¿Hacia dónde pitos vamos gradualmente?

¿Hacia dónde pitos vamos gradualmente?

En uno de los reportajes del día Mauricio Macri responde sobre el dilema gradualismo vs. shock a un Jorge Fontevecchia que lo tutea y a su vez es tuteado, resabio del orgullo de la guaranguería que dejó el kirchnerismo.

Primero el presidente comenta que en Cambiemos hay lugar a todo tipo de opiniones, pero ante la insistencia del periodista avanza a afirmar primero que un 90% de las opiniones son en favor del gradualismo y, segundo, a preguntarle retóricamente a su entrevistador si acaso había alguna otra opción.

La conclusión es que el gradualista es el propio presidente y que lo que opinen los demás lo tiene sin cuidado. Su idea es que las cosas las está haciendo bien porque el mundo lo elogia y porque el descalabro es muy grande para desarmarlo de un solo golpe.

Lo que nadie aclara, en un país con una retórica estatista excluyente y agobiante, es cuál es el objetivo, con independencia de la velocidad a la que se quiera ir. Que nadie le pregunte eso al presidente es un signo de absoluta falta de claridad. Señor presidente ¿a dónde quiere ir usted gradualmente? Ya sabemos que no quiere cosas como “volver a los noventa”, lo que está representado en el debate público como privatizaciones, desregulación, quitarle protagonismo al estado. Entonces ¿a dónde vamos? ¿Será tan bueno al lugar a donde vamos que hay que ir despacito?

Algunos temerosos saltarán a decir cosas sobre los noventa, que a mi me encantan como material por todo lo que desnudan de los que nos pasa y por qué no salimos nunca. Habría que hacer la lista de todo lo que no se puede hablar sin miedo en la Argentina y ahí se encontrarán todos los problemas graves que la hunden, casi como si fuera un paciente psiquiátrico. Los noventa es uno seguro. Pero miremos esta paradoja: De manera explícita para el gobierno el gradualismo significa endeudarse para mantener las cosas como están mientras se hacen unos ajustes. Si eso no es el exacto error de los noventa ¿el error de los noventa dónde está? La diferencia es que ahora esta vía es elegida sin ningún plan de reforma de fondo, no hay privatizaciones, no hay intento de cambiar de rumbo al Titanic de la previsión jubilatoria, no hay nada de eso ni bien ni mal hecho, simplemente no existe. Solo tenemos el mantenimiento del gasto público, financiado con deuda del gobierno, más planes keynesianos de obra pública.

Entonces tenemos varios problemas que es necesario poner sobre la mesa, porque el presidente puede elegir un camino hoy que no resulte y cuando eso se note, alguien le va a tener que responder la pregunta que no pudo responder Fontevechia. La alternativa en la que yo pienso la se puede encontrar aquí.

Hacia ese lugar de plena libertad, una economía que atraiga inversiones para ganar no para gastar, si se entiende de qué se trata, se va lo más rápido posible. No una solución sin costos, eso es infantil y además termina siendo el costo sin solución, sino una solución con más beneficios que costos y cuyos resultados se vean lo más rápido posible. Si se pensara que ese el objetivo, que no es el caso, el gradualismo sería ponerle obstáculos, hacer una operación de apendicitis cortando un centímetro hoy y otro mañana, en lugar de hacerlo a la mayor velocidad, si se puede con anestesia. Puede pensarse en financiar la anestesia, nunca la no solución que es el llamado gradualismo. Una cosa es financiar los analgésicos para no operar la apendicitis y otra la cirugía.

Pero no nos hagamos ilusiones, la playa imaginada es la keynesiana, de la emergencia permanente donde si no hay estado no hay economía porque la gente se tira a dormir la siesta. Ese es el dogma más extendido en la Argentina, el nuevo pensamiento único.

Mucha gente muy crítica de los noventa parece anestesiada a la hora de criticar el rumbo económico actual, que tiene toda su parte negativa y nada de su parte positiva. Menem fue más “gradualista” en materia de gasto público de lo que es el gobierno actual. En paralelo a las reformas del sector público, las privatizaciones y las deregulaciones, que fueron muchísimas, el gasto aumentó, en gran medida por la continuación de todo lo “social”, que a este y a todos los gobiernos les encanta y consideran indispensable para la continuación de la vida en la tierra. Eso no se critica porque da miedo, es mucho más cómodo centrarse en problemas de conducta y verso pseudo institucionalista.

Menem financió esa continuidad del gasto con endeudamiento publico. Todo se sentía bien como se va a sentir bien una vez que ingresen los nuevos préstamos (los que cobren las comisiones lo van a sentir todavía mejor) después de arreglar los asuntos en el juzgado de New York, el problema es que ese ingreso de dólares afectará la rentabilidad de los exportadores. En vez de ingresar dólares por producción, ingresarán por deuda del sector improductivo público y se producirán otros efectos que ya hemos conocido.

En esta retórica de financiar la fiesta a la que se llama gradualismo, mucha gente señala que a partir de pagarle a los holdouts, algo que hay que hacer para que haya más crédito para el sector privado, no el público, se podrán obtener fondos a mucho mejores tasas. Lo cual es cierto. Eso sirve para el sector privado que tiene un flujo productivo. Recibe un capital, lo invierte, le saca un rendimiento superior a la tasa, devuelve el capital y paga la tasa y al final sale ganando. Pero el sector público no produce nada, por lo tanto la tasa que pague es un asunto secundario, el problema es devolver el capital después de haberlo consumido en actividades no rentables o directamente quebrantos.

Acá me parece que hay que distinguir por un lado los planes de obras y dentro de los planes de obras todavía habría que hacer una segunda distinción entre las que son indispensables ahora y las que se hacen de acuerdo a la mitología keynesiana de que el ahorro es un problema y hay que consumirlo. A las primeras se les podría aplicar el criterio, aún discutible, de que financiarlas es una forma de distribuir el costo entre las generaciones que las utilizarán. A las segundas no les cabe esa distinción, porque tienen como pretendido fin “ayudar” a la economía del presente. Encima no dilapidando ahorro en nombre del keynesianismo sino mediante deuda.

Sin embargo cuando se habla de “gradualismo”, se está reconociendo que hay una parte del gasto que se va a financiar que es completamente inútil, pero que mejor mantenerlo un tiempo para no perjudicar a sus beneficiarios. Entonces el criterio es que en vez de liberar al contribuyente del gasto reconocido como improductivo, hay que endeudarlo para que lo siga pagando.

El problema es que al final el país se encontrará con el mismo nivel de gasto que se financió, más la deuda, más una deuda adicional por obras públicas, con un sector exportador dañado.

Ese es el resumen de qué se está implementando con el gradualismo, pero por supuesto que hay alternativa. Se llama economía de mercado. Ahí cada operación es medida por sus participantes en función de que los beneficios sean mayores que los costos, en lugar de cuidar que no se caiga la estantería con el temor a las desgracias que imaginamos, cada persona contribuye apostando a ganar, el gran pecado argentino, en consecuencia puede pagar sueldos y comprar cosas a sus productores. Esa alternativa no requiere tutores ni místicos. Hay cuatro años para contestarle la pregunta al presidente sobre qué más se puede hacer.

jbtalkslogo

Captura de pantalla 2016-03-20 a las 1.23.40 PM

José Benegas Talks: Podcast semanal, con participación de los oyentes.

José Benegas Talks, un podcast semanal para discutir cómo los acontecimientos, declaraciones y opiniones de la actualidad, influyen en nuestra vida como individuos. Cuestiona el statu quo y la moralina social de los medios masivos de comunicación, para abordar la realidad sin temor, en forma interactiva con los oyentes.
JBT puede escucharse en vivo los lunes a las 6 PM (Eastern Time) 20 hs (Argentina) o a través de iTunes, iVox o en la página josebenegastalks.com. También en el sitio en Facebook…. Los oyentes participan por teléfono o vía Skype.

ENTRA EN LA FOTO, APRETA FOLLOW PARA RECIBIR NOVEDADES:

Check Out Politics Podcasts at Blog Talk Radio with Jose Benegas Talks on BlogTalkRadio with Jose Benegas Talks on BlogTalkRadio

El nuevo buzón de la policía de los precios

El lanzamiento de un sistema “cool” de control de precios llamado SEPA (cuya función es que no se sepa nada), desnuda el lado más vulnerable del gobierno de Macri. Justamente aquél en el que se juega la vida de la gente. Hay una seria confusión entre cosas poco o mal definidas como “ajuste” y otras de las que es asombroso que no se haya aprendido en la Argentina, como precios e inflación.

Hay 4000 años registrados de experiencias de controles, búsquedas de fantasmas, persecuciones y castigos por algo llamado “precio” que fundamentalmente la economía matemática confunde con meros números. Pero detrás del precio está la libertad misma. Si esto a alguien le parece exagerado, no está entendiendo de qué estamos hablando, por eso es imposible que pueda hacer un juicio sobre por qué Macri está siendo llevado directo a una crisis, por un equipo económico que no le sirve ni a él, ni a la gente.

El socialismo ha fracasado y fracasará siempre porque no entiende los procesos del mercado. El control político hace imposible el cálculo económico como mostraron Mises y Max Weber hace muchos años, justamente porque carece de precios. El lugar que ellos ocupan en la economía fue reemplazado por la decisión política de “buenas” intenciones que terminan siempre en violencia física. Llegaron a imitar precios de las economías de mercado, lo cuál es una supina ignorancia, porque los precios son distintos en distintas circunstancias, no son un número mágico a descubrir, sino el resultado de la experiencia sin magia. Pero de la experiencia específica y concreta de los que actúan, no de los estudiosos de ninguna ciencia conocida.

Kicillof, dada su formación marxista, pensaba que con el nivel actual del desarrollo informático aquella experiencia soviética hubiera terminado de otra manera. El pensaba que al socialismo lo que le faltaba era tecnología. Tecnología que fue luego inventada por el capitalismo, parece que el socialismo siempre depende de su paradigma opuesto.

Totalmente equivocado Kicillof, no menos que los actuales responsables de la conducción económica que han dicho que ahora existen las herramientas para controlarlo todo online, en tiempo real. Para ellos Moreno era muy analógico tal vez. Un error de proporciones dramáticas y triste.

Precio implica que el que hace o da, lo hace voluntariamente. Es un tema moral por supuesto, pero a nadie le interesa el problema moral, ni siquiera al actual papa, menos le podemos pedir a los economistas. El problema es que esto mucho más que moral, es todo el secreto por qué el capitalismo triunfa, el socialismo fracasa, tenga o no computadoras. Que el precio suponga voluntad, lo convierte en la mayor, única herramienta de cálculo del comportamiento económico de millones de personas. Ese número no tiene vida propia, sino que nos dice con mucha precisión si otros van a vender o comprar, nos van a contratar o no. Permite, fuera de todo verso, saber lo que la gente quiere y qué está dispuesta a sacrificar para tenerlo. Dato que para los socialistas ni importa, todo vale por si mismo y qué haya que dejar de lado les parece que ni existe como problema.

Dicho lo anterior, las palabras pueden usarse de los modos más arbitrarios, pero precio libre es una redundancia y precio sin libertad o “precio controlado” un oxímoron. Espero haber sido hasta acá lo suficientemente claro para que nadie piense que estoy haciendo un problema semántico, de esto depende todo, incluso el futuro de este gobierno y del país, siempre tentado a abrazarse a los delincuentes cuando vienen las tormentas.

Al que le interese esta explicación la hice más detalladamente en mi libro “Hágase tu voluntad. Bajar del cielo para conseguir un cargador de iPhone”.
Comprender esto es comprender al capitalismo: el sistema de precios nos permite conocer una larga, interminable y hasta inimaginable red de voluntades, sobre las cuales es posible hacer cuentas, asumir riesgos, invertir ahorros, comprar, vender, trabajar. Justo por ser voluntades, es lo que más importa. No es que sabemos “qué es bueno para la sociedad” o consignas de ese nivel de soberbia. De lo que nos enteramos es qué es lo que la gente que necesitamos hará, porque, acá viene el gran dato, se muestra dispuesta por si misma a hacerlo. El problema del control es que cuando más fracasa, es cuando tiene éxito. Consigue que ahora alguien obedezca por amenazas o presiones a cambio de que tal cosa no vuelva a ocurrir.

Un funcionario le llama a un número obligatorio de intercambio de una moneda por un bien o servicio “precio”. Unos lo hacen en una libreta, otros en una aplicación de última generación, pero el error es igual. Claro que por el uso de la fuerza puedo obligar a Carlitos a suministrar el arroz al supermercado a 5 hoy. Muy difícil que lo pueda repetir mañana, ni siquiera con un grado mayor de violencia, porque Carlitos no se comportará igual que si lo dejaran hacer lo que quiere. Y solo estamos frente a la dificultad del primer y más a la mano eslabón de la cadena. Faltan las innumerables personas que intervienen en el proceso de producción del arroz, desde las máquinas para cosecharlo,  los sombreros y los guantes de Carlitos y todo aquello con lo que contaron todos los tipos que siguen en cada una de esas ramas que se abren a cada paso del proceso productivo, que es imposible de abarcar incluso con la imaginación. Para entender de qué hablo, nada mejor que el memorable ensayo de Leonard Read “Yo, el lápiz”, del que abajo les dejo una adaptación a video. Esa es la complejidad que ningún planificador podrá imitar jamás.

Incluso la versión blanda de todo esto es contraproducente, no digo inútil. La mera presión ejercida por declaraciones de funcionarios, la vigilancia, la propuesta al público para que considere enemigos a los que producen, distribuyen, venden. Eso solo podrá producir satisfacciones al ego burocrático o al inflamado odio de los consumidores, pero pasa por encima del sistema de voluntariedad, hace a la gente que actúa en el mercado moverse por otra cosa que por sus propias ganas, de manera que no podemos ya dar por sentado que su comportamiento se mantenga o sea previsible. No, no hay otro camino al respeto para el crecimiento, lamento informarles. Aunque esto se haga con fines propagandísticos, el daño ocurre igual. Recordemos que hasta Nestor Kirchner de alguna manera entendía que no debía alterar los precios. El optó por falsificar las estadísticas en un principio, pero así inició el camino que llevó a Moreno, porque es inexorable que la mentira termine en cazas de brujas.

Por supuesto, la perversión mayor del caso es que la inflación es producida por el aumento de la masa monetaria para que le gobierno haga frente al gasto público. Mientras te sugiere vigilar al supermercado, nadie tiene una cámara en el proceso inflacionario que ocurre en el Banco Central. Como hay más moneda, las personas que actúan de acuerdo a lo que quieren, ya no puede obtener lo mismo por lo que venden o brindan y comienzan a ajustar sus decisiones al nuevo valor de la moneda. Después vienen los cazadores de brujas a caer sobre ellos. Entonces la cuestión se pone cada vez peor, porque a la economía desorganizada por la inflación, se le ponen más obstáculos para volver a organizarse, repito, en base a voluntades. La ambición es reemplazada por el miedo y el miedo es uno de los componentes que más encarecen una economía.

Algo más sobre los futuros que ni son presentes.

En un contrato de futuros ambas partes suponen que el precio de las divisas se mantendrá estable. Una está en condiciones de tomar el riesgo de que esto sea efectivamente así y la otra no. Por lo tanto contrata un seguro, adquiriéndolas de modo anticipado al precio que le interesa asegurar, más una prima implícita.

Si las partes no solo saben que en el futuro ese precio no se mantendrá sino que ni siquiera es real HOY, una está regalando una ventaja y la otra la está tomando. Si quién firma el contrato por el asegurador es un representante, está claro que está estafando a su representado y que la contraparte es cómplice del acto. Este sería un contrato que no se le podría hacer cumplir a nadie. Si se trata de fondos públicos es directamente un delito.

Pero si encima no solo el precio futuro es falso, sino que tal precio no es verdadero siquiera en el presente, si el asegurador es el regulador del mercado y tiene puesto un cepo porque no se sostiene para nadie que el precio de la divisa sea real, esto es la estafa más burda posible de imaginar.

Pero como se trata de una conducta delictiva de la era kirhcnerista, agreguémosle que no hay tal “precio”, porque ni siquiera se trata de un mercado “administrado”, sino de un número arbitrario al que el propio Banco Central NO VENDE la divisas (porque sabe que las está regalando), entonces ya es una burla a la inteligencia.

Más aún. Temo por las nuevas autoridades del Banco Central, porque pagar eso les acarrearía la misma responsabilidad que la de “cumplir” un contrato entre la señora Kirchner como presidente y ella misma como persona, por la cual se adjudica la propiedad de la Casa Rosada.

(Ver post anterior)

El precio del dólar no es el problema

Cuba-Casa-Particular-marvel-2No es devaluación dejar que el dólar tenga valor. Cualquier consecuencia que tuviera sobre otros precios sería beneficiosa. Los precios nunca son enemigos sino información de qué es lo que hay y qué es lo que hay que conseguir. Si algo hace mucha falta, lo peor que se puede hacer es intervenir en el precio, porque es como quitar un cartel de emergencia.

La idea de gestionar créditos internacionales para poder intervenir en el precio del dólar eventualmente, será negocio para quienes los gestionan. Para el país es gastar dinero en cambiar el cartel que dice “consigan dólares, exporten”. Y lo más contracorriente dado el estado de la educación, es que la única razón por la que una economía demanda dólares, es para adquirir bienes y servicios en el exterior, es decir, importar. Eso será lo que en definitiva terminará reflejándose en la baja de aquellos precios que se hubieran visto (bien) influenciados por el hecho de que el dólar tuviera su valor. Bien influenciados porque el precio es lo que mueve a la acción y el control del precio es la negación del problema.

(Foto: Más de 5 décadas de miedo al precio en Cuba)

Portar

Portar de un lado a otro. Trasladar un bien desde la posición A a la posición B. La economía no estudia el cambio de posición de los bienes, a lo sumo se interesa en los medios para realizar el movimiento, en las necesidades que se satisfacen con el transporte. Pero la posición A del bien o B por sí misma no importa. Después viene la frontera, un concepto que está fuera de la economía y pertenece a la política, es consecuencia de guerras de conquista o de acuerdos entre organizaciones políticas. La frontera es un límite al alcance territorial de una determinada autoridad. Si existe libertad a través de ella pasan las personas y también las mercaderías. La posición A de un bien (Uruguay) o B (Argentina) es una cuestión exclusivamente política. Le importa a la autoridad.

Argentina y Uruguay carecen de vida, no nacen, mueren ni se reproducen. Son etiquetas políticas nacionales, convenciones. No son más reales que el sector de la cancha que corresponde al equipo Blanco y el que pertenece al equipo Negro, cuyo sentido se encuentra en el juego, nunca fuera del juego. Se podría portar un bife de chorizo del lado de la cancha que pertenece al equipo Blanco al que corresponde al Negro. Sería una “ex”-portación para los blancos y una “im”-portación para los negros. Ni para el juego ni para la economía ese hecho tendría trascendencia alguna. Salvo que una autoridad decidiera que puede decidir que mercadería pasa de un lado al otro del terreno de juego, entonces la exportación y la importación pasarían a ser un asunto político. Los bienes no trasponen los límites que la autoridad quiere así nomás sin pagar un rescate al que ostenta el uso de la fuerza, pero ni el equipo Blanco ni el Negro estarían en si interesados en la portación ni tampoco en los deseos monetarios de esa autoridad. Ni unos ni otros jugadores podrían ser convencidos de que su pertenencia a la blanquitud o a la negritud ameritarían que la rivalidad se extendiera a otra cosa que no fuera la competencia deportiva, ni se dejarían engañar por esa autoridad si les dijera que les conviene apoyar la restricción, ni tampoco aceptarían que el paso del bife de chorizo desde el campo de los blancos a los negros tuviera otro valor que el paso del bife de chorizo del campo negro al blanco.

El proceso necesita algo de mitología para ser aceptado. Digamos que la cancha es más grande, suficientemente grande como para convertirse en más trascendente que la satisfacción de las necesidades de las personas, que parezca esa cancha algo tan poderoso que mereciera cierto respeto especial. Le llamaremos ahora un lado de esa cancha gigante Uruguay y a otro Argentina. Pertenecemos entonces a una u otra cosa de peso, desde chicos se nos dirá que un trapo con determinados colores simboliza lo que somos, como la camiseta de los equipos mencionados. En esa dimensión, y después de que pasaron tantos héroes por nuestra memoria y vemos que el mundo entero es una división de campos de juego que pertenecen a determinadas autoridades y que a esos sectores pertenecen todos, pasamos por la experiencia de que sea una cuestión de cada autoridad saber a dónde vamos cuando cruzamos una frontera, aprendemos que esa autoridad, si es necesario o inclusive si no lo es, será quién velará por nuestras necesidades “más importantes”. A partir de ahí es fácil convencer a la gente de que hay una cosa que se llama exportación, que consiste en la salida de un bife de chorizo desde un campo de juego al otro, y otra que se llama importación que sigue el itinerario contrario. Y se puede llegar más lejos, a que el instinto desaparezca y la población crea que gana cuando pierde el bife de chorizo porque se va y que pierde si un repollo entra a su sector. La fórmula es tan exitosa para quienes la venden que no será esto una confusión sólo de la gente en general, sino de los economistas, que a ese fenómeno que de económico en sí no tiene nada (aunque tenga consecuencias económicas la irrupción de la autoridad, como la tendría la caída de un meteorito sobre nuestras vacas) merece ríos de tinta.

En la cancha el equipo Blanco y el Negro miran un tablero y saben cómo va el partido. También los espectadores se entretienen con eso. Es divertido. Agreguémosle entonces al juego un tablero que mida la cantidad de bifes de chorizo que salen contra la cantidad de repollos que entran. Pero sumémosle la economía monetaria porque si no los espectadores se van a dar cuenta de que no suena razonable festejar la salida de los bifes de chorizo, sino la entrada de los repollos. Y no queremos que nadie se dé cuenta de nada. Entonces mediremos en esa tabla, llamémosle “balanza comercial”, cuantas divisas entran y cuántas salen. Para los espectadores será ahora más emocionante ver crecer la cantidad de divisas que entran cada vez que se exportan bifes y las que salen cuando se importan repollos ¡Claro! Estamos mejor cuando tenemos muchas cosas ¿Y qué son las cosas? ¡Plata! Tener mucha plata es mejor que tener muchos bifes.

¿Para qué sirve la plata? ¡Para comprar cosas! ¿Entonces tener mucha plata y que eso no signifique conseguir muchas cosas no será al pedo? No se preocupen, jamás se harán esa pregunta. Convirtieron la realidad en un juego. Así como no importa que la victoria del equipo Negro sobre el Blanco tenga otro sentido que la diversión, tampoco interesará si el tablero de la balanza comercial le sirve a alguien para algo, más allá de los titiriteros.

Pero exportar implica importar. Salen bifes de chorizo y entran divisas. Es decir se importan divisas exportando bifes de chorizo. Y las divisas no nos dan de comer por si solas. Si con ellas no se pudiera importar algo, no tendrían ningún valor. Es necesario exportarlas para obtener el valor que justifica y convierte en negocio a la exportación. Aunque el que exporta no use sus divisas las acepta porque tienen valor (y se las puede vender) para otro que importa. Sin el importador, el exportador no tendría beneficio alguno exportando, por más que el tablero del jueguito de la estupidez nacionalista fuera un primor y sonara una chicharra con el “equilibrio de la balanza comercial” y dos con el “superávit”. Si esas divisas son emitidas por otro gobierno encima, el superávit sería de una gran ayuda para financiar el gasto público de ese país, al que en general odian los que aman al tablerito.

Algo tan simple como que lo que se importa importa. O que la característica de importarle algo alguien es la misma cosa que valorizar lo que se importa, solo puede desaparecer si se plantan ilusiones de competencias que no existen, si se hace a la gente jugar, se la encasilla, se la convierte en miembros de una nación luchando contra otra.

 

El negocio de hacerse el socialista

Se queja con razón Pablo Mieres en el Correo de Punta del Este de la izquierda del señor Tabaré Vázquez y el Frente Amplio que de repente se enteran de lo malo que es mantener servicios en el estado con carácter monopólico.

Mientras no estaban en el gobierno se oponían a la participación del sector privado en el área energética y a la eliminación del monopolio de ANTEL sobre la telefonía básica. Ahora descubren que todo eso es una estupidez.

Por supuesto que podemos ver esto como una evolución. Pero en realidad el problema es que la izquierda en latinoamérica se ha convertido de postura ideológica marxista en las décadas anteriores a esta especie de “negocios sólo se hacen conmigo” que es ahora con Tabaré, con Kirchner, Con Chavez, con Morales, con Lula y también con cualquier otra versión de neosocialismo farsante que esta región padece porque su población ha sido inyectada con el virus de la pelotudez desde el primero inferior.

El asunto es hasta cuando se permitirá este juego que posterga la solución de los problemas hasta que ellos puedan estar en la mordida. La pobreza de la región que para esta gente es negocio de especulación política y oportunidad para capturar negocios desde el poder no puede esperar a que se hagan los que aprendieron, cuando la realidad es que aprendieron cuando pudieron morder.

El próximo paso es que la población entienda que todas las transformaciones que el sector privado puede hacer deben ocurrir sin intervención de la política. Sin afano, sin peajes, sin gente que dice volverse pragmática y en realidad está decubriendo los placeres de la buena vida a partir de su llegada al gobierno, sin mentirosos que difundan que el estado tiene que controlar para proteger, cuando lo único que hace es arbitrar y favorecer a los amigos convertidos en socios.

Siempre digo que la corrupción mejora a los socialistas. Pero las sociedades mejoran cuando se dan cuenta de que el progreso no requiere “progresistas”.