Ojo con ir a Gualeguaychú en el Carnaval

Los alarmistas ecológicos de Gualeguaychú, psicologicamente kirchneristas, perfectos ciudadanos argentinos están haciendo algunos ajustes a sus predicciones. Parece que no se ven consecuencias de la planta de Botnia “todavía”.

Yo me tomaría en serio todas las advertencias que habían venido haciendo. Ya nos informaron de muchos niños con problemas para respirar; pobres “creaturas”.  No solo niños, también mayores por el solo hecho de estar a treinta kilómetros de la planta padecían afecciones espantosas (en la foto un fan de Busti tal vez, quedó con esa cara por mirar a la planta en luna llena desde la playa). Nuestros jueces post noventistas se lanzaron al cuello de los malos directivos de la empresa. Y al que dijo lo contrario lo tratamos de chorro ¿Qué otra cosa puede ser alguien que nos contradice no?

Hasta tuvimos que desmentir a investigadores propios que dijeron que la planta no iba a contaminar y tratamos de mal intencionados, agentes de Bush tal vez, a quienes lo dieron a conocer. ¡Basta de conocimiento, eso es de derecha! ¡Lo que necesitamos es militancia, convicciones, ideales heguelianos!

Todo esto en este corto plazo en el que todavía no se ven consecuencias ambientales. Imaginen cómo van a quedar los gualeychuenses en el largo plazo. Y ni hablar de los habitantes de Fray Bentos que si están al lado de la planta.

Digo yo, en vez de cortar el puente, ¿no habría que pedir que lo muevan? Si no ahora, al menos en el largo plazo. Por lo pronto, con todos estos problemas mejor planificar el carnaval en otro lado. Después de todo, largo o corto, uno no sabe bien qué es.

Entra Cristina, sale Greenpeace

Lo mejor del despegue de Greenpeace (que de peace no tiene nada) del festival quilombero de Gualeguaychú es que ocurre a los pocos días de que nuestro brillante gobierno se metió de cabeza en la estrategia piquetera. Y junto con el gobierno otros líderes populares como Luis Majul que está viendo a ver si se puede subir de nuevo al avión presidencial y hace un par de semanas se mandó un programa desde el puente con aire de estudiantina estilo feliz domingo en el que parecía que nos invadían los marcianos desde Botnia. O el diario La Nación que en esta materia parece una agencia de prensa del pinguinismo.

Somos una risa como país, y no estaría mal si no fuera porque pagamos como si fuéramos un espectáculo en pleno Brodway

¿Qué hará ahora nuestra farándula, siempre tan preocupada con estar al último grito de la corrección política? ¿Cómo decidir entre las madres de plaza de mayo y los idealistas de los pajaritos y las ballenas?

La vocera

La inconsistencia de la posición argentina en el conflicto de la pastera va al ritmo de la irracionalidad de los piqueteros entrerrianos. La señora presidente electa dijo hace sólo unas semanas que había que asumir que Botnia estaba terminada. Ella puede llamarle a eso hecho consumado, yo le llamaría el avance de Uruguay sobre un proyecto que era respondido desde el otro lado por cortes de puentes internacionales; es decir, sin negociación sino con hostilidades.

Ahora sale a hacer de vocera de los exabruptos de su consorte. Y señala que no se interesará en que existan monitoreos ambientales hasta que no se pronuncie el Tribunal de la Haya. Cuando esta posición estaba en boca de unos irresponsables vaya y pase, pero se trata de la señora que ocupará el sillón de Rivadavia en unos días. El gobierno argentino por temor a unos cuantos revoltosos ha sostenido que la planta contamina, contra todos los informes técnicos, pero dejará que el daño ambiental se produzca, que los niños se “desmayen con el olor a coliflor” y otras estupideces del mismo tenor que veremos en los próximos meses, junto con todas las catástrofes que se anunciaron que ocurrirían, hasta que el tribunal de La Haya no se expida. Ningún control conjunto de las emanaciones de la planta sería incompatible con las posiciones sostenidas en el conflicto. Al contrario, si la Argentina no se interesa por participar en un monitoreo es porque o bien no cree en la tesis ambientalista o está dispuesta a sacrificar a la población de Gualeguaychú para “demostrar” que tiene razón.

En realidad no se por qué digo una de dos. Hablando de kirchnerismo las dos son posibles.

Uruguay fabrica papel, nosotros papelones

El panegírico de la ofensa que sigue al despecho lo presenta el diario La Nación, en Clarín van der Koy equilibra los tantos en un empate que en la competencia de guarangada y bajeza el gobierno argentino igual hace negocio porque Uruguay no ha hecho otra cosa que postergar la ley en función de los deseos electorales de un país, nosotros, que no entiende que la ley no pueda ser objeto de algún enjuague.

Pero ni Rodríguez Yebra ni van der Koy se dan por enterados de esta cuestión. Hace una semana la presidente electa estaba iniciando el camino del cumplimiento de un pacto ilegítimo para beneficiarla en las elecciones, lo de Chile fue la chifladura del despecho y si Tabaré hubiera tenido que actuar a la misma altura que Kirchner como sugiera van der Koy que ocurrió, tendría que haberlo mandado a un lugar poco elegante a su par argentino.

El rey de España está más preocupado por los negocios personales que por cualquier otra cosa y de verdad está haciendo un papelón en su postura pro guarangada. Debería haberse mostrado contrariado por los gestos de Kirchner hacia los cortadores de ruta y por el dinero que reciben del estado entrerriano. Pero él sabe con los bueyes con los que ara y les da pastito para que estén contentos.

Por cierto la descripción que Tabaré hace una descripción de lo ocurrido al diario La República (aclaración, en Uruguay los presidentes hablan con los diarios y encima éstos no le chupan las medias) es bien distinta a la de nuestro gobierno y a la de las notas mencionadas sustentadas en “gestos”. A la convocatoria de Moratinos faltaron los técnicos argentinos, algo que tendría que responder el mediador mismo y la cancillería argentina (¿Alberto Fernández?)

El enemigo

El despecho es la herramienta de toma de decisiones por antonomasia para el señor K. No se cómo haría Escudé para justificar a un presidente que salió a encerrarse a si mismo y a su sucesora marital  abrazándose a los llamados asambleístas  que están embarcados un todo o nada del que hasta hace una semana el gobierno quería salir, cómo forma de responder a la decisión lógica y previsible del gobierno uruguayo de habilitar la planta de Botnia después de haber ganado todo lo que tenía que ganar y obtener como respuesta del otro lado (de éste lado) que la negociación empieza dando todo aquello por perdido.

El gusto kakal por redoblar la apuesta no es estratégico, apenas alcanza la categoría de exabrupto narcisista y si le da resultado en la política interna es por que encontró una sociedad civil postrada. Este “mirá Tabaré, ahora me saco la foto con ellos” es un problema para él y su sucesora y no para el presidente de Uruguay.

En lugar de hacer estas demostraciones de “a mi qué me importa” mister president debería empezar a preocuparse por la trascendencia del problema de que los llamados asambleístas estén siendo subsidiados por el estado, por aquello de que cuando es el gobierno el que viola masivamente derechos eso es un delito de lesa humanidad según los parámetros del gran creador de nuestro derecho torcido don Horacio Verbitsky.

Una chica verde, pero no tanto

Durante la cumbre de Viena y ante 60 jefes de estado la reina del carnaval de Gualeguaychú Evangelina Carrozo, impulsada por la organización ecologista Greenpeace irrumpió vestida con un biquini y un cartel que decía “basta de papeleras contaminantes”.
Les hago a los lectores una de esas preguntas muy fáciles que más quisiera uno que se hicieran algún día por un millón: adivinen de qué material estaba hecho el cartel. ¿Fácil no? Si les quedan dudas con mirar la foto de La Nación es suficiente.

Pero para los muy distraídos, va este multiple choice: 1. De hojas de parra, 2. De lechuga orgánica, 3. De papel.