puede ganar votos debilitando a esa red o confraternizando con los enemigos de esa red. Y si alguien no se dio cuenta de que el kirchnerismo es enemigo de los amigos que puede tener el PP en Buenos Aires el problema es aún mayor.

Para nada creo que esto explique mucho, salvo que más que errores aislados sean parte de un proceso más amplio. Lo cual no se.

Independencia de Kosovo

¿Cuál es la autoridad del Consejo de Seguridad para aprobar o desaprobar la independencia de Kosovo respecto de Servia? Rusia argumenta que se trata de una violación de la ley internacional en la medida en que sería una alteración de la paz y la seguridad el el mundo. España apoya esta portura por temor a sus propias tendencias secesionistas ¿Una declaración de independencia es un acto de guerra? Difícil de sostener.

El mayor peligro que se presenta sobre la libertad individual está en la supranacionalización que tantos ven como una panacea sin advertir sus peligros. A medida que se abona la idea de que entidades internacionales deciden cosas como cuándo debe haber una guerra y cuando no o si alguien en algún rincón del mundo tiene a separarse del estado/gobierno que lo contiene, hay un alejamiento mayor de la idea predominante de legitimidad de origen que es la voluntad popular.

Con estados nacionales fijos e inmodificables “garantizados” por ese orden internacional se completa el cuadro. El estado siempre promete dar algo más ignorando que por la ley de escasez eso significa quitar algo más. La única corriente contraria podría estar dada por el hartazgo y la posibilidad de secesión de las regiones a las que se ha establecido como proveedoras, como ocurre en Bolivia. Entre nosotros por ahora los proveedores están muy contentos.

La señora juega a la princesa

Parte a España la señora Cristina Kirchner con el único propósito de almorzar con los reyes. Ella pertenece a una generación cuya aspiración era, parece, codearse con la monarquía.

Puede ser que obtenga alguna enseñanza sobre como convertirse en reina. Se escribió un libro y todo para presentarla como tal.

Dos actividades que no está dispuesta a realizar en la Argentina la pintan tal cual es. La primera la colocación de una corona de flores en la estación Atocha cómo un homenaje a las víctimas del atentado del 11-M. Ella en cambio prefiere aquí identificarse con “una generación que vino a cambiar el mundo” a los balazos y explosiones, es parte de un gobierno que tiene como metodología atemorizar a la población, a la prensa, a los empresarios. Podría poner una corona de flores en la tumba de Argentino del Valle Larrabure o recibir a Ana Lucioni para explicarle por qué su gobierno boicoteó el homenaje que ellos hicieron a sus parientes muertos por su “generación que quería un mundo mejor” con propaganda sucia, lanzando a tergiversar  el acto a la prensa oficialista, seguida de la estúpida, y a un grupo de patoteros a amedrentarlos y provocarlos, además de castigar a los hijos de asesinados por el terrorismo abusando su marido de su carácter de comandante en jefe porque esas personas eran militares. También podría repudiar a la señora Bonafini que no se cansa de elogiar los atentados de ETA y de paso podría explicarle a la gente de Atocha que ella colocará coronas dependiendo de quienes sean los que los maten.  Y no estaría de más si les hace un pequeño resumen de como sus aliados y protegidos se codean con la teocracia iraní o el señor Chávez que es el mejor amigo de ese régimen no estaría nada más. La otra actividad es la concesión de reportajes a CNN en español y al diario El País. No hay reportajes a la señora en la Argentina, ella los da afuera y elige medios que cree que simpatizarán más. Así es la izquierda de aquella generación que quería cambiar el mundo: lo único que muestran es lo que tienen para esconder.

Estoy pensando alguna alegoría que sirva para describir este comportamiento. Sonrisas hacia afuera, el mazo hacia adentro. Revolución en el discurso, ostras de entrada.