El autoritarismo contable de la segunda vuelta

El autoritarismo contable de la segunda vuelta

La segunda vuelta electoral parte de un supuesto falso desde el punto de vista de lo que se considera actualmente como el parámetro de legitimación por excelencia, que es el bien de los gobernados. Este supuesto es que un país necesita un gobierno con capacidad de hacer lo que quiere hacer, de acuerdo a la última versión del humor político general.

No se entiende que el estado es poder y que el estatismo es autoritarismo, por lo tanto tampoco se entiende que eso de la “gobernabilidad” es un valor para el pensamiento despótico, no  para el republicano. Ni se entiende, ni se enseña, por eso cuando escucho que todo se solucionará con educación y veo alejarse a la sociedad de los objetivos que planteaban Jefferson o Sarmiento de instruir sobre la nueva institucionalidad de la libertad y sus condiciones, me alarma tanta inconsciencia sobre lo que se está diciendo.

Montesquieu y los Padres Fundadores en los Estados Unidos imaginaban a las ramas del gobierno compitiendo entre si. No había necesidad de que una de ellas “ganara” ninguna contienda, sino de que se controlaran entre unas a otras. El destino de un país no depende de una política sino de las instituciones y de la ley, no entendida como mera voluntad legislativa sino como los principios de derecho que parten de la libertad individual. Esa es la función del gobierno, las variantes en cuestiones de administración e inversión del gasto limitado del estado de acuerdo a criterios de distintas facciones, son contingentes. Si el partido A las puede llevar adelante o no, no importa al interés general. Hará acuerdos o tal vez no los logre y un determinado gobierno se vaya sin haber conseguido lo que quería hacer. No tiene ninguna importancia y si eso es producto de que no ha logrado convencer a suficiente gente así debe ser.

No existe ningún problema con un gobierno “débil”, en tanto no lo es nunca para hacer cumplir la ley. Lo puede ser en todo caso respecto de sus propósitos políticos particulares, pero no para aquello establecido en la Constitución que se resume en la defensa de los ciudadanos.

Se que me van a decir que esto es sólo la versión liberal (si tienen quemado el cerebro me dirán “neoliberal”) de la república. Por supuesto que lo es. El asunto es este, que tampoco quieren asumir: si un gobierno no se sostiene en principios liberales, lo hace en principios autoritarios. No hay búsqueda de mayoría artificial si no se cree que la sociedad tiene un “conductor” que tiene que tener capacidad para llevarla como si fuéramos todos súbditos. Es la visión del gobierno como central en la vida del país, opuesta a la de aquellos que sabiamente lo dividieron por quererlo limitado, la que se preocupa por la falta de apoyo de quién administra al estado. Por el contrario si pensamos que la sociedad se conduce básicamente por contratos y por una vida privada libre y que el gobierno está para determinadas cosas, el problema de un gobierno minoritario no importa, en cambio alarma el deseo de muchos de convertirlo en mayoritario cuando no lo es.

¿No hay alternativa? Bueno, un gobierno un poquito autoritario es un gobierno que es dueño un poquito de las libertades de los individuos. Yo diría que éstos están un poco perdidos porque con los recursos y poder del gobierno y los dilemas que describe Hayek en Camino de Servidumbre, una vez que se inicia ese camino es difícil volver atrás.

Pero hay algo más, que desarrollo en mi libro 10 Ideas Falsas que favorecen a sus víctimas. Las dictaduras del siglo XXI en las mentes de sus víctimas. Esto es que el andamiaje institucional político de la división de poderes sólo tiene sentido para preservar la libertad individual de la libertad del gobierno (su “gobernabilidad”) . Se trata de un corset, de unas reglas que entorpecen la consecución de los deseos del gobernante. El día que nos convencieron de que el país fluye si el gobierno goza de “gobernabilidad”, es el día en que nos hicieron comprar el autoritarismo siendo sus víctimas, no sus beneficiarios, aún cuando la cosa siempre se presentará como de vida o muerte para nosotros.

La trampa consiste en convencer (se enseña en los colegios y las universidades) de que la “democracia” requiere un gobierno que tenga fuerza suficiente, para no ser entorpecido por la división de poderes. Se le asigna un papel vindicativo y todo vengador necesita una espada grande. Así como suena y en la misma línea va lo de las segundas vueltas para que una minoría se convierta en mayoría con tirabuzón. Está implícito en el razonamiento que los votos hacen al mandamás menos vulnerable a las críticas, las decisiones desfavorables en el Congreso y los fallos adversos. Los gobiernos necesitan, nos dicen, una credencial pesada para no tener que discutir tanto y hacer lo que pensaban hacer. Este es un pensamiento puramente anti institucional y autoritario. Se lo disfrazará de paternalismo, por supuesto.

Ni los gobiernos mayoritarios ni los minoritarios deben estar habilitados para hacer cualquier cosa. O por lo menos a esa habilitación no se le debe dar tinte de ningún tipo de santidad, es la vieja ansia de unos por someter a los otros. Pero hacer de las minorías mayorías por medio del balotaje, es una directa apuesta al sentido despótico del poder. Si pensamos que eso es lo mejor, obligar a la gente a elegir entre los que otros eligieron para que las matemáticas unjan a un favorito en nombre de todos, entonces deberíamos acabar con la farsa republicana y otorgarle el consagrado el poder absoluto. Más gobernabilidad que esa no se puede tener.

Esto con independencia de que en un sistema totalmente desquiciado puede ocurrir que una banda criminal tenga la primera minoría y la segunda vuelta sea el método se sacársela de encima porque todo lo demás falló, no se quiso usar o los contendientes prefieren negar que están frente a un grupo fuera de la ley y hacerse cargo de eso. La segunda vuelta en sí, es una aberración.

Macri y la estatua

Macri y la estatua

El perfecto mundo del revés. Por un lado molesta la peronización por un monumento. El signo único que produce la revelación acerca de la naturaleza del PRO es la foto con el candidato y el Pocho en bronce alzando sus brazos, no la legislación que regula los consorcios o el restablecimiento del nefasto impuesto de sellos, por ejemplo. No molestó tampoco algo que es más a favor del mito fundante del actual esquema de poder total, como la estación Rodolfo Walsh o el homenaje al “pañuelo blanco”, que eso si alimenta a la banda en el poder. A la vez había que escuchar decir que votar al PRO se justificaba porque terminaba con “el peronismo”. Una estatua y el cuento se terminó. Lo que para muchos hizo peronista a Macri es una foto, no sus decisiones de gobierno.

Pero no, el peronismo del PRO no consiste en el monumento de Perón. Eso es campaña electoral. Algo muy sencillo, hay que sumar unos puntitos para  entrar en la segunda vuelta, cuando un par de meses atrás nos decían que no tenían que hacer ningún acuerdo porque ganaban directamente en la primera. Un gobierno bien encaminado que le hace mimos al mito peronista, no sería más que la rutina de las relaciones públicas en el poder. Que alguien espere algo mejor del poder en nombre del socialismo vaya y pase, ellos lo idolatran; pero de quienes esgrimen sentimientos republicanos no se entiende. No puede ser que nos notifiquemos de que no hay una cuestión de principios en juego en las elecciones por la más frívola señal, ignorando las más significativas de todos los días desde hace años. Pero como sea, la teoría del principismo antiperonista quedó disuelta.

Ahora hagamos una evaluación oportunista. Hay quienes se apuran a aprobar el acto en base a la realidad electoral o incluso lo disfrazan de otro principismo de última hora: es un símbolo de paz y concordia ¡Que maravilla, cuánto relato! Es el piso que nos deja el kirchnerismo en el discurso. El señor Macri dijo ayer que era el primer peronista y que todos los días se repetía que “mejor que decir es hacer”, porque es ingeniero. La verdad, siempre sospeché que los ingenieros eran todos peronistas; en fin. Cualquiera diría que más que tender una mano a los distintos en nombre del amor y la paz, se subió al caballo del general.

Somos grandes, sabemos que está en juego la continuidad de un sistema criminal feudal, aliado a lo peor del mundo. Sabemos que el resto de la oferta electoral es mediocre, peronista, asistencialista, que debaten a ver quién es más socialista (definición que inspira otros artículos, que generosa es la vida) y que de eso habrá que ocuparse. La cosa del problema “peronista” de parte de estos peronistas con pretensiones de paquetería, era otro oportunismo de bajo vuelo. Les molestaba la aparición de Massa, que se explica nada más por la permanente defección de ellos de entrar en el desafío al poder K de verdad y entonces, agrandados por las encuestas de su asesor genio, crearon para los incautos una división que no fuera K/anti-K, que es el problema que tiene la gente, que tienen sus votantes, sino “peronistas” (nominales) y “anti peronistas” (nominales). Sacaron múltiples libros para explicarse así las cosas, que era la única forma de poder despreciar a Massa (con quién se habían aliado en el 2013) y juntarse con los radicales, sin perder la posición cómoda de no tener que definir al oficialismo K. Si a alguien no le gustaban sus principios, tenían otros.

Claro que Massa es peronista, como lo son todos los que debatieron el Domingo. Claro que Massa estuvo con este gobierno y que eso es inaceptable. Claro que sus anuncios de gobierno no van al fondo del asunto y en algunos casos es pura vaguedad, igual que el del PRO. Pero también es claro que primero había que ganarle a él, porque se necesitan esos votos que tiene que siendo peronistas no quieren a este gobierno, para después enfrentar a Scioli con la mayor fortaleza. El asunto es que estaban agrandados, pensaron que no lo necesitaban y lo disfrazaron todo de principismo, dejando ayer a los que repitieron sus alegatos moralistas pedaleando en el aire.

El PRO tiene dos problemas. Uno su sentido de principismo lábil y otro su  oportunismo grueso y temeroso. Tienen los cables cruzados. Hay que votarlos, pero señores, seamos claros, hay que votarlos por un oportunismo de emergencia, corriendo el enorme riesgo de que aún como remedio sean peores que la enfermedad. O no hay que votarlos, respeto las dos posiciones, todos hacemos oportunismo de alto riesgo en estas circunstancias. Lo único que no tenemos que hacer es engancharnos en retóricas vacías, menos que menos con ese oportunismo  de billiken que habla de valores que no tienen; que es tan retorcido y peronista.

El peronismo

Hay dos grandes mentiras de la historia reciente de la Argentina y sospecho que ambas vienen del mismo lugar. No es que no haya otras, la lista es grande, pero estas dos tienen influencia en lo que está pasando electoralmente.

La primera es que el terrorismo setentista fue consecuencia del derrocamiento de Perón, el bombardeo de la Plaza de Mayo y no se cuántas otros acontecimientos de los que los jóvenes psicópatas de entonces decían ser vindicadores. La realidad era que llevaban a cabo un proyecto de toma del poder para instalar un terror de estado total al estilo soviético y siguiendo una estrategia continental. La historia argentina, era usada para unos fines bien concretos, lo mismo ocurría en todos los países vecinos sin que hubiera habido nunca un 55 en ninguno de ellos.

La segunda es de ahora: “el problema es el peronismo”, cuando de nuevo nos encontramos con una estrategia continental que originada o no en Cuba, se une en función de la instalación de gobiernos criminales que asuman el poder total y se queden con los recursos, sometan a la población y obliguen incluso a votarla. El peronismo ha sido otra vez un instrumento. El kirchnerismo como chavismo es un sistema de dominación, no electoral. De hecho cuanto peor están los distritos más ventajas sacan, porque la población está a sus pies.

El peronismo fue “el problema” en la década del 40. Era una organización fascista típica, que seguía una estrategia más bien europea. Después de Perón o inclusive con Perón, se convirtió en un laborismo sindicalista – estatista, con el que compitieron otros estatismos de estilo socialdemócrata. La verdad es que no se puede diferenciar al peronismo post década del 40 del radicalismo en primer lugar, pese al complejo que tiene este partido de tildarse a si mismo de ético y republicano. Una socialdemocracia no es republicana, pero no me voy a extender en eso. Desde el 55 todos los partidos, salvo la UCEDE en su momento, quisieron representar variantes de “peronismo bueno”, incluido el partido militar.

El kirchnerismo implica volver al fascismo original, de un modo más eficiente, con un estado más afilado gracias al pensamiento socialdemócrata de medio siglo, y con unos ribetes un poco más puramente delictivos, todo enraizado en una historia heroica de aquellos jóvenes psicópatas de los setenta, de los que tampoco son exactamente una continuidad, pero incluye a sus protagonistas. Este fascismo contiene al marxismo revolucionario, confirmando una vez más que no tienen diferencias más que de forma, si Cuba sigue en pie es por haberse exportado como nazismo a Venezuela.

Otro dato importante es que sin la política de victimización del terrorismo iniciada por Alfonsín, enancada en “derechos humanos” al punto de la glorificación, el kirchnerismo tampoco hubiera fructificado. Esa estafa de que porque no se los había juzgado eran jóvenes idealistas, empezó ahí.

Volvamos a la actualidad. El eficiente aparato de manipulación kirchnerista consiguió dos cosas importantísimas para su subsistencia: una oposición que los subestimara como problema, por temor a enfrentarlos y, segundo, que diluyeran el conflicto en uno viejo, no vigente en iguales términos: peronismo antiperonismo. Entonces nos encontramos que los mismos que nos dicen que no hay que ser antikirchneristas, nos quieren convencer de que es momento de ser antiperonistas. Creo que con eso se entiende por qué al kirchnerismo esta sutileza le conviene tanto como convertir a Clarín en la oposición.

El kirchnerismo es parte de un problema continental actual, el peronismo es un problema viejo que no es mayor que el del resto de los partidos políticos. El kirchnerismo debe resolverse entendiendo lo que ocurre en Bolivia, Ecuador y Venezuela.

Sostener que el kirchnerismo y el massismo/de la sotismo son lo mismo, le conviene a los kirchneristas que tienen de ese conjunto las de ganar. La oposición necesita dividir ese frente, por lo tanto distinguir al peronismo laboralista del fascismo de ultra izquierda delictivo, asociado al Vaticano, como para complicar las cosas un poco más.

Lo paradójico es que si se hubiera entendido esto antes de las PASO, el peronismo entero estaría fuera de combate. El massismo/ de la sotismo por quedar fuera de octubre y el kirchnerismo por encontrarse en la posibilidad de perder en primera vuelta y en la certeza absoluta de perder en la segunda.

Por eso reitero, el desvío de la atención hacia el “peronismo” como un todo, es una estrategia K, como el convertir a un medio que no va a elecciones en su principal enemigo. Hace un par de años que se reflotó el conflicto como si fuera actual y se puso un empeño ciego en negar la naturaleza del kirchnerismo.

Los términos de un acuerdo posible e indispensable de la oposición

Mauricio Macri y Sergio Massa compiten por la presidencia. Uno y otro apuestan a obtener una ventaja en primera vuelta electoral que vuelque a los electores del otro en su favor, porque saben que sus votantes tienen como primera prioridad escapar al kirchnerismo que, de subistir, arruinaría toda oportunidad de la Argentina de convertirse en un país civilizado en las próximas décadas.

Macri ahora piensa que tiene todas las de ganar, como podría haberlo pensado hace unos meses Massa, que fue el artífice de sepultar las ilusiones de reelección de la señora Kirchner. Pero esa ventaja, le sirve de poco en realidad, porque entre ambos candidatos, lo quieran o no, lo saben, hay unas PASO. La hay porque su electorado es en octubre en una medida importante el mismo; el voto antikirchnerista que nadie intentó conquistar en los 12 años de calvario de este sistema ultraperonista de gobierno. Si esto es así, la ventaja de Macri puede hacerse valer tanto en agosto como en octubre, no tiene sentido político alguno posponerlo y con eso darle a Scioli la oportunidad de participar en una segunda vuelta. Con mayor razón sabiendo que cualquier circunstancia podría en unos meses invertir la ventaja de Macri sobre Massa o de Scioli sobre ambos.

Las PASO no requieren un acuerdo político ni programático. No hace falta mucho menos llegar a un compromiso de coalición. Solo la decisión de adelantar la competencia para poner en clara desventaja al kirchnerismo. La elección de Scioli es bastante mala de por sí para el país, ha demostrado ser el rey de todos los vicios políticos y estar dispuesto a entregar su dignidad para mantenerse en su cargo, sin que le tiemble un pelo y jactándose como si se tratara de una virtud. Además no le auguro mucha permanencia en el cargo de presidente si los kirchneristas tienen a su delfín en el banco de suplentes.

El kirchnerismo no solo deja un país destruido. El estado está contaminado en pleno. El problema más grave se encuentra en la Justicia, organizada de modo expreso para cometer encubrimiento. El próximo gobierno va a enfrentar serios problemas. Otra de las ventajas de adelantar la competencia entre los opositores es que necesitan minimizar sus roces ahora para poder apoyarse mutuamente después de las elecciones.

El massismo viene del kircnerismo, pero el PRO viene de la tolerancia al kirchnerismo. No se han destacado en su rol de control o de tener sangre en las venas frente a un gobierno que los ha sobrado con su corrupción, sus trampas y sus mentiras. Solo Carrió y alguno más pueden decir que los enfrentaron con decisión. Pero aún ella coqueteó con el kirchnerismo al principio y les dio herramientas fundamentales para llevar a cabo su plan totalitario: el golpe a la Corte, la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final, ambas aberraciones constitucionales no se compadecen con la pretenciosa cita de los principios republicanos a la que nos acostumbra. Esto sin desmerecer su papel posterior. Así como Massa quebró para siempre el sueño reeleccionario, Carrió no dejó de denunciarlos con mayor o menor eficacia. También les dio a Ocaña y a Timermann y veneró a Felipe Solá cuando decía que del otro lado de su raya en el piso estaba sólo Macri. La tercer gran ventaja que les otorgó fue regalarles la idea de la asignación universal por hijo, secreto importante de la victoria que obtuvieron en el 2011.

No es para facturar que hago este lista de gruesas faltas sino simplemente para que se deje de usar el puritanismo cívico para evadir el conflicto principal que es la subsistencia de un sistema nacionalsocialista cuyo próximo paso será asociar a la Argentina a todos los regímenes criminales del mundo, incluido el país señalado como responsable del atentado a la AMIA. Ya mataron a un fiscal y lo descalificaron frente a nuestros ojos, imaginemos lo que harán después de usar y deshacerse de Scioli.

Cualquier otra cuestión o diferencia hoy es menor. Los opositores comparten sus malos programas económicos desarrollistas y la mediocridad general de su estatismo. Pero comparten el no tener simpatía por la asociación de la Argentina con Irán, Rusia y los demás gobiernos nacional socialistas de la región.

Está el injustificable problema político de que Carrió podría no tolerar un acuerdo con Massa para competir en las PASO y podría dar un portazo. No tiene justificación porque de lo único que se trata es de competir en agosto en vez de en octubre para permitir a los electores darle un final al kirhcnerismo. Pero aún así esta dificultad puede salvarse. El acuerdo entre Macri, Sanz y Carrió puede transformarse en alguna forma de coalición que no incluya a Massa, de modo tal que ese sector del peronismo no fuera incluido en un posible futuro gobierno de Macri y viceversa y el acuerdo se reduzca a las primarias. De ese modo el electorado tendrá la oportunidad de expresarse contra el gobierno que siempre apostó a dividir a la oposición y Carrió quedaría satisfecha en sus pretensiones de no juntarse con Massa.

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Echen a sus asesores

Hay un mercado de los políticos de la última era, posterior a la crisis del 2001, que se acostumbraron a estar ausentes de todos los problemas. La política quedó reducida para ellos a “lindas propuestas” y el “no te metás” que tanto batía Neustadt se hizo ética, algo ya del último escalón de nuestra involución.

Argentina no es una isla como Cuba, pero está en el fin del mundo. El aislamiento del país tiene su explicación geográfica y además la supervivencia del estatismo parasitario requiere cierta cuota de ensimismamiento. Por eso la conversación política es tan irracional, tan llena de slogans y demagogia impune. Hay pocas referencias y eso facilita la vida de los mediocres.

Nuestros políticos acostumbrados a mirar desde afuera (o desde adentro de su oficina pública, mate en mano) creen que no tienen que cambiar, porque nadie cambia y quién se pelea mucho (en su vocabulario, el que se pelea un poco) con el gobierno, es mal visto por el aparato de control moral de los estúpidos que con gran eficacia ha formado el oficialismo bajo el formato de opinión publicada “moderada” y “seria”.

Es así que el kirchnerismo ha tiranizado un jardín de infantes y ese mercado de políticos está abastecido por una serie de “asesores” que incluso siendo importados se dedican a recaudar en pala mientras le dicen a estas luminarias que parecen vendedores de pasta de dientes lo que quieren oír: no hagas nada, no te metas en nada, decí cosas lindas, ponete una orquesta para tocar en la cubierta del Titanic, porque eso es lo que “la gente” quiere ¿Cuál es el problema del país según esta gente? Pues que los K son muy irritantes y “la gente” pide paz, amor, globos.

Les encanta oír eso porque ellos mismos quieren paz, amor y globos en vez de kirchnerismo, lo cual hace muy feliz al kirchnerismo, pero eso es algo que sin mediar aquella decadencia un político no aceptaría jamás.

Los otros días Lanata llamó “bosta” a la oposición, asombrado por su nula actividad mientras un gobierno al borde del abismo sigue produciendo daño en proporciones mayores incluso de lo que lo hacía cuando estaba en su apogeo. Las reformas a los códigos hecha por unos tramposos, es una herida muy grande a la convivencia futura y a la economía.

Carrió ayer a la mañana quiso discutírselo, sintiéndose con justo derecho porque es la que más ha peleado, pero creo que el periodista aclaró bien su punto. Hay una no actividad política, solo queja frente al gobierno. Queja en el mejor de los casos, casi siempre se hacen los distraídos teniendo el peor el oficialismo que un opositor pueda imaginar para criticar; uno que no ha dejado desastre por hacer y que nunca en ningún momento se interesó por solucionar ningún problema, sino nada más por favorecerse. Todo lo que le pasara a la población, en la medida en que era informado, se interpretaba como una conspiración, pero de arreglarlo no se interesaron ni en la sombra. Ese gobierno que ante una oposición tan estúpida, está pidiéndoles que expliquen lo que van a hacer si llegan a gobernar ni amaga con explicar algo de su incendio neroniano. Los contrincantes en cambio rinden cuentas de sus acciones futuras y del gobierno que los corre todavía no saben ni a quiénes les expropiaron Ciccone. Sin embargo sus asesores los congratulan porque sus sonrisas son cada vez más cercanas a sus orejas.

Esa es la oposición que no sale a la calle sino tímidamente siguiendo a la gente harta que se manifiesta sola. Que no hace declaraciones ni repudios y jamás le contesta una sola de sus ridiculeces a la señora a cargo y se entretiene demonizando a sus lacayos. Ha sido un complemento perfecto de este sistema. Tanto que uno podría sospechar que sus “brillantes asesores políticos” los desactivaron por encargo oficial.

Se pasaron un par de años llorando por Moreno. Se fue Moreno y todo está peor, porque el problema nunca fue el mono sino el dueño del circo. Ahora se concentran en la corrupción de Boudou, un cadete. O de Lázaro Baez, un chofer.

A Carrió hay que reconocerle que en su soledad y a pesar de que a veces cae en esto de dejar a salvo a la señora (que es el único poder político oficial, por lo tanto el único objetivo para una oposición), no ha tenido la misma actitud de animadores de fiestas de sus colegas, exponiendo lo que los demás callaron. Imposible que tenga éxito, porque esa política del régimen kirchnerista de apaciguamiento, necesariamente la hace ver fuera de lugar en la medida en que sus colegas la compran.

Lo mismo ocurre en el ambiente periodístico, tan corrupto como la política, en el que una serie de señores siempre están recordando al rebaño que ser “antiK” no es de buen periodista o inclusive se lo dicen a un ciudadano indefenso irritado por la opresión y el mal trato. Enseñan buenos modales en un chiquero. Entonces ante la explosión de información sobre el dinero de la familia imperial su versión de buen periodismo es no nombrar el tema y dejar que lo mencionen los “desaforados”.

Un buen periodista para estos “correctos”, verdadera retaguardia del relato, es el que pregunta en un campo de concentración si aumentó la ración de pan, para ver si puede reconocerle algo a los carceleros y demostrar con eso su “espíritu científico”. Los políticos “opositores” “asesorados” se llevan mejor con estos voceros del sometimiento que con cualquiera que les pregunte por su indolencia. De alguna manera se sienten legitimados por ellos, lo que no saben es que los legitiman como ovejas.

También ayer Lanata habló con Sergio Massa. Le mencionó palabras de la señora que padece el país en la presidencia según quién el que dijera que en el próximo gobierno se solucionaría la inseguridad mentía. ¿Qué responde el gran candidato del temible peronismo ex – kirchnerista? Pues que “están” (en plural, no vayan a pensar que hablaba de ella) tratando de meter miedo. Los “asesores políticos” les pasan sus grandes facturas pero parece que no pueden preparar al candidato para ponerse en posición de competidor ante una rival tan fácil, tan vencida, con tantos costados flojos y ridículos, con absolutamente todos los aspectos de su gobierno haciendo agua. Ni se le ocurre responder algo tan sencillo como que fue la señora la que no lo resolvió porque nunca le importó o que de lo que puede estar segura la población es de que él no tendría criminales propios en una agrupación oficialista, ni nombraría a los jueces y fiscales que canalizan su propia violencia de marxismo de Billiken en la delincuencia, tildándose a si mismos de “garantistas”. Podría haber dicho que todo eso se acabaría, que era el grueso del problema, no las camaritas en la vía pública sino la falta de voluntad, el oportunismo y la simpatía oficial hacia el delito.

Lo nombro a Massa como representativo de la actitud “opositora” de las últimas semanas de dar explicaciones al gobierno, en lugar de exigírselas. A lo que deben temer los argentinos es a que este gobierno no va a solucionar ni se va a ocupar de la seguridad en todo un año que les queda.

Pero entiendo igual que un asesor así sería echado por los políticos de esta generación en Argentina. En el mundo, ese lugar ignorado que queda al norte de Formosa, al este de Buenos Aires y al oeste de Mendoza, a eso se dedican los asesores y también los políticos. Y si los asesores le dijeran a los candidatos que se conviertan en el abuelito de Heidi frente al lobo feroz, serían inmediatamente despedidos.

Ahí tengo que coincidir con el apelativo de Lanata. Tienen el arco libre, el arquero preso por chorro, condiciones meteorológicas inmejorables, están a dos metros del arco y desinflan la pelota por miedo al gol. Dan lástima.

No tienen tampoco costo social por este comportamiento. Una sociedad muy degradada está chupándoles las medias porque tal vez eso sirva para conseguir algún cargo o subsidio en el futuro. Hoy la “élite” argentina es una runfla formada por una patética farándula envejecida y prostituida que hace fiestas con políticos. Un “jet-set” del infra subdesarrollo, también fomentado este fenómeno circense por la despolitización de los medios masivos ideada desde el vamos por el señor Kirchner. Toda cosa de valor está vedada en el ámbito público. Porque si hay cosas de valor, la agachada se nota mucho más. Es como una conspiración imaginada por Ayn Rand de todo lo peor de una sociedad para ahogar todo mérito.

Va de onda, dono los millones que me corresponden por lo que les voy a sugerir a los investigadores que usa el grupo de Paul Singer para descubrir los manejos del dinero sucio oficial para que continúen trabajando después de que este gobierno salde la deuda para no ser delatado.

Este es mi asesoramiento: Es ella. La señora Kirchner es el único kirchnerismo que existe, es el rival, es a quién hay que vencer, es a quién hay que pasarle la factura por el daño hecho al país en lo político, económico, institucional, internacional y moral. El resto serían todos mozos de bar si este matrimonio no los hubiera puesto a hacer sus barbaridades.

Segundo. El momento de doblegarla es ahora. Es por su inactividad política que esta señora cercada conserva una mayoría en el Congreso que maneja como si fueran colimbas. A ustedes no solo debería preocuparles cómo maneja al país, sino incluso cómo sigue manejando al oficialismo, eso es un fracaso de ustedes que están entretenidos dando explicaciones a un descerebrado que los provoca.

Dejen de mirarse al ombligo, de cepillar el traje con el que piensan asumir. Es enorme el daño que están haciendo mientras preparan la campaña electoral, este gobierno debe ser detenido porque quienes pagarán las consecuencias son ustedes. Además el país, pero ni se los digo porque no veo que eso les caliente la sangre. Si llegaran a revivir por culpa de su inactividad ustedes serán el hazmereír de la historia. Este no es el momento para que descansen y piensen en su marketing porque se está diciendo qué va a pasar con ustedes después de la ceremonia de juramento, si es que les interesa algo más que verse bien el discurso inaugural.

Tercero, tal vez me contesten lo bien que les ha ido hasta acá. Bien, de eso no los voy a poder convencer tan fácil porque la mediocridad es tan calentita que sería como despertarlos de una siesta. Vean la tiranización del país, no cómo les va en las encuestas. Esa es la medida de su fracaso, que 11 años de destrucción y sigan gritándoles y el indicio de cuánto deberían darle las encuestas si la población se sintiera protegida por ustedes. Las encuestas no miden cuánto deberían tener, sino cuan resignada está la población a elegir entre los chicos malos y unos tibios que en tiempos normales no despertarían ninguna expectativa. Quiero decir, sus votos no son suyos, también son de los K. Son votos que los K les regalan de gente que no fue comprada ni sometida psicológicamente y ha sufrido el castigo que ustedes evadieron.

Este año que queda es para su eventual futuro gobierno más importante que el período de cuatro años que les toque, si lo cumplen. Ahora es su pelea, lo que los condiciona a futuro. Repito, hay un solo objetivo político que se llama Cristina Fernández de Kirhner y si no pueden enfrentarla no son dignos competidores. Los que teman que los apaciguadores del relato los cuestionen como “destituyentes” ni entienden la Constitución, ni la democracia, ni el juego que les están haciendo desde el primer día para convertirlos en eso que Lanata calificó por mi.