Disparar al enemigo

Lamento pinchar el globo, pero las “marchas contra el terrorismo” son un sinsentido. Marchas se hacen contra gobiernos civilizados que aceptan la opinión ajena como un componente de la política. Pero tipos que te quieren matar, sólo pueden ver en una marcha, llena de figurones, un éxito. Disfrutan del tamaño de la conmoción causada con pocas bajas y recursos.

El occidente derechohumanista, negador de la realidad, es el caldo perfecto para que desarrollen su actividad los conquistadores y depredadores. Todo se convierte en un argumento con gente que no está interesada en la argumentación, que distraerá a sus víctimas en discusiones que no llevan a ninguna parte, mientras la matan.

El asunto con un enemigo es cómo producirle un daño de tal magnitud, que su voluntad de pelear desaparezca. El punto por supuesto no es ninguna proporción de fuerzas, sino una eficiencia en el uso de la fuerza contra ese enemigo, es decir, hasta doblegarlo. No hay un límite antes de eso.

Tampoco se lo debe juzgar dicho sea de paso. El juicio requiere no ser enemigo. ¿Cómo voy a hacerle un juicio a un enemigo, lo que implica la posibilidad de absolución, que en este caso no quiere decir otra cosa que mi obligación de rendición?

Se debe tener una doctrina, unas normas propias, no humanas, una disciplina y un objetivo de paz. Lo cual no tiene nada que ver y se lleva de las patadas con la corrección política, que quiere decir llevar el ego a un pedestal pedorro buenista, socialdemócrata.

Al enemigo le disparo porque me dispara. No lo definí como enemigo porque quiera nada de él, sino porque él quiere algo de mi y viene a buscarlo (tampoco porque piense de una manera, aunque sea estúpida, o contraria a la libertad o el derecho; mientras no lleve a cabo un acto de enemistad su estupidez no me molesta). Esa es la diferencia. Al que no le alcanza y piensa que tiene que ser un benefactor de la humanidad, cuando el concepto de humanidad incluye al Che Guevara (hasta para muchos es más humano que nosotros mismos) y a Pol Pot, está frito. Mejor que se rinda.

Dicho esto, el enemigo no es otra doctrina. Las doctrinas discuten con las doctrinas, no hace falta disparar. Por eso es indiferente cómo sea el Islam o cómo sean los islámicos, ese tipo de discusión está bien para el café o la academia o el púlpito. El mal pensamiento no es enemigo de la libertad, sólo el uso de la fuerza. Se dispara al que dispara. No se le dispara al tibio, ni al simpatizante del enemigo. Si al que es cómplice, si no se lo puede neutralizar con algo menor.

Vencida la voluntad de lucha del que dispara, el tibio perderá entidad.

La infección derechohumanista transformó para muchos lo que estoy diciendo en una especie de mal, porque implica no tener ninguna amplitud kantiana a la hora de ser amable con un terrorista. La falta de esa doctrina de lucha (no de procedimiento legal reservado al simple delincuente) lleva al riesgo de que el enemigo se defina a si mismo como civil una vez vencido y entonces tenga una segunda oportunidad para lograr lo que quería, por el suicidio pseudoprincipista de la víctima. Hay que revisar otra infección que es el nacionalismo. Con el título de propiedad de los estados sobre los individuos y el de estos de hijos no repudiables de esos estados (es decir, la nacionalidad), no se puede trazar la línea divisoria necesaria.

Pero claro, el desafío es no dejar de ser quién se es. Se debe seguir una doctrina y unas reglas y ser consecuente con ellas. No debe uno convertirse en el enemigo. Esto no es un objetivo “humano”, es un objetivo, libertario. Es decir, de una parte de la humanidad ¿Y la otra? La otra no me importa, mientras no se meta conmigo. No se puede entrar en debate con el que nos quiere matar, entre él y nosotros hay un palo, no un argumento. Asunto fundamental que occidente quiso evadir con la construcción de la Torre de Babel de los “derechos humanos”, tan humanos que debían hacer ceder o poner en peligro a los derechos individuales.

No hay doctrina todavía para luchar contra el terrorismo en general ni contra el islamismo en particular. Se perdió demasiado tiempo luchando por la humanidad. Es hora de pensar. Esta es una situación lockeana, no kantiana.

El presidente Obama y su miedo a ser Argentina

Si los republicanos conocieran la historia del estado de bienestar argentino, pondrían en aprietos al presidente Obama después de decir que no quiere que los Estados Unidos se conviertan en otra Argentina. Enterado de los resultados que muestran los saqueos en Córdoba y otros disturbios que le dan al país su fama de fallido, Obama no sabe que la Argentina es el país que ha llevado hasta sus últimas instancias el mismo tipo de soluciones que está intentando defender con la comparación. En gasto público descontrolado además somos expertos. Los presupuestos a pesar de que se sabe que están llenos de falsedades se aprueban sin discutir y el gobierno alega tener derecho a ello por ganar las elecciones, como si los diputados y senadores tuvieran menos legitimidad y carecieran de sus propias responsabilidades alejadas de los deseos presidenciales. Hasta en eso se parece el país a su proclamado ideal.

A la Argentina le han sobrado obamas a la enésima potencia, todos sus políticos lo son y llevamos varias generaciones de acumular políticas asistencialistas. A Obama le gustaron las apelaciones del Papa contra el mercado, lo que no sabe es que ese es el pensamiento más común entre los Argentinos. No sabe que lleva décadas el país del más exhaustivo estado de bienestar y que existe la llamada asignación universal por hijo donde los que trabajan tienen que aportar para sostener a los que tienen hijos y que esto fue una iniciativa de la oposición. No sabe que se pagan jubilaciones sin aportes y que la educación y la salud son completamente gratuitas. Que los obamistas quieran pensar que la pobreza actual sea consecuencia de todo lo que aún no han hecho contra el mercado, es sólo producto del dogma irreductible de que la libertad lleva al pecado.

Lo que el presidente observa como falta de equidad, entre unas hordas sin ley y unos comerciantes (que luchan contra la pobreza) no es el correlato de ausencia de “políticas sociales”, es el espectáculo cada vez más común en el país con los políticos más “buenos”, “conscientes”, izquierdistas y peronistas que existan, que podrían votarle con dos manos todas sus iniciativas y coincidirían con él en que la solución es gasto público y aumento del poder estatal.

Más allá de que se comparta o no lo que el presidente de Estados Unidos quiere hacer en el mercado de la medicina que merece muchos matices, se lo considere eficaz o no o que hay otras maneras de resolver el problema, lo indudable es que la Argentina no le sirve para demostrar lo que quiere demostrar sino todo lo contrario. Lo que hace el presidente de Estados Unidos en realidad es confirmar su prejuicio en cuanto a que la marginalidad y esas mayorías sumergidas al lado de minorías privilegiadas son consecuencia del mercado y jamás podrían asociarse con el buenismo del estado de bienestar que propugna. Eso es algo que los partidarios de ese sistema están ciegos a ver. Están tan enamorados de sus intenciones y de lo que creen que dicen de si mismos que todo lo malo que pase no puede ser culpa de ellos sino de los que están enfrente.

El populismo en cambio si sabe que para que exista un bienestar decidido por la política en contra de las relaciones que se establecen en el mercado por propia voluntad y en los términos de quienes participan en él, tiene que tratarse a la población como aves de criadero y matarles dos cosas. Por una parte sus instintos y capacidad de sobrevivir y por otra su moral, en la medida que el sudor de la frente no es la fuente del bienestar sino la habilidad de victimizarse. Una sociedad moralmente quebrada y destruida en su capacidad productiva es materia prima para esta moderna forma de esclavitud llamada populismo. También sabe este populismo que cuando el político reparte, sea con un criterio miserable o con un altruismo digno del Vaticano, dado que el acceso a las decisiones es más escaso que cualquier bien del mercado, inevitablemente se crea una casta privilegiada al lado del criadero. Hay criados y criadores y como la fuente empresarial de los recursos es directamente perjudicada por los costos, esta se achica, con el agravante de que con el cambio de valores hasta la empresa aprende el juego de la victimización y que los gobernantes (sean ángeles o demonios aprovechadores), pueden protegerlos de los consumidores y la competencia. La economía se pauperiza y la subsistencia de esas empresas que son cada vez menos dada la dinámica del sistema aparece como más indispensable y aquellos que propugnan que se deje de protegerlas son tomados como locos.

Los populistas saben que el buenismo es una gran mentira que genera una bola de nieve de perversión y pobreza, sólo mantiene lo que los buenistas creen de si mismos y su poder. Y que ese es el negocio más suculento e impune para los sátrapas que pueda haber. Nunca se había considerado al absolutismo como benéfico.

La gente que realiza todos los saqueos viene de los barrios más asistidos, gente tal vez sólo asistida y sin otra fuente de subsistencia, a la que no le asigno la responsabilidad. Han pasado por nuestros colegios tal vez, ninguna cosa buena moral sale de ahí sobre la sociedad, sino una serie de alegorías ficticias acerca de la gloria del estado y de la autoridad. Son de alguna manera el producto de una sociedad que decidió abandonar los principios por los resultados y se ha quedado sin los principios y sin los resultados.

Claro que hay países que han practicado esto con una cierta prudencia y en dosis muchos menores, siempre respetando a los que trabajan (mercado) porque al menos saben que es la gallina de los huevos de oro. Al político argentino esto no le importa en lo más mínimo, cuando se menciona una empresa en el Congreso es para hablar mal de ella. El obamismo argentino es fanático, dogmático y excluyente. Los que no comparten esa fe se muestran encima vergonzantes.

Le diría al presidente de Estados Unidos que lo piense. Cualquier país puede transformarse en la Argentina, precisamente por los motivos que él no sospecha.

Las provincias deben independizarse

El primero de Mayo de 1853 y después de cuarenta años de divisiones e incoherencias políticas, la Argentina logró la unión nacional sancionando una constitución. No se trata solo de la piedra fundamental del sistema jurídico y político del país, sino también de un pacto federal por el que las provincias históricas dieron origen al estado nacional bajo sus condiciones.

Un siglo y medio después mucha agua ha corrido bajo el puente. De la primitiva autonomía provincial queda poco. Al costado del sistema constitucional se erigió una realidad política que lo sobrepasa, unitaria, despótica, con gobernadores que sirven al partido oficial y una presidencia omnímoda que de acuerdo al pensamiento que predomina carece de responsabilidad. La facción que gobierna lo hace a través de una caja con la que somete a los gobernadores y mantiene a sus partidarios a los incentiva a hostilizar a los ajenos.

Peor es la situación del fundamento liberal de aquél pacto de unión, no solo ha desaparecido sino que coinciden todas las ofertas partidarias más relevantes en rechazar los principios que además de dar origen a la Argentina como país en aquella constitución, motivaron el inicio de su proceso de independencia.

La Argentina de 1853 no existe más y por lo tanto tampoco el compromiso de las provincias que ni siquiera cuentan con la posibilidad de contar con sus propios recursos. El estado nacional a su vez no presta servicio útil alguno al ciudadano, es un enorme barril sin fondo del que distintas bandas se quieren apoderar invocando cualquier doctrina justificatoria a mano. Se trata de un negocio que no tiene vestigios de orden legal, cuyo fin es servir a los objetivos de una banda a cargo con la anuencia explícita o la indiferencia de otras bandas en competencia.

Los recursos de muchos municipios alcanzarían para financiar todo tipo servicios públicos locales por mucho menos de lo que el estado nacional les extrae.

Todo esto lleva a una conclusión que ya es obvia. El estado nacional no sirva para nada y las condiciones que obligaban a las provincias a mantenerse unidas a la nación han desaparecido para siempre.

El debate sobre la independencia de las provincias debe comenzar.

¡Eso señora @CFKArgentina, vayamos a la quiebra!

Tanto se ha criticado el uso de Twitter por la presidente de la nación y sin embargo parece haber hecho en esa red social un aporte muy interesante en su paso por la cumbre del G20. Le sobraron caractéres para “tuitiar” que en su reunión con el primer ministro de Japón Shinzō Abe le habló de “la necesidad de formular una ley de quiebras a nivel internacional” como una forma de enfrentar el problema de la deuda pública impaga.

Lo correcto hubiera sido hablar de un tratado, pero de cualquier manera lo que propuso la presidente es una genialidad, lo que no estoy muy seguro es de que sea consciente de lo que implica.

La quiebra supondría al menos dos cosas importantes para nosotros y para los acreedores. La primera sería la liquidación de los bienes de la fallida, esto es empresas comerciales, negocios como el fútbol para todos y todo tipo de activos que tengan un valor económico. La segunda la indagación sobre la responsabilidad penal de sus administradores. Toda quiebra abre una investigación sobre la posibilidad de que fuera fraudulenta, que existan acreencias inventadas, contratos realizados solo para vaciarla en beneficio de sus administradores. Un caso típico serían empresarios proveedores amigos de los gobiernos, que se pudiera sospechar además que fueran testaferros. También operaciones que escondan prestaciones a título gratuito, es decir sin una contraprestación justificable para el estado, como los recitales de Fito Paez, propagandistas contratados en los medios públicos o la pauta oficial.

Ambas cosas serían muy convenientes para los argentinos. Los acreedores en lugar de cobrar a costa de impuestos contra los contribuyentes argentinos que no acordaron ningún crédito con nadie, deberían rematar los bienes del estado, que de paso ya no tendríamos que mantener. Tendrían algo con qué cobrarse también los acreedores internos, como los jubilados por ejemplo. Las compañías comerciales en primer lugar y todo tipo de activos se rematarían en su beneficio. A su vez esos activos serían un límite a los acreedores, ellos no podrían pretender continuar sus pretensiones contra particulares..

Una vez que fuera establecido ese procedimiento, la capacidad de endeudarse de los estados sería limitada porque sus potenciales prestamistas deberán analizar su solvencia en base a sus bienes y a un flujo razonable y no al simple cálculo de que son un barril sin fondo dado que tienen la capacidad de obligar a terceros a trabajar para pagar sus deudas.

Supongamos que dejamos de lado otra de las consecuencias de la quiebra que sería la intervención de la administración por parte de un síndico para llevar a cabo el procedimiento, si la Argentina hubiera sido declarada en quiebra en 2002 el gobierno del matrimonio Kirchner hubiera sido de verdad uno de los mejores de la historia, porque no hubiera podido hacer nada de lo que hicieron desde que llegaron al poder. Por ejemplo, la idea de la quiebra es incompatible con su negativa a que se embarguen los bienes del estado.

De cualquier manera sospecho que más que en una quiebra la señora estará pensando en una suerte de “paga Dios”, es decir, que los estados puedan ofrecer a los acreedores lo que quieran y que esto no sea simplemente una situación “de facto” derivada de que no se los puede rematar, sino una prerrogativa avalada por los sindicatos de gobiernos. Quiere mantener el “es esto o nada” que es lo que le permitió a la Argentina lograr un nivel de adhesión al canje tan alto que ahora le permite pensar que los holdouts son una minoría testaruda, pero con cualquier mecanismo de quiebra eso no hubiera sido igual de sencillo, su margen de maniobra hubiera sido otro y el gobierno de los Kirchner hubiera terminado con la quinta de olivos convertida en un Club Med.

De cualquier manera el tratado del “paga Dios”, que supongo que es como la señora entiende a su propuesta también sería conveniente para los argentinos. Porque el estado quedaría fuera de los mercados de crédito para siempre. La reducción a la nada de la posibilidad de cobrar haría que nunca más se le prestara un centavo. Y lo hubiéramos logrado sin tener que elegir en las elecciones a un gobierno serio, cosa que está visto que no queremos hacer bajo ninguna circunstancia.

Por desgracia para nosotros y por suerte para la señora Kirchner, lo que propone no es lo que va a pasar. Nadie quiere acabar con el negocio de unos falsos insolventes que están legitimados para cobrar impuestos y hacer responsables como siervos a individuos privados de cualquier compromiso que quieran firmar. Lo mejor para todos los que están en el juego es la prolongación de la situación indefinida en la que de vez en cuando algún juez pueda jugar al derecho sin hacer justicia de verdad nunca.

El amor populista

Evita vive, también viven Néstor Kirchner y Hugo Chávez. Viven porque los pueblos los aman. Eso dicen los carteles y los partidarios a los gritos, para lo entiendan todos los que lo quieren negar. Hay que aceptar esos milagros, si no se enojan.
La señora Kirchner no pudo ver a su amigo del alma en La Habana. Cuba es la sede del gobierno venezolano pero no porque esté Chávez ahí, sino porque los que pretenden usurpar el poder en un país que se ha quedado sin gobierno con apariencia legal no están en condiciones de repartírselo o tomarlo por si mismos. Los contendientes no tienen la fuerza de imponerse y por lo tanto aceptan la delegación a la central del fracaso más exitoso de la historia que es Cuba. En un sistema que tantos estuvieron dispuestos a llamarle democracia, muerto o al menos salido del juego el hombre fuerte no son capaces de llevar a cabo una sucesión legal, justamente porque era todo una gran mentira. Ni una carta dirigida a la Asamblea pudo firmar el Chávez que mantienen vivo.
El vacío entonces se llena con ese amor, como el que la señora Kirchner guarda por su marido, todavía presente en su luto eterno porque no se ve pese al tiempo transcurrido con la fortaleza para ser ella la dueña de la Argentina por las suyas.
En Venezuela las manifestaciones de esclavos están llenas de exclamaciones. Ante las cámaras de televisión la gente tiene un no sentido pero muy gritado discurso de que Chávez fue un hombre adorable. Chávez vive y vivirá por siempre, afirman todos. Porque no lo pueden dejar morir, no saben qué hay después de él. Y así como la señora Kirchner hace de su marido un insumo, la familia del dictador venezolano se presta al uso y abuso de su amado.
Antes para chupar medias, ahora para creerse todos que la media sigue existiendo y rindiendo; nada hay más instrumental en el populismo que el amor. De arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba y para los costados también. En cualquier momento los que se aman se matan.

Cuento: Renacer

Renacer

El día

Se volvió a subir a toda velocidad al mismo taxi del que se acababa de bajar en Paseo Colón y Bartolomé Mitre.

− De vuelta al mismo lugar de donde vinimos

“No me diga que se olvidó algo” dijo el taxista, pero el pasajero tranquilo y conversador que se había subido a su auto media hora antes era otro que esta persona que veía por el espejo retrovisor agitada, mirando para todos lados, chequeando el reloj a cada minuto.

Sebastian había recibido recién el llamado que esperaba desde hacía dos meses para cumplir su parte del plan. “No hay mejor ciego que el que no puede ver” dijo la voz en su celular desde un número no identificado.

Por eso corría, por eso hubiera querido tener el acelerador a su cargo o ser llevado por un helicóptero. Por eso ya no hablaba con chofer ni le contestaba sus comentarios. No importaban el taxista, ni lo que estaba por hacer antes de que lo llamaran. Lo único que quería era llegar antes de las once, para correr el programa Renacer y que la fiesta comience.

Estaba abrazado a la carpeta que traía, las dos manos la sostenían con mucha fuerza como si fueran su única conexión con el mundo, por si despegaba el planeta como un cohete y existiera el riesgo de que se fuera sin el. La gente que veía manejando sus autos, caminando apurada o esperando en la parada del colectivo no sabía lo que estaba por pasar, que sus vidas estaban a punto de cambiar ¿Qué fecha es hoy? ¿Que fecha? ¿Qué fecha? Vamos por partes, pensaba, es febrero si. Es febrero y es… Hoy es 24 de Febrero de 2018. Era el día, esperaba vivir para ver el cambio de nombre de alguna gran avenida por el de 24 de Febrero.

El taxista lo vió bajar la cabeza, apoyarse sobre la carpeta que estba sosteniendo y cerrar los ojos. Cuando los abrió se veían húmedos.

“¿Le pasa algo amigo?”

− No, nada, solo un problema familiar.

Al llegar abrió la puerta antes de que el automóvil se detuviera. Sacó del bolsillo un billete de mil para pagar los ochocientos sesenta pesos que marcaba el taxímetro y le dijo al chofer que se guarde el cambio. Ni esperó el agradecimiento y ya estaba debajo cerrando la puerta y dirigiéndose a toda prisa hacia su casa.

Subió lo dos pisos por la escalera. Tropezó antes de llegar y soltó la carpeta para poder sostenerse en la pared. La dejó en el piso, abrió la puerta del departamento y la cerró tras de si con un gran golpe. Se sentó en el escritorio, encendió la computadora y esperó lo que le pareció una eternidad hasta que la máquina estuvo lista para recibir sus instrucciones. Sostuvo la tecla Ctrl+Shift y digitó el código 962DUT915. Se abrió la pantalla de Renacer.

“¿Listo para el renacimiento?” dijo una voz desde la máquina.

“Si”, respondió.

“Diga el código por favor”

“AA45832 ZRT 493 5127”.

“Correcto, llave número 3 abierta. Solo quedan 2” respondió Renacer.

Se levantó de la silla, se tomó la cabeza mirando al techo. Se sentó en el sillón, se tiró hacia atrás y comenzó a llorar. Toda la tensión de los últimos cinco años desde que fue reclutado en Renacer se liberó en esas llanto que no se detuvo durante varios minutos. Encendió la televisión y esperó noticias. Se levantó y se dirigió a la escalera a buscar la carpeta que había dejado. Se sirvió un te. Se sentó en el piso a esperar.

A las doce menos diez Renacer anunció: “Llave número 4 abierta. Solo queda una” Ya falta poco. Pasaron otros cinco minutos a lo sumo y otra vez la voz de Renacer, “Llave número 5 abierta. Se inicia el proceso”.

La noche

En el local de la AFIP María levantó el teléfono para llamar a sistemas. Algo estaba fallando. En el medio de la pantalla apareció la figura de Pacman comiendo poco a poco los datos que estaba consultando con el sonido característico de ese juego. Un virus en su terminal tal vez. “No puede ser”, le aclararon en sistemas. “Un momento” pide el técnico que recibe otra llamada por el mismo problema de otro usuario. Después de otro y otro; María podía oír como les respondía cada vez gritando más. Su llamada se cortó y no pudo volver a comunicarse. Salió de su oficina y vio que los pasillos estaban llenos de empleados comentando lo que pasaba. En todas las pantallas de la agencia 51 Pacman hacía lo mismo que en su computadora.

“No es sólo nuestra agencia” dice el director cruzado de brazos, sosteniéndose el mentón y mirando hacia el piso. “¿Algo se está comiendo los datos?” preguntó alguien. “No creo, debe estar atacando a las terminales, nosotros no tenemos acceso real a las bases de datos”.

Los botones de los teléfonos empezaron a titilar. Un empleado comprobó que tampoco funcionaban más.

En el televisor el Canal del País se veía un partido de fútbol. La luz se cortó después de media hora. La gente empezó a salir a la calle. Había una gran muchedumbre que venía de otras oficinas como el Banco Nación, la Dirección de Rentas de la Ciudad, el Ministerio de Justicia. En todos lados el Pacman parecía al menos haberse comido todo. No había otra información, solo rumores. “Esto es como lo que pasó con GMail”, dijo una señora, “alguna falla general, después lo arreglan”. Los transeúntes se detenían a preguntar qué pasaba, pero nadie lo sabía. Los locales vecinos siguían funcionando, la farmacia, la parrilla, los edificios de oficinas privados no parecen tener ningún problema.

Algunos empleados se sentaban en el cordón, otros ocupaban las mesas del restorán y de los bares de la cuadra. Esperaron hasta las seis de la tarde, hora de salida, y se fueron a sus casas sin saber todavía cual era la situación ni recibir ninguna comunicación oficial, queriendo en el fondo que el problema se prolongue hasta el día siguiente para no tener que trabajar.

En el subterráneo la gente miraba las pantallas donde anuncian que se ha producido un apagón informático en los sistemas del gobierno nacional y los gobiernos provinciales y municipios. Todo el Estado había quedado desconectado y sin sistemas, hasta los correos electrónicos parecían perdidos, pero estimaban las autoridades que pronto volverían a la normalidad. “Si lo cuentan es porque es grave” gritó un anciano. Después de eso el canal del país siguió con su programación, un documental sobre comida autóctona nacional presentado por la nueva mujer de Fito Páez.

Sebastián recibió otro mensaje de texto anónimo a las siete de la tarde “La ceguera es del cien por ciento. Corte de energía llegó tarde. Informe por favor”.

Se puso el sobretodo y salió a la calle. Se cruzó con el portero, intercambió saludos y caminó siguiendo la ruta trazada. Por Julián Alvarez hasta la Avenida Santa Fe. Se dirigió con rumbo al centro, llegó hasta Callao y dobló hacia el sur hasta Avenida Cordoba. Llegó hasta Salguero y volvió a Santa Fe y a su casa. El recorrido duró cincuenta minutos. “Nada particular. 48” escribió en un mensaje de texto dirigido a un número que tenía identificado como “Informe Día Cero”. Segundos después recibió un “Ok”, borró el registro del mensaje y el número de teléfono.

48 era el número de circuito que debía recorrer para indicar si había visto hechos fuera de lo común, algún signo de problemas. No había visto nada de eso en su caminata. Algunas personas hablaban del apagón, pero nada más.

La madrugada

Había pasado una semana desde el Día Cero. Ni el canal de televisión, ni la radio, ni Tiempo Argentino, los únicos medios que quedaron después de la Ley de Pluralidad de Voces, habían dicho algo preciso sobre la situación o sobre si se terminaría o si estaban trabajando en volver a encender al estado que había desaparecido. Circulaban todo tipo rumores en foros de internet de que no se habían podido liquidar sueldos, ni hacer pagos, ni recibido pagos de impuestos.

La actividad económica siguió desarrollándose de modo normal. Si alguien había decretado un asueto, nadie se enteró. El lunes empezó a repartirse un diario clandestino en el microcentro de Buenos Aires llamado El Zonda. Tiempo Argentino lo denunció en la tapa como una actividad ilegal, que impedía a los demás expresar sus ideas. La nota la firmó la dueña del medio Victoria Vanucci. Recordó que Tiempo Argentino fue designado por ley del congreso como el diario del Pueblo y que si alguien pretendía hacer las cosas de otra manera debía presentarse a elecciones y ganarlas, pero de ninguna manera alzarse contra la ley y la pluralidad actuando por las suyas.

De cualquier manera ese fue el último número de Tiempo Argentino. Los empleados se enteraron de que el estado no podría pagar el Fondo Democrático con el que se mantenía y que a fin de mes no habría sueldos. Hubo una asamblea improvisada, informo El Zonda, después de la cual Vanucci salió del país y el diario cerró. En el edificio se instaló días después un prostíbulo.

En pocas semanas otras publicaciones como El Zonda empezaron a aparecer en todo el país. En algunos casos eran blogs personales que se imprimían y conseguían apoyo publicitario.

Muchas personas conservaban sintonizadores de radio con más de una frecuencia que habían quedado obsoletos desde la Ley de Pluralidad de Voces. De repente encontraron que girando el dial más allá de Radio Nacional había otras estaciones nuevas. Unas con música, otras insultando al gobierno, algunas predicando y anunciando el fin del mundo.

Llevó más tiempo que volvieran a existir otros canales de televisión. Ocurrió cuando cerró canal 7, el canal del país, cosa de la que no se enteró mucha gente porque nadie lo veía. Un grupo de ex empleados jubilados de los viejos canales privados se juntaron y lo empezaron a operar como TV Libertad. Pronto ganó audiencia y apareció la competencia.

Para entonces ya se sabía que el 24 de Febrero un ataque organizado por un grupo aún no identificado había destruido los sistemas de todo el estado, borrando todo dato sobre contribuyentes, incluso identidades personales, cuentas de correo electrónico de funcionarios y cuentas bancarias oficiales. No había claves tributarias, ni constancias de declaraciones juradas. Quedaban papeles imposibles de consultar y a fines de marzo una sucesión de incendios acabó con lo que quedaba de las agencias de la AFIP.

Cuando el ataque comenzó el presidente fue informado y atinó a ordenar que se cortara el suministro eléctrico de toda oficina pública empezando por la AFIP. Pero fue inútil, nunca pudieron recuperar un solo dato. Las oficinas públicas se vaciaron, no existía recaudación, por lo tanto tampoco pago a proveedores ni empleados.

Por todo el país el campo, el comercio y la industria florecieron sin impuestos, sus rendimientos cambiaron por completo, subían los salarios. Fueron los comerciantes de la calle Florida los que tomaron la iniciativa que imitaron muchos después para mantener la seguridad. Formaron una cooperadora para sostener el funcionamiento de la comisaría. Decidieron cambiar los uniformes y mejorar el equipamiento. El índice de delitos se redujo casi a cero.

En Córdoba los supermercados fueron los primeros en hacer circular una moneda que remplazó al peso. Los intercambios comenzaron a hacerse con metales, billetes emitidos por empresas o electrónicamente.

Se organizaron centros educativos con una enorme variedad de orientaciones y para todos los presupuestos.

En Facebook un grupo de abogados constitucionalistas se convirtió en referencia para la solución de temas prácticos. Ahí surgió la idea de que los jueces que había quedado sin trabajo ofrecieran sus servicios para resolver conflictos privados de acuerdo a sus criterios. Se informaba sobre cómo los jueces iban resolviendo conflictos y había largos debates sobre cada tema. Se dieron consejos para organizar las tareas de limpieza y mantenimiento de los espacios públicos. Aparecieron distintos modelos de organización en la ciudades y a medida que se ganaba experiencia y se conocía que en alguna ciudad o barrio les había ido bien siguiendo alguna idea, la imitaban otros.

A los encargados de resolver los problemas comunes se les llamó por regla general intendentes. Eran verdaderos empresarios ofreciendo sus servicios y convenciendo a la gente de financiar sus actividades. Había plata para todo, no había impuestos de ninguna naturaleza. Fue el primer consenso general el de no establecer impuestos nunca más. Cualquiera que quisiera participar en la vida pública debía aceptar que los únicos fondos con los que podía contar eran los que fueran pagos por servicios consentidos de manera expresa y aportes voluntarios que debía obtener convenciendo y mostrando resultados.

El presidente Scioli siguió llamándose a si mismo presidente en su página web, pero no tenía ningún atributo del poder. La quinta presidencial de Olivos fue convertida en Parque de la Libertad por los vecinos, después de que fuera rematada por falta de pago por la empresa proveedora de electricidad ante el juez arbitral y donada para el uso común. Después de eso Scioli se trasladó a la casa del del Abasto donde ejerció como Intendente del barrio algunos meses hasta que fue desplazado por otro empresario.

La Fundación Justicia y Libertad llevó a cabo una colecta en todo el país para el mantenimiento de las cárceles con mucho éxito. Encargaron la administración a distintas empresas. Había temor de que Cristina Kirchner y los dos mil setecientos presos por corrupción y abuso del poder escaparan del país, pero eso no sucedió porque los aportes para sostener el sistema fueron masivos. Hubo más de un intento de linchamiento, pero los intendentes de la zona pudieron contener a la población y todo se calmó.

Google comenzó a proveer servicios como registros de propiedad y documentación para viajes. Después lo hicieron Yahoo y Facbook y Apple lanzó ICity, un dispositivo para peticionar y votar identificando a la persona que participaba.

La mañana

La Asociación de Intendentes del Río de la Plata se encontraba en pleno funcionamiento nueve meses después del apagón. Designaron un Ministro Plenipotenciario de las Intendencias del Río de la Plata que se encargó de llevar adelante las relaciones internacionales, la venta de las embajadas en todo el mundo y el reparto del producido entre la población.

Las embajadas fueron reemplazadas por una cuenta Premium ilimitada de Skype para el Ministro Plenipotenciario.

La IRP decidió en su segunda asamblea anual no aceptar la invitación a formar parte de las Naciones Unidas. Se trataba de un organismo destinado a desaparecer, como el resto de las organizaciones multiraterales después de que el Apagón Argentino, como se lo había designado en Wikipedia, se repitiera en Brasil, Alemania, Sudáfrica, Australia, Venezuela, Ecuador, Mexico, Cuba, Irán, Corea del Norte y Canadá. Desde Francia llegaban noticias ese mismo día de que el movimiento Gerard de Pardieu estaba detrás de la desconexión del estado bajo el lema Paz, Libertad y Amistad.

Todo indicaba que el movimiento continuaría en el resto del mundo. Distintas entidades de intendentes de los distintos países y cosas parecidas establecieron relaciones a través de un foro público en Internet.

En 2025 se estrenó el Himno al 24 de Febrero, cantado por Madonna en el teatro del mismo nombre, ex Congreso Nacional.

¡Es ELLA, estúpido!

Viudita pobrecita en el país de la gente buena. Ningún personaje de Jacinta Pichimahuida osaría criticar a la viuda que llora. En las telenovelas lloran los buenos. Aunque ELLA se parezca a Cruella de Vil simulando, nuestros opositores, comentaristas y “gente capaz” son malos actores, o no entienden las líneas que les asignan los titiriteros. Ellos quieren hacer de buenos, incluso con Jack el Destripador. Es decir malos, pero son sutilezas, ellos ven nada más que la letra en mayúsculas, el trazo grueso al nivel de Majul, columnista del Diario La Nación.

A ver. La señora, ELLA, no es una pobrecita, y si lo fuera debería renunciar. O es pobrecita o es presidente de la nación, que lo elija ¿El que lo dice es malo? El que no lo dice es un pelotudo.

Tiene poca importancia si su personaje es auténtico, si cada vez que habla en público nombrarlo a EL le provoca el llanto de verdad o está haciendo una parodia mercantil de un sentimiento inexistente, convirtiendo a su ex marido en objeto de especulación política de la peor estofa. Porque ese también es un asunto para Jacinta Pichimahuida. A quién pitos le importa si ella lo quería mucho, poquito o nada. El asunto que nos interesa es sólo este: Ella es presidente de la nación, se ha hecho responsable con su juramento de la administración del estado y de las acciones que cometen sus subordinados. ELLA es Moreno, Kunkel, Twitterman, Garré, García el papá de Camilo, el presidente de la Biblioteca Nacional, y toda la comparsa. Su situación sentimental o emocional es sólo pertinente en tanto ponga en duda si puede asumir esa responsabilidad. Si no lo puede hacer nada la exculpa de las estupideces y delitos que cometen sus ministros, secretarios y lúmpenes mediáticos y de calle.

¿Queda feo criticarla? En una telenovela tal vez, pero la oposición tiene que enterarse de lo siguiente: esto no es una telenovela, es un país a punto de caer en las garras de un poder totalizador, neo-nazi y bandido, con altísima inflación, con una corrupción gigantesca. Y si no se dan cuenta de eso, o no tienen el ánimo, o se emocionan con una lágrima presidencial, les queda la misma solución que a la señora: irse a casa.

Mientras tanto estamos funcionando con el peor momento de amenaza a la libertad y políticos mirando una telenovela que hace a la responsable directa beneficiarse sin costo de las ilegítimas acciones políticas y económicas que lleva adelante su gobierno. Y la gente mira, aunque no se pueda explicar con claridad su insatisfacción, se la ve. Sólo no la ven los estúpidos.