Por qué perdió Rajoy

A veces las cosas tienen una explicación más simple de lo que parece. Martín Varsavsky compara hoy a Rajoy con de la Rúa, del que se muestra con razón decepcionado. Digamos que en términos técnicos argentinos evalúa al ex candidato del PP como un auténtico nabo.

El Partido Popular español es un gran partido sin duda, con mucha organización, con contenido, con plataforma. Dista mucho del tipo de reunión de lectores de Anteojito que es nuestra derecha, centro derecha, fafafa o como quieran denominarse. En Anteojito no está la respuesta a qué es lo que deben ser, por eso a veces no es tan fácil que acepten un apelativo.

Pero toda organización tiene mejores y peores momentos. Mi experiencia personal no se si pintará algo de lo que pueda explicar otra derrota del PP después de la anterior que fue tan circunstancial. Hace unos meses me presentaron a una “jefa de prensa” de Rajoy en la Argentina, antes de su visita. No me conocía, lo cual no es ningún pecado, pero tampoco demostró mucho interés por conocerme. De hecho le dije que tenía ganas de entrevistar a Rajoy para FM Identidad en el horario que quisiera y dónde quisiera. Puedo entender que la agenda no es ajustable, pero no me respondió y a la segunda vez que intenté llamarla ya no me atendió. Me dijo que tampoco le quedaban invitaciones para el acto. Se las había gastado (presumo que en unos cuantos lectores de Anteojito que estaban en el mismo lugar). Me olvidé de Rajoy y no creo que haya sido una pérdida muy grande para su campaña pero no parece que la cosa funcione bien cuando se está perdiendo algo que se tenía ganado.

La señora no era española sino Argentina. Hay mucha gente en estos puestos que está para hacer el menor esfuerzo y conseguir una tarjeta con una chapa importante, sin interesase por la cuestión que tienen en sus manos. Algo que me cuesta entender, pero es así.

Lo segundo que ocurrió, esto no tan personal, es que cuando Aznar visitó Buenos Aires, fue recibido por el entonces presidente Kirchner.  Se deshizo en elogios. Una falla de sus contactos en Buenos Aires, a quienes no conozco, salvo a la señora de marras de cuyo nombre me olvidé como ella se habrá olvidado del mío. Me pareció un típico error de lectores de Anteojito que creen que la política es vender un producto al votante sin entender que requiere también una red de apoyos. No se puede ganar votos debilitando a esa red o confraternizando con los enemigos de esa red. Y si alguien no se dio cuenta de que el kirchnerismo es enemigo de los amigos que puede tener el PP en Buenos Aires el problema es aún mayor.

Para nada creo que esto explique mucho, salvo que más que errores aislados sean parte de un proceso más amplio. Lo cual no se.

Martín Varsavsky estuvo en La Habana

Ló unico que hace falta para darse cuenta de lo que pasa en Cuba es honestidad, no tiene nada que ver con las ideas políticas. El problema de Cuba es obvio, el fracaso de la “revolución” no es materia opinable es un hecho burdo sin matices. El gobierno de Cuba y sus defensores son como Alberto Fernández venediendo el índice del Indec.

Martín Varsavsky estuvo de visita y vio lo que vimos muchos. Se define progresista y con ideas distintas a las mías ve y cree. No cree primero y niega después como nuestros izquierdisas formados leyendo Página 12.

El virus argentino

Ya se, me van a decir que soy un masoquista, que al final soy el único que ve esos programas y que les estoy dando rating. Pero no puedo evitar observar estos fenómenos tan truchos que produce nuestro ambiente cultural (en sentido amplio) como son los “transgresores”, los “revisionistas” y los “valientes”, todos en versión souvenir para ser adquiridos como quién se compra ropa de marca top, es decir “tipo nada”.

El nuevo programa de Cuatro Cabezas que se estrenó anoche se llama “El Gen Argentino” y además de ser un embole absoluto es un desborde de nacionalismo fascista desde el mismo título. Quieren encontrar en la “argentinidad” un gen, algo así como el sucedáneo bolivariano de “ser nacional”, esa especie de “espíritu santo celeste y blanco” pero encarnado y reciclado para que pueda ser defendido por Página 12. Todo esto encima como sucesores de la revolución y la lucha de clases, lo cual hace particularmente idiota al proyecto.

A lo largo de 8 programas conducidos por un Mario Pergolini más desorientado que perro en cancha de bochas, se intentará dilucidar de entre una cantidad de personajes históricos y actuales de la Argentina quién representa al “gen de la nacionalidad” mediante la votación del público. Que es por supuesto el mismo público que ve CQC.

Cómo en el nacionalismo exacerbado ese “gen” o “ser” colectivo tiende a parecerse a los genes y seres que producen el espectáculo. La idea, como todo colectivismo, es demostrar que ellos son los mejores representantes del todo. Entonces arman un panel digno de su parcial parcialidad con intelectuales de la talla de Gonzalo Bonadeo y Felipe Pigna. Qué casualidad, parece que lo más nacional es lo más a la izquierda que se encuentra en el mercado. “Nosotros somos el todo” es lo que dicen todos los totalitarios por cierto.

Lo más absurdo de este juego es que el “gen” se vota. Si hay mayorías y minorías, permitiría suponer el uso moderado de las neuronas, entonces no hay todo ni hay “gen” sino solo preferencias parciales y momentáneas de un tipo de público en un horario determinado. Preferencias que pueden cambiar. Un juego es malo cuando no se puede jugar porque hasta carece de coherencia interna.

La llamada “educación patriótica” que construyó los “proceres” y la historia de ficción con grandes hombres y destinos nacionales produjo esta otra que es su hija adolescente como nueva forma de contaminación de las generaciones futuras. Confronta con la anterior pero en realidad la perpetúa con otros ídolos.

Todo esto es útil para tomarlo en cuenta en la discusión sobre medios tradicionales o la nueva forma de transmisión de información en Internet. Martín Varsavsky escribió algo sobre esta polémica hace poco. Se dice que Internet produce cualquier tipo de información y que hay cosas serias y otras que no lo son. Vasta ver “El gen argentino” para darse cuenta que los medios tradicionales tienen el mismo problema y que la diferencia entre unos y otros no es la seriedad y mucho, muchísimo menos la infalibilidad. Nada nos libra de tener que usar el criterio para elegir y descartar ni del riesgo de ser engañados.