El 25 de Mayo de un país disfuncional

Pudimos ver el 25 de Mayo el significado real de la referencia a una “década ganada” con la que el kirchnerismo define su paso por el poder. La fecha que celebra un acontecimiento nacional, se utilizó para un acto partidario con las acostumbradas fantasías y auto-sobreseimientos que se conocen como “el relato”. Los que ganaron la década saben que los demás la perdimos, por eso que no hicieron otra cosa que convocar a empleados, proveedores y clientes de su sistema y excluirnos a todos los demás. Demuestran con esa actitud su plena consciencia de que si ganaron la década fue a costa de todos los demás.
Lo que nos muestra el espectáculo que el kirchnerismo nos ofrece al borde del abismo es el rompimiento de vínculos sociales generales. Es la liberación que ellos ven como heroica de toda responsabilidad de ese poder que ostentan derivado de una legalidad que nos debería amparar a todos. Significa dar muerte a la legitimidad en función de la oportunidad que la legitimidad ofreció.
El negocio durará mientras fuera del oficialismo se tenga una visión autoritaria y opresiva de la idea de democracia como poder ilimitado de quién se impuso en las urnas. Si a esta privatización de los fines de la autoridad constituida se le sigue reconociendo justificación por un día en el que se realizaron unas elecciones, asimilando la asunción de un gobierno electo a la unción de un Nerón, entonces habrá que aguantársela o unirse a ellos.
Desde fuera del kirchnerismo se sigue compartiendo la posición de la mujer golpeada que permanece en el hogar en el que se dan las hostilidades. Que se queja y hasta denuncia, pero no cree que sea legítimo romper el pacto que no existe porque ya ha sido roto por el violento. Como el caballo que cree que sigue atado al palenque aunque las riendas estén sueltas.
Gobiernan para ellos y festejan el botín en nuestra cara. Al identificarse con el todo, decretan directamente nuestra inexistencia, pero existimos con toda claridad a la hora de pagar sus fiestas. No quieren deshacerse de nosotros, como el golpeador no tiene interés en deshacerse de su víctima.
Cuando se los critica, se llama a otra forma de convivir o se reclama que no se siga robando ni mintiendo, el aparato estatal tilda al disconforme de enemigo. Es decir nos coloca la supuesta legalidad en un vínculo con ella similar al que John Locke describía como “estado de guerra”.
Es entonces cuando viene la estocada final de esta perversión. Repasemos lo que ha pasado con todos, desde Mirtha Legrand, al campo, Clarín, Blumberg o cualquiera de los demás enemigos señalados del gobierno; esto es la deslegitimación de la víctima y el denunciante por medio de una segunda línea del aparato de propaganda: la de los neutrales que se dicen a si mismos los serios. Unos que no denuncian al gobierno, por lo tanto tampoco lo padecen, porque denunciarlos sería ser enemigos (dado que las alternativas han sido reducidas a eso) y ellos quieren mostrarse “serios”. Los serios serán el estilete con el que se terminará de asesinar la reputación de los enemigos. No solo serán atacados por el gobierno, sino también por la seriedad bienpensante, lo que los deja sin posición legítima alguna que puedan exhibir después de haber sido puestos a la parrilla.
El gobierno faccioso y autoritario produce este panorama sumamente patológico: Agrede, explica las reacciones como enemistad y obtiene la colaboración de un ejército de tibios que para estar en el medio evitarán las críticas y demostrarán su neutralidad asimilando crítica o el ejercicio de la defensa a una hostilidad y ceguera que sólo cabe asignar al gobierno.
Así pasan de a poco a convertirse en marcados y muertos civiles cada uno de los elegidos, de la mano de los que repiten cosas como “no estoy ni con Clarín ni con el gobierno”, “acá hay una pelea en la que no tengo nada que ver”.
O si no su variante más miserable: “no hay que hacerle el juego a la derecha”, lo que es lo mismo que decir “hay que mentir para que no ganen los otros” o “que no se sepa así podemos seguir siendo de izquierda”. Todos perciben que el poder y su liturgia es un lugar de privilegio y que lo perderán si dejan correr la verdad así como así sin censura o autocensura.
El kirchnerismo es enfermo, pero deja también una sociedad profundamente enferma. Eso es lo que hemos ganado.

Obama bajo la sombra de Nixon, mientras en la Argentina no pasa nada

“Él , actuando personalmente y a través de sus subordinados y agentes, ha forzado. . . en violación de los derechos constitucionales de los ciudadanos, auditorías de impuestos u otras investigaciones de impuestos sobre la renta a que se inicien o se lleven a cabo de manera discriminatoria “.

- Artículo II, Sección 1, puntos de acusación contra Richard M. Nixon, aprobados por el Comité Judicial de la Cámara de Representantes, 29 de julio 1974

La cita es el comienzo de un artículo de George F. Will publicado esta semana por el diario de izquierda de los Estados Unidos, el Washington Post. El recuerdo de esta parte de la acusación que promovía el juicio político de Richard Nixon venía a cuento de que el IRS (la AFIP norteamericana) bajo la administración de Barak Obama realizó acciones persecutorias contra miembros de organizaciones conservadoras con un evidente sentido partidario. “El escándalo del IRS, ecos de Watergate” se titula el artículo.

Para Fox News, en las antípodas del Washington Post en cuanto a su línea editorial, el escándalo del IRS es un Watergate 2.0, con elementos aún más graves que los sucesos que terminaron con la renuncia de Nixon.
Sin que el episodio se de por terminado Obama debió despedir al señor Steven Miller, titular del IRS.

La cuestión ahora es cuál es la responsabilidad del propio presidente y si tenía conocimiento de lo que estaba ocurriendo, porque de comprobase tal cosa de izquierda a derecha todos estarían impulsando su juicio político. En un sistema político sano, todos defienden la libertad de todos, no solo de sus propias facciones y nadie teme ser destituyente. Lo que preocupa es que se destituyan los principios constitucionales que hacen a un país ser un país. Al caso se le suman otros dos que comprometen seriamente a la administración Obama. Uno es el espionaje bajo la llamada Ley Patriota de periodistas de Associated Press, el otro el ocultamiento sobre el atentado al consulado en Bengasi en el que murieron el embajador  Christopher Stevens y otros dos funcionarios.

Nosotros somos más vivos. Es la presidente la que señala a los enemigos para que sean escudriñados por la AFIP. Los enemigos son a su vez los que dan malas noticias sobre todo si los denuncian. En una situación de legalidad los denunciantes serían tratados como aliados del Estado, pero estamos lejos de esa legalidad. Los diarios militantes acompañan, los militontos justifican.

República quiere decir “cosa pública”, la información de lo que pasa en el sector público a disposición de la gente. Esa doctrina se ha invertido, ahora el Estado convertido en patrimonio privado paga para mentir y para tapar información.

Ningún comentario editorial en Estados Unidos podría decir cosas como “si no tienen nada que esconder no tienen que preocuparse”. El espionaje del Estado para ver qué cosa encuentra deja sin garantías al ciudadano, en los Estados Unidos ni siquiera se permite que una persona sea detenida cuando conduce para ver si está alcoholizada si es que no ha hecho alguna maniobra en infracción. El Estado no es un vigilante de la población, sino un defensor. El ciudadano no es un sospechoso. Ningún ciudadano puede ser tratado como enemigo del Estado por oponerse al gobierno. El que quiere encontrar algo lo encuentra, el que quiere plantar algo lo planta. Eso en los Estados Unidos no hace falta explicarlo, no hay tantos espíritus fascistas como entre nosotros. Nadie admite, sin importar la postura política previa que el Estado pueda ser utilizado para favorecer a la facción en el gobierno. Barak Obama tiene que separarse de este escándalo o se verá forzado a dejar su cargo.

En Estados Unidos hay diarios que se declaran abiertamente partidarios, pero eso no los convierte en militantes, mucho menos en cómplices. En primer lugar porque no están comprados con pauta oficial, en segundo porque conocen una materia que se llama ética, que consiste en este caso en conducirse por reglas generales y no por una vinculación mafiosa, menos que menos por la ley del silencio.

En cambio nosotros estamos acostumbrados a que el uso del AFIP como una Gestapo contra los réprobos y para proteger la impunidad de los elegidos. Agentes de la AFIP fueron puestos al servicio del matrimonio Kirchner para arreglar su imposible de justificar crecimiento patrimonial durante el cargo de ambos. Otros fueron despedidos por investigar a Lázaro Baéz, señalado como testaferro del propio Kirchner. Hasta por las razones más frívolas la AFIP del millonario Ricardo Ethegaray inspeccionó a los padres de del Potro dos días después de que se negara a sacarse una foto con Cristina Kirchner.

Mientras los partidarios como soldados en medio de una guerra están para justificarlo todo, los opositores creen que su misión es padecer y la del país que está fuera del sistema de privilegios soportar cualquier atropello de un gobierno criminal en nombre de las urnas. Las urnas existen porque el país es de todos, por lo tanto un presidente fuera de la ley termina fuera del poder sin que nadie lo dude.

En la Argentina avergüenza hablar de juicio político después de que los intelectuales orgánicos del régimen convirtieron en pecado el ser “destituyente” con argumentos como para engañar a niños de jardín de infantes. En los Estados Unidos lo único que avergüenza es ser tolerante con la violación de las normas elementales de convivencia. En los Estados Unidos avergonzaría tapar los crímenes de un gobierno por simpatías partidarias. En la Argentina sólo avergüenza decir lo que se debe decir, hacer lo que se debe hacer.

Con el agravante en nuestro caso de que las normas fiscales colocan a toda la población en una ilegalidad forzada. El informe Doing Bussiness del Banco Muncial señala que en la Argentina para hacer un negocio se debería pagar más del cien por ciento de las ganancias para estar en regla. Situación que luego servirá al arbitrio oficial para decidir a quién perseguir cuando se indisciplina. A la vez hay un ejército de colaboradores bobos que se ignoran batiendo el parche de la “santa recaudación” como si fuera el principio vital del país.

Primicia, el nuevo himno!

Oíd leales el grito sagrado

Relatad, relatad, relatad

Oíd el ruido de idiotas sirenas

Ved el bono a la doble moral

 

Ya a su robo rapidísimo huyeron

Las propinas venidas del sur

Y los choros del mundo responden

Al gran pueblo pingüino salud

 

Sean eternos los papeles

Que supimos imprimir,

Que supimos imprimir

Son robados, no joodas tapanos

Oh juremos con gloria lavar

Oh juremos con gloria lavar

Lo que Miriam dice

¿Qué cosa nueva dijo Miriam Quiroga, la ex secretaria de Nestor Kirchner? Sus declaraciones son la ratificación de un testigo directo de todo lo que sabía quien quisiera estar informado fuera del aparato de difusión del Gran Hermano desde hace años. Para la historia puede parecer poco importante, desde el punto de vista del impacto masivo es la desnudez del rey.

Pero Miriam Quiroga dice más que lo que dice. Sobre la Argentina oscurantista K, el tiempo que ha llevado que escándalos que explotan en países civilizados y aquí ni se trataban en la televisión abierta, habla de un cúmulo de inconductas y complicidades sobre las que habrá que reflexionar muchos años. No solo hubo mucha gente tapando y arreglando, sino otros que parecían muy “objetivos” que jugaban a estar en el medio como si eso fuera una virtud y no una agachada más. Una versión argentina de la objetividad consistente en ignorar los acontecimientos, es decir mentir, para no mostrarse enemistado con el poder. Adquiriendo el formato elegido por el kirchnerismo: contar lo que hacen es ser enemigo. Lo que termina siendo una profecía autocumplida, porque el kirchnerismo trata como tal a todo el que cuenta lo que pasa. No está nada mal ser enemigo de esa forma de estigmatizar, robar y mentir, sobre todo si no se es agresor.  Difícil de vender eso de que haya que mentir o lavar la información, para ser serio.

El segundo dato es que ahora los “arrepentidos” hacen algo más que pasarse a la oposición para tratar de volver al poder. Esto es, cantan, cuentan, denuncian. Importa poco si Miriam Quiroga hace un discurso sobre la moralidad pública, aporta a la reparación contando lo que sabe. Mientras que hay otra categoría de ex kirchneristas que hacen lo contrario. No nos informan de nada, solo se ponen a criticar impostando una moralina contra todo eso de lo que fueron parte, dejaron pasar o ignoraron, cuando no fueron directos protagonistas.

El ex jefe de gabinete Alberto Fernández tal vez sea el caso extremo. Acaba de declarar que nunca vio nada como lo que vio Miriam Quiroga a pesar de que tenía su despacho adyacente al de Kirchner. El es uno de los que de invocar una moral fascista, según la cual por ejemplo los porteños éramos unos desubicados por votar distinto al resto del país, pasó a contarnos en qué consisten las virtudes republicanas de las que carece la presidente. Y ese cambio sin contar nada.

Al menos podría aportar pormenores acerca de cómo fue el acto de censura contra Julio Nudler en Página 12 por querer mencionar cuestiones que lo involucraban a él mismo. O si no los términos de la epifanía K que logró producir en el célebre protagonista del neologismo “protocolizar”, dado que él se lo llevó a Kirchner.

La tercera, pero no la menos importante revelación de Miriam Quiroga es la inauguración con bombos y platillos del final de época. Se rompió el cerco. Parecerá raro lo que voy a decir pero creo que los kirchneristas de a pié fueron peores víctimas de esta etapa que todos nosotros. Fueron ellos los que no vieron otra alternativa que agacharse, obedecer, repetir disparates y simular. Son los que aceptaron ser esclavos y no es que no tengan responsabilidad, pero el precio que pagaron fue alto por más que lo quieran comparar con las pequeñas contraprestaciones de un sistema clientelar. Lo interesante es que el ambiente opresivo que los mantenía en silencio está roto. Los “locos” empiezan a escapar del manicomio.

Es importante percibir estas diferencias entre los kirchneristas, porque si va a empezar algo nuevo, aunque no tengamos motivos para tener expectativas de tiempos dorados, habrá que considerar el daño hecho a los esclavos del sistema más o menos conscientes de que lo fueron.

Sería necesario contar con una norma del “arrepentido” con las condiciones en las que se podrá proteger a los que sin formar parte de la cúspide de las responsabilidades estén dispuestos a aportar los datos que permitan recuperar el patrimonio público e inaugurar una etapa normal de vigencia de la ley y recuperación de principios de convivencia.

Vale todo

El problema de la toma de la Justicia a partir de esta reforma que está tratando mientras escribo este artículo el Congreso en violación al artículo 29 de la Constitución Nacional, es que a partir de ahora queda explícita la inexistencia de vínculo legal entre el gobierno y el resto del país. Poner a la justicia a disposición del Poder Ejecutivo equivale a transformar el resultado electoral en un acto de conquista y nos retrotrae al estado de naturaleza que describe John Locke en su Segundo Tratado del Gobierno Civil.

La partidización no es algo que haya que probar, no requiere un esfuerzo de interpretación, es el propósito expreso del oficialismo al hablar de “democratización”, de identificar a la facción más exitosa con la expresión del sistema en su totalidad. Como si no hubiera o no fuera legítimo que hubiera un otro más allá del poder. Fascismo del manual, dentro del estado todo, fuera del estado nada.

El estado de naturaleza de Locke implica la ausencia de compromisos entre quienes gobiernan y quienes son gobernados. La acción de gobernar se transforma en un avance de facto sobre la libertad de las personas.

No tiene ninguna importancia si los nuevos miembros del Consejo de la Magistratura obtienen mayorías abrumadoras en las próximas elecciones o si la facción que expresa este fascismo también triunfa, porque se están danto por terminados los presupuestos supra-comiciales que vinculan a mayorías y minorías.

Precisamente el mayor elemento para sostener el compromiso de respetar a una eventual y circunstancial mayoría es que hay un poder del estado encargado de custodiar la voluntad fundamental que no reconoce mayorías y minorías sino que abarca a todos; esto es la Constitución. Las minorías aceptan que otros gobiernan porque su voluntad de aceptarlo está implícita en ese instrumento, en la medida que ese instrumento y quién lo custodia que es el poder judicial amparan sus derechos y custodian la igualdad ante la ley.

El actual es un gobierno de facto, se ha colocado en esa situación al liberarse de las ataduras de cualquier pacto vincular, porque la constitución era lo que la justicia decía y a partir de ahora será una simple fachada para que los más disparatados caprichos presidenciales se lleven  cabo.

Nos espera la arbitrariedad y detrás de la arbitrariedad la corrupción total de los tribunales, custodiada por la corrupción total del Consejo de la Magistratura, esa panacea que los mismos asaltantes del poder de hoy nos vendían bajo la etiqueta de “calidad institucional”.

Rechazo la violencia por inconducente y porque a partir de ahí nada se puede construir, pero la Argentina ha ingresado hace rato en una guerra civil en la que la  ciudadanía entra en contienda con el poder porque el poder se manifiesta como enemigo de los que no se someten a él. Contienda que es la expresión de quienes están fuera de la protección estatal del derecho de resistencia a la opresión, también reconocido en la Constitución, que deberá librarse con todos los métodos no violentos a la mano. No digo métodos pacíficos, sino solo no violentos, porque la paz ha sido rota hace tiempo al no reconocerle a los extraños ni el derecho a su reputación, con militontos agentes estatales que se dedican a la difamación de los críticos.

Habrá que dejar la comodidad, para los que hasta aquí estuvieron cómodos. Lo que está claro es que el sistema de convivencia no se restablecerá en base a colaboración ni negociaciones por el reparto del presupuesto público. Es hora de otra gente y las manifestaciones espontáneas de una ciudadanía indignada son una consecuencia de ese cambio.

Queda la instancia de la justicia subsistente, se verá si hay pactos y si hasta acá hemos llegado con algún sentido de constitucionalidad. De cualquier modo no alcanzará, los tiempos judiciales son insuficientes para tratar con una andanada fascista.

Esa expresión “calidad institucional” ha sido usada con suma ligereza, como una forma anómica cuasi técnica de evadir el verdadero problema que es el de la libertad. No hay calidad concebible sino en función de un sistema de valores, los valores de nuestra constitución son los derechos individuales. En consecuencia a partir de ahora dependemos de la última “calidad institucional” de lo más básico que tenemos, esto es nosotros mismos ciudadanos, células elementales de toda república.

La libertad económica es la de los pobres

La última libertad que se usa es la de expresarse sobre temas públicos. Primero está el ser propietario del propio trabajo, después poder ahorrarlo y adquirir bienes sin ser robado, realizar transacciones, planes, sueños. Algunos más desahogados pueden ocuparse de temas comunes, opinan, discuten. Pero sin ser dueño del propio trabajo nadie tiene incentivos para discutir, a lo sumo lo tendrán para revelarse.

El debate público abierto es casi un lujo. Cuando un gobierno ha llegado a controlar también las opiniones, antes ha aplastado a las masas controlándoles la vida.

La supuesta división entre “libertades políticas” y “libertades económicas” es falaz. La libertad es libertad y que se la pueda estudiar desde el ángulo económico o político no quiere decir que sean cosas distintas. Si entendemos la libertad política como aquello de participar en el debate de los temas comunes, la posibilidad de expresarse o de votar o ser votado, sin la propiedad, sin independencia, sin la ausencia del miedo a una inspección impositiva, con el sometimiento a un burócrata que te abre la valija para buscarte el pecado de comprar o no te deja comprar una divisa que te salve de la inflación, no significan nada. Menos aún para las masas ocupadas con exclusividad en su subsistencia.

Si le sumamos a esto los vicios del estado de bienestar y su hijo más dilecto el populismo, se genera una dependencia de las personas más sencillas que son llevadas a besar las manos de los demagogos y a someterse a ellos. Dejan de ser ciudadanos en todos los sentidos relevantes y pasan a ser a lo sumo votantes desesperados detrás de una dádiva de la que nunca podrán prescindir.

De manera que es un absurdo de raigambre autoritaria lo de considerar menor la libertad de hacer lo que la gente hace todos los días y mayor el regodeo intelectual de los que están lejos de aquella desesperación.

Como el resentimiento paga para habilitar al autoritarismo, se presenta el problema de la libertad económica como el de las grandes empresas. En el socialismo hay una sola empresa que concentra las decisiones políticas, se vive un control total y la pobreza se convierte en una catástrofe general.

En otras formas de control como el intervencionismo o el nacional socialismo, nuestro sistema actual, la autoridad reemplaza a las decisiones de las personas. Hay empresas también y esas empresas tienen mucho más acceso a la autoridad que las personas comunes, por lo tanto la autoridad las beneficia a la vez que destruye a las que no se disciplinan. Los medios no tienen incentivos más que para tapar esa situación para proteger a sus anunciantes. Se mueven entre el poder autoritario directo y los intereses de los acomodados. El resultado es una oligarquía enemiga del mercado, amiga de los políticos.

Al contrario el mercado se caracteriza por la ausencia de autoridad en las relaciones en las que no exista uso de la fuerza o imposición de unos a otros. Para el común lo que rigen son reglas, no el ojo vigilante de los iluminados y “protectores”. Y a las reglas tienen acceso todos. Eso que el señor Kicillof desprecia como “seguridad jurídica”, no quiere decir otra cosa que el hecho de que la seguridad descansa en las reglas y no en el arbitrio de la autoridad.

Reemplazar al mercado por la autoridad no es una mera “intervención económica”, sino que trastoca de modo irremediable las relaciones políticas. Sobrevivir es ser amigo de los Kicillof y como el acceso a él es difícil y requiere una cuota de miseria, está a disposición de pocos, la política se vuelve oligárquica y la economía el mundo del privilegio. Justamente para eso que llaman “corporaciones”, si obedecen al gobierno, las cosas son fáciles. Para las personas sin recursos, el lugar es el de la esclavitud: “plan social” contra la identificación partidaria y la denigración personal.

Cuando el evangelio habla de pobreza en su sentido histórico, habla de esa pobreza asociada a la falta de acceso al poder en sociedades autoritarias que es la situación anterior al capitalismo. El de los pobres es el mundo de los “privados”, mientras que los socialistas nacionalistas o marxistas demonizan el mundo de lo “privatizado” y glorifican el de las decisiones centralizadas.

Es un esnobismo brutal el desprecio a la “libertad económica”. Y no digo elitismo, las elites son cosas más sanas, el snobismo es el quiero y no puedo, entonces me conformo con parecer, lo que requiere en muchos casos hacer padecer a otros.

Más pruebas de lo que digo no puede haber en este momento donde nuestras dictaduras latinoamericanas nacional socialistas utilizan la restricción económica directamente para disciplinar.

El mito es que en un contexto de poder limitado los “grandes intereses” están aventajados. Pero los “grandes intereses” están siempre aventajados en relación al poder político, por eso es que hay que limitar el poder político para que no puedan usarlo en su favor.

Todo esto se ha facilitado por lo que denomino la “castidad lucrativa”, que es la base de este pensamiento autoritario. Así como una forma conservadora de puritanismo tiende al control moralista del sexo sin tomarlo con naturalidad en lugar de poner el acento en que se ejerza con libertad sin imposiciones, hay otra forma autoritaria moralista propia de la izquierda que es el puritanismo del lucro, que se toma como algo malo de lo que hay que cuidarse con tutores, en vez de atender al mismo problema de la libertad de las personas.

Sexo y lucro son nuestros impulsos de supervivencia, se pueden canalizar a través de tratos civilizados o de crímenes. Si se los reprime generan perversiones en ambas cosas. El problema de la convivencia es el de los medios, previo reconocimiento de lo que el ser humano es con sus deseos. El afán de lucro no está ausente en los gobernantes, si se quiere garantizar su perversión sólo hay que entregarles la decisión sobre la fortuna de las personas. Sexo y lucro libre sin tutores y sin crímenes, eso es el mercado, lo que erróneamente se llama “libertad económica”.

El primer tipo de puritanismo hace ya poco daño, la sociedad se lo va sacando de encima y de cualquier modo siempre lo encaró con hipocresía. El segundo está en plena vigencia, tapado por mucha más hipocresía, pero carísima. El peor precio lo pagan los que se caen del sistema por todas las transacciones que no se hacen, los negocios que no se cierran, los empleos que no se crean, solo por el temor a la arbitrariedad y la falta de acceso a los privilegios. Esos son los más pobres, a través de una cadena de acontecimientos que empieza en el tipo de autoritarismo que más gente comparte.

La Torre de Babel del populismo

Como una Torre de Babel del estatismo enfermo que se apoderó de la Argentina en los últimos diez años, una tragedia tras otra desnuda que la vocación por el sector público es la vocación por la depredación, el autobombo y la jubilación temprana, pero que poco tiene que ver con el servicio.

Es tragedia porque los excesos como la hibris de los clásicos griegos, anuncian hasta el cansancio lo que ocurrirá, el tren que  no podrá frenar, el agua que se llevará todo a su paso, el avión que puede caer, la electricidad que se corta, pero el fútbol y 678 como necesidades esenciales del estatista idealista tienen que continuar.

Todo es inevitable y nos agarramos la cabeza pensando qué es lo próximo.

El estatismo está para servir a los estatistas. La demagogia no es servicio, es el encantamiento de la serpiente. El populismo en los desastres muestra para quién lo quiera ver que su única preocupación es si mismo, y que la gente es un medio para sus fines. Esos a los cuales palmear la espalda y prometerles una heladera nueva si no hay más remedio, pero que sigan estando desesperados siempre.

El corto plazo son estadios y fotos, fútbol y fotos, farándula y fotos, bicisendas y fotos, nuevos documentos de identidad para votarlos y fotos. Y los que no están en las fotos son enemigos.

Para el corto plazo todo, para el largo plazo, las cuestiones de fondo nada. Ni cloacas, ni desagües, ni estudios, ni caminos. Eso que lo haga el próximo, nada puede detener el crecimiento del empleo público para los militantes y el llamado gasto social que asegura, mientras empobrece a los que pagan impuestos y les impiden pagar sueldos, que la miseria se eternice y con ella el reino del populista.

El tema más importante a descubrir de estas experiencias espantosas, aunque tuvimos tantas de las que no aprendimos nada, es el despropósito del gobierno nacional consumiendo todos los recursos, cobrando todos los impuestos y no haciéndose responsable de nada.

Las invasiones inglesas de 1806 y 1807 desnudaron la inutilidad de la corona española para los habitantes del Río de la Plata ahogados por impuestos, regulaciones y proteccionismo. A la hora de defenderlos eran como los intendentes de vacaciones. Los acontecimientos se precipitaron después por el cause natural de la conclusión obvia de ese desfasaje ¿Para qué estamos pagando tanto para recibir tan poco?

Los borbones nunca ahogaron tanto al país como este Estado Nacional que está para todos los actos y las puestas en escena, para pagar el fútbol y ayudar a vivir mejor a la farándula prostituida, pero para las cosas serias mejor llamen al gobernador o al intendente como les explicaba la presidente a los vecinos de Tolosa.

No es el kirchnerismo el problema, a lo sumo son los que lo explotan con mayor descaro, es el estado nacional desfazado e inútil y la desaparición del espacio de la polis, la ciudad, porque la recaudación y el gasto están invertidos. El estado nacional no le sirve a nadie casi nunca, pero es el que recauda y consume la mayor parte de los recursos; las ciudades no recaudan casi nada y reciben migajas, cuando tienen las responsabilidades más directamente relacionadas con la vida de los ciudadanos. Conversando con el intendente de Chabás, Provincia de Santa Fe, me contaba durante la crisis del campo que solo en materia de retenciones agropecuarias el aporte de su municipio a la nación era del orden de los 300 millones de dólares anuales mientras su ciudad tendía un presupuesto de 10 millones ¿No le sobraría acaso el diez porciento de esa recaudación para brindar servicios de educación y salud de excelencia, solucionar todos los problemas de infraestructura y bajar drásticamente los impuestos para que su departamento creciera sin parar?

La ciudad es el lugar al que las personas tienen acceso y en el que pueden influir, siempre que la ciudad tenga los recursos y no sea un quiosco del gobierno nacional. Es el lugar natural de la política en su sentido original, como actividad vinculada a los problemas comunes donde la hueca retórica nacionalista suena inútil porque hay que ocuparse de que no los tape el agua. Ese lugar público donde los “políticos” modernos se aburrirían, donde habría que pensar, organizarse y actuar como hacen entidades privadas cuando responden a emergencias. La polis es lo que vemos en entidades como Cáritas o las redes sociales coordinándose de manera eficiente y canalizando colaboración, como de manera natural hacemos los seres humanos sin empleados públicos.

Hay un serio problema de diseño institucional por debajo de la podredumbre política que flota en la superficie, inclusive debajo de las tragedias sin respuestas adecuadas.

Hasta podría decir que el gobierno es responsable pero no culpable. Se los ha fomentado tanto para que sean como son, se han cometido tantos errores para beneficiarlos y hay tantos incentivos para que se conviertan en unos inservibles narcisistas sin remedio que hasta dan un poco de lástima en las cima de su Torre de Babel.

Ahora ella nos perdona

Fue una epifanía. Su Santidad la recibió y le dio un beso, ella descubrió su humildad y sencillez, virtudes que para nosotros es una gran revelación que ella valore. Después Guillermo Moreno, un católico militante que de humildad conoce un montón y de amor al prójimo ni hablar, hizo los carteles de su propio papa.

Bonafini descubrió que en su paso por la Catedral tuvo un momento de desorientación cuando le dijeron “al fondo a la derecha”, así que se hizo más papista que el papa. De tan convertida se estará postulando para la colecta del domingo.

“Amor, amor, amor, nació de Dios para los dos, nació del alma”, nos dice ahora la exitosa abogada que es su nuevo credo. Y tenemos que ser lo suficientemente inteligentes para entenderlo, si no ¡ya vamos a ver!

El kirchnerismo no es en serio después de todo. No hacen ningún esfuerzo para esconder lo que son, pero este no es el problema. Connotados kirchneristas frustrados, enfrentados a ellos sólo porque se los dejó afuera o se los incluyó en alguna campaña de difamación, nos cuentan que están contentos. Se creen esto, quieren dialogar y si los invitan a tomar el te, aunque la tetera de porcelana no se ve, se anotan primeros en la lista. Como en el 2009.

Entonces de lo que nos notificamos es de que estamos rodeados de estúpidos y que el hecho de que alguien vaya por todo, quiera destruir a la prensa, haya instalado un sistema para el latrocinio sin límites, persiga a los disidentes, no merece cuestionamientos desde el punto de vista de los principios, tan solo desde los modales. Ella ahora los invita a los actos y entonces festejan el ser perdonados ¡Ellos perdonados por ella!

Es el clima del nuevo papa. Otra sensación, nada que invite a una cosa que se llama conducta moral. No, no, el nuevo papa nos deja en un sopor de “amor, amor, amor” en el que pensar es una pérdida de oportunidad de estar en algún podio.

Es viejo, pero su versión moderna es de bailanta. Se llama gatopardismo, que cambie todo para que nada cambie, plan ejecutado con la sutileza de un barrabrava.

D´Elía dice que gracias a sus amenazas twitteras el papa arrugó y no viene antes de las elecciones. Se habrá reunido todo el colegio cardenalicio para pensar con Francisco qué hacer ante esas sagaces manifestaciones de 140 caracteres y habrán llegado a la conclusión obvia.

Más arriba, pero no mucho (tal vez mucho solo en escalones) piensan igual. Le regalamos amor al papa, pero por ahora, que no se la crea a ver si lo destruimos. Le mostramos los dientes con Garzón, el expulsado juez español que en la Argentina enseña ética, para que tenga clarito que lo estamos perdonando por el almuerzo, que estaba rico, pero si se pone pesado le ponemos a Tognetti en contra y a Fito Paez si es necesario. Somos re piolas, pero todo con amor, amor, amor.

Tengo la impresión de que no importa, porque acá no hay un clima sino una competencia. Un sistema tradicional contra una pandilla callejera. Esa guerra no se libra en la primera semana, ni en el primer mes. Cansen sus caballos, o los perros, que lo mejor está por venir.

El mito del Papa opositor

La idea del “Papa opositor” solo cabe en las pequeñas cabezas kirchneristas. El cardenal Bergoglio, hoy Papa Francisco, fue puesto en el lugar de enemigo en el momento de plena complicidad de la sociedad argentina con un Néstor Kirchner ilimitado, en el enamoramiento con su “estilo”. Un vengador de alguna cosa, en el que un país que venía de un gran trauma podía depositar todas sus frustraciones, acompañadas de todos los permisos. Como ocurría con las botas en otros tiempos, el país era su estancia.

Kirchner suponía ser emperador y su intolerancia a cualquier crítica bastó para que una homilía en el año 2004 hablando de concordia lo viera al ahora Papa como una amenaza para su persona y cortara lazos con él evitando incluso el tradicional Tedeum del 25 de Mayo en la Catedral a partir de ese momento.

Pero si tuvieran que enumerar sus actos de enemistad, tendrían menos material que para inventarle un pasado oscuro en materia de derechos humanos. Por desgracia los medios extranjeros reciben la información contaminada por este clima creado al que nos hemos acostumbrado pero Bergoglio no ha sido para ellos otra cosa que un frontón sin vencer, alguien que no se agachó ante el poder del capricho megalómano.

La supuesta acción antikirchnerista del Papa Francisco no existe sino en la paranoia de un régimen que lo quiso poner en el centro de la difamación. Lo cierto es que ningún gobierno de los últimos 30 años ha tenido menos pronunciamientos críticos de la Iglesia a través de sus representantes que los de Néstor y Cristina Kirchner. De todos sus antecesores los prelados han dicho lo que han querido. A veces fueron duros, en general han sido críticos de cuestiones económicas sin mucha razón y nunca se tuvieron que cuidar de enojar al poder temporal como han debido hacer ante este despotismo sin ilustración.

Fue después de que Kirchner lo marcara como indeseable, repito, por sostener que el país necesitaba concordia cuando su plan era llenarlo de resentimiento, que el señor Verbisky descubrió vínculos oscuros con dictaduras del pasado, como una forma de servicio a la dictadura del presente.

Esa categoría, a la que el propio Premio Nobel de la Paz Perez Ezquivel ya aclaró que Francisco no pertenece, es puramente utilitaria en manos del gran titiritero de las reputaciones. La gente entra y sale de su infierno personal de acuerdo a las necesidades de impunidad o poder absoluto de su proyecto de poder. Así se ocupa de encontrarle a Bergoglio antecedentes, que sus jueces amigos después intentarán convalidar, mientras mira para otro lado sobre la colaboración del señor Timerman, Alicia Kirchner, o el propio matrimonio K nadando en millones. Así le inventaron un pasado convalidado por jueces sin ética alguna al señor Patti y convirtieron a Blumberg en un supuesto nazi, cuando ellos lo son. Así inventaron la historia falsa del robo de niños de la señora de Noble, mientras la tapaban cuando eran aliados.

El señor Kirchner eligió a ese derecho humanismo oportunista y ávido de fondos como aliado estratégico por su posibilidad bien aceitada de producir condenas e impunidades para construir su imperio político y económico.

Pero Bergoglio fue tan opositor como Blumberg, Cobos, el Campo, la Corte anterior y la que ellos nombraron, Esteban Righi, que ellos nombraron, el Juez de las Carreras, Mirtha Legrand o Clarín.

Todo proceso fascista moderno incorpora la tecnología totalitaria del régimen cubano de asesinato de la reputación, como una forma de aislar al rival y destruirlo civilmente. La única defensa contra ese proceder miserable, delictivo cuando se lo ejerce desde el poder, es el desagravio de la gente que nos gusta y de la que no nos gusta también cuando es injustamente señalada. Lo digo esto desde mis grandes diferencias con la Iglesia y con su Santidad en particular.

El Papa Francisco cometió la única audacia de lesa kirchneridad de no hacerse soldado de la causa Nac&Pop. Lo que ocurre es que cuando la tolerancia no existe y se construye un sistema totalitario, respirar es un desafío al poder.

Ningún pueblo tiene comandante

Hace mucho que insisto en la necesidad de reconocer al autoritarismo ejercido en nombre de las urnas en una forma poco original de dictadura. El problema no es la palabra, sino que no se quiere aceptar que estos sistemas políticos están basados en el sometimiento popular y no en su voluntad.
Una de las cosas más curiosas del espectáculo que nos ofrece el largo funeral de estado de Hugo Chávez es la pretensión de demostrar el carácter democrático de su legado con muestras de devoción casi esclava por parte de sus indefensos seguidores. Gente que ha dependido de él para subsistir, exhibida como argumento de que en el ejercicio de su adoración no son siervos de la gleba sino ciudadanos racionales arquetípicos de la polis griega ejerciendo su soberanía.
Los paradigmas de la democracia y de un criadero de aves de corral no encajan, se oponen.
Quién de hecho ocupa el lugar del poder ejecutivo en Venezuela es en realidad un heredero que trata de mantener su posición convirtiendo en dios a su antecesor y utilizando su cuerpo embalsamado como símbolo de continuidad, en una imitación expresa de otros dictadores que jamás pretendieron ser democráticos.
Si somos soberanos lo somos todo el tiempo, pero si no caminamos por la calle sin temer, si estamos explicándole a los que suponíamos nuestros empleados del sector público qué hacemos, qué compramos y a qué precio, si les mostramos las valijas y nos pueden revolver la ropa interior, pues somos unos soberanos de pacotilla, unos pobres monigotes de los que nuestros súbditos tiranizandonos no pueden hacer otra cosa que reirse.
Como en la Argentina donde tenemos un 46% que nos dicen que se tiene que callar la boca, obedecer sin chistar y pagar los impuestos mientras los apalean y un 54% mendicante que debe amar a su líder, defenderla de cualquier cosa que haga, apoyar sus caprichos del día, recordar con ceguera moral e histórica a su marido fallecido, declararse “soldados para la revolución”, todo eso en nombre del principio de que el que manda es el pueblo.
¿Cuál parte es el pueblo democrático? ¿Quiénes son los soberanos?
El 46% seguro que no, nos lo explican ellos mismos. Pero el 54%, menos aún haciendo la venia en lugar de dar las órdenes. El resultado de esta democracia sin pueblo, en el que el 100% como dueño ha desaparecido, es que el supuesto soberano es el que se agacha. El insumo más barato del régimen porque cualquier grupo organizado obtiene ventajas a su costa.
Ni hablar en Venezuela donde el supuesto demócrata era llamado “comandante”, como lo empiezan a denominar también sus admiradores kirchneristas, esperando en algún momento ser la corte de un orden político similar.
Que inútil el esfuerzo de convencer que son la expresión misma de una voluntad popular cuando el pueblo es tan disminuido como para ser mostrado besando anillos. En una democracia de cualquier libro los gobernantes están a los pies de los ciudadanos soberanos, el espectáculo que están mostrando es precisamente lo opuesto.
En el momento más oportuno el ex presidente de Ecuador Rafael Hurtado publicó su libro  “Dictaduras del siglo XXI” que sostiene el mismo punto acerca de la falsificación de la legalidad democrática por parte de estos sistemas. Me voy sintiendo menos solo entonces. En sus palabras:
“Este modelo de acceder al poder a través de las instituciones democráticas, para luego la conducción de un caudillo, desconocerlas, manipularlas e instalar gobiernos autocráticos y formas disimuladas de dictadura, no es un invento de Hugo Chavez y sus seguidores que se limitaron a darle un toque latinoamericano. Su origen es bastante más antiguo. Se remonta a la segunda y tercera décadas del siglo XX y fue concebido e implantado por el Duche Benito Musolini en Italia y el Führer Adolfo Hitler en Alemania, con la ayuda de los partidos fascista y nazi”
Tanta gente encima, sobre todo entre los devotos en medio de su devoción, hacen uso del término fascista mientras son instrumento de un fascismo redivivo, que es necesario aclarar que este sistema no tiene libro sagrado, acá no hay una doctrina o un paraíso al que nos están conduciendo cortando cabezas. Es una mesa de saldos donde caben consignas panfletarias, íconos y héroes del comnismo, del nazismo, del fascismo, la macumba, la música bailantera y el rock and roll. Por eso están juntos en un mismo club todos los antiliberales del siglo XXI con la teocracia terrorista incluída, porque como decía George Orwell “No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura”.