José Benegas Talks: Podcast semanal, con participación de los oyentes.

José Benegas Talks, un podcast semanal para discutir cómo los acontecimientos, declaraciones y opiniones de la actualidad, influyen en nuestra vida como individuos. Cuestiona el statu quo y la moralina social de los medios masivos de comunicación, para abordar la realidad sin temor, en forma interactiva con los oyentes.
JBT puede escucharse en vivo los lunes a las 6 PM (Eastern Time) 20 hs (Argentina) o a través de iTunes, iVox o en la página josebenegastalks.com. También en el sitio en Facebook…. Los oyentes participan por teléfono o vía Skype.

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El peronismo

Hay dos grandes mentiras de la historia reciente de la Argentina y sospecho que ambas vienen del mismo lugar. No es que no haya otras, la lista es grande, pero estas dos tienen influencia en lo que está pasando electoralmente.

La primera es que el terrorismo setentista fue consecuencia del derrocamiento de Perón, el bombardeo de la Plaza de Mayo y no se cuántas otros acontecimientos de los que los jóvenes psicópatas de entonces decían ser vindicadores. La realidad era que llevaban a cabo un proyecto de toma del poder para instalar un terror de estado total al estilo soviético y siguiendo una estrategia continental. La historia argentina, era usada para unos fines bien concretos, lo mismo ocurría en todos los países vecinos sin que hubiera habido nunca un 55 en ninguno de ellos.

La segunda es de ahora: “el problema es el peronismo”, cuando de nuevo nos encontramos con una estrategia continental que originada o no en Cuba, se une en función de la instalación de gobiernos criminales que asuman el poder total y se queden con los recursos, sometan a la población y obliguen incluso a votarla. El peronismo ha sido otra vez un instrumento. El kirchnerismo como chavismo es un sistema de dominación, no electoral. De hecho cuanto peor están los distritos más ventajas sacan, porque la población está a sus pies.

El peronismo fue “el problema” en la década del 40. Era una organización fascista típica, que seguía una estrategia más bien europea. Después de Perón o inclusive con Perón, se convirtió en un laborismo sindicalista – estatista, con el que compitieron otros estatismos de estilo socialdemócrata. La verdad es que no se puede diferenciar al peronismo post década del 40 del radicalismo en primer lugar, pese al complejo que tiene este partido de tildarse a si mismo de ético y republicano. Una socialdemocracia no es republicana, pero no me voy a extender en eso. Desde el 55 todos los partidos, salvo la UCEDE en su momento, quisieron representar variantes de “peronismo bueno”, incluido el partido militar.

El kirchnerismo implica volver al fascismo original, de un modo más eficiente, con un estado más afilado gracias al pensamiento socialdemócrata de medio siglo, y con unos ribetes un poco más puramente delictivos, todo enraizado en una historia heroica de aquellos jóvenes psicópatas de los setenta, de los que tampoco son exactamente una continuidad, pero incluye a sus protagonistas. Este fascismo contiene al marxismo revolucionario, confirmando una vez más que no tienen diferencias más que de forma, si Cuba sigue en pie es por haberse exportado como nazismo a Venezuela.

Otro dato importante es que sin la política de victimización del terrorismo iniciada por Alfonsín, enancada en “derechos humanos” al punto de la glorificación, el kirchnerismo tampoco hubiera fructificado. Esa estafa de que porque no se los había juzgado eran jóvenes idealistas, empezó ahí.

Volvamos a la actualidad. El eficiente aparato de manipulación kirchnerista consiguió dos cosas importantísimas para su subsistencia: una oposición que los subestimara como problema, por temor a enfrentarlos y, segundo, que diluyeran el conflicto en uno viejo, no vigente en iguales términos: peronismo antiperonismo. Entonces nos encontramos que los mismos que nos dicen que no hay que ser antikirchneristas, nos quieren convencer de que es momento de ser antiperonistas. Creo que con eso se entiende por qué al kirchnerismo esta sutileza le conviene tanto como convertir a Clarín en la oposición.

El kirchnerismo es parte de un problema continental actual, el peronismo es un problema viejo que no es mayor que el del resto de los partidos políticos. El kirchnerismo debe resolverse entendiendo lo que ocurre en Bolivia, Ecuador y Venezuela.

Sostener que el kirchnerismo y el massismo/de la sotismo son lo mismo, le conviene a los kirchneristas que tienen de ese conjunto las de ganar. La oposición necesita dividir ese frente, por lo tanto distinguir al peronismo laboralista del fascismo de ultra izquierda delictivo, asociado al Vaticano, como para complicar las cosas un poco más.

Lo paradójico es que si se hubiera entendido esto antes de las PASO, el peronismo entero estaría fuera de combate. El massismo/ de la sotismo por quedar fuera de octubre y el kirchnerismo por encontrarse en la posibilidad de perder en primera vuelta y en la certeza absoluta de perder en la segunda.

Por eso reitero, el desvío de la atención hacia el “peronismo” como un todo, es una estrategia K, como el convertir a un medio que no va a elecciones en su principal enemigo. Hace un par de años que se reflotó el conflicto como si fuera actual y se puso un empeño ciego en negar la naturaleza del kirchnerismo.

Lavagna el antinoventista en serio

Si hay algo más ridículo que el kakismo cuyo único tema son los años noventa habiendo sido la mayoría de ellos felpudos de Carlos Menem es la pretensión de autenticidad en el antinoventismo que quiere representar Lavagna.

 Hasta diría que me parece más aceptable ser antinoventista por chanta y mentiroso que querer serlo “de verdad”. La Alianza fue la versión más convencida de luchar contra Satán, pero en general como actitud es estúpida. La Argentina sigue viviendo del capital acumulado en los años noventa y de todo lo organizado en esa década. A partir de ahí vinieron distintas versiones de capturadores de lo ya hecho.

Los gobiernos ineptos que siguieron a esa década, bastante más racional que ésta no refundaron nada como pretende el creído estadista Eduardo Duhalde o su versión de oferta de última hora nuestro actual primer mandatario. Apenas refundieron todo con transferencias de recursos enormes. Pero crear, no se ha creado nada.

Veamos las versiones de antinoventismo existentes:

1. Antinoventismo militante peronista: Toda la fauna karadura de chupamedias de Menem que se subieron a otro carro cuyo principal incentivo es la plata capturada por las nuevas exportaciones por los precios chinos.

2. Los resentidos eternos porque Menem no los bendijo y se vengarán toda la vida de ellos con nuestros recursos, es decir, el matrimonio Duhalde. Nunca odiarán igual al que los destruyó que fue Kirchner, porque en el fondo le temen reverencialmente por su carácter actual de sacerdote izquierdista.

3. El antinoventismo reivindicativo, que está constituido por gente que quiere lavar su pasado criminal en organizaciones armadas. Viven para que nunca se deje de hablar de los militares y así poder tapar lo que hicieron. Ven a la década del noventa como una amenaza y trabajan para eliminar todo resquicio de ella dado que perciben la posible demostración de que ellos en realidad mataron para construir un mundo peor. Sospechan que en aquella época se gestaba la posibilidad de que quedara al descubierto que la mejor vida para la gente estaba del lado opuesto al de sus objetivos. Eso los convertiría en asesinos al pedo.

4. El antinoventismo políticamente correcto, que a su vez se divide entre antinoventismo místico, con la señora Carrió a la cabeza, y antinoventismo centrista que es ese que corre con la cola entre las patas para que los otros antinoventistas no los acusen de noventistas.

5. Antinoventismo piola, compuesto por grupos de empresarios herederos del estatismo del siglo pasado que se vieron en problemas para vivir de su capacidad empresaria y aman a los gobiernos que reparten queso, sean montoneros o lo que sean.

6. Finalmente viene Lavagna a representar un neo-antinoventismo como sinónimo de anti-convertilismo devaluismo y con una alianza atrás de caídos de los otros antinoventismos.

Casi diría que en el antinoventismo unido se encuentran los principales motivos por los cuales la década del noventa pronto podría pasar a ser endiosada como una especie de época de oro.

Fuera de esos espécimenes, existen críticos de varios aspectos de cómo se gobernó en aquellos años, interesados en sacar conclusiones más que en posicionarse y que saben que hay mucho para rescatar que no debe perderse entre tanta chantada. Pero lo peor que podría ocurrir es que otra generación de antinoventismo reemplace a la actual reivindicando su seriedad en cuanto a esta poco seria forma de manejar los destinos del país.