Apagué Legrand, me voy a la cinta.

Apago el programa de Legrand, el mero espectáculo de la decadencia de la Argentina solo me aporta mal humor. Está el egresado del nacional Buenos Aires que sirve a los propósitos del kirchnerismo en Aerolínas en un escenario armado para falsificar los acontecimientos y convertirlos en relato ¿Y Luis María Cabral?

Quiero arreglar sólo esto, para no dejar impune a esa runfla desagradable a la que llaman “famosos”, porque la escuché a Oliván (ex 878) decir que las aerolíneas contratan gente conocida para hacer publicidad de su negocio, tratando de justificar la relación de Recalde con ese zoológico argentino. Aclaraciones:

1. Son empresas privadas.

2. Si esas figuras hicieran propaganda por los directivos de la empresa, ellos y los directivos de la empresa irían en cana por estafar a los accionistas. Se trata de publicidad comercial, no política. Ya el hecho de que lo llamen “Mariano” y exhiban que lo conocen, sería un elemento importante para imputarlos.

3. Las compañías lo hacen para ganar más dinero. Aerolíneas opera a enormes pérdidas, diciendo su banda directiva que lo hace porque persiguen un objetivo que justifica el gasto. Es decir que cuanto más se viaje en la compañía más se gasta. Hay una contradicción evidente entre jugar a la pérdida heroica y a la venta a lo Apple.

Mientras tanto Vera busca la prostitución del sexo para su cruzada de la moralidad. Argentina off

Desnudando al colectivismo

(De Crónicas Inconexas Nro 8)
Dos noticias para los niños: Santa Claus son los padres y lo “colectivo” es el poder. Hay una ola colectivista muy expresa en la parte de América hispana que vive bajo dictaduras oportunistas. Llevan adelante un modelo de transformación cultural, que no tiene que ver con ideales del pasado, sino con lo que les reportan a los tiranos en recursos humanos, poder e impunidad. El proyecto colectivista somete, lleva consigo el mensaje de que tus deseos y objetivos deben subordinarse a un dios llamado colectivo, todos, bien común. Aunque lo de bien común viene de otra tradición. Incluso tenía la intención de convencer al déspota de que tenía obligaciones con sus vasallos. No importa, las circunstancias cambiaron y ahora lo que importa es la construcción de un poder total, para lo que es indispensable sembrar la culpa de querer algo para uno, de perseguirlo. Todo tiene que ser vivido como una traición al grupo.
¿Alguien ha visto al todos? Podría uno hacerse una imagen mental de todos nosotros en un gran campo vistos desde arriba. Pero eso no es el colectivo, eso es la suma de individuos independientes que sobreviven por si mismos, construyen lazos afectivos reales y no genéticos, el todo no está. No hay una entidad “todos” que quiera algo, que busque algo, que trabaje por algo. Por lo tanto tampoco lo que trabajamos, producimos y consumimos no afecta al “todo” que no quiere ni tiene nada, simplemente porque es una abstracción idealista, un no existente. El todo como idea igual no respira, no come, no siente, no vive. Es además una gran simplificación. Porque, sin querer hacerme el físico cuántico, el ojo del observador crea esa “realidad” llamada “todos”. Aún en el caso de la foto, hay que decidir que los homo sapiens digamos tienen que estar en una foto. Es decir, la observación del todos en la imagen, es posterior a la decisión. El homo sapiens amontonado en ese campo, es un presupuesto de lo que “se ve”.
Si me complico un poco más, a lo mejor el “yo” también es un presupuesto antes de ponerme frente al espejo. No se, porque no puedo escindir al observador y lo observado tratándose de mi, pero lo que importa es que ambas cosas, el yo y el todos, tienen una finalidad. Los presupuestos apuntan a algo. El yo a la vida, a mi vida, como es, como la elegí de acuerdo a mis potenciales. El todos puede servir a varias cosas y acá está la cuestión. El todos de mi como individuo es una generalización de baja intensidad que me dice dónde puedo encontrar un intercambio potencialmente. Ese es el universo de mis intercambios en potencia, pero no en acto. En ese fin, el todos tiene un valor, pero es un valor muy diferente al del colectivismo que agrega otro elemento esclavizante: dice que el todos es más importante que el yo, que se trata incluso de una entidad con fines y deseos que se ven contrariados y amenazados por mi. El todos depende ahora, por pura decisión “ideológica” (perdón que me ahorre discurrir sobre el significado de la palabra) de mi sacrificio. Es otro “todos” ¿verdad? Es otra foto, es otro fotógrafo.
Pero ojo, el colectivo no es el fotógrafo. El fotógrafo es otro individuo que se está pasando de listo. Un conjunto de individuos, una banda. Ellos son los que esgrimen la versión mitificadora del todos a nuestra costa. Dicen que la foto es un ente, que todas las fotos de muchos son más que uno, porque es nada más que un manejo de poder. Una manipulación de la realidad, definida por el observador, en su propio provecho. O peor aún, en provecho de nadie y entonces deberíamos llamarle simplemente envidia. Es decir la frustración de otro individuo que trata que que no alcancemos nuestros objetivos aunque de eso no le resulte provecho alguno.
Hay algunos conjuntos pequeños de relaciones que pueden definirse como si se trataran de una entidad con vida propia, pero no la tienen y si resisten su desaparición es precisamente por su dimensión (esto parece cuántico también) y por su carácter no agobiante. La familia por ejemplo. En ese vínculo primario se acepta, con limitaciones, que los individuos ceden por un “todos”, pero el vínculo es muy primario. La tribu operaba como una familia ampliada. Tampoco hay “todos”, pero dada la simpleza de la organización, esa foto, según ese criterio fotográfico, no genera mayores problemas de mando y obediencia, es decir, políticos.
El proyecto totalitario latinoamericano iniciado con el chavismo toma todas las metodologías de sus antecedentes religiosos y no religiosos. El ahogamiento del individuo a distintas formas de nueva bondad (anti discriminación, “solidaridad” declamada, etc) y la redefinición de todo por medio de “colectivos”. No importa cuál. No importa incluso que sea el gran colectivo de “la sociedad” o “la clase social”, puede ser incluso los cantantes de ópera. El punto es desviar el punto de imputación de intereses y voluntad para disminuir a la única realidad que molesta al poder: el individuo y sus aspiraciones. Perdón, más preciso, la realidad sobre la cual unos individuos perversos que colectivizan todo, quieren canalizar sus propias aspiraciones perversas, que ya no son una imposición, una agresión, un acto de sometimiento al otro, sino el servicio a dioses imaginados como sumas de engranajes. En eso nos convierten, en un engranaje de un motor de un vehículo cuyo volante tienen para dirigirlo a sus objetivos.

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Teoría de la ruptura del abuso (reflexión para no escuchar la #CadenaNacional)

Adora abusar del poder la señora Kirchner, practicar la humillación, gozar del aplauso a cualquier cosa que diga. Tiene un público que ya ha sido despojado de todo. Entregaron su alma por estar adentro y no afuera padeciéndola. Ese ser humano y su grupo despreciable son el emergente perfecto de un sistema político mal diseñado, torcido en la historia y profundamente incomprendido por todos. Porque no hay incentivos para comprenderlo sino para estar en alguna red de complicidades que simule ser lo que no es. Lo único que les interesa a accionistas del que comanda esa mujer es no caerse del bote.

Scioli al final, contra todos los que siempre quisieron verlo como distinto, es el peor de todos ellos. Aclaremos, auténtico no hay ninguno. Lo que pasa es que Scioli está manchado para el grupo malvado porque parece tener otro color. No porque hubiera sido “menemista”, muchos otros tipejos vienen de ahí y ahora dicen que tienen una jefa incuestionable. Entre el marxismo y la servidumbre de la gleba para ellos no hay ninguna diferencia, todo se trata de obedecer y convertirse en residuo, para obtener cositas. Toda creencia, teoría, pseudo teoría o moraleja de chicle bazooka, sirve para explicar por qué se está ahí, aunque la única real es querer pertenecer al proyecto de vida de una rata. Las ratas han sobrevivido en la humanidad, no nos equivoquemos. Los sciolis han llegado hasta aquí con sus genes así, siendo como es este. Que haya una porción importante de la población con dignidad intentando mejorarse, gozando de autoestima y promoviendo una ética consecuente, es un fenómeno novedoso y privado; otra victoria del milagro llamado capitalismo de los últimos dos siglos. Digo milagro no en un sentido místico, sino porque irrumpió por una sucesión de acontecimientos, no por convicciones de iluminados que lo instauraran como una religión alternativa.

El gran error de nuestro proyecto constitucional – y no solo del nuestro, de todos – es querer establecer relaciones políticas, de por si peligrosas y caldo de cultivo para cualquier cosa, en base a prohibiciones formales y al diseño de unos mecanismos que por sí solos parecían conducir a la protección de la libertad (donde crece la ética, la dignidad y los sciolis lustran zapatos o se hacen útiles en cosas más importantes a fuerza de ser pagados y ordenados para serlo). La falla es que no tiene puerta de salida y entonces por más que todo parezca funcionar en el tablero de dibujo, a la larga la política como abuso se abre paso, incluso usando todas las palabras que significaban todo lo contrario al abuso. Por eso no hay que violar palabras como libertad, propiedad, justicia o república, hay que convertirlas en otra cosa. El populismo como una alta expresión de este deterioro, explota al débil y si no lo encuentra lo crea. Convierte al débil en número y al número en fuerza y privilegios para los ellos y sus secuaces. Se les suman los sciolis, los eichmann que se auto flagelan para pertenecer, flagelando ciegamente.

La salida de ganarles en número también se cierra, porque recaudan, compran, asustan, disciplinan. Todo eso sería inútil si hubiera salida de verdad. Es totalmente impotente una parte de una relación libre por más trampas y manipulaciones que utilice, si la otra abre la puerta y se va. El gran problema constitucional del siglo xxi no son los monarcas absolutos, sino al absolutismo del propio sistema diseñado por la constitución. Y ese problema en mi opinión tiene una sola solución: la salida. Que es el mismo resorte a nuestra disposición frente a un mal supermercado, un mal frabricante de autos o un mal diario.

La cosa va por varias vías: la apertura a la emigración, que depende de crear otro clima internacional y terminar con toda la mitología xenófoba del último siglo y la ignorancia acerca de que los extranjeros traen desocupación y no riqueza. A esa ignorancia han contribuido los economistas mitológicos que sirven al poder como lo servían los bufones y los cortesanos, que son capaces de aplaudir el ingreso de un medio de producción como el capital, pero siembran el miedo de la recepción de otro, el trabajo. El criterio económico de la restricción a la inmigración es totalmente equivocado.

La otra es la secesión. Los países tienen que poder dividirse, juntarse, separarse en ciudades, todas las veces que quieran, si el sistema político pretende estar basado en la libertad. No sólo por coherencia, sino porque las relaciones abusivas se solucionan saliendo, no llorando, no protestando, no queriendo convencer al abusador o tratándolo como un gobernante legítimo.

La tercera es una variante de la segunda. La creación sobre un territorio de dos sistemas políticos diferenciados. El populismo, el país de sciolis y el despojo humano que preside la Argentina que está gritando en este momento estupideces en una cadena nacional, explican cada vez que abren la boca y durante todo el tiempo que la tienen abierta, que todo lo malo que pasa lo hacemos los que no somos sus esclavos, no los queremos y los criticamos por sus crímenes y sus afanos. Es el momento para que se quiten de encima todos sus problemas. Esto es algo sobre lo que vengo insistiendo desde el 2004 y vi que varios han llegado a la misma conclusión, de manera que es hora de ponerse a pensar en hacer esta propuesta. Una parte del territorio para los que somos menos, la peor si se quiere. Otra para los que son más y están podridos de todas las cosas malas que les hacemos y como no los reconocemos. Se puede elegir vivir sufriendo el “neoliberalismo” con nosotros o quedarse en el paraíso que se inició el 25 de mayo de 2003. Cada uno hace lo que quiere y seguro ellos se convertirán en potencia, como decía Isabel, y se reirán de nuestra desgracia.

Ahora que pusieron de moda con su neolengua la palabra femicidio, siempre decimos que la mujer que recibe un golpe se tiene que ir. Es lo primero. No intentar reformar ni aguantar al agresor. Bueno, a ver si nos damos cuenta de que todo responde a una noción más abstracta, que es que del abuso no se sigue un debate, sino una ruptura.

PS: Aprovecho para pasar un aviso parroquial. Estoy por empezar una columna en radio, a pedido de mucha gente que me lo pide. Busco financiamiento privado, comercial no lo va a haber. No lo había hace varios años, menos lo va a haber ahora. Interesados por favor encuentren la forma de contactarse conmigo. Gracias.

Crónicas Inconexas VIII. Suscripción gratuita

Captura de pantalla 2015-06-24 a las 6.18.15 PMEn este número nos metemos con la polémica sobe la bandera confederada en el Capitolio de Carolina del Sur: ¿Las banderas matan? Diferencias entre racismo, homicido en masa e historia de los Estados Unidos. Como se deposita en un elemento lo ue no se puede resolver.

Desnudamos al colectivismo como lo que es: una foto tramposa.

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Destrucción de valores: Gramsci y la “violencia de género”

DESTRUCCIÓN DE VALORES

Gramsci y la “violencia de género”

Argentina es un país gobernado desde hace 12 años por un grupo que, desde el vamos, tenía en su haber la desaparición de mil millones de dólares de una provincia. Un gobernador que llegó a la presidencia favorecido por un presidente provisorio (Duhalde) para evitar la llegada de Carlos Menem a su tercera presidencia, había sacado fuera del país ese dinero y nunca más se supo de él. Llegó a presidente con el 22% de los votos después de que Menem renunciara a participar en la segunda vuelta electoral. El gobierno de Kirchner, seguido después del de su mujer, se dedicó a construir un imperio propio al rededor del estado. Administró el país como si fuera un botín. Para eso se alió a la primitiva izquierda violenta del peronismo, reavivando juicios de derechos humanos, a costa de tirar por la borda todo tipo de garantías constitucionales. También fue apoyado en eso por todo el país “bienpensante”, porque el valor máximo de la corrección política era estar contra Menem y Kirchner ofrecía la vuelta al estatismo más acérrimo. Practicó una receta estrictamente populista para acrecentar su poder.  Es decir, la explotación de cualquier debilidad para legitimar el poder absoluto y la expoliación masiva en favor de su grupo.

Parte importante del método político kirchnerista ha sido favorecer al delito. No solo el propio, sino el común. Instalar jueces que propician que los delincuentes son víctimas de la sociedad y que luchar contra el delito es luchar contra los pobres. Suena absurdo para cualquiera, pero esto que acabo de decir es bastante textual, no se trata de una exageración. Toda protesta por el delito callejero era tomada por un gran aparato de propaganda como fascismo. El kirchnerismo fue la primera banda política en tener su propia agrupación de delincuentes en las cárceles, llamada “Vatayón militante”, así, con V.

Esto último es también parte de una metodología gramsciana de destrucción de valores (incluída la V). No porque detrás haya una utopía socialista, sino el interés de una banda por tener todo el poder y el control y quedarse con los recursos. Nada tiene que valer, porque el individuo debe ser sometido a unas condiciones en las que no pueda confiar en su propio juicio. Eso lo hace fácil de manejar.

Otra parte de la metodología es la creación y utilización del mito, al que llaman “relato”. Los “derechos humanos” son el mito que incorporaron, bajo el cual justificaron todo tipo de defraudaciones al fisco. Convirtieron a las Madres de Plaza de Mayo en una empresa constructora de viviendas y produjeron un desfalco de unos trescientos millones de dólares. Bonafini al identificarse con los derechos humanos era intocable. Podía emitir cheques sin fondos que los jueces no se atrevían a tocarla. Esa era justo el tipo de impunidad que Kirchner vio que podría lograr subiéndose a la ola izquierdista. Para kirchner la “ideología” era una cobertura para robar, como lo es para todos sus seguidores hoy, ninguno de los cuales hace referencia a ideas, sino sólo conflictos donde ellos son buenos y quienes se oponen son malos. Es decir, populismo.

Los medios fueron controlados mediante la pauta oficial, las amenazas y el uso de los organismos de inteligencia. Durante los primeros años del kirchnerismo la política fue prohibida de hecho en la televisión abierta y ya promediando su mandato, también en la televisión por cable. La información se despolitizó como en los años de gobiernos militares. Solo después de romperse la relación de la banda de kirchner con el grupo Clarín, volvió de a poco el periodismo. A partir de ahí, Kirchner comenzó un plan de conquista cultural comprando personajes de la farándula para que lo defendieran de cualquier cosa, e incorporando jóvenes sin escrúpulos con grandes sueldos para realizar trabajos partidarios con dinero del estado. Armó su propio sistema de propaganda para reemplazar a Clarín. Su propósito fundamental era denostar a los adversarios para mantener al país en conflicto permanente. A esto le llamó la propaganda “revalorizar a la política”, aunque era precisamente lo contrario a lo que habían hecho. Retiraron la política y después la reemplazaron por grupos de fanáticos que carecen de opinión propia o de ideas. Nada más toman partido en el momento que se los indica el poder, contra aquellos que les indica el poder.

Volviendo a la seguridad, el índice de delitos creció exponencialmente. La policía fue instruida para no recibir denuncias de modo de manejar las estadísticas. La sociedad así se mantenía atemorizada y anulada políticamente y entretenida con los conflictos preparados por el estado. Todo fue reemplazado por peleas de la farándula decadente.

El populismo requiere utilizar el resentimiento. El estado es el que pone fin a las “injusticias sociales”. Entonces mientras a un argentino se lo puede matar en la calle en nombre de la lucha de clases, nadie puede decirle a otro cosas discriminatorias como hacer alusión a su peso, estatura etc. El gobierno administrativamente sanciona toda discriminación de modo estricto, reitero, mientras avala los crímenes. La razón es que la discriminación alude a actividades antipáticas de la población pacífica, donde el gobierno puede meterse para dividir. No produce ningún efecto en el comportamiento antipático, no es lo que le interesa. Sino mantener disciplinada a la sociedad y acostumbrada a que el gobierno produce las consignas y la sociedad obedece.

La introducción ha sido larga para llegar a la cuestión del título, la llamada “violencia de género”. La ley en cuestión fue sancionada en el año 2009, pero en plena campaña electoral de este año 2015, el estado ha iniciado una campaña para que en todos los programas de televisión y radio se convierta en el monotema la llamada “violencia de género” y el “femicidio”. Cualquiera diría siguiendo los medios argentinos que de repente los hombres se han puesto a matar mujeres y de modo no menos repentino, al gobierno le empiezan a importar los crímenes. Pero en realidad es todo lo contrario.

Primera aclaración. El Código Penal argentino sanciona al homicidio, como no podía ser de otra manera. El homicidio no hace ninguna referencia de género, es sólo el idioma castellano. Se sancionan del mismo modo las muertes de varones y mujeres. En segundo lugar, uno de los agravantes del homicidio es la “alevosía”, es decir la debilidad de la víctima aprovechada por el victimario. No importa si uno u otro son varón y mujer. La alevosía incluye cualquier evidente desproporción. Con ello abarca también el delito contra los niños.

La introducción del género es una forma de colectivizar la responsabilidad e introducir la idea de que lo importante no es matar sino a quién matar. A su vez expandir la noción de que los hombres matan a las mujeres y no que determinados individuos son responsables de actos criminales y como tales deben ser castigados. La responsabilidad se diluye en un conflicto político general. Así como cuando matan a alguien en la calle para robarle el reloj, se trata del ejercicio de la lucha de clases, cuando un hombre mata a una mujer, se trata del conflicto entre el género masculino, contra el femenino. Se expande una culpa general, quién no se adose a la campaña también entra en el sector de los sospechosos. Hay que obedecer, seguir las consignas oficiales y la de cualquiera que grite desigualdad, de otro modo uno se coloca en el lugar de “feminicida”.

A su vez cuando empieza a importar si el muerto es varón (instrumento de la lucha de clases) o mujer (víctima de todo el genero masculino), el homicidio en si pierde valor. Se lo reemplaza por una lucha igual de inventada que la de clases para promover el resentimiento y el poder del estado. Se reemplaza el problema de justicia que hay detrás del crimen, por el problema de “igualdad de género” que hay en el programa político oficial. La destrucción de la justicia como valor que da más protagonista al tirano como protector.

La ley en si mezcla los delitos cometidos contra la mujer, que ya tenían recepción legal, con la igualación forzada, la creación de organismos culpabilizadores que no tienen nada que ver con la lucha contra el crimen y el otorgamiento de poder a la mujer que es estigmatizada como débil, con independencia del pensamiento retrógrado, para que pueda utilizar al estado cada vez que se vea contradicha o enfrentada sin violencia por un hombre. Los hombres matan a las mujeres porque no hay igualdad, ese es el mensaje.

La sociedad rendida no enfrenta nada de esto. El plan es muy eficiente en la destrucción de valores y el sembrar divisiones creando pequeños déspotas que le van indicando a los demás cómo deben pensar o comportarse. A su vez la educación enseña a alejarse de las abstracciones y los significados de las cosas. Parece dar lo mismo luchar contra la violencia familiar de cualquier tipo, que convertirlo en una lucha de géneros. Todo tiene que dar lo mismo para que la oveja en lugar de sentirse esclava se sienta protegida. Quién lo denuncie contará con poco respaldo. Mi problema es que no lo puedo evitar.

Todo delito debe ser combatido sin convertirlo en instrumento de objetivos políticos. Esa no es una lucha colectivista, es la protección del individuo, contra la agresión de otro individuo o de un grupo.

Artículo del número 7 de www.cronicasinconexas.com

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SI LA ARGENTINA ESTÁ CONDENADA AL ÉXITO, DUHALDE LA QUIERE INDULTAR (Febrero 2002)

Semanario Urgente.

SI LA ARGENTINA ESTÁ CONDENADA AL ÉXITO, DUHALDE LA QUIERE INDULTAR
— POR JOSÉ BENEGAS

Ante un país que se hunde en el mar de la anomia, el alfonso-peronismo se apresta a asaltar el Palacio de Justicia al mejor estilo nacional socialista, en nombre de los ‘sanos sentimientos’ del Pueblo argentino.

Son esos ‘sanos sentimientos’, que en la Alemania nazi servían de fundamento al sistema penal y a la represión estatal, los esgrimidos, con otros nombres, contra la Corte por las hordas ‘cacerolistas’ y los grupos de abogados laboralistas que protegen, por vías torcidas, sus intereses pecuniarios. Ellos son el fundamento real por el que la policía política representada por el progresismo mediático y parlamentario se propone otorgar a la alianza gobernante la suma del poder bajo la mascarada de un juicio político.

Los jueces con los que reemplazarán a los actuales, son jueces amigos, cercanos, que ya han prestado servicios a la causa proletaria y a la cruzada ‘antimenemista’ (lo que para ellos es, lo más sano entre los sentimientos nacionales).

Son el tipo de jueces a los que llaman ‘independientes’. En cambio quienes no les responden, ni convalidan los procedimientos de ajusticiamiento de sus adversarios; los que cometen el atrevimiento de resolver de acuerdo a derecho aunque beneficie a los réprobos preestablecidos y quienes tienen supuestas simpatías con gente antipática para el poder; vendrían a ser para nuestra política bizarra los dependientes.

La población ignora por completo los motivos y aspiraciones de la cosa nostra política para quitar a los jueces que no les responden del medio y es conducida como ganado por las campañas oficiales de desinformación y distracción.

Un día la víctima son los banqueros, otro día los comerciantes, otro día las empresas privatizadas, otro día los que saltaron el ‘corralito’ y otro las instituciones más básicas de la República, como la Corte Suprema de Justicia.

Sin saber siquiera quienes son los ministros de la Corte, ni qué hacen, ni qué espera la Constitución de ellos, ni de qué se los acusa, muchos de los golpeadores de cacerolas colaboran mansamente con la destrucción del último resguardo que les queda en la protección de sus derechos y de sus garantías.

Un día protestan porque la propaganda oficial dice, falsamente, que convalidaron el corralito, y cuando se enteran de que lo declararon inconstitucional protestan porque se supone que atentan contra la subsistencia del sistema bancario (¿cuál sistema bancario?), aunque los bancos eran supuestamente los depositarios de todo el mal habido en el país y maléficos aliados de anteriores gobiernos a los que el actual venía a abandonar.

Y si no protestaran ya por eso, lo harían por otra cosa; prenderían la televisión para notificarse de contra quién tienen que despotricar hoy.

La actual Corte es producto de un pacto sellado entre el propio Alfonsín y Menem en 1994, denominado Pacto de Olívos. El radicalismo ‘progre’ sostenía que debían hacerse cambios en el máximo tribunal para otorgarle credibilidad. Lograron su propósito pero parece que lo que era creíble en ese entonces ya no lo es; y entonces la Corte no cuenta más con el aval del señor Alfonsín, que vendría a ser algo así como el máximo exponente de los ‘sanos sentimientos’ del Pueblo argentino.

Duhalde, quien fue partícipe al haber apoyado y convalidado el Pacto de Olivos, no aprueba (él cree que debe aprobarlo) que esta Corte haya declarado ilegal el procedimiento que llevó a la detención de su archienemigo Carlos Menem, con todo el esfuerzo que él había hecho para que eso fuera posible.

Cualquier cosa que se oponga al poder de Alfonsín, a los deseos de Duhalde o a ‘la Verdad’ representada por la señora Carrió, resulta automáticamente ilegal, no independiente, corrupto e inmoral.

Estas tres voluntades unidas al periodismo ‘progre’ y a las empresas periodísticas que hacen negocios con el Estado conforman la nueva religión nacional y a cuyo son parece que deben desenvolverse las instituciones bajo pena de ser arrasadas. El que no se adapte es un corrupto, un gusano que debe ser aplastado. Los intereses políticos de esa entente son el único Derecho vigente.

Padecemos un gobierno provisorio que no cuenta con legitimidad electoral, que fue seleccionado por ser lo más representativo de la clase política que a su vez se encuentra completamente divorciada de la gente. Ese gobierno conduce los destinos del país liberado del control parlamentario gracias, a las facultades extraordinarias otorgadas por el Congreso. A su vez, mediante incentivos, extorsiones y amenazas ha concentrado la información y logrado una prensa tan obediente y oficialista como no se recuerda en la Argentina, a pesar de toda la tradición que tenemos en la materia.

Como corolario de este proceso de feudalización política, asistimos a esta forma tan grave de golpe de estado que es el descabezamiento del Poder Judicial con un doble juego. Por un lado se recurre al hostigamiento mediante hordas callejeras y mediáticas que ni los gobiernos militares se atrevieron a utilizar y por otro a un aparente juicio político que no es tal porque la sentencia final ya está dictada. No existen garantías en la Argentina para la celebración de juicio político alguno contra los jueces de la Corte.

Si el gobierno se sale con la suya podrá disponer a diestra y siniestra (sobre todo a siniestra) que hacer con nuestro patrimonio sin ningún control parlamentario ni judicial. Podrá hacernos ricos o pobres según encajemos día por día en el grupo de beneficiarios del terrorismo normativo al que ya nos ha acostumbrado.

Estamos sometidos a la política de la hoguera, que subsiste consumiendo todo lo que haya su alrededor: banqueros, empresarios exitosos, empresas privatizadas, adversarios políticos y ahora el Poder Judicial. Habrá que preguntarse que seguirá cuando consuma a todos los conspiradores que ha creado la propaganda sin escrúpulos adquirida en Brasil.

¿A qué enemigo recurrirá el gobierno una vez que acabe con la Corte Suprema de Justicia? Tal vez seamos los ciudadanos que traicionamos al país comprando dólares porque somos tan egoístas que no nos gusta que el Estado nos asalte.

Lo que es indudable es que es un proceso que se retroalimenta y necesita cada vez dosis más grandes de violencia y atropello para subsistir. Tal vez fusile en la plaza pública a algún banquero que tienen prisionero con ayuda de nuevos amigos que tiene en la Justicia para alimentar teorías conspirativas que expliquen su fracaso. Ese sistema institucional que se está instalando a paso redoblado recibe por nombre totalitarismo.

El señor Duhalde afirma ahora, acompañado de nuestra aprendiz de Robespierre, la señora Carrió, que la Corte intentó ‘chantajearlo’ con el fallo en el que declaró la inconstitucionalidad del llamado ‘corralito’. Pero es solo una afirmación de quienes han mentido demasiado, y que ni siquiera sirve para rebatir la solidez que de manera unánime se le reconoce a la sentencia.
Si por casualidad o por un milagroso despertar de la conciencia republicana la Corte perviviera a esta andada de incivilización, habremos dado un paso a favor de la institucionalidad, estableciendo un antecedente con efectos beneficiosos.

En cambio si, como parece, la desaparición de la Justicia se concreta por cualquier método que les resulte útil, nos preguntaremos si a esa cita que efectuara el Presidente respecto a que “la Argentina está condenada al éxito” no habría que completarla con la obsesión de este gobierno por indultarla.

— ® José Benegas, febrero de 2002, Argentina.

El viejo

El anciano juez fue bajado del auto por dos jóvenes de al rededor de 25 años con remeras de La Cámpora. Estaba desnudo. El cuerpo encorvado y frágil dejaba ver el contorno de sus huesos. Los ojos húmedos reflejaban algo más que temor por lo que estaba por vivir; se notaban capturados por una profunda e irremediable tristeza. El pelo se le iba sobre los ojos pero no podía arreglarlos porque las esposas se lo impedían. Se lo condujo al escenario montado especialmente en la Plaza Néstor Kirchner (ex Plaza de Mayo). Los concurrentes gritaban excitados consignas como “Legítima justicia, el pueblo te propicia”, “estos son los pibes de la revolución” y “Néstor no murió”. El crimen del juez había sido precisamente no morir cuando la presidente necesitó su lugar en la Corte para colocar a su nieto, quince días atrás.

Mientras lo ataban a los engranajes del potro armado en forma vertical para que todos pudieran ver al Pueblo haciendo justicia, se entonaron las estrofas del Himno Nacional. Al gritar la muchedumbre la estofa que dice “oh juremos con gloria morir”, la excitación se potenció, la gente levantaba el brazo izquierdo con el puño cerrado y ponía un énfasis mayor al cantar. Después corearon “viejo hijo de puta”, una y otra vez.

“Señor procesado ese es el Pueblo”, dijo el joven ministro. “¿Acepta usted que su mandato ha terminado pues los legítimos representantes populares lo han determiando?” Acercó el micrófono a los labios del juez, quién levantó la cabeza para mirar al ministro a la cara e intentó escupirle, pero no tuvo la fuerza para alcanzarlo.

“Como así no lo habéis hecho, la patria te lo demanda”, gritó mirando a la gente. Hizo una señal y otros dos integrantes de La Cámpora comenzaron a girar la rueda.

Se sintieron los quejidos del juez, que luego se convirtieron en un grito ahogado y en espasmos. Su ojos se dieron vuelta hacia atrás y ya parecía inconsciente cuando su brazo derecho se desprendió porque no se le notó reacción. El brazo suelto chorreaba abundante sangre y se produjo un silencio en el que no se oían siquiera las respiraciones de los asistentes. La pierna izquierda se separó de inmediato, expulsando más sangre, como una explosión que manchó a las personas de la primera fila que se limpiaban con desesperación y escupían el líquido que les había ingresado a la boca. Algunas personas miraron a su alrededor, buscando referencias sobre cómo debían reaccionar. El ministro quebró el silencio al comenzar a aplaudir. Poco apoco lo fue siguiendo el resto de la gente.

“Tenemos otra vacante en la Corte” certificó el médico poniendo sus dedos en la carótida del magistrado. Se puso a saltar y a gritar “legítima justicia, el pueblo te propicia. Se agachó para mojar sus manos en la sangre, y salpicó al público agitándolas. El ministro festejaba la ocurrencia con la mirada desorbitada. Todos eran uno ahora que el juez no estaba más y gritaban con la consigna del escenario, más fuerte aún que al comenzar.

“Conmociona al mundo el fallecimiento del juez” tituló el diario más vendido. Su principal columna de opinión señalaba que “La presidenta tiene que darse cuenta de que no puede tener ministros así, que desprestigian a su gobierno”. En la radio por la mañana se oyeron más críticas: “Este gobierno no tolera a la gente que piensa distinto”, “así no es una democracia verdadera”, “casi parecen el gobierno de los noventa”, “ejecutar jueces no es de izquierda, le están haciendo el juego a la derecha”.

Algunas voces más moderadas destacaron que el país vivía una gran división entre los que apoyaban la ejecución y los que estaban en contra, como si no pudiera haber posiciones más objetivas y equidistantes.