El autoritarismo contable de la segunda vuelta

El autoritarismo contable de la segunda vuelta

La segunda vuelta electoral parte de un supuesto falso desde el punto de vista de lo que se considera actualmente como el parámetro de legitimación por excelencia, que es el bien de los gobernados. Este supuesto es que un país necesita un gobierno con capacidad de hacer lo que quiere hacer, de acuerdo a la última versión del humor político general.

No se entiende que el estado es poder y que el estatismo es autoritarismo, por lo tanto tampoco se entiende que eso de la “gobernabilidad” es un valor para el pensamiento despótico, no  para el republicano. Ni se entiende, ni se enseña, por eso cuando escucho que todo se solucionará con educación y veo alejarse a la sociedad de los objetivos que planteaban Jefferson o Sarmiento de instruir sobre la nueva institucionalidad de la libertad y sus condiciones, me alarma tanta inconsciencia sobre lo que se está diciendo.

Montesquieu y los Padres Fundadores en los Estados Unidos imaginaban a las ramas del gobierno compitiendo entre si. No había necesidad de que una de ellas “ganara” ninguna contienda, sino de que se controlaran entre unas a otras. El destino de un país no depende de una política sino de las instituciones y de la ley, no entendida como mera voluntad legislativa sino como los principios de derecho que parten de la libertad individual. Esa es la función del gobierno, las variantes en cuestiones de administración e inversión del gasto limitado del estado de acuerdo a criterios de distintas facciones, son contingentes. Si el partido A las puede llevar adelante o no, no importa al interés general. Hará acuerdos o tal vez no los logre y un determinado gobierno se vaya sin haber conseguido lo que quería hacer. No tiene ninguna importancia y si eso es producto de que no ha logrado convencer a suficiente gente así debe ser.

No existe ningún problema con un gobierno “débil”, en tanto no lo es nunca para hacer cumplir la ley. Lo puede ser en todo caso respecto de sus propósitos políticos particulares, pero no para aquello establecido en la Constitución que se resume en la defensa de los ciudadanos.

Se que me van a decir que esto es sólo la versión liberal (si tienen quemado el cerebro me dirán “neoliberal”) de la república. Por supuesto que lo es. El asunto es este, que tampoco quieren asumir: si un gobierno no se sostiene en principios liberales, lo hace en principios autoritarios. No hay búsqueda de mayoría artificial si no se cree que la sociedad tiene un “conductor” que tiene que tener capacidad para llevarla como si fuéramos todos súbditos. Es la visión del gobierno como central en la vida del país, opuesta a la de aquellos que sabiamente lo dividieron por quererlo limitado, la que se preocupa por la falta de apoyo de quién administra al estado. Por el contrario si pensamos que la sociedad se conduce básicamente por contratos y por una vida privada libre y que el gobierno está para determinadas cosas, el problema de un gobierno minoritario no importa, en cambio alarma el deseo de muchos de convertirlo en mayoritario cuando no lo es.

¿No hay alternativa? Bueno, un gobierno un poquito autoritario es un gobierno que es dueño un poquito de las libertades de los individuos. Yo diría que éstos están un poco perdidos porque con los recursos y poder del gobierno y los dilemas que describe Hayek en Camino de Servidumbre, una vez que se inicia ese camino es difícil volver atrás.

Pero hay algo más, que desarrollo en mi libro 10 Ideas Falsas que favorecen a sus víctimas. Las dictaduras del siglo XXI en las mentes de sus víctimas. Esto es que el andamiaje institucional político de la división de poderes sólo tiene sentido para preservar la libertad individual de la libertad del gobierno (su “gobernabilidad”) . Se trata de un corset, de unas reglas que entorpecen la consecución de los deseos del gobernante. El día que nos convencieron de que el país fluye si el gobierno goza de “gobernabilidad”, es el día en que nos hicieron comprar el autoritarismo siendo sus víctimas, no sus beneficiarios, aún cuando la cosa siempre se presentará como de vida o muerte para nosotros.

La trampa consiste en convencer (se enseña en los colegios y las universidades) de que la “democracia” requiere un gobierno que tenga fuerza suficiente, para no ser entorpecido por la división de poderes. Se le asigna un papel vindicativo y todo vengador necesita una espada grande. Así como suena y en la misma línea va lo de las segundas vueltas para que una minoría se convierta en mayoría con tirabuzón. Está implícito en el razonamiento que los votos hacen al mandamás menos vulnerable a las críticas, las decisiones desfavorables en el Congreso y los fallos adversos. Los gobiernos necesitan, nos dicen, una credencial pesada para no tener que discutir tanto y hacer lo que pensaban hacer. Este es un pensamiento puramente anti institucional y autoritario. Se lo disfrazará de paternalismo, por supuesto.

Ni los gobiernos mayoritarios ni los minoritarios deben estar habilitados para hacer cualquier cosa. O por lo menos a esa habilitación no se le debe dar tinte de ningún tipo de santidad, es la vieja ansia de unos por someter a los otros. Pero hacer de las minorías mayorías por medio del balotaje, es una directa apuesta al sentido despótico del poder. Si pensamos que eso es lo mejor, obligar a la gente a elegir entre los que otros eligieron para que las matemáticas unjan a un favorito en nombre de todos, entonces deberíamos acabar con la farsa republicana y otorgarle el consagrado el poder absoluto. Más gobernabilidad que esa no se puede tener.

Esto con independencia de que en un sistema totalmente desquiciado puede ocurrir que una banda criminal tenga la primera minoría y la segunda vuelta sea el método se sacársela de encima porque todo lo demás falló, no se quiso usar o los contendientes prefieren negar que están frente a un grupo fuera de la ley y hacerse cargo de eso. La segunda vuelta en sí, es una aberración.

Teoría de la ruptura del abuso (reflexión para no escuchar la #CadenaNacional)

Adora abusar del poder la señora Kirchner, practicar la humillación, gozar del aplauso a cualquier cosa que diga. Tiene un público que ya ha sido despojado de todo. Entregaron su alma por estar adentro y no afuera padeciéndola. Ese ser humano y su grupo despreciable son el emergente perfecto de un sistema político mal diseñado, torcido en la historia y profundamente incomprendido por todos. Porque no hay incentivos para comprenderlo sino para estar en alguna red de complicidades que simule ser lo que no es. Lo único que les interesa a accionistas del que comanda esa mujer es no caerse del bote.

Scioli al final, contra todos los que siempre quisieron verlo como distinto, es el peor de todos ellos. Aclaremos, auténtico no hay ninguno. Lo que pasa es que Scioli está manchado para el grupo malvado porque parece tener otro color. No porque hubiera sido “menemista”, muchos otros tipejos vienen de ahí y ahora dicen que tienen una jefa incuestionable. Entre el marxismo y la servidumbre de la gleba para ellos no hay ninguna diferencia, todo se trata de obedecer y convertirse en residuo, para obtener cositas. Toda creencia, teoría, pseudo teoría o moraleja de chicle bazooka, sirve para explicar por qué se está ahí, aunque la única real es querer pertenecer al proyecto de vida de una rata. Las ratas han sobrevivido en la humanidad, no nos equivoquemos. Los sciolis han llegado hasta aquí con sus genes así, siendo como es este. Que haya una porción importante de la población con dignidad intentando mejorarse, gozando de autoestima y promoviendo una ética consecuente, es un fenómeno novedoso y privado; otra victoria del milagro llamado capitalismo de los últimos dos siglos. Digo milagro no en un sentido místico, sino porque irrumpió por una sucesión de acontecimientos, no por convicciones de iluminados que lo instauraran como una religión alternativa.

El gran error de nuestro proyecto constitucional – y no solo del nuestro, de todos – es querer establecer relaciones políticas, de por si peligrosas y caldo de cultivo para cualquier cosa, en base a prohibiciones formales y al diseño de unos mecanismos que por sí solos parecían conducir a la protección de la libertad (donde crece la ética, la dignidad y los sciolis lustran zapatos o se hacen útiles en cosas más importantes a fuerza de ser pagados y ordenados para serlo). La falla es que no tiene puerta de salida y entonces por más que todo parezca funcionar en el tablero de dibujo, a la larga la política como abuso se abre paso, incluso usando todas las palabras que significaban todo lo contrario al abuso. Por eso no hay que violar palabras como libertad, propiedad, justicia o república, hay que convertirlas en otra cosa. El populismo como una alta expresión de este deterioro, explota al débil y si no lo encuentra lo crea. Convierte al débil en número y al número en fuerza y privilegios para los ellos y sus secuaces. Se les suman los sciolis, los eichmann que se auto flagelan para pertenecer, flagelando ciegamente.

La salida de ganarles en número también se cierra, porque recaudan, compran, asustan, disciplinan. Todo eso sería inútil si hubiera salida de verdad. Es totalmente impotente una parte de una relación libre por más trampas y manipulaciones que utilice, si la otra abre la puerta y se va. El gran problema constitucional del siglo xxi no son los monarcas absolutos, sino al absolutismo del propio sistema diseñado por la constitución. Y ese problema en mi opinión tiene una sola solución: la salida. Que es el mismo resorte a nuestra disposición frente a un mal supermercado, un mal frabricante de autos o un mal diario.

La cosa va por varias vías: la apertura a la emigración, que depende de crear otro clima internacional y terminar con toda la mitología xenófoba del último siglo y la ignorancia acerca de que los extranjeros traen desocupación y no riqueza. A esa ignorancia han contribuido los economistas mitológicos que sirven al poder como lo servían los bufones y los cortesanos, que son capaces de aplaudir el ingreso de un medio de producción como el capital, pero siembran el miedo de la recepción de otro, el trabajo. El criterio económico de la restricción a la inmigración es totalmente equivocado.

La otra es la secesión. Los países tienen que poder dividirse, juntarse, separarse en ciudades, todas las veces que quieran, si el sistema político pretende estar basado en la libertad. No sólo por coherencia, sino porque las relaciones abusivas se solucionan saliendo, no llorando, no protestando, no queriendo convencer al abusador o tratándolo como un gobernante legítimo.

La tercera es una variante de la segunda. La creación sobre un territorio de dos sistemas políticos diferenciados. El populismo, el país de sciolis y el despojo humano que preside la Argentina que está gritando en este momento estupideces en una cadena nacional, explican cada vez que abren la boca y durante todo el tiempo que la tienen abierta, que todo lo malo que pasa lo hacemos los que no somos sus esclavos, no los queremos y los criticamos por sus crímenes y sus afanos. Es el momento para que se quiten de encima todos sus problemas. Esto es algo sobre lo que vengo insistiendo desde el 2004 y vi que varios han llegado a la misma conclusión, de manera que es hora de ponerse a pensar en hacer esta propuesta. Una parte del territorio para los que somos menos, la peor si se quiere. Otra para los que son más y están podridos de todas las cosas malas que les hacemos y como no los reconocemos. Se puede elegir vivir sufriendo el “neoliberalismo” con nosotros o quedarse en el paraíso que se inició el 25 de mayo de 2003. Cada uno hace lo que quiere y seguro ellos se convertirán en potencia, como decía Isabel, y se reirán de nuestra desgracia.

Ahora que pusieron de moda con su neolengua la palabra femicidio, siempre decimos que la mujer que recibe un golpe se tiene que ir. Es lo primero. No intentar reformar ni aguantar al agresor. Bueno, a ver si nos damos cuenta de que todo responde a una noción más abstracta, que es que del abuso no se sigue un debate, sino una ruptura.

PS: Aprovecho para pasar un aviso parroquial. Estoy por empezar una columna en radio, a pedido de mucha gente que me lo pide. Busco financiamiento privado, comercial no lo va a haber. No lo había hace varios años, menos lo va a haber ahora. Interesados por favor encuentren la forma de contactarse conmigo. Gracias.

Una cláusula constitucional

Un proyecto de Constitución redactado por mi, contendría esta cláusula:

No pueden votar:

1. Los empleados públicos ni los funcionarios o magistrados o cualquiera que se encuentre a sueldo de la nación.
2. Los accionistas, directivos o empleados de empresas contratistas del estado.
3. Quienes reciban subsidios, dádivas o beneficios a cargo de la nación, hasta cinco años después de haberlos recibido.
4. Cualquier tipo de empresa o individuo que propague publicidad oficial paga, ni sus directivos o empleados.
5. Los cónyuges o parientes en primer grado de quienes se encuentran comprendidos en las categorías anteriores.

Elijan de qué lado quieren estar. Hay una incompatibilidad ética evidente.

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