Alta en el cielo

Les agitás la banderita y se ponen a cantar un tango. Lloran y se abrazan con el que tienen al lado aunque lo detesten. Y los dirigentes políticos llegaron ahí porque se identificaron con las figuras míticas con las que arruinaron su cabeza en la tierna infancia. Cómo no van a sentirse convocados a defender a la “linea de bandera” y a la entidad que la representa, según les han enseñado, que es el Estado. El Estado es como la vieja, como el mate.

El que esté en contra de la “línea de bandera” está en contra de la selección nacional. Así es de primitivo esto. Así quedaron los argentinos después del sueño de “educarlos” (se supone) gratis de dinero, muy caro en preparación para la vida.

No queremos una política de cielos abiertos porque queremos una línea de bandera” decía Rossi, presidente de la bancada oficialista en la cámara de diputados. Algo que ni siquiera es incompatible, pero quién se banca otras líneas aéreas que puedan dañar a la que tiene la banderita. La hacemos jugar y la hacemos ganar por decreto carajo. Y lo aplaudían desde los empleados de Aerolíneas y Austral hasta sus compañeros de bloque. El Congreso no se equivoca nunca, cada vez que aplauden es porque se han mandado algo indefendible.

Olé, olé, olé, vamos Argentina. Es un sentimiento, no puedo parar” cantaban todos juntos, igual que en la cancha ¿Acaso hay alguna diferencia? El que no canta es un inglés, el que no canta no quiere a Maradona.

Monitos decidiendo. No hay que gastarse convenciendo a nadie, hay que comprar mucho maní.

Moyano, hablando de primates, decía ayer en la Plaza de los Dos Congresos en un acto destinado a festejar este reviente “que no puede parar” mientras la inflación destruye los ingresos de sus representados: “estamos recuperando el patrimonio nacional“, pero, pequeño detalle, el proyecto que nos estaban aprobando en el recinto nos hacía adquirir una empresa con balances imposibles de creer, una deuda de 900 millones de dólares, una cantidad de empleados que sirven para llenar una acto kirchnerista, un déficit operativo de casi cincuenta millones de dólares al mes, sin un plan de negocios. El patrimonio nacional está por cierto mucho peor después de esta estatización que antes. Así piensan quienes viven del patrimonio nacional.

Pero los números no importan. A los niños les agitamos la banderita y bailan. Hasta los que se quedan con los vueltos de este escáncalo derraman lágrimas de cocodrilo. De cocodrilo rico.

“Alta en el cielo el águila guerrera”. Un tanto deshilachada el águila, pero esos son argumentos para adultos. No interrumpamos la fiesta.

El diputado Raimundi no aceptaría que le regalaran Aerolíneas, pero quiere que el Estado se la quede

Diputado Carlos Raimundi (bloque SI) en diálogo con José Benegas en Repaso Nocturno (AM 1110 Radio de la Ciudad):

El diálogo se refiere al proyecto oficial de estatización de Aerolíneas Argentinas, cuyo dictámen en comisión fue acompañado por el bloque SI que integra:

Ustedes acompañaron al oficialismo en comisión pero dicen que mantienen aún diferencias y tampoco acuerdan con lo que propone la oposición ¿Cuáles son las diferencias con ambos proyectos que tienen ustedes?

El tema de la creación de una nueva empresa, que suena tan bonito decirlo, es impracticable. No hay forma de que usted se baje del último avión del día martes con una empresa y se suba al primer avión del día miércoles con otra empresa y no tenga discontinuidad. La quiebra en la Argentina es una figura que termina manejándola el juez a través del síndico que provoca una discontinuidad en la situación laboral. Inmediatamente tendría capitales de las distintas compañías que se estén disputando los mejores pilotos, los mejores aviones, empresas de leasing que sacarían los aviones de plaza porque no sabrían si una empresa quebrada se los puede pagar. Una serie de inconvenientes que tornan impracticable una cosa que tal vez a los oídos de una persona con poca información puede sonar bonito. Del otro lado mucho más cercanos estamos al papel del Estado. Hay estados de primer nivel en el mundo, Alemania, Francia, EEUU que acuden en auxilio de sus compañías aéreas por el servicio que prestan. Y lo que hay que evitar en este proceso que se inicia a partir de mañana es que los argentinos paguemos una deuda que no corresponde porque fue adquirida fraudulentamente por el grupo español.

¿Y cómo se hace esa salvedad?, porque si se van a adquirir las acciones se adquiere todo, activo y pasivo.

Lo que pasa es que hay una diferencia muy grande entre el proyecto que había presentado el secretario Jaime y el que presentó hoy el oficialismo. En el artículo dos decía textualmente “apruébese el acta acuerdo” firmada con Marsans. Este proyecto elimina absolutamente el acta acuerdo. Algunos dicen que el acta acuerdo sigue vigente. Nosotros vamos a plantear mañana en los fundamentos de nuestra posición que el acta acuerdo es un instrumento de una jerarquía jurídica absolutamente inferior a la ley. Por lo tanto si hay una ley en un sentido contrario, eso deroga los efectos de un acta acuerdo, que no es un protocolo, que no es un tratado internacional, sino que es simplemente un par de carillas firmadas por un representante de una empresa y un secretario del estado.

Pero con un par de carillas se puede hacer un lindo juicio. Hasta con una. Yo he hecho grandes juicios con una sola carilla.

Vamos a suponer que el grupo Marsans quisiera llevar adelante esa acta acuerdo. Esa acta acuerdo dice que la tasación deberá ser perfeccionada por acuerdo del estado. Cuando el mismo Poder Ejecutivo que firma el acta, envía un proyecto de ley que dice que todo lo que pase por esta acta deberá ser aprobado por el Congreso, el acta no se perfecciona hasta que no se pronuncie el Congreso. El grupo Marsans firmó eso.

¿Cómo se hace la salvedad respecto de la deuda?

No, la verdad es que ese es un punto que a mi juicio tendría que haber sido muchísimo más explícito. El oficialismo lo salva cambiando los métodos de tasación. Es decir, el oficialismo había permitido que el grupo español pusiera un tasador y que si no se ponía de acuerdo con la tasación estatal, entraba en juego una consultora internacional. Esto también quedó derogado porque el único que está facultado para la tasación de la empresa es el Estado Nacional a través del Tribunal Nacional de Tasación, que finalmente es lo que nosotros hubiéramos presentado en un dictamen propio. No poner al Estado que rescata la empresa y al grupo que la vació en el mismo nivel de legitimidad para tasarla.

El diputado Agosto hoy decía mediante la determinación del precio, vamos a compensar eventualmente la deuda. Ahora para que eso pase, la empresa debe valer por lo menos 890 millones de dólares. ¿Los vale?

Si, lo que pasa es que hoy no los vale. En términos de los activos que tiene hoy, indudablemente no los vale. En términos de las expectativas de facturación futura con una empresa más ordenada puede ser. Pero de todas maneras lo que está por verse es el nivel de esa deuda, porque está contabilizada tomando en cuenta la sobreventa adelantada de pasajes, con una expectativa de vuelo de 80 naves, de las cuales están volando nada más que 30. Ahora, si ya hay una recuperación de la empresa porque en este mes de rescate han puesto en funcionamiento 10 aviones más y hay un nivel de puntualidad muy superior al que teníamos hace un mes, parte de esa sobreventa se va a cumplir, por lo tanto usted licua esa deuda.

Pero ahí es como valorizarla en base a lo que yo comprador voy a hacer con la empresa y no lo que me están transfiriendo.

No, por supuesto, pero lo que le quiero decir es que…

Supongamos que valga cero y se transfiere sin plata. Por qué Marsans va a aceptar esta operación y no la deja quebrar.

Ahí lo que habría que hacer es ir a fondo en las causas judiciales que hay en el país y en el exterior para determinar cuánto hay de pasivos normales y cuánto hay de pasivos fraudulentos. Es decir, una cosa es que usted me diga yo debo diez pesos porque pagué un repuesto y otra cosa es que usted me diga Marsans le vendió un avión a cinco pesos a una empresa subsidiaria de su mismo grupo y después se lo alquiló a Aerolíneas por veinte.

Eso está bien, pero a mi me sirve si yo soy acreedor de Aerolíneas en la quiebra. Ahora si soy comprador y me vienen con ese argumento de lo oscuras que son sus cuentas, que es un motivo para que yo no compre.

Si, sabe que pasa, que hay un problema concreto. Si yo hago eso qué hago con la gente que debe volar. Qué hago con las rutas.

¿Y qué pasa con Lade y con Lafsa? Digo porque a lo mejor nos estamos metiendo en un brete enorme y Lade se supone que estaba para volar a todos esos destinos a los que no quieren ir las empresas comerciales.

Si, pero por una modificación que hubo a ley, Lade está solamente para cubrir emergencias y no para transporte de pasajeros, así que está incumpliendo el Código Aeronáutico y Lafsa es una empresa fantasma…

Es un chiste…

Claro, que paga sueldos muy jerarquizados… Bueno, esas son las asignaturas pendientes que hay en el gobierno…

Pero ojo que vamos a manejar Aerolíneas con la misma gente que tomó esas decisiones…

Si, la verdad es que nosotros estamos planteando un consejo más amplio que establezca en 180 días un plan general de vuelos. Es decir una estrategia. Lo que hace este proyecto es darle facultades de control a la auditoría de la nación, a otros organismos de control y a la comisión bicameral de seguimiento parlamentario. A ver, no es lo que yo hubiera hecho. El dictamen nuestro era distinto, pero toma algunos elementos como la re-estatización, pone un tope a la venta de acciones para que el estado nunca ceda la mayoría accionaria, le da control parlamentario, lo tasa el estado, es decir han habido una serie de avances que nos permite avizorar que si incorporáramos dos o tres puntos más, podríamos acompañar este proyecto. No se lo puedo asegurar ahora.

Diputado, le hago una última pregunta. Si yo le regalara Aerolíneas Argentinas en el estado en que se encuentra, así, donde usted no sabe muy bien siquiera cuáles son sus deudas y sus créditos ¿Usted la agarraría?

Eh… No, por supuesto. No, no no, desde luego…

Claro, nosotros tampoco queremos, ese es el asunto.

No, no no, por supuesto, pero mire, que se yo. Yo tengo una tabla de las deudas y de los acreedores. Ahí lo que está faltando son algunos balances que habían sido impugnados en su momento y que después Jaime misteriosamente da por aprobados. Indudablemente acá hay algunos encubrimientos, algunas cosas que, digamos, tenemos luces y sombras en este proyecto. Yo apuesto a la recuperación de la línea a través del sostén del Estado, hoy que el Estado tiene algún dinero para hacerlo, proponemos y vamos a ser muy celosos en el seguimiento de las causas para que se discriminen los pasivos normales de los fraudulentos y confiamos en que el Tribunal Nacional de Tasaciones va a establecer un precio razonable descontando la deuda que corresponde.

Audio: http://josebenegas.posterous.com/diputado-raimundi-no-aceptaria

Aerolíneas y la discusión que nadie quiere dar

Para mi asombro en los últimos meses vuelvo a ver a bastante gente joven identificarse como “liberal”. Ignoro el grado de comprensión del término, pero si puede decirse que no tienen inconveniente en sostener algo que ha sido estigmatizado como “malo” por las usinas sacerdotales de la religión estatista local. Algunas cosas tienen que estar comprendidas para bancarse eso.

En la actividad política esto todavía no ocurre. No me refiero al uso de las palabras sino a entender qué es lo que está mal en este gobierno. No es la cara de Nestor Kirchner (que coincido en lo mal que está). El paquete enviado al Congreso para la estatización de Aerolíneas Argentinas hubiera pasado como por un tubo unos meses atrás. El cimbronazo del campo abrió otras posibilidades. Falta que alguien ponga blanco sobre negro lo que debe discutirse y Aerolíneas Argentinas es una buena posibilidad.

Entiendo que el ARI se oponga a los aspectos oscuros de la iniciativa pero en el fondo la avale proponiendo la creación de una nueva empresa aérea que absorba al personal y las rutas aéreas. Está acorde con sus posiciones de centro izquierda. No entiendo para qué acompaña el resto de la oposición una mera respuesta al negociado propuesto por el oficialismo que implica otra vez apostar al estado empresario.

Un estado, encima, con un comportamiento jurídico, económico y financiero que todos conocemos y que sabemos qué hizo con sus empresas. Quiero decir, si no es suficiente comprender mínimamente que no tenemos gobierno para volar en aviones como idea abstracta, al menos el conocimiento de lo que nos ha ocurrido sirve para entender que la idea es inviable.

Esto sin necesidad de poner el el balance que el estado tiene ya dos compañías aéreas. Una no vuela (por suerte). La otra, Líneas Aéreas del Estado” va a todos esos rincones que nos decían que las empresas comerciales no querían cubrir y que sigue siendo la excusa por la cual seguimos discutiendo si el estado se debe quedar con esta tercera línea aérea que fracasó con subsidios y privilegios manejada por quienes, a diferencia de los funcionarios, tenían algo que perder con sus resultados.

Dudo que esto no se entienda, al menos en varios de los dirigentes de la oposición. Todavía hay temor de plantear estas cosas. El otro miedo es mayor, se trata del miedo a negar que el estado deba hacerse cargo de la vida de todas las personas que se quedan sin trabajo por una empresa que fracasa. Más aún, de aquellos que se quedan sin trabajo por haberse dedicado a hacer política en alianza con el oficialismo para destruir a los empresarios y posibilitar este proyecto de hacernos cargo de una compañía que ninguna persona racional tomaría en estas condiciones ni regalada. Una empresa con 9000 empleados (parte de las condiciones de privatización fue que se quedaran con más gente de la necesaria, ahí está el resultado) que no caben ni en los aviones y con un nivel de conflictivilidad que parecía que se encontraba amasando fortunas con su negocio ¿Qué parte les toca a los empleados de Aerolíneas que participaron de todo eso? Ninguna, la idea es que las cuentas las paguemos nosotros y les construyamos una nueva empresa, ahora del estado, para que puedan presionar y “escrachar” a los que se opongan a sus “reivindicaciones”.

Estamos hablando de personal calificado con muchas mayores oportunidades de reinsertarse en el mercado que otros de empresas sin influencia política que todos los días pierden su empleo, sin la responsabilidad de estas personas. No pretendo tanta valentía desde la política, pero al menos que se piense en alguna forma de subsidio temporario por desempleo, lo realmente insensato es crearles otra compañía o estatizar esta para que el barril sin fondos siga estando a su disposición.

Escribí todo esto y me quedaron cosas en el tintero, a pesar de que mi idea en principio era hacer una introducción para reproducir este artículo que escribí en septiembre de 2003 y que recordaba Klaus en un comentario al post anterior.

Izquierdas hay

En el reparto del poder, tiene mucha importancia la medición de fuerzas entre el presidente Nestor Kirchner y Eduardo Duhalde. La verdadera pelea de fondo del domingo era esa. Sin embargo algunos análisis suelen cometer el error de quedarse en la observación de la política desde la óptica de la pelea por el poder, que interesa a los contendientes y a los observadores más apasionados, y no tanto al ciudadano común, más a merced de las políticas que triunfan que de quienes las ejercen.
Durante el predominio de Carlos Menem en la escena política, la discusión ideológica estaba en segundo plano. No es que no hubiera izquierdas como querían creer los que nunca se animaron a enfrentarlas, sino que se encontraban disfrazadas de discursos “anticorrupción”, pro “derechos humanos”, defensa de las ballenas y hasta “defensa de las instituciones”. Reivindicar el socialismo parecía un absurdo, sobre todo cuando acababa de hacer eclosión el mundo soviético que habían vendido como el paraíso.
Durante la década del 90 la izquierda no discutía ni las privatizaciones ni mucho menos la convertibilidad.
El esquema menemismo – antimenemismo sin claras definiciones de ideas se extendió durante el gobierno de la Alianza, pero después del colapso de ese experimento, la izquierda se desató. Hoy por hoy, llegada al gobierno nacional, la izquierda defiende con toda claridad el papel de las bandas terroristas que asolaron Latinoamérica en general y Argentina en particular durante la década del 70, y se identifica con los tomadores de fábricas. No es socialdemocracia lo que tenemos en la Argentina, sino izquierda retrógrada a la espera de oportunidades.
Sin embargo no existe una derecha que se oponga a esa izquierda. Uno de los ejercicios más habituales para huir de esa pelea que nadie quiere dar, y para no enfrentar las agresiones, acusaciones y persecuciones que son el modo habitual de hacer política de la izquierda, además de negar que exista el dilema izquierdas y derechas, es identificar a la derecha con el fascismo, que no fue otra cosa que una versión nacionalizada de marxismo.
Pero si sabemos que izquierda es poner toda la carne al asador para anular leyes, derecha será sostener el sistema jurídico constitucional con igual fuerza. Si izquierda es defender la guerra insurreccional de la década del setenta y sus métodos terroristas para imponer sistemas totalitarios, la derecha será sostener el derecho de defensa de la sociedad y el estado de derecho. Si izquierda es apoyar la toma de fábricas, derecha es defender el derecho de propiedad. Si izquierda es hacer demagogia con derechos sociales y conquistas laborales, derecha será defender derechos y libertades y reivindicar el trabajo propio como única fuente legítima del bienestar. Si izquierda es apoderarse del Estado para esquilmar a los que producen en nombre de la igualdad, derecha será reclamar un Estado que proteja los derechos de quienes crean riqueza, en nombre de la justicia.
¿Hay algo de malo en ser lo opuesto a la izquierda? ¿Es lógico llamarle a lo que es opuesto a la izquierda “centro”? ¿O no llamarle de ninguna manera porque pareciera ilegítimo oponerse a la anticivilización?
Si izquierda es hablar con orgullo de un proyecto colectivista, derecha será defender con igual orgullo una sociedad en la que cada individuo es un fin en si mismo. Si la izquierda no tiene vergüenza pese al daño que ha hecho desde la Revolución Francesa hasta la fecha ¿por qué motivo se avergüenza la derecha?
La izquierda es cada vez más clara en la Argentina, la derecha cada vez se desdibuja más y es un lugar que nadie quiere ocupar. Entre otras cosas porque habrá que estar dispuesto a enfrentar a la casi totalidad de la opinión publicada, que hoy tiene la capacidad no sólo de ensuciar a una persona, sino de lograr que los jueces convaliden sus juicios con sentencias arbitrarias. Derecha también es luchar contra el circo militante que persigue a los disidentes desde un poder judicial cada vez más obediente a un poder cada vez más tiránico.
López Murphy que va de fracaso en fracaso desde el 27 de abril hasta la fecha y que posiblemente pase a la historia sólo por haber destruido a Carlos Menem, no quiere siquiera ser llamado de derecha, ni aún de centro derecha, pero no le va muy bien. Cuanto más se desdibuja, peores resultados logra.
Macri tenía ganada la elección de la Capital. Triplicaba a Ibarra, el peor candidato que podría haber tenido el oficialismo. Teniendo en frente a la aplanadora más abiertamente socialista, se pasó la campaña defendiéndose de la “acusación” de ser “liberal” y tratando de identificarse con su peor enemigo: Nestor Kirchner.
No puede negarse el mérito de haber enfrentado al aparato nacional, más el de la Ciudad de Buenos Aires, junto con el Ari y la patota mediática de izquierda que juega cada vez de manera más abierta. El gobierno tuvo que hacer desaparecer a Beliz y Bielsa de escena para lograr la victoria de Ibarra. Pero la elección la tenía ganada Macri con sólo no dejarse correr por las prioridades y acusaciones ideológicas de su oponente. Mientras éste lo “acusaba” de noventista, privatizador y rico, Macri compró ese paquete ideológico (dejando de ser alternativa) y se dedicó a negar todas esas características que constituían el cúmulo de sus virtudes. Las únicas que tenía.
Macri pudo haberlos vencido a todos juntos y convertirse en un claro referente alternativo. Perdió esa oportunidad y su continuidad política dependerá de no repetir los errores (horrores) de López Murphy de aquí en más.
En la década del 80 Estados Unidos vivió lo que se llamó la “revolución conservadora”. Un grupo de republicanos, luego liderados por Ronald Reagan, empezaron a levantar banderas supuestamente impopulares, por cierto antipáticas para la prensa, como la reducción del estado, la minimización de los “gastos sociales”, la baja de impuestos y ciertos valores tradicionales como elementos de marketing. Ese fenómeno produjo un boom político que nadie pudo haber previsto. Un grupo político hablando contra la panacea del Estado de Bienestar, arrasando electoralmente al tradicional populismo tanto de los demócratas como de los republicanos. Ese grupo accedió al poder y venció en la guerra fría, terminando con la Unión Soviética.
Ronald Reagan no leía estúpidamente encuestas ni hubiera querido que un Lanata lo aceptara. No temió que lo acusaran. No tuvo cola de paja por pensar que la riqueza es de quienes la producen.
Tampoco la versión “mano dura” que representaron Rico y Patti convencieron. En realidad no son más que variantes de peronismo. No representan una alternativa ideológica a la izquierda. Al escuchar a Rico cuesta diferenciarlo de Elisa Carrió y Patti cree que cuando los repartidores sean honestos el mundo estará solucionado.
Las opciones tibias o confusas a la izquierda dominante no han despertado entusiasmo. Las matemáticas de las encuestas y los consejos de los eternos entibiadotes de candidatos volvieron a fracasar.
Por ahora las únicas alternativas a la tendencia colectivista son la fuerza bruta del aparato patoteril peronista de la Provincia de Buenos Aires, el voto en blanco o la abstención. Hay un amplio mercado electoral que carece de representación y hasta de voluntarios para ejercer ese rol.

Así veía a Kirchner en octubre de 2003

Así veía a Kirchner en octubre de 2003, cuando todo el periodismo era oficialista, los analistas explicaban lo brillante que era ese impresentable que había llegado al poder.

El origen del carisma presidencial

El elenco K ha superado la primera etapa de su gobierno acrecentando visiblemente su poder. El presidente del 22% (en gran medida regalado), después de vencer en Misiones a su propio mentor Eduardo Duhalde a sólo cinco meses de que éste lo ungiera, se convirtió en la nueva estrella del firmamento justicialista.
Como de costumbre se escribirán páginas y páginas para explicar los motivos de este rápido paso del presidente débil al presidente hegemónico. ¿Será su habilidad? ¿Será su poder de “comunicación”? ¿Acaso su visión política, su “muñeca” o su carisma? ¿Será su mirada?
El principal sorprendido puede ser el propio Eduardo Duhalde. Cómo es posible que siendo el dueño del peronismo después de conseguir inventar a un presidente, en tan poco tiempo se vea superado por su pupilo. Por algo Maquiavelo aconsejaba al príncipe no ayudar a nadie a llegar al poder. El beneficiado no resistiría la presencia de alguien a quién le debiera en alguna medida su investidura y lo eliminaría antes que a nadie.
En ese sentido el señor K es de una ortodoxia maquiavélica impecable. Nadie ha seguido el consejo de dividir para reinar con mayor entusiasmo y rapidez. Nadie se ha ocupado más, al mismo tiempo, de que lo amen por un lado y le teman por el otro.
Cuando en el llano se percibe gente que quiere interpretar favorablemente cualquier gesto presidencial, o se los minimiza como productos para “la gilada”, como es el caso del horripilante discurso que dio en la Asamblea de la ONU, se ve el resultado de esta política. Cada sector interpreta que “el presidente real” es como le gusta. Parece más digno que el presidente nos guste a que no nos atrevamos a cuestionarlo.
Es cierto que el libreto para la concentración del poder del presidente es hasta viejo, pero por si solo no alcanza para explicar el fenómeno. En realidad para entender lo que pasa hay que tener en cuenta que hasta Duhalde fue una estrella fugaz que pasó del casi ostracismo político a desplazar a Carlos Menem, quien hasta entonces era un ganador invicto del peronismo y convertirse en una figura cuasi monárquica de la Argentina.
Duhalde manejaba los resortes del aparato clientelístico del conurbano bonaerense pero carecía de aceptación ante la opinión pública que lo despreciaba. También se fue en poco tiempo interpretado como un hombre hábil, talentoso e indiscutido.
La única explicación posible a esta maquinaria de producir políticos imbatibles que se ven tan rápidamente abatidos es esta: dinero. En la Argentina paupérrima post 2001, quién se apodera de la caja es el dueño del país. Duhalde inventó el sistema por el que se puede imponer a cualquiera como presidente y ahora le está jugando en contra. La sola conciencia de todos los participantes, incluida la opinión pública, de que esto es así, le otorga a Kirchner una ventaja estratégica crucial. Nadie quiere enfrentarse al poder.
El dueño de la caja de la felicidad es el “distribuidor de riqueza” y ese sistema a la vez bandido y comprador de voluntades, goza encima de bendición moral. Hasta la propia Iglesia local ha comprado al Estado distribucionista como una forma de combate de la pobreza, alternativa a la única conocida que es la producción.
Duhalde y Kirchner no son inventos de ningún estratega sino del presupuesto nacional. Rodriguez Saa lo hubiera sido si le hubieran dado el tiempo suficiente.
El aumento en cien millones de dólares de los gastos reservados de la secretaría de inteligencia del Estado, sobre el que no se escucharán muchos comentarios, tiene su significado clientelístico. De hecho, los “sobres” revelan mucho más el motivo del oficialismo que caracteriza a la mayoría de la prensa, que las lecturas que los abundantes “progresistas” periodísticos hayan hecho de El Capital.

Tenía razón la señora

En campaña la presidente sólo contestó algunas preguntas a CNN en Español. En el país ni la mostraban, no hacía falta porque el votante aquí responde a cualquier consigna. Inclusive “voten a mi mujer”. Pero al final de cuentas ocho meses después de asumir el cargo alguna declaración suya se convirtió en premonición: “Kirchner 2011 es una ficción” dijo la señora y agregó que la inflación era una construcción mediática a la vez que su soberbia y autoritarismo eran otra construcción pero de la oposición.

A ella le tocó construir en cambio el fin del kirchnerismo. No se puede decir que su paso por el gobierno haya sido en vano.