El circulo perfecto de la autodestrucción

Empezó como un juego culposo sobre las empresas, quienes lo tomaron creyendo que harían con eso una forma de publicidad institucional, un marketing izquierdista. Se trata de la “responsabilidad social empresaria” basada en el axioma envidioso “ya que ganan tanto podrían repartir un poco ¿no?”. Lo aceptaron fácil porque total era poquita plata ¿A quién le podía hacer daño? ¿Se aceptaba un falso principio? A nadie le importaba, esas son cosas para gente ideologizada; cosas gratuitas en las que no hay en juego nada concreto.

Ahora llegamos a la consecuencia. Ninguna cabeza va a rodar entre los “pragmáticos” cuando se den cuenta del problema de que para la política esa “responsabilidad social” es una obligación y tienen a un policía perfecto para su cumplimiento en el señor Moreno.

¿Las empresas no estaban para ganar plata? Si lo están. Mantener el sistema que les permite ganar plata, es decir la vigencia del derecho de propiedad, sí es una obligación con los accionistas que terminan pagando muy caro la negligencia gerencial en esa material. También pagan estas formas de demagogia, no en el largo sino en el mediano plazo. Un día se van a avivar.

Desde ya señora enteresé: No hay lamparitas en el mercado por buenos sentimientos de nadie, mucho menos por la bondad de los políticos respecto de lo que es de otro. Las hay por puro egoísmo, por ambición, por deseo de lucro. Por alguien que tal vez se quiere levantar a una rubia y necesita la plata para comprarle el anillo. Para que le sirva de referencia, por motivos muy parecidos a los que la llevaron a usted al poder, solo que en su caso no dio como resultado ninguna lamparita.

Grobocopatel: ganar dinero está bien

Por suerte no todos los empresarios se dejan correr con la culpa progre, porque como no vivimos del reparto sino de la producción, si no dejamos el resentimiento parasitario vestido de ética y reconocemos el valor moral del lucro vamos rumbo a la desaparición.

En cualquier país normal que un empresario de los importantes como Gustavo Grobocopatel diga “ganar dinero está bien” sería innecesario. Pero en la Argentina no es tan sencillo que ocurra. Prefieren vestirse con demagogia para no ser maltratados por una opinión pública demasiado acostumbrada a despotricar contra las ganancias particulares y a hacerle el juego así a las ganancias de las cajas políticas.

Proteccionismo por favor, que la estupidez no es industria nacional

Observen como opera la colectivización de la sociedad revestida de “estudio”. No dudo que los autores del trabajo al que se refiere el New York Times deben ser niños mimados en Estados Unidos, con sueldos mucho mejores que cualquiera que diga cosas como “y a mi qué me importa lo que opinen otro sobre lo que es mío”

La seriedad en sus estándares actuales: estadístico, numerológicos y académicos de copetín, no es seria. Con el recurso infantil de presentar cifras y encuestas el estudio esconde la falsedad de la que parte que es igualar la opinión del público sobre la política, sobre lo común que es “de todos” (en los manuales al menos), con la opinión de los consumidores sobre empresas que no les pertenecen. Solo son adquirentes libres de sus productos.

Se parte de una falsificación de roles. El consumidor decide comprar o no y elige entre varios productos. Ese es papel es consumidor. Si opina sobre cómo se dirige una empresa, hacia dónde tiene que ir será porque al dueño le interesa mejorar sus ventas pero no porque tenga algún derecho a hacerl. Pero si la opinión que se recolecta como un estándar al que las empresas bajo una ética colectivista debiera responder, el consumidor deja de ser tal para ocupar el rol de director de la empresa en una relación de tipo político. Como se pregunta lo que se quiere, del modo en que se quiere con una arbitrariedad incluso mayor a la que se da en la política, el resultado es medida del encuestador y lo que ocurre ees que los autores de los “estudios” o las instituciones que representan se convierten en los verdaderos dueños en un juego que bien podría ser incluido entre las tropelías políticas descriptas en La rebelión de Atlas.

Y el título del trabajo ya lo ubica como una forma de colectivizar los medios de producción. Le llama “responsabilidad” a la “demostrada” “necesidad” de que las empresas se adapten mejor a las exigencias del pueblo, llamado allí “consumidor”. Una mezcla de situaciones y marcos tal que de ser seria la seriedad hubiera llevado a los jefes de los “expertos” a reasignarlos como servidores de café.

El problema es que el mundo académico ya había sido “adecuado” con una serie de políticas para que todo se colectivice. Las elecciones privadas son censuradas como “discriminatorias” como si aquello sobre lo que se estuviera decidiendo fuera público. Después de eso como no se iban a realizar ensaladas como la del NYT.

Eso si, toda esta pavada entra libre por completo de aranceles.