No alimente a las personas

No alimente a las personas

Captura de pantalla 2015-11-01 a las 1.08.33 AMLos ambientalistas saben muy bien que alimentar a los animales salvajes los pone en peligro. Pierden sus habilidades para conseguir alimento y se vuelven dependientes de la mano humana.

Los voceros de la propaganda oficial suelen “acusar” al macrismo de querer suspender el programa de subsidios llamado “asignación universal por hijo”. Los amarillos se declaran inocentes de tener tal propósito y pueden exhibir entre sus filas a la autora del proyecto Elisa Carrió.

Está bien, estamos en campaña electoral y no se pueden esperar grandes dosis de realidad, menos después de más de una década de mentiras. Pero nadie dice lo que debería decirse: “No alimentes a las personas”. Son más que animales, quiere decir que disminuirlas al papel de recibir lo necesario para subsistir es un crimen perverso, que las deshumaniza y las transforma en improductivas, decadentes y dependientes. Es lógico hacerlo si el propósito es reducirlas a la servidumbre, pero en el nombre de su propio bien, hay que ser por lo menos muy negador o muy idiota.

Un proyecto político basado en el mantenimiento de una parte de la población sólo puede calificarse de maléfico. No he visto a nadie que necesite demasiada explicación cuando lee el cartel que se puede encontrar en todos los parques nacionales, también en la Argentina. No hay mucho que demostrar entonces sobre qué le hace a una persona tratarla como incapaz. El problema es que el que reparte tiene poder y el poder incluye el hacerse dueño del bien y del mal; criticar la alimentación a humanos es criticar al poder. En cambio los que arrojan pan a los pájaros, son nada.

Lo que es válido para la alimentación lo es para todas las otras necesidades de la vida. Los “buenos” crean “derechos” y sus beneficiarios se transforman en subanimales dependientes, capital político para el demagogo y el narcisista fanfarrón.

Captura de pantalla 2015-11-01 a las 1.15.36 AMEl ser humano cría gallinas, patos, vacas y otro tipo de animales que nunca tienen que preocuparse por la supervivencia porque tampoco volverán a las condiciones naturales jamás. El bienestar termina cuando al final del tratamiento, nos los comemos.

 

 

 

 

Los lacayos demuestran lo que quieren desmentir

Muy enojados los chavistas en las redes sociales con mi comentario de ayer que salió publicado en Infobae.com. Me desearon la muerte, uno me dijo que esperaba que se me muriera un hijo, me llamaron rata, mediocre, ignorante y otras cositas menos elegantes aún. Y todo para demostrar que ellos en verdad son democráticos y yo estoy lleno de odio.
Este caldo, esta preparación para el lanzamiento sobre el denunciante que los muestra con el cuchillo entre los dientes es el tipo de clima que generan estas dictaduras, el enojo con cualquier espejo que les devuelva su imagen.
Ayer para rematar la confirmación el canciller, vicepresidente y heredero al trono de Venezuela Nicolás Maduro se presentó al público en la sede del poder central, en La Habana, para desmentir rumores sobre la muerte del dictador o su estado de coma inducido según había informado en sitio del diario ABC de España.
El secretismo del régimen tiene por objetivo que el público no tenga acceso a la información. El temor es que si se supiera lo que hacen, lo que les pasa, lo que ignoran, lo que improvisan, su poder se desvanecería. Por eso la política tiene que estar acompañada de la devoción y los gritos de lealtad diarios son la respuesta a la demanda del centro de poder de recibir confirmación de que nadie está preparando para ellos una guillotina. Es la prístina potencialidad de la traición lo que se combate todo el tiempo con adulación.
Los creyentes, como los chavistas que competían por los calificativos ayer, se sienten muy alterados cuando sus santos son tocados. Pero sobre todo les da miedo no insultar porque alguien puede sospechar que están de acuerdo con lo que leen, tal es la desconfianza en la que viven. Necesitan creer y su religión es tan tonta que cuando alaban al mandamás a cada paso tienen que exagerar sus demostraciones para creerlas ellos mismos.
Para la gente racional la necesidad es la información y cuando no la hay no queda más remedio que la especulación o la búsqueda del dato que se cuela y del rumor. El secretismo es el que provoca los rumores y a su vez el régimen, con un método que tienen bien aceitado en la dictadura cubana, utiliza la desorientación que ellos mismos provocan y los inevitables pasos en falso como un argumento para desprestigiar a la función periodística.
Maduro dice ayer que Chávez le pidió que diga la verdad siempre, pero no cumplió la promesa. Hizo un programa grabado con una entrenada sirviente del gobierno comunista de Cuba sin dar información, insinuando que Chávez estaba vivo pero sin mayores precisiones, salvo de las malas intenciones de la derecha. Los chavistas y el mundo terminaron de ver al delfín y tuvieron mucho más claro cuales eran esas malas intenciones de la derecha, llena de odio y alterada mentalmente (el formato es cansador y repetido, todo lo que hay fuera del sistema es locura y odio), que el estado de salud de su profeta.
Es grotesco argumentar que tienen un comandante infalible que no puede ser criticado ni cuestionado pero que no es un dictador, mientras ellos van hasta uniformados. Si ellos quieren un dictador, sería ridículo que no lo tuvieran.
Ayn Rand hablaba de dos perspectivas opuestas para ver al mundo. Una la de la supremacía de la existencia, la aceptación de que hay una realidad externa que puede conocerse y debe aceptarse para poder operar sobre ella. La otra es la de la supremacía de la consciencia, que consiste en dar preeminencia a la voluntad sobre la realidad, para moldearla y transformarla sin limitación, donde lo importante son la fe y la lealtad al credo. En la Argentina le llaman “relato”, pero no como un punto de vista y unos supuestos que están siempre presentes en cualquier argumentación sobre la realidad, sino directamente como un capricho cualquiera que conviene al poder y debe ser aceptado mediante intimidación, engaño, amenazas o insultos a los que no lo repitan. Un mantra oportunista del día a día.
Estamos en la política volviendo a una forma de misticismo y devoción, con mucho pedido de inquisición a los herejes. Es la forma en que ha vivido la humanidad casi siempre salvo el reciente y muy corto período liberal. Podemos involucionar, de eso no hay duda.
Pero a su vez es una gran oportunidad para explicar lo que está ocurriendo, denunciar a los déspotas y a sus sacerdotes aguantándose sus insultos porque el único destino que tienen es el de fracasar dado que la humanidad no tiene posibilidad económica de volverse al oscurantismo general sin provocar una gran matanza. Y nadie va a suicidarse, esto va a cambiar mucho antes de ser comprendido.

Piqueteros Sociedad del Estado

Este es el artículo que les había comentado que complementa al anterior.

Piqueteros Sociedad del Estado

Por José Benegas para Ambito Financiero (publicado el 4 de Julio de 2002, bajo el título “Los piqueteros son hoy la principal empresa del Estado)

Durante los últimos años se puso de moda explicar el crecimiento de la violencia o el delito como la consecuencia de una “falta de distribución social de la riqueza”, y como siempre hay más voluntarios para repartir los bienes de otro que para producir, esta tendencia fue ganando adeptos con gran velocidad. Lo que nunca explicaron es por qué la pobreza que se ve en el campo desde siempre, no produce ni asaltantes ni piquetes.
Para la izquierda el crimen se convirtió en un sustituto posmoderno del levantamiento proletario y para el populismo clásico en una forma de justificar la dádiva que es la única manera de manejar los asuntos políticos que conocen.
Para algunos inclusive el “reparto” cumpliría el papel de una suerte de “protección” mafiosa para resolver el peligro de lo que llaman un “estallido social”. Para esta posición la solución para no ser asaltados es entregar el botín de manera voluntaria (salida ésta que se parece mucho a la que el dicho popular sobre cuál era la solución frente a una violación inevitable).
Pero el movimiento piquetero y la situación de la seguridad en el conurbano bonaerense parecen arrojar conclusiones opuestas y desmentir todas estas ideas y subterfugios. El conurbano bonaerense ha sido en los últimos diez años el mayor beneficiario de planes de reparto estatales y de demagogia de todo tipo y no sólo es el lugar donde se concentra la mayor inseguridad y la cuna de la violencia piquetera que sufrimos el pasado miércoles, sino que es también el lugar donde la pobreza crece a ritmo más acelerado.
Podría parecer una paradoja, pero no lo es. En gran medida la pobreza es hija de los desaguisados económicos en general que cometen los gobiernos, pero también lo es, y sobre todo la marginalidad peligrosa y los grupos políticos que viven de ella, de ese sistema de fomento oficial de la mendacidad improductiva denominado “distribución de la riqueza”.
Cuando el Estado con su capacidad de compra, limitada nada más que por su poder de exprimir al mercado, se dedica a adquirir determinados bienes o servicios fomenta su producción. Si compra muchas máquinas de hacer café, la producción de máquinas de café para proveer esa demanda tiende a crecer. Si adquiere asfalto para reparar calles, aumenta la rentabilidad de la producción de ese producto. Por el mismo motivo cuando el Estado entrega en masa dinero o beneficios a cambio de nada o sólo por protestar, fomenta pues la nada y la protesta. Cuando lo hace por muchos años el negocio tiende a institucionalizarse.
La caridad privada nunca cometería esos errores. Esta siempre va acompañada de buenos valores tendientes a la auto superación del beneficiario y a la defensa de un sentido de rectitud en la vida. Lo contrario a los valores que fomenta un Estado repartidor indiscriminado que tiende a beneficiar al más agresivo o al más eficaz como puntero.
Si el Estado reparte dinero, bajo cualquier título (planes “trabajar” y “jefes de familia”) o bienes o servicios a los pobres a gran escala y por un largo tiempo, lo que tiende a crecer en el mediano y largo plazo es la pobreza. Recordemos también los varios cientos de millones de dólares con que la Nación proveía a la Provincia en tiempos de Menem presidente y Duhalde Gobernador, todos los cuales fueron usados para el reparto. El Estado no solo destruye así a sus “contribuyentes” que produjeron esa riqueza, sino que también agrava la situación cuando transforma esos recursos en demanda de pobreza.
Esto es lo que ocurrió en la Argentina. El reparto a mansalva empezó cuando el problema de seguridad y el problema económico del conurbano bonaerense eran mucho menores. El resultado fue la multiplicación exponencial de la cuestión.
Los piqueteros están lejos de ser un movimiento marxista espontáneo. Nacieron y sobreviven al calor oficial. Empezaron su actividad concentrando el reparto de los llamados “planes trabajar”. De manera natural crecieron desde adentro líderes más aptos para reclamar mayores recursos y también se incorporaron al sistema políticos marginales expertos en punterismo político. El reparto oficial de dinero se convirtió en un negocio grande para los empresarios de la dádiva y en una salida fácil para desocupados y gente con situaciones económicas dramáticas. Mucha de esa desesperación era consecuencia a su vez del exceso de gasto público y la presión tributaria que ahogaba a las empresas para proveer a ese mismo Estado repartidor, generándose así un círculo vicioso imparable. La disminución del flujo de recursos sobre ese sistema perverso, o el favoritismo con algunas organizaciones y la exclusión de otras es lo que genera las tensiones que están a la vista y no la pobreza. El sistema se convierte por esa vía en una hoguera imposible de dejar de alimentar.
El gobierno es quien provee el combustible de esa hoguera. Los piqueteros son hoy la principal empresa Estatal y la más conflictiva.
Los cabecillas de estas organizaciones paraestatales se dieron cuenta de que una combinación infalible para tener éxito en el mundo del negocio piquetero era exacerbar la culpa en la sociedad y producir hechos ilegales presentándolos como el último recurso para que “alguien” los escuchara en sus reclamos. Años de alimentar el complejo del Estado represor dieron sus frutos porque los funcionarios terminaron renunciando a utilizar la fuerza para defender a la sociedad, de manera que la Argentina se convirtió en zona liberada para el piquete, la privación de la libertad ambulatoria y hasta el peaje privado de los piqueteros. La única vía de control que quedaba era negociar con los empresarios piqueteros; negociación que se circunscribía a reparto de dinero, alimentándose de ese modo el incentivo para el próximo piquete.
El marxismo que enarbolan los piqueteros comenzó siendo una cobertura ideológica al viejo y conocido punterismo político (demasiado desprestigiado como para darle el mismo sustento teórico) ahora institucionalizado como brazo del propio Estado. Las organizaciones de Piqueteros están formadas por verdaderos “ñoquis” que cobran por y para hacer manifestaciones callejeras y cuyo éxito depende de la capacidad que tengan de asustar a la sociedad y a los funcionarios.
Entonces si los piqueteros son en realidad empleados públicos, la máxima irracionalidad consiste en que los hechos de violencia que estamos viviendo son una puja que se produce dentro mismo del Estado entre una fuerza formada para defender la ley y otra fuerza financiada para violarla.
Por un lado el Estado es productor de pobreza y luego demandante masivo de ella. A continuación forma un ejército de protestones públicos, con un presupuesto cuya magnitud depende de su capacidad de agresión y va en aumento. Por último recurre cuando se ve sobrepasado a su fuerza tradicional policial para tratar de limitar un poco las consecuencias de sus errores. Dicen que esto es una pelea de “pobres contra pobres” (como si fueran las únicas peleas que importaran por otra parte). A mí me parece más bien una pelea del Estado contra el Estado.
Para colmo de males el gobernador de la Provincia de Buenos Aires ha demostrado cuál de esas dos fuerzas es en realidad la fuerza oficial. Sus favoritos no son las fuerzas legales del Estado sino las ilegales. Nos encontramos de esa manera al borde de poder considerar a los grupos violentos como un método de amedrentamiento de público que bien podría caer bajo la calificación de una forma remozada de terrorismo de Estado.
En otras épocas la violencia política buscaba financiamiento en el exterior, pero el colapso del mundo que quieren ahora construir para nosotros ya no lo hace posible. En algunos casos consiguieron financiarse asociándose al narcotráfico. En la Argentina, la violencia política es financiada por el Estado de forma directa.
La historia argentina es suficiente como lección para siempre de lo que los gobiernos no deben hacer. Si el ser humano se ha dado cuenta de cosas más complicadas, es posible que advierta de una vez gracias a nosotros que la pobreza no se soluciona sino que se agrava con “reparto social”, que la clave es la creación de un ambiente favorable a la producción con la combinación de propiedad privada y seguridad y que la respuesta a los delincuentes es el Derecho y no el dinero.