En defensa de los pobres buitres

Buitres
Poco falta para que los jóvenes y no tan jóvenes de la Cámpora se pongan a cazar buitres para llevárselos a su reina como quién le ofrece una manzana a la maestra. Pero los pobres animales qué daño hacen, se alimentan en general de otros animales muertos, es decir son ecológicamente casi vegetarianos. Es fácil apelar a ellos para generar rechazo porque están lejos de ser elegantes a la hora de comer y si se los usa para asustar a los niños son ideales ¿Quién quiere ver comer cadáveres? Buitre pájaro malo está muy bien para que los chicos obedezcan, en un formato educativo de la época del viejo de la bolsa, un poco escabroso pero efectivo, un poco alejado de los gustos actuales por Avatar y Pocahontas.

Héroes
Volvió la Fragata Libertad pero no de alguna batalla sino de un embargo en Ghana, donde estuvo secuestrada por pedido de fondos tenedores de deuda impaga argentina, llamados buitres. El rescate no lo produjo la Armada Nacional, ni tampoco la tripulación escapó repartiendo cañonazos, fue todo cuestión de abogados y de invocar que como estado la Argentina tiene privilegios. Es decir Zafamos.
Pero la señora Kirchner organizó un espectáculo épico con aviones haciendo acrobacias, humo celeste y blanco y un acto reservado para fanáticos a los cuales se les pueda decir cualquier cosa que igual van a aplaudir. El único interés del auditorio era demostrar subordinación sin valor, por eso no se veía entre la concurrencia, en un acto que pretendía ser nacionalista, ni una sola bandera. Todas eran identificaciones tribales de distintos grupos que buscan puestos públicos y compiten por la atención presidencial.
A ese tipo de público hablarle de buitres es muy útil, no se van a plantear cosas como quejarse por el hecho de que en la comparación pareciera que el país es un cadáver.
Pero de cualquier modo no es así, nadie nos quiere comer, sino que nos quieren cobrar. Escuchan discursos presidenciales y se preguntan por qué un paraíso, el mejor país de la tierra y del universo no se hace cargo de los que les debe o negocia con ellos y tiene que cuidarse de no pasear sus bienes por el mundo para que no se los quede algún acreedor.
Es como una señora que se viste con su mejor vestido y se adorna con sus alhajas para concurrir a una fiesta de gala y se encuentra que le quitan el collar que más quiere, me decía un abogado hablando sobre la situación de la Fragata en Ghana. A mi me parecía, le dije, que era más comparable con esa señora que va de fiesta, sin haber pagado la cuota del televisor o la cuenta de la luz.
Después de que los granaderos entonaran la pieza clásica “Avanti Morocha” para no estar fuera de tono con el fervor kirchnerista, llegó la señora en el helicóptero dejándose ver en el horizonte marino. Vaya uno a saber si esa era la mejor ruta, pero sin duda era conveniente para los productores de espectáculos que se encargan de la estética fascista aggiornada de los actos oficiales. Abrió el acto diciendo “Patria si, colonia no”, porque seguro que hasta hace unos días éramos colonia de Ghana, mientras que Estados Unidos nos dio el apoyo y Gran Bretaña nos ofrece en alquiler sus mejores aviones para los viajes presidenciales.
Dirigió un reconocimiento a la valentía de la la tripulación y su capitán, que le dedicaron, se supone, una placa por su maravillosa defensa de la soberanía nacional, aunque no venían de batirse con la armada del país africano, sino de esperar tomando mate a que los abogados hicieran su trabajo.
En la explicación de la maldad de los Fondos Buitres siempre está el horrible deseo de ganar que tienen por haber comprado una deuda en el momento del default a un precio ínfimo, para cobrarla después al cien por ciento. Si sacamos a las alimañas y los cuentos para asustar niños, podemos ver que el deudor recibió un capital al cien por ciento y está tratando de quedarse con una parte que no es de su cuerpo comido por un buitre sino de su víctima, el pequeño acreedor que en el momento del gran paga Dios, no está en condiciones de litigar por años. Los fondos que compran deuda en default, compren al diez por ciento, al veinticinco o al porcentaje que sea del capital nominal, están sosteniendo el precio porque de no existir esos papeles hubieran servido en su momento para encender un asado. Me refiero a la época en que se comía carne en la Argentina.
Los fondos concentran volumen y por lo tanto están en condiciones de esperar, molestar, embargar fragatas, atosigar al acreedor que dijo te pago el veinticinco por ciento, si no te gusta embromate y te doy un plazo más allá ni me vengas a hablar porque la puerta estará cerrada.
Igual no está muy claro si lo que hay que aplaudir es el pago o el no pago, porque en el mismo discurso la señora Kirchner se jactó de toda la deuda que había cancelado su gobierno y su antecesor y marido. Los militantes de la Cámpora y los empresarias Boudou, Bonafini y Carlotto aplaudieron ambas cosas con la misma algarabía.
Por supuesto que los deudores a veces fallan y tienen problemas, pero poner a los acreedores seducidos por una poco fundamentada seriedad de un deudor que les pidió dinero en su momento, en el lugar de los malos de la película, es un tanto caradura.
Los estados en realidad deberían ir a la quiebra, y debería terminarse con las inmunidades que no tienen fundamento moral alguno. O al menos en un proceso de quiebra limitar al mínimo los bienes inembargables para el funcionamiento básico del estado fallido. Ni las embajadas, ni los barcos escuela, ni las compañías aéreas, ni los regalos que reciben los presidentes, son necesarios para el funcionamiento de un gobierno. Ni para la población que en teoría (bastante graciosa) ese gobierno sirve. Entonces las situaciones no se eternizarían como la de la Argentina, los que venden deuda pública a cambio de jugosas comisiones tendrían que hacerse responsables frente a sus clientes, y los acreedores cobrarían lo que es posible y no lo que le queda cómodo al deudor.
En nuestro caso nos vendría genial el remate de Aerolíneas Argentinas, tierras fiscales inútiles, el Fútbol para Bobos, YPF, Canal 7 y Radio Nacional. No pretenderíamos que se lleven el contenido porque después nos harían otro juicio, pero al menos nos sacarían un gran problema. Para ser estatista entonces habría que ser ricos y tontos y no pobres y tontos como ahora.
Aunque les parezca a muchos muy nacionalista acompañar todas estas muestras de falta de vergüenza, siendo nosotros principales acreedores en servicios incumplidos y deudores en impuestos e inflación no consentidas del mismo estado que aquellos fondos, lo más lógico parece expresar solidaridad con ellos a los que les toca padecer la estafa de un estado depredador una vez en la vida, mientras para nosotros es rutina y no agitar las banderitas, que somos tan víctimas como ellos del mismo victimario.

La formalidad de explicar

El chavismo piensa inaugurar un capítulo más en la historia de la simulación que es este recuerdo de república y democracia dentro del cual se construyen vulgares dictaduras. Vulgares en cuanto a sus modos, a sus protagonistas, a sus explicaciones, a sus vueltas a explicar lo que no cerraba. Dictaduras en cuanto a que lo único que rige, lo que no tiene que ser explicado sino que es el origen de todas las explicaciones, lo único que no es una formalidad, es la voluntad del poder.
Ya hemos llegado a las asunciones presidenciales virtuales. Si Chavez esta vivo, muerto, en estado vegetativo o en coma, da igual, se trata de una formalidad, como la república y la democracia ya son formalidades. Lo que sabemos y es cierto, el fondo, aquello que esas formalidades cubren es que Chavez es el dueño del poder y si quiere se lo da a Maduro y este si quiere negocia algún arreglo con el señor Cabello, así como es cierto que la población es espectadora. Por más que vote, lo único que se les explicará es como es que esto sigue siendo una república con una constitución y si no les gusta es porque son de la derecha, malos o locos. ¿Quién le teme a la población? ¿Qué van a hacer, manifestarse? Que lo hagan, a ver si se enteran de que no tienen ni las armas ni el poder impositivo, ni la facultad de examinar la vida, obra y patrimonio de quien se les antoje, ni los resortes para perseguir, ni son los que autorizan a los quioscos a existir, que se han creído aquello del intervencionismo que los iba a beneficiar y de repente se dan cuenta de que no son dueños de nada, ni de sus dólares ni de hablar, ni mucho menos tienen acceso a los organismos internacionales, de los que los déspotas no son jamás expulsados.
La Argentina está entre las mejores alumnas, pero también hizo escuela con el peronismo y el kirchnerismo es el paroxismo de la simulación de la explicación.
Pero no a todo el mundo le resulta fácil entender la diferencia entre la realidad y la propia simulación. Si algo caracteriza a esta época son los bandidos airados, ofendidos, pontificadores. A los vagos levantándole el dedo aun gran profesor.
Las pastillas son las que tienen que apagar a esas consciencias alteradas, atrapadas entre el fuego de un relato que les dice que son héroes y una realidad que les dice que son bandidos.
Los pequeños monigotes tienen su conflicto entre ser unos miserables sin destino cabezas huecas sosteniendo una cleptocracia o ese relato en el que juegan el papel de samuráis en Twitter.
Es todo tan grueso.
La señora Kirchner descontrolada el fin de semana hablando de “hipotecas” de automóviles porque la Justicia y el Derecho son una formalidad que entorpece sus deseos de venganza que son la única ley ¿Qué se creen que son los jueces? ¿Y un actor, con todo lo que ella corrompe a los actores, de dónde sacó que puede hablar de su fortuna? ¿Qué formalidad se tragó ese individuo? Por otra parte ¿cuál fortuna, quién robó? El mundo de las formalidades es el que hay que clausurar. Lo único que restablecerá la eficacia de las pastillas es que la realidad sea por completo derogada. Ese es el camino a la violencia extrema.
Hasta ahora parecía que los problemas eran las formalidades llamadas democracia y república. Pero ya pasamos ese punto. El problema son ya las explicaciones. Cualquier explicación. Incluso la explicación de una monarquía absoluta no serviría y enseguida debería ser revisada por el relato. Esta es en realidad la crisis de la necesidad en si de explicaciones del poder, la vuelta a la situación en la que gobierno y asaltante no eran dos realidades sino una sola. Después vendría Occidente con su mitología justificatoria y sus varias ideas de legitimidad. Ropajes que todos les quedan incómodos a los nuevos déspotas. No quieren ninguno porque ninguno les dura más allá de cada cambio de humor.
Al poder chavista kirchnerista no le cabe ninguna idea de legitimidad, no es que no le caben las republicanas y democráticas. El relato es la flexibilidad, el relato es la no explicación, el fin de las explicaciones por la vía inflacionaria de tener tantas, todos los días, una diferente a otra y contradictorias; construyendo la lógica desde la conclusión hacia las premisas.

Cuento: Renacer

Renacer

El día

Se volvió a subir a toda velocidad al mismo taxi del que se acababa de bajar en Paseo Colón y Bartolomé Mitre.

− De vuelta al mismo lugar de donde vinimos

“No me diga que se olvidó algo” dijo el taxista, pero el pasajero tranquilo y conversador que se había subido a su auto media hora antes era otro que esta persona que veía por el espejo retrovisor agitada, mirando para todos lados, chequeando el reloj a cada minuto.

Sebastian había recibido recién el llamado que esperaba desde hacía dos meses para cumplir su parte del plan. “No hay mejor ciego que el que no puede ver” dijo la voz en su celular desde un número no identificado.

Por eso corría, por eso hubiera querido tener el acelerador a su cargo o ser llevado por un helicóptero. Por eso ya no hablaba con chofer ni le contestaba sus comentarios. No importaban el taxista, ni lo que estaba por hacer antes de que lo llamaran. Lo único que quería era llegar antes de las once, para correr el programa Renacer y que la fiesta comience.

Estaba abrazado a la carpeta que traía, las dos manos la sostenían con mucha fuerza como si fueran su única conexión con el mundo, por si despegaba el planeta como un cohete y existiera el riesgo de que se fuera sin el. La gente que veía manejando sus autos, caminando apurada o esperando en la parada del colectivo no sabía lo que estaba por pasar, que sus vidas estaban a punto de cambiar ¿Qué fecha es hoy? ¿Que fecha? ¿Qué fecha? Vamos por partes, pensaba, es febrero si. Es febrero y es… Hoy es 24 de Febrero de 2018. Era el día, esperaba vivir para ver el cambio de nombre de alguna gran avenida por el de 24 de Febrero.

El taxista lo vió bajar la cabeza, apoyarse sobre la carpeta que estba sosteniendo y cerrar los ojos. Cuando los abrió se veían húmedos.

“¿Le pasa algo amigo?”

− No, nada, solo un problema familiar.

Al llegar abrió la puerta antes de que el automóvil se detuviera. Sacó del bolsillo un billete de mil para pagar los ochocientos sesenta pesos que marcaba el taxímetro y le dijo al chofer que se guarde el cambio. Ni esperó el agradecimiento y ya estaba debajo cerrando la puerta y dirigiéndose a toda prisa hacia su casa.

Subió lo dos pisos por la escalera. Tropezó antes de llegar y soltó la carpeta para poder sostenerse en la pared. La dejó en el piso, abrió la puerta del departamento y la cerró tras de si con un gran golpe. Se sentó en el escritorio, encendió la computadora y esperó lo que le pareció una eternidad hasta que la máquina estuvo lista para recibir sus instrucciones. Sostuvo la tecla Ctrl+Shift y digitó el código 962DUT915. Se abrió la pantalla de Renacer.

“¿Listo para el renacimiento?” dijo una voz desde la máquina.

“Si”, respondió.

“Diga el código por favor”

“AA45832 ZRT 493 5127”.

“Correcto, llave número 3 abierta. Solo quedan 2” respondió Renacer.

Se levantó de la silla, se tomó la cabeza mirando al techo. Se sentó en el sillón, se tiró hacia atrás y comenzó a llorar. Toda la tensión de los últimos cinco años desde que fue reclutado en Renacer se liberó en esas llanto que no se detuvo durante varios minutos. Encendió la televisión y esperó noticias. Se levantó y se dirigió a la escalera a buscar la carpeta que había dejado. Se sirvió un te. Se sentó en el piso a esperar.

A las doce menos diez Renacer anunció: “Llave número 4 abierta. Solo queda una” Ya falta poco. Pasaron otros cinco minutos a lo sumo y otra vez la voz de Renacer, “Llave número 5 abierta. Se inicia el proceso”.

La noche

En el local de la AFIP María levantó el teléfono para llamar a sistemas. Algo estaba fallando. En el medio de la pantalla apareció la figura de Pacman comiendo poco a poco los datos que estaba consultando con el sonido característico de ese juego. Un virus en su terminal tal vez. “No puede ser”, le aclararon en sistemas. “Un momento” pide el técnico que recibe otra llamada por el mismo problema de otro usuario. Después de otro y otro; María podía oír como les respondía cada vez gritando más. Su llamada se cortó y no pudo volver a comunicarse. Salió de su oficina y vio que los pasillos estaban llenos de empleados comentando lo que pasaba. En todas las pantallas de la agencia 51 Pacman hacía lo mismo que en su computadora.

“No es sólo nuestra agencia” dice el director cruzado de brazos, sosteniéndose el mentón y mirando hacia el piso. “¿Algo se está comiendo los datos?” preguntó alguien. “No creo, debe estar atacando a las terminales, nosotros no tenemos acceso real a las bases de datos”.

Los botones de los teléfonos empezaron a titilar. Un empleado comprobó que tampoco funcionaban más.

En el televisor el Canal del País se veía un partido de fútbol. La luz se cortó después de media hora. La gente empezó a salir a la calle. Había una gran muchedumbre que venía de otras oficinas como el Banco Nación, la Dirección de Rentas de la Ciudad, el Ministerio de Justicia. En todos lados el Pacman parecía al menos haberse comido todo. No había otra información, solo rumores. “Esto es como lo que pasó con GMail”, dijo una señora, “alguna falla general, después lo arreglan”. Los transeúntes se detenían a preguntar qué pasaba, pero nadie lo sabía. Los locales vecinos siguían funcionando, la farmacia, la parrilla, los edificios de oficinas privados no parecen tener ningún problema.

Algunos empleados se sentaban en el cordón, otros ocupaban las mesas del restorán y de los bares de la cuadra. Esperaron hasta las seis de la tarde, hora de salida, y se fueron a sus casas sin saber todavía cual era la situación ni recibir ninguna comunicación oficial, queriendo en el fondo que el problema se prolongue hasta el día siguiente para no tener que trabajar.

En el subterráneo la gente miraba las pantallas donde anuncian que se ha producido un apagón informático en los sistemas del gobierno nacional y los gobiernos provinciales y municipios. Todo el Estado había quedado desconectado y sin sistemas, hasta los correos electrónicos parecían perdidos, pero estimaban las autoridades que pronto volverían a la normalidad. “Si lo cuentan es porque es grave” gritó un anciano. Después de eso el canal del país siguió con su programación, un documental sobre comida autóctona nacional presentado por la nueva mujer de Fito Páez.

Sebastián recibió otro mensaje de texto anónimo a las siete de la tarde “La ceguera es del cien por ciento. Corte de energía llegó tarde. Informe por favor”.

Se puso el sobretodo y salió a la calle. Se cruzó con el portero, intercambió saludos y caminó siguiendo la ruta trazada. Por Julián Alvarez hasta la Avenida Santa Fe. Se dirigió con rumbo al centro, llegó hasta Callao y dobló hacia el sur hasta Avenida Cordoba. Llegó hasta Salguero y volvió a Santa Fe y a su casa. El recorrido duró cincuenta minutos. “Nada particular. 48” escribió en un mensaje de texto dirigido a un número que tenía identificado como “Informe Día Cero”. Segundos después recibió un “Ok”, borró el registro del mensaje y el número de teléfono.

48 era el número de circuito que debía recorrer para indicar si había visto hechos fuera de lo común, algún signo de problemas. No había visto nada de eso en su caminata. Algunas personas hablaban del apagón, pero nada más.

La madrugada

Había pasado una semana desde el Día Cero. Ni el canal de televisión, ni la radio, ni Tiempo Argentino, los únicos medios que quedaron después de la Ley de Pluralidad de Voces, habían dicho algo preciso sobre la situación o sobre si se terminaría o si estaban trabajando en volver a encender al estado que había desaparecido. Circulaban todo tipo rumores en foros de internet de que no se habían podido liquidar sueldos, ni hacer pagos, ni recibido pagos de impuestos.

La actividad económica siguió desarrollándose de modo normal. Si alguien había decretado un asueto, nadie se enteró. El lunes empezó a repartirse un diario clandestino en el microcentro de Buenos Aires llamado El Zonda. Tiempo Argentino lo denunció en la tapa como una actividad ilegal, que impedía a los demás expresar sus ideas. La nota la firmó la dueña del medio Victoria Vanucci. Recordó que Tiempo Argentino fue designado por ley del congreso como el diario del Pueblo y que si alguien pretendía hacer las cosas de otra manera debía presentarse a elecciones y ganarlas, pero de ninguna manera alzarse contra la ley y la pluralidad actuando por las suyas.

De cualquier manera ese fue el último número de Tiempo Argentino. Los empleados se enteraron de que el estado no podría pagar el Fondo Democrático con el que se mantenía y que a fin de mes no habría sueldos. Hubo una asamblea improvisada, informo El Zonda, después de la cual Vanucci salió del país y el diario cerró. En el edificio se instaló días después un prostíbulo.

En pocas semanas otras publicaciones como El Zonda empezaron a aparecer en todo el país. En algunos casos eran blogs personales que se imprimían y conseguían apoyo publicitario.

Muchas personas conservaban sintonizadores de radio con más de una frecuencia que habían quedado obsoletos desde la Ley de Pluralidad de Voces. De repente encontraron que girando el dial más allá de Radio Nacional había otras estaciones nuevas. Unas con música, otras insultando al gobierno, algunas predicando y anunciando el fin del mundo.

Llevó más tiempo que volvieran a existir otros canales de televisión. Ocurrió cuando cerró canal 7, el canal del país, cosa de la que no se enteró mucha gente porque nadie lo veía. Un grupo de ex empleados jubilados de los viejos canales privados se juntaron y lo empezaron a operar como TV Libertad. Pronto ganó audiencia y apareció la competencia.

Para entonces ya se sabía que el 24 de Febrero un ataque organizado por un grupo aún no identificado había destruido los sistemas de todo el estado, borrando todo dato sobre contribuyentes, incluso identidades personales, cuentas de correo electrónico de funcionarios y cuentas bancarias oficiales. No había claves tributarias, ni constancias de declaraciones juradas. Quedaban papeles imposibles de consultar y a fines de marzo una sucesión de incendios acabó con lo que quedaba de las agencias de la AFIP.

Cuando el ataque comenzó el presidente fue informado y atinó a ordenar que se cortara el suministro eléctrico de toda oficina pública empezando por la AFIP. Pero fue inútil, nunca pudieron recuperar un solo dato. Las oficinas públicas se vaciaron, no existía recaudación, por lo tanto tampoco pago a proveedores ni empleados.

Por todo el país el campo, el comercio y la industria florecieron sin impuestos, sus rendimientos cambiaron por completo, subían los salarios. Fueron los comerciantes de la calle Florida los que tomaron la iniciativa que imitaron muchos después para mantener la seguridad. Formaron una cooperadora para sostener el funcionamiento de la comisaría. Decidieron cambiar los uniformes y mejorar el equipamiento. El índice de delitos se redujo casi a cero.

En Córdoba los supermercados fueron los primeros en hacer circular una moneda que remplazó al peso. Los intercambios comenzaron a hacerse con metales, billetes emitidos por empresas o electrónicamente.

Se organizaron centros educativos con una enorme variedad de orientaciones y para todos los presupuestos.

En Facebook un grupo de abogados constitucionalistas se convirtió en referencia para la solución de temas prácticos. Ahí surgió la idea de que los jueces que había quedado sin trabajo ofrecieran sus servicios para resolver conflictos privados de acuerdo a sus criterios. Se informaba sobre cómo los jueces iban resolviendo conflictos y había largos debates sobre cada tema. Se dieron consejos para organizar las tareas de limpieza y mantenimiento de los espacios públicos. Aparecieron distintos modelos de organización en la ciudades y a medida que se ganaba experiencia y se conocía que en alguna ciudad o barrio les había ido bien siguiendo alguna idea, la imitaban otros.

A los encargados de resolver los problemas comunes se les llamó por regla general intendentes. Eran verdaderos empresarios ofreciendo sus servicios y convenciendo a la gente de financiar sus actividades. Había plata para todo, no había impuestos de ninguna naturaleza. Fue el primer consenso general el de no establecer impuestos nunca más. Cualquiera que quisiera participar en la vida pública debía aceptar que los únicos fondos con los que podía contar eran los que fueran pagos por servicios consentidos de manera expresa y aportes voluntarios que debía obtener convenciendo y mostrando resultados.

El presidente Scioli siguió llamándose a si mismo presidente en su página web, pero no tenía ningún atributo del poder. La quinta presidencial de Olivos fue convertida en Parque de la Libertad por los vecinos, después de que fuera rematada por falta de pago por la empresa proveedora de electricidad ante el juez arbitral y donada para el uso común. Después de eso Scioli se trasladó a la casa del del Abasto donde ejerció como Intendente del barrio algunos meses hasta que fue desplazado por otro empresario.

La Fundación Justicia y Libertad llevó a cabo una colecta en todo el país para el mantenimiento de las cárceles con mucho éxito. Encargaron la administración a distintas empresas. Había temor de que Cristina Kirchner y los dos mil setecientos presos por corrupción y abuso del poder escaparan del país, pero eso no sucedió porque los aportes para sostener el sistema fueron masivos. Hubo más de un intento de linchamiento, pero los intendentes de la zona pudieron contener a la población y todo se calmó.

Google comenzó a proveer servicios como registros de propiedad y documentación para viajes. Después lo hicieron Yahoo y Facbook y Apple lanzó ICity, un dispositivo para peticionar y votar identificando a la persona que participaba.

La mañana

La Asociación de Intendentes del Río de la Plata se encontraba en pleno funcionamiento nueve meses después del apagón. Designaron un Ministro Plenipotenciario de las Intendencias del Río de la Plata que se encargó de llevar adelante las relaciones internacionales, la venta de las embajadas en todo el mundo y el reparto del producido entre la población.

Las embajadas fueron reemplazadas por una cuenta Premium ilimitada de Skype para el Ministro Plenipotenciario.

La IRP decidió en su segunda asamblea anual no aceptar la invitación a formar parte de las Naciones Unidas. Se trataba de un organismo destinado a desaparecer, como el resto de las organizaciones multiraterales después de que el Apagón Argentino, como se lo había designado en Wikipedia, se repitiera en Brasil, Alemania, Sudáfrica, Australia, Venezuela, Ecuador, Mexico, Cuba, Irán, Corea del Norte y Canadá. Desde Francia llegaban noticias ese mismo día de que el movimiento Gerard de Pardieu estaba detrás de la desconexión del estado bajo el lema Paz, Libertad y Amistad.

Todo indicaba que el movimiento continuaría en el resto del mundo. Distintas entidades de intendentes de los distintos países y cosas parecidas establecieron relaciones a través de un foro público en Internet.

En 2025 se estrenó el Himno al 24 de Febrero, cantado por Madonna en el teatro del mismo nombre, ex Congreso Nacional.

Organización de Personas Unidas

Sigo con el mismo tema de ayer. Las declaraciones de derechos constitucionales fueron el último eslabón de una cadena de cambios en las relaciones de poder. Por desgracia el peso de los aparatos estatales a la larga produjo su propia cadena de cambios pero en sentido contrario, por eso hablar de los derechos individuales suena fuera de tiempo.
El interlocutor no comprometido con la idea a lo sumo escuchará con interés lo que se le dice, pero no lo tomará como su tema. En su mundo la cuestión es qué cosa linda se puede hacer usando el garrote del poder, porque pensar que las personas resuelven por si mismas los problemas sin necesidad de alguien que los ponga en raya es casi una superstición, creer en la magia de una mano invisible. No puede ser, siempre debe haber un organismo velando por nuestras acciones, dados nuestros defectos, bajo el supuesto no del todo consciente de que por suerte los organismos están formado por una gente de una categoría superior. Esos que para nosotros son empleados públicos tomando el desayuno arriba de un expediente viejo.
Los derechos de los que le hablamos ponen en juego la seguridad virtual del estado protector. Que no es tal, se lo podemos mostrar tantas veces, pero en sus genes está la memoria de todos sus antepasados creyendo en lo que no pueden ver. Creyendo más en lo que no pueden ver que en lo que pueden ver y quemando a los que ven. Así que la cosa está difícil. Encima si los organismos son internacionales, la sensación de control es mayor. No es lo mismo que nos alarme y clausure la alarma la Organización Mundial de la Salud con un virus que va a terminar con la humanidad, a que lo haga el médico de la esquina que es de carne y hueso, como nosotros, va al baño, come golosinas.
Desde aquellas alturas piensan en nosotros, nos protegen, los mismos de los cuales nos teníamos que proteger hasta que todo el mundo se compró el mito de la seguridad que nos provee el que lleva el garrote en la mano, reemplazando a una divinidad menos exitosa. Los tratados requieren muchos hoteles cinco estrellas y viajes en primera clase. Gente que no se arregla con unos sandwichitos de miga ¿A quién le importa semejante detalle? Después se harán las comisiones, y los viajes de control para hacer informes y ponerlos en la página web. Se le dirá a los redactores que no pongan nada demasiado definido, alguien se puede enojar. Plata; la plata que se paga con impuestos. Mientas se cede el ámbito de discusión de nuestra libertad, no vayan a esperar una declaración de derechos frente al fisco, una prohibición de prohibir actividades privadas o la facultad de consumir lo que se le cante al que lo quiera consumir sin violar los derechos de otros. Menos algo que nos proteja contra las regulaciones de internet, las trabas al comercio virtual. No, ahí se hace diplomacia y con los socios del sindicato, los gobiernos que eran el gran problema de nuestra libertad y ahora son nuestros papás, no hay que meterse.
Entonces creo que es hora de no dejar la definición de nuestros derechos ni su pretendida universalidad en manos ni de gobiernos, ni de entidades, ni de gente entrenada para no tener principios ni pasiones, en el acomodo, en esquivar los problemas.
Si el poder está ahí, transferido al lugar donde no hay vestigio alguno de democracia ni menos de controles republicanos, será ahí donde habrá que centrar los reclamos. Las personas del mundo que quieren ser libres, tendrán que actuar juntas, dejar de creerse las banderas, esas jaulas para primates que son las fronteras e iniciar un movimiento global que obligue a toda esta comparsa a frenar su carro.
Algo como una Organización de Personas Unidas que se protejan de sus protectores.

Les devuelvo los derechos humanos, devuélvanme los derechos individuales

Derechos humanos se llama a los que se originan en el derecho internacional a través de tratados. El apelativo “humanos” tiene la pretensión de darle universalidad a esas declaraciones, de beneficiar a cualquier persona bajo cualquier bandera sin importar el tipo de régimen político al que están sometidas.
Se trata de una universalidad sólo política por pertenecer a un orden multilateral que traspasa las fronteras. A diferencia de la universalidad conceptual que solo pueden alcanzar los derechos individuales, aquellos históricos que protegen de la arbitrariedad y que al pertenecer al ámbito interno de los países, intervienen en la relación entre el poder y las personas quiénes a su vez tienen todas el mismo status jurídico de individuos libres. Unos expresan una oda a lo humano según un estándar idealista y compartido y otros la libertad de personas, individuos en concreto tal cual son, que hacen cosas por si mismos aunque no quieran los otros humanos que las hagan o no les sirva.
Los derechos humanos nacen con la Carta de las Naciones Unidas, por iniciativa de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, un país totalitario y el resto con una tradición genérica de libertad. Los derechos humanos los igualaban sin que los contratantes exigieran desarmar el totalitarismo ni a la Unión Soviética ni a ninguno de los países que formaron las Naciones Unidas o los que se incorporaron después. Los derechos humanos por lo tanto, la Carta y todos los tratados que firmaron esos países tuvieron el primer efecto de legitimar las situaciones existentes de ausencia absoluta de libertad.
El segundo fue que las declaraciones tenían que conformar a todos los estados, pero son los estados los que atentan contra la libertad. Confiar en ese derecho internacional es como esperar que las cámaras empresarias manejen la libertad de comercio. Los derechos individuales son relaciones entre los estados y las personas beneficiarias. Los derechos humanos produjeron una ruptura en la legitimidad de los límites al poder, ya no los ponen o no se manifiestan frente a quienes padecen la arbitrariedad, sino los pares, el conjunto de los abusadores quienes paternalmente se dedican a la declamación poética sin intervención de los supuestos protegidos.
Con ese punto de partida el desarrollo histórico de los derechos humanos fue bastante previsible. Los estados totalitarios y sus grupos afines aplicaron la fórmula con la que el legitimismo monárquico desafió a la idea de la libertad individual: “Reclamo de vosotros y en nombre de vuestros principios, la libertad que os niego en nombre de los que me son propios”, frase atribuida a Luis Veuilliot que expresa a la perfección lo que la izquierda autoritaria ha venido realizando con los derechos humanos.
Los derechos humanos no quedaron en manos de esa izquierda revolucionaria porque haya algo en ellos que este cerca de su pensamiento. Todo lo contrario, mientras para los antiliberales es un gran negocio invocar principios que no cumplirán, para los liberales es un pésimo negocio invocar fórmulas genéricas, declaraciones huecas o derechos colectivizados cuando no directas habilitaciones al poder sin límites en nombre de los “derechos de la humanidad”, frente a los cuales encima la libertad de las personas en concreto debe ceder. Miremos lo que ocurrió en la Argentina en el año 1994, los tratados internacionales de derechos humanos fueron incorporados como derecho interno en un país mucho más libre en su constitución que cualquier tratado y sobre todo que cualquier autoridad internacional operada por los antiliberales, y las declaraciones, derechos y garantías quedaron convertidos en letra muerta. Hoy los jueces se dedican a aplicar el castigo de los dioses a los avaros que no ceden sus bienes y trabajo a cualquier necesidad en nombre de la bondad colectivista universalizada. Iniciativa de Elisa Carrió como convencional, dicho sea de paso.
Pasadas unas décadas estamos en que los derechos se definen en el nivel internacional y los ciudadanos ya no existen, no tienen injerencia alguna en esa materia. Los estados se dedican a inaugurar cuotas de poder para organismos en favor de las masas, se supone, a costa de minorías poco generosas, muy individualistas en sus formas de elegir, discriminatorias.
Los derechos humanos poseen una forma de legitimidad antiliberal. Por más que muchas veces digan cosas como que se prohíbe la tortura, lo cual está más que bien, el origen de esta declaración proviene de los aparatos políticos que están en condiciones de ejercer la tortura y han decidido apiadarse de nosotros, por ahora, mientras puedan usar la misma vía de legitimidad para esquilmarnos. Al lado de la prohibición de la tortura, que ya estaba prohibida en cualquier constitución liberal, nos imponen definiciones de la propiedad con las cuales la propiedad no existe (el tratado de San José de Costa Rica define propiedad con las mismas palabras con que lo hacía la constitución soviética, como el derecho al mero uso de los bienes), fórmulas para definir la libertad de expresión como “derecho a la información” que supondrá el control que ejercerá el enemigo de la información libre, el estado, sobre empresas que puedan competir con su poder.
Esta es la gran trampa que el siglo XX le deja al siglo XXI. Por más que los derechohumanistas antiliberales estén ahora en el poder y podamos usar nosotros de manera oportunista la frase de Veuilliot porque tampoco respetan, como nunca pensaron hacerlo, los derechos que invocaban en nombre de nuestros principios, la libertad que expresaban nuestras constituciones son un recuerdo del pasado.
El trabajo es liberarse de los sindicatos de gobiernos que son más peligrosos que los gobiernos solitos limitados a su espacio.
Es el momento en el que está claro que las personas en particular no tenemos nada entre las manos, como si no fuéramos humanos. Por eso pese a todo me planteo un cálculo optimista y sospecho que en diez años podemos juntar diez millones de personas en el mundo que digan: les devuelvo sus derechos humanos, devuélvanme mis derechos individuales.

Alak enojó a los derechohumanistas

El ministro de Justicia Julio Alak organizó un festejo de fin de año en la ex sede de la Escuela de Mecánica de la Armada que hoy hace de museo de los derechos humanos del pasado. Asado y brindis, más la obligación de los empleados del ministerio de asistir bajo amenaza de ser despedidos, porque estamos en ese orden tribal, entonces quién ocupa el cargo es dueño y amo y todo se hace en nombre de la igualdad.
Entonces se ofenden todos. Los derechohumanistas de aquella década, a los que nuestros derechos como humanos de hoy no les importan nada y la oposición indignada por la falta de respeto a la memoria de quienes pasaron por ese lugar cuando era un centro de detención.
Que farsa son los derechos humanos en la Argentina. Para el oficialismo, para la oposición que piensa que ese lugar es sagrado, para Alak que trata a sus empleados como esclavos pero es ministro de Justicia y Derechos Humanos. Hace un par de semanas ese mismo ministro hizo el trabajo sucio para Cristina Kirchner de maltratar a la Justicia por ser justa en lugar de satisfacer los deseos del poder. Fue en el trámite de la medida cautelar que protege al grupo Clarín del desguace al que quiere someterlo el oficialismo por no alinearse. Todo lo que recibe el apelativo de “organismo de derechos humanos” fue cómplice del ministro y de la presidente.
Derechos humanos por lo tanto significa conmemorar hechos del pasado para violar derechos en el presente, negar la función y la independencia judicial y desconocer el derecho a la disidencia.
A la oposición tampoco le importa nada de todo esto, el asunto es usar un paso en falso en el terreno de la mentira de los derechos humanos a la que ellos también se prestan, porque la población es tan inmoral que si no se portan como unos miserables corren serios riesgos de ser repudiados.
Así son las cosas y nadie se pregunta entonces qué era lo que estaba mal de la represión al terrorismo, si en definitiva nadie cree, menos que menos los organismos de derechos humanos, en la protección del individuo frente al poder, en la importancia de que exista una completa libertad de expresión, transparencia en la acción de gobierno y justicia independiente.
Siempre fue la queja que a los terroristas desaparecidos no se los hubiera juzgado regularmente y que a los que no estaban involucrados se les hubiera impedido defenderse y ser amparados por la presunción de inocencia. Pero esta misma gente cree que todos somos culpables de cualquier cosa si a la déspota discapacitada moral se le ocurre que somos un obstáculo. El algo habremos hecho está disponible, no les importa si nos espían como espiaban a sus familiares, si nos persiguen, si presionan a los jueces.
Si está bien ahora violar todo derecho humano posible, y algo peor todavía y muncho más peligroso y serio, violar todo derecho individual y garantía existente y hacer de la república un aguantadero por qué se quejan de lo que pasó más de treinta años atrás. Sobre el final del día, por si quedan dudas, la señora Bonafini anunció que entrarían a los tribunales si los tribunales no los satisfacen en permitir la destrucción de Clarín que quiere la déspota caprichosa.
Se llenan la boca hablando de “la dictadura”, como si hubiéramos tenido una sola, como si no la tuviéramos ahora, como si ellos no fueran parte de una, bochornosa, ladrona y chapucera.

Los lacayos demuestran lo que quieren desmentir

Muy enojados los chavistas en las redes sociales con mi comentario de ayer que salió publicado en Infobae.com. Me desearon la muerte, uno me dijo que esperaba que se me muriera un hijo, me llamaron rata, mediocre, ignorante y otras cositas menos elegantes aún. Y todo para demostrar que ellos en verdad son democráticos y yo estoy lleno de odio.
Este caldo, esta preparación para el lanzamiento sobre el denunciante que los muestra con el cuchillo entre los dientes es el tipo de clima que generan estas dictaduras, el enojo con cualquier espejo que les devuelva su imagen.
Ayer para rematar la confirmación el canciller, vicepresidente y heredero al trono de Venezuela Nicolás Maduro se presentó al público en la sede del poder central, en La Habana, para desmentir rumores sobre la muerte del dictador o su estado de coma inducido según había informado en sitio del diario ABC de España.
El secretismo del régimen tiene por objetivo que el público no tenga acceso a la información. El temor es que si se supiera lo que hacen, lo que les pasa, lo que ignoran, lo que improvisan, su poder se desvanecería. Por eso la política tiene que estar acompañada de la devoción y los gritos de lealtad diarios son la respuesta a la demanda del centro de poder de recibir confirmación de que nadie está preparando para ellos una guillotina. Es la prístina potencialidad de la traición lo que se combate todo el tiempo con adulación.
Los creyentes, como los chavistas que competían por los calificativos ayer, se sienten muy alterados cuando sus santos son tocados. Pero sobre todo les da miedo no insultar porque alguien puede sospechar que están de acuerdo con lo que leen, tal es la desconfianza en la que viven. Necesitan creer y su religión es tan tonta que cuando alaban al mandamás a cada paso tienen que exagerar sus demostraciones para creerlas ellos mismos.
Para la gente racional la necesidad es la información y cuando no la hay no queda más remedio que la especulación o la búsqueda del dato que se cuela y del rumor. El secretismo es el que provoca los rumores y a su vez el régimen, con un método que tienen bien aceitado en la dictadura cubana, utiliza la desorientación que ellos mismos provocan y los inevitables pasos en falso como un argumento para desprestigiar a la función periodística.
Maduro dice ayer que Chávez le pidió que diga la verdad siempre, pero no cumplió la promesa. Hizo un programa grabado con una entrenada sirviente del gobierno comunista de Cuba sin dar información, insinuando que Chávez estaba vivo pero sin mayores precisiones, salvo de las malas intenciones de la derecha. Los chavistas y el mundo terminaron de ver al delfín y tuvieron mucho más claro cuales eran esas malas intenciones de la derecha, llena de odio y alterada mentalmente (el formato es cansador y repetido, todo lo que hay fuera del sistema es locura y odio), que el estado de salud de su profeta.
Es grotesco argumentar que tienen un comandante infalible que no puede ser criticado ni cuestionado pero que no es un dictador, mientras ellos van hasta uniformados. Si ellos quieren un dictador, sería ridículo que no lo tuvieran.
Ayn Rand hablaba de dos perspectivas opuestas para ver al mundo. Una la de la supremacía de la existencia, la aceptación de que hay una realidad externa que puede conocerse y debe aceptarse para poder operar sobre ella. La otra es la de la supremacía de la consciencia, que consiste en dar preeminencia a la voluntad sobre la realidad, para moldearla y transformarla sin limitación, donde lo importante son la fe y la lealtad al credo. En la Argentina le llaman “relato”, pero no como un punto de vista y unos supuestos que están siempre presentes en cualquier argumentación sobre la realidad, sino directamente como un capricho cualquiera que conviene al poder y debe ser aceptado mediante intimidación, engaño, amenazas o insultos a los que no lo repitan. Un mantra oportunista del día a día.
Estamos en la política volviendo a una forma de misticismo y devoción, con mucho pedido de inquisición a los herejes. Es la forma en que ha vivido la humanidad casi siempre salvo el reciente y muy corto período liberal. Podemos involucionar, de eso no hay duda.
Pero a su vez es una gran oportunidad para explicar lo que está ocurriendo, denunciar a los déspotas y a sus sacerdotes aguantándose sus insultos porque el único destino que tienen es el de fracasar dado que la humanidad no tiene posibilidad económica de volverse al oscurantismo general sin provocar una gran matanza. Y nadie va a suicidarse, esto va a cambiar mucho antes de ser comprendido.

Los dictadores también se mueren

El mundo festeja el nuevo año y la pregunta que flota es si Hugo Chávez Frías, dictador electo de Venezuela, vive o no vive. A mediados de diciembre viajó a La Habana a someterse a la cuarta operación del cáncer que lo aqueja y como en todo régimen oscuro la información sobre su salud se ha convertido en un secreto de estado. El vicepresidente Nicolás maduro pasó el fin de año junto a su amo y señor y se limitó a informar que su estado es delicado.
Las dictaduras necesitan un grado de obediencia muy superior al de los países con libertad. Los liderazgos no son reales, sino un artificio fruto de la restricción, el impedimento a la gente de informarse y opinar, la persecución y el ahogamiento económico de la disidencia y el endiosamiento del mandamás. El dictador no puede ser un simple mortal porque entonces no se le permitirían sus caprichos con tanta facilidad.
Los dictadores viven atormentados por el terror porque se saben enemigos de todos aquellos a los que hacen infelices, a los que roban y dañan. Son conscientes de ser ladrones y cobardes y por lo tanto nada de eso puede saberse. Ante la duda todo es secreto porque las dictaduras son Cajas de Pandora potencialmente explosivas.
Por eso es que un sistema por antonomasia anti dictatorial como la república contiene entre uno de sus elementos esenciales el de la publicidad de los actos de gobierno (junto con la división de los poderes, la periodicidad de los mandatos, los derechos individuales y la representación). Es un sistema basado en la cosa pública. La información abierta y disponible para todos es uno de los antídotos para proteger la libertad de los gobernados.
La democracia en cambio es un sistema menos antidictatorial. Es una manera de formar gobierno basada en la soberanía popular. Se trata de una forma de legitimar al poder por medio de una entelequia llamada pueblo. Pueblo no es la mayoría, sino la totalidad de los ciudadanos en igualdad ante la ley. Un gobierno democrático es algo más que un gobierno elegido, es un gobierno del pueblo y, como agregara Abraham Lincoln en un famoso discurso, por el pueblo y para el pueblo.
La mayoría es apenas una regla de resolución de las diferencias internas, pero no es una base de legitimidad. La legitimidad se encuentrará en que el gobierno ejerza sus funciones en nombre y con responsabilidad frente a todos. Lo hará con sus criterios, pero lo hará de manera en que no pueda dudarse de que lo hace por todos, según su leal saber y entender. Porque dudar de esa intención es dudar de la legitimidad democrática de quién ejerce la representación.
Por eso es que la democracia es más que una forma de elección, es una forma de gobierno que debe mantenerse a lo largo de todo el mandato. Es menos antidictatorial que la república porque tiene menos elementos por si misma de prevención del abuso del poder, pero es suficiente para descartar cualquier forma de conflicto interno. Un gobierno que elige apoyarse en una parte del pueblo y ejercer el poder contra otra, no es un gobierno democrático. En una democracia en que existe ese colectivo de gente igual ante la ley, igual de ciudadanos, igual en su porción de soberanía, no puede el gobierno ser el instrumento de una lucha interna, ni de clases, ni de ningún otro tipo de facción.
La legitimidad de un gobierno de la mayoría en contra de la minoría se pierde, porque la minoría deja de tener motivos legítimos para obedecer y respetar los criterios de ese gobierno.
Los chavistas y sus amigos en Latinoamérica se enojan mucho cuando se llama a Chavez dictador. Ellos se sienten los herederos del socialismo que han encontrado que pueden ganar elecciones y por lo tanto ser democráticos. Todas sus intenciones de acabar con la libertad y con la propiedad parecen tener ya un un cauce por el hecho de que con una cuota de demagogia importante pueden llegar al poder, para después agregarle una cuota grande también de restricción a la libertad de opinar, de informar, una buena dosis de persecución y espionaje interno, salvaguardados por la voracidad fiscal internacional que les da permiso para hacer lo que hace unas pocas décadas hubiera sido considerado atroz, como es instalar el ojo del gran hermano en cada ingreso y gasto de las personas y meterse en sus billeteras. Con todo eso creen haber encontrado el aval para un gobierno abusivo al que habrá que someterse más allá de la amenaza por razones hasta morales.
Malas noticias, no lo han logrado. Antes enfrentaban a la democracia y mucho más a la república, por considerarlas con sentido común como sus grandes enemigas. Con el descubrimiento de que pueden ganar elecciones y con mayor facilidad reelegirse habiendo acogotado o corrompido a buena parte de la sociedad y que esquilmar a la gente se llama ahora financiar al estado, creen que se ganaron el derecho a realizar todo tipo de crímenes, pero todo es una máscara sin ningún valor. Tanto lo saben, que se enojan mucho cuando se los recuerda.
No hay nada incompatible entre un gobierno de la mayoría, que ya aclaré que no es una democracia, y una dictadura. Son en realidad amigos ideales. La dictadura consiste en una voluntad que se impone sobre los demás, una voluntad que abusa, que no está sometida a ninguna regla. Hay características que las hacen fáciles de reconocer, como el oscurantismo, el culto a la personalidad, la corrupción, la existencia de impunidad para los que están cercanos al poder, la división de la sociedad y el generar enfrentamientos internos, el fanatismo, el uso de lenguaje bélico para referirse a opiniones diferentes, la propaganda, el uso de los recursos públicos en provecho del gobierno y contra los opositores, el pánico a la crítica. Una mayoría puede elegir eso, y es fácil inducirla a elegir eso si el estado es puesto al servicio personal del gobernante y reparte subsidios y utiliza el empleo público como una forma de esclavitud, si agita a las masas con fantasmas y enemigos.
El límite con el que se encuentra es que para llevar a cabo la instalación de una dictadura, el gobierno de la mayoría necesita de un insumo que es el ataque a distintas minorías o individuos que actuarán de combustible, lo que hace que la representación del todo llamado pueblo desaparezca. Con eso también la obligación de las minorías de obedecer y hasta su deber de resistir. Un gobierno de la mayoría puede romper con esa forma de paz que es una democracia verdadera.
Chavez es, o ha sido, un dictador con todas las letras. Buena parte de la población de Venezuela se encuentra en el exilio, ha destruido el derecho de propiedad, maneja a los empleados públicos como sus esclavos y conduce una declarada y abierta guerra interna. Es el vencedor de una forma de guerra civil que él abrió y mantuvo abierta. El suyo ha sido un gobierno ilegítimo, por más que haya sido ratificado mil veces por la mayoría en la medida en que hayan sido reales los resultados y aún si no nos importara el fraude sistémico de utilizar los recursos públicos para comprometer la libertad de los ciudadanos al votar con dádivas y propaganda falsa.
El propio diccionario de la Real Academia Española que a veces no es demasiado preciso a la hora de definir términos políticos habla de la dictadura de un modo en el que se verá, no es para nada incompatible con la existencia de elecciones:
1. f. Dignidad y cargo de dictador.
2. f. Tiempo que dura.
3. f. Gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país.
4. f. Gobierno que en un país impone su autoridad violando la legislación anteriormente vigente.
5. f. País con esta forma de gobierno.
6. f. Predominio, fuerza dominante. La dictadura de la moda.
Tenemos un Chávez elegido y cayendo de manera exacta bajo las acepciones 3 y 4 y como consecuencia también en las otras.
Debe notarse que la acepción número 4 señala con mucha precisión esto de la violación de la legislación anteriormente vigente. Esto descarta la legitimidad de una revolución en democracia. Una revolución es un quebrantamiento del orden jurídico, la aplicación de leyes nuevas con retroactividad afectando derechos es un acto dictatorial, el utilizar el poder del estado para arrasar con el sistema constitucional anterior para perpetuarse en el poder, también es una forma de ejercicio dictatorial del poder, una forma de no reconocer crímenes y de creerse el gobernante que él es el que “dicta” las reglas de juego sin límite.
Ninguna elección avala crímenes, ningún plebiscito hubiera stantificado los campos de concentración nazis ni hubiera hecho ilegítimo resistirlos o escapar de ellos.
En una dictadura siempre habrá una enorme asimetría entre quienes se encuentran en el poder y los demás. Incluso la mayoría será a lo sumo una masa sometida a los límites de un criadero, será parte importante del pueblo sometido y su adhesión no será una muestra de libertad sino una prueba más de la existencia de la dictadura. Una dictadura podrá ser elegida eternamente con el voto mayoritario, pero siempre será un gobierno de una minoría privilegiada que vive a expensas de los demás.