Precios o garrotes

Si los políticos tuvieran claro qué es un precio, la mayoría se encontraría sin destino y se tirarían por la ventana. Y si la gente tuviera conciencia de lo que se les quita con la expansión monetaria que este gobierno se ha tomado como la panacea populista por excelencia el país estallaría.
El precio es lo que conocemos, la tasa, de una transacción o un cúmulo de intercambios ocurridos sin violencia, en eso que llamamos mercado que es la abstracción del intercambio social realizado de forma pacífica.
Para atacar al mercado lo más común es desconocer que exista siquiera como posibilidad. Entre los seres humanos sólo hay conflictos de intereses y ganar significa someter a alguien que debe perder ¿Qué necesitamos entonces? ¿Productores? No, defensores y vindicadores, es decir, políticos. Porque ese mundo en el que la gente intercambia lo que tiene por lo que quiere no existe.
Es la explicación perfecta de la propia agresividad, que los otros empezaron primero.
La realidad no es esa. Cuando una transacción ocurre sin violencia y por voluntad de las partes, la tasa del intercambio es un precio. Ninguna otra cosa lo es. Las mercaderías llegan a las góndolas por una sucesión de precios. La gente ha trabajado e intercambiado sin conocerse, siguiendo muchos pasos desde la siembra en el campo, la cosecha, la elaboración del pan, el traslado, la conservación. Y de todos los productos y maquinarias necesarias para auxiliar esa producción. Todos hicieron sus análisis de costo/beneficio y el resultado fue que la lata de arvejas está ahí en la góndola a un precio ofrecida, que el consumidor convalidará en su caso al comprarla o no lo hará, obligando a reconsiderar las decisiones de riesgo tomadas por toda la cadena. Cuando hay precio tenemos la seguridad de conseguir la mercadería a esa tasa porque llega a nuestras manos como consecuencia de que a todos los aportaron algo para que ocurra les convino hacerlo, no fueron obligados. De manera que tenemos buenas perspectivas de saber que seguirá pasando en el futuro si la violencia sigue ausente.
La inflación altera todas las tasas, lleva a cometer equivocaciones y a calcular mal las relaciones de costos y beneficios. El gobierno imprime billetes, aumenta su oferta y por tanto la moneda que actuaba como referencia vale menos para adquirir productos. El señor que aportó el camión para transportar la harina cobró una cantidad que ya no le rinde de la misma manera para adquirir los insumos necesarios para su labor. Debe recalcular y pedir más billetes para obtener el mismo valor. Una vez que lo hace el daño de la inflación se ha detenido. La inflación no es el aumento de precios sino la causa monetaria de ese aumento que viene a ponerle fin en realidad.
Si la expansión monetaria llegara a todas las personas al mismo tiempo, los cambios de precios ocurrirían igual pero sin otro efecto que la pérdida de tiempo de cambiar los números. En valores todos estaríamos igual. El daño económico no está en el cambio de precio sino en todo el proceso hasta que todos los precios cambian, incluidos los salarios.
Para ganar más con la estafa inflacionaria el gobierno necesita retrasar la adaptación de los precios. Tiene que sacar ventaja de comprar con la moneda fresca a precios anteriores a su emisión.
Los precios sin inflación se modifican por otros motivos. Cuestiones estacionales, avances tecnológicos, circunstancias personales que hacen que las personas varíen sus cálculos de costo/beneficio para realizar transacciones.
Con o sin inflación alterar los precios significa ir en contra de la voluntad de las personas que hacen los intercambios. En el caso de la inflación, se impide al mercado asumir el problema causado por la emisión. Sin inflación, se altera la evaluación que había realizado la gente de sus costos y beneficios y por lo tanto también se alteran sus comportamientos futuros. En los dos casos el que estaba dispuesto a vender el aceite ya no lo está. En un contexto inflacionario la gente pierde la noción de si está ganando o perdiendo y se resguarda para evitar quebrantos.
Entonces aquella cadena de decisiones que llevó a las arvejas a estar ofrecidas en la góndola se ven violentadas en el final del camino. El dueño del supermercado está ahora amenazado por el estado, pero no lo está el transportista, al que aquel le comunicará que ya no puede pagar lo mismo por el producto. El estado entonces tendrá que amenazar también al transportista, y después de él al que le provee el combustible, a su mecánico, después al que sembró y al que fumigó, en una sucesión infinita de garrotazos.
Una vez que se ingresa en el campo de la violencia, no tiene fin. Es el Camino de Servidumbre que explicaba Hayek.
Pero por más que para los que se sienten amenazados por la libertad de los demás la violencia es una maravilla, es cara, es imposible poner un policía al lado de cada persona. Por lo tanto aparecen los mercados paralelos y por más amenazas que se realicen en un punto dejan de surtir efecto.
Precios o garrotes, alternativa no hay.
La historia de los controles de precios muy bien contada en 4000 años de Controles de Precios y Salarios de Robert Lindsay Schuettinger y Eamonn Butler, es la de las amenazas, la cárcel, las guillotinas y el linchamiento. Pero jamás dieron resultado, porque se pone a la gente ante alternativas imposibles a un costo político sideral.
Esa es la razón por la que el señor Moreno se encuentra que después de extorsionar a los supermercadistas va a tener que aplicar los mismos métodos con sus proveedores, y después descubrirá que no es suficiente. El gobierno se encamina al suicidio, el problema del país es todo el daño que hará en el camino y lo que costará remontar semejante destrucción.
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El no control de precios de Moreno

Decía hace tiempo nuestro ex-president, actual Regente Nacional, don Néstor Kirchner que no hay control de precios en argieland. Quién diga lo contario es de derecha, atenta contra los derechos humanos, trabaja para Estados Unidos… o es Secretario de Comercio como Willy Moreno.

Novedad ninguna en la economía pingüina. Copian y nada más:

Hitler canalizó el profundo resentimiento de los alemanes contra las potencias aliadas y sus gobiernos considerados liberales y por ello débiles, así favoreció la paranoia del ahorrista que había perdido sus capitales, dispuestos entonces a creer en conspiraciones y dotados de un fuerte antisemitismo (la idea de culpar a los financistas y comerciantes – muchos de ellos de origen judío – acusándolos de haberse enriquecido durante la inflación) con un marcado sentimiento nacionalista y militarista que venía de la formación tardía del Estado nacional… La subordinación total a los objetivos políticos implicaba que los actores económicos debían seguir las indicaciones y órdenes del Estado en la asignación de recursos. Se trataba de una economía administrada. No era socialista en el sentido marxista, porque no estatizaba la propiedad de los medios de producción, pero el estado se reservaba las decisiones fundamentales sobre la asignación de recursos

Roberto Cortés Conde

Historia económica Mundial

El militarismo nuestro fue reemplazado por el montonerismo, que cumple el mismo rol en la macumba oficial.

Los porteros pueden ser despedidos por brindar la inforamción que pide Moreno

Un principio de policía política inicia el comisario de los precios Guillermo Moreno con los porteros de los edificios. Primero para suministrar una información que puede parecer intrascendente, pero es privada y no puede estar en manos de ningún matón, ni siquiera de un funcionario normal.

Lo más grave es el rompimiento de la relación entre empleadores y empleados y el iniciar un procedimiento que será usado en un principio y abusado después como todo avance estatal. Si el país está vivo aún lloverán las acciones de amparo.

En cuanto a los porteros, el titular del sindicato Víctor Santamaría los impulsa a incurrir en una clara causal de despido. El artículo 85 de la Ley de Contrato de Trabajo todavía establece el deber de fidelidad:

“El trabajador debe observar todos aquellos deberes de fidelidad que deriven de la índole de las tareas que tenga asignadas, guardando reserva o secreto de las informaciones a que tenga acceso y que exijan tal comportamiento de su parte”.

No hay ninguna ley aún que avale el rompimiento del deber de fidelidad. No podría haberla por otra parte sin romper de manera definitiva la relación laboral, pero en este caso la recomendación del sindicalista de que sus afiliados incurran en una clara causal de despido sólo sea apoya en la voluntad del patotero oficial.

Ni siquiera el administrador tiene derecho a suministrar datos de los copropietarios sin violar sus deberes contractuales.

El circulo perfecto de la autodestrucción

Empezó como un juego culposo sobre las empresas, quienes lo tomaron creyendo que harían con eso una forma de publicidad institucional, un marketing izquierdista. Se trata de la “responsabilidad social empresaria” basada en el axioma envidioso “ya que ganan tanto podrían repartir un poco ¿no?”. Lo aceptaron fácil porque total era poquita plata ¿A quién le podía hacer daño? ¿Se aceptaba un falso principio? A nadie le importaba, esas son cosas para gente ideologizada; cosas gratuitas en las que no hay en juego nada concreto.

Ahora llegamos a la consecuencia. Ninguna cabeza va a rodar entre los “pragmáticos” cuando se den cuenta del problema de que para la política esa “responsabilidad social” es una obligación y tienen a un policía perfecto para su cumplimiento en el señor Moreno.

¿Las empresas no estaban para ganar plata? Si lo están. Mantener el sistema que les permite ganar plata, es decir la vigencia del derecho de propiedad, sí es una obligación con los accionistas que terminan pagando muy caro la negligencia gerencial en esa material. También pagan estas formas de demagogia, no en el largo sino en el mediano plazo. Un día se van a avivar.

Desde ya señora enteresé: No hay lamparitas en el mercado por buenos sentimientos de nadie, mucho menos por la bondad de los políticos respecto de lo que es de otro. Las hay por puro egoísmo, por ambición, por deseo de lucro. Por alguien que tal vez se quiere levantar a una rubia y necesita la plata para comprarle el anillo. Para que le sirva de referencia, por motivos muy parecidos a los que la llevaron a usted al poder, solo que en su caso no dio como resultado ninguna lamparita.

El espectáculo cómico del Indec para la victoria

La papa noventista sigue siendo motivo de conflicto. El Indec para la victoria por suerte la está enfrentando. Pelapapas en mano el policía de los precios don Guillermo Moreno, el sutil, difundió los datos un tanto acomdaditos del crecimiento de los precios con aseveraciones para que entendamos que la inflación no es inflación. Antes sólo modificaban los números, ahora aclaran que las malas noticias son buenas noticias.

El argumento es más o menos así: La papa subió, eso quiere decir que la gente no la compró y la reemplazó por otra cosa. Esto quiere decir, a su vez, que una persona que ya no puede comprar nada para comer, debe festejar porque ha vencido a la inflación. Una genialidad.

Es probable que a partir de este descubrimiento el ministro Peirano esté estudiando la manera de acelerar la inflación para que la gente no compre más nada y así la inflación deje de impactar en sus bolsillos.

¿Quién es el primer trabajador? ¿Moreno o el gordo Valor?

En un reportaje durante la década del 80 le preguntaron sobre la solidez del equipo económico de Alfonsín y él respondió que lo peor que podía pasar con un auto que se dirigía a un precipicio era que fuera conducido por un Reuteman. En esa época Reuteman era solo un corredor y no podía imaginarse que se dediaría a la política y terminaría engrosando las filas del chupakakismo, pero la respueta fue muy esclarecedora.

Parece ser que la señora definió al policía de los precios, guardián de la paga y la lechuga, don Guillermo Moreno como un hombre “muy trabajador”. Con acieto Urgente 24 le responde en el título que un tipo que se dedica a violar derechos sería mejor que fuera el más vago y lento posible. La eficiencia es un parámetro subsidiario de algún fin y no un valor por si mismo.

Surge otra cuestión de la nota de Urgente 24 y es la pasividad con la que los empresarios se resignan a soportar a un Moreno como parte de la oferta Cristikakista. Deberían ponerse a rezar para que todo cambie.

De los pollos de Mazorin a las papas de Moreno

Nuestro revival  ochentoso no se detiene con el kakismo. En una medida que recuerda a los famosos pollos de Mazorin que terminaron pudriéndose luego de que el gobierno de Alfonsín los importara por toneladas para controlar el precio interno, el sutil Secretario de Comercio kakista don Guillermo Moreno, digno émulo de su antecesor, piensa hacer lo propio para controlar el precio de las papas.

Ratificamos: No hay crisis energética

El policía de los precios Guillermo Moreno está amenazando al gas para que salga de los pozos y llegue a las estufas o hará tronar el escarmiento, las industrias están pensando seriamente en comprar bueyes y se vienen los cortes también en casa, donde estábamos tan bien. Todo esto lo que quiere decir es que no hay ninguna crisis sino apenas unos cortes.

Así es la cosa. Los bienes se abastecen y distribuyen en base a precios que no se controlen ni interfieran o en base a decisiones políticas y amenazas. Hay un problema y es que a la gente que interviene para que esos bienes lleguen a los consumidores en general les entusiasma más laburar por interés (gente noventista y egoísta) que para zafar del garrote de un idiota con poder. El lucro es mejor combustible que el temor y las alternativas son esas.

Por eso no hay crisis, sino que hemos optado por un mecanismo arcaico de producción y distribución que puede terminar muy pero muy mal. Y el cambio recién comienza.

Guillermo Moreno en su mejor momento

El policía de los precios don Guillermo Moreno está haciendo mejor algunas cosas. La llamada “canasta básica” (término peronista y decadente que hemos aceptado como normal) pasó en una semana de padecer un incremento del 3,6% a gozar de una caída del 0,2%.

Claro, los incorregibles noventistas me dirán que es todo una truchada hecha a partir de la intervención del Indec y que ya no podemos confiar más en ninguna cifra que salga de ese organismo (¿puede haber una mejor noticia?). Pero miremos la cosa con otra perspectiva. Ya hemos tenido ayer un largo debate sobre e valor y función de los precios y por qué no deben tocarse. Si don morenito aprendió algo leyendo No me parece se habrá dado cuenta de que es mucho mejor que falsee las estadísticas para engañar políticamente a la gente a que toque los precios de verdad cuando lo único que quiere es que esas estadísticas den lo que necesita para que su jefe le acaricie los bigotes.

El daño económico consiste en tocar los precios y destruir la comunicación en el mercado. Los precios motivan decisiones económicas, las estadísticas son mucho menos importantes. Es verdad que tocar los números del Indec dados los compromisos del estado con su deuda es una forma de estafa y a la larga eso termina dañando la buena fe del país. Pero tratándose de la  Argentina su buena fe es un chiste y tampoco necesitamos como país que el estado siga gozando de crédito, sino lo contrario. De hecho si todavía la Argentina tiene crédito lo único que demuestra es la inexistencia de seriedad en los sistemas financieros cómplices de los gobiernos.

En definitiva, todas buenas noticias hoy.