Macri y la estatua

Macri y la estatua

El perfecto mundo del revés. Por un lado molesta la peronización por un monumento. El signo único que produce la revelación acerca de la naturaleza del PRO es la foto con el candidato y el Pocho en bronce alzando sus brazos, no la legislación que regula los consorcios o el restablecimiento del nefasto impuesto de sellos, por ejemplo. No molestó tampoco algo que es más a favor del mito fundante del actual esquema de poder total, como la estación Rodolfo Walsh o el homenaje al “pañuelo blanco”, que eso si alimenta a la banda en el poder. A la vez había que escuchar decir que votar al PRO se justificaba porque terminaba con “el peronismo”. Una estatua y el cuento se terminó. Lo que para muchos hizo peronista a Macri es una foto, no sus decisiones de gobierno.

Pero no, el peronismo del PRO no consiste en el monumento de Perón. Eso es campaña electoral. Algo muy sencillo, hay que sumar unos puntitos para  entrar en la segunda vuelta, cuando un par de meses atrás nos decían que no tenían que hacer ningún acuerdo porque ganaban directamente en la primera. Un gobierno bien encaminado que le hace mimos al mito peronista, no sería más que la rutina de las relaciones públicas en el poder. Que alguien espere algo mejor del poder en nombre del socialismo vaya y pase, ellos lo idolatran; pero de quienes esgrimen sentimientos republicanos no se entiende. No puede ser que nos notifiquemos de que no hay una cuestión de principios en juego en las elecciones por la más frívola señal, ignorando las más significativas de todos los días desde hace años. Pero como sea, la teoría del principismo antiperonista quedó disuelta.

Ahora hagamos una evaluación oportunista. Hay quienes se apuran a aprobar el acto en base a la realidad electoral o incluso lo disfrazan de otro principismo de última hora: es un símbolo de paz y concordia ¡Que maravilla, cuánto relato! Es el piso que nos deja el kirchnerismo en el discurso. El señor Macri dijo ayer que era el primer peronista y que todos los días se repetía que “mejor que decir es hacer”, porque es ingeniero. La verdad, siempre sospeché que los ingenieros eran todos peronistas; en fin. Cualquiera diría que más que tender una mano a los distintos en nombre del amor y la paz, se subió al caballo del general.

Somos grandes, sabemos que está en juego la continuidad de un sistema criminal feudal, aliado a lo peor del mundo. Sabemos que el resto de la oferta electoral es mediocre, peronista, asistencialista, que debaten a ver quién es más socialista (definición que inspira otros artículos, que generosa es la vida) y que de eso habrá que ocuparse. La cosa del problema “peronista” de parte de estos peronistas con pretensiones de paquetería, era otro oportunismo de bajo vuelo. Les molestaba la aparición de Massa, que se explica nada más por la permanente defección de ellos de entrar en el desafío al poder K de verdad y entonces, agrandados por las encuestas de su asesor genio, crearon para los incautos una división que no fuera K/anti-K, que es el problema que tiene la gente, que tienen sus votantes, sino “peronistas” (nominales) y “anti peronistas” (nominales). Sacaron múltiples libros para explicarse así las cosas, que era la única forma de poder despreciar a Massa (con quién se habían aliado en el 2013) y juntarse con los radicales, sin perder la posición cómoda de no tener que definir al oficialismo K. Si a alguien no le gustaban sus principios, tenían otros.

Claro que Massa es peronista, como lo son todos los que debatieron el Domingo. Claro que Massa estuvo con este gobierno y que eso es inaceptable. Claro que sus anuncios de gobierno no van al fondo del asunto y en algunos casos es pura vaguedad, igual que el del PRO. Pero también es claro que primero había que ganarle a él, porque se necesitan esos votos que tiene que siendo peronistas no quieren a este gobierno, para después enfrentar a Scioli con la mayor fortaleza. El asunto es que estaban agrandados, pensaron que no lo necesitaban y lo disfrazaron todo de principismo, dejando ayer a los que repitieron sus alegatos moralistas pedaleando en el aire.

El PRO tiene dos problemas. Uno su sentido de principismo lábil y otro su  oportunismo grueso y temeroso. Tienen los cables cruzados. Hay que votarlos, pero señores, seamos claros, hay que votarlos por un oportunismo de emergencia, corriendo el enorme riesgo de que aún como remedio sean peores que la enfermedad. O no hay que votarlos, respeto las dos posiciones, todos hacemos oportunismo de alto riesgo en estas circunstancias. Lo único que no tenemos que hacer es engancharnos en retóricas vacías, menos que menos con ese oportunismo  de billiken que habla de valores que no tienen; que es tan retorcido y peronista.

Eso que llaman peronismo

Eso que llaman peronismo

Ya escribí antes sobre por qué la invocación al “problema peronista”, es una desviación de la cuestión que este concreto kirchnerismo, asociado a proyectos criminales similares en la región y no a la historia política argentina. Mi simpatía por el peronismo es nula, como lo es por el resto de los partidos políticos, que son peronistas sin presupuesto. El problema no está ahí, nos estamos quedando en un nivel que no resuelve nada, ni la emergencia de ser gobernados por una banda, ni la decadencia argentina que asombra al mundo.

El estereotipo “peronista”, que comparten individos de todos los partidos, está constituído hoy por aquellos políticos que se han dado cuenta de que el estatismo sólo sirve para robar. El problema lo tenemos con los demás, que están convencidos de que sirve para hacer cosas lindas, cuyo mayor representante del momento es el propio “santo” padre. Por eso es paradójico que la crítica moral al kirchnerismo, se sostenga en una confusión moral de proporciones siderales. El socialismo como moral corrompió a los “peronistas” (va entre comillas para que no se lo identifique con los que específicamente están en el peronismo) y estos están en un estadio cínico del problema; por eso caen peor que los “correctos”.

El socialismo bueno es como ISIS cortando cabezas por Dios. Cuando el papa le habla al Capitolio en los Estados Unidos, a los protoperonistas, esos peronistas en potencia que no han desarrollado su degradación pero creen estar en una cruzada moral, les resulta un dato irrelevante que está dando consejos morales al monopolio de la fuerza. La corrupción consiste en no percibir diferencia alguna entre ese “bien” hecho con las armas y la generosidad hecha con recursos propios. Primero tienen que tener sentido de lo propio, si no no hay justicia además de generosidad.

El peronismo mal que mal tiene remedio. Ellos ya saben que están robando. Los que roban con “honestidad”, son un caso perdido. La mentalidad radical está haciendo estragos en la oposición. Esto no se arregla con civismo, más bien se tiende a taparlo y a confundir a la gente.

El peronismo

Hay dos grandes mentiras de la historia reciente de la Argentina y sospecho que ambas vienen del mismo lugar. No es que no haya otras, la lista es grande, pero estas dos tienen influencia en lo que está pasando electoralmente.

La primera es que el terrorismo setentista fue consecuencia del derrocamiento de Perón, el bombardeo de la Plaza de Mayo y no se cuántas otros acontecimientos de los que los jóvenes psicópatas de entonces decían ser vindicadores. La realidad era que llevaban a cabo un proyecto de toma del poder para instalar un terror de estado total al estilo soviético y siguiendo una estrategia continental. La historia argentina, era usada para unos fines bien concretos, lo mismo ocurría en todos los países vecinos sin que hubiera habido nunca un 55 en ninguno de ellos.

La segunda es de ahora: “el problema es el peronismo”, cuando de nuevo nos encontramos con una estrategia continental que originada o no en Cuba, se une en función de la instalación de gobiernos criminales que asuman el poder total y se queden con los recursos, sometan a la población y obliguen incluso a votarla. El peronismo ha sido otra vez un instrumento. El kirchnerismo como chavismo es un sistema de dominación, no electoral. De hecho cuanto peor están los distritos más ventajas sacan, porque la población está a sus pies.

El peronismo fue “el problema” en la década del 40. Era una organización fascista típica, que seguía una estrategia más bien europea. Después de Perón o inclusive con Perón, se convirtió en un laborismo sindicalista – estatista, con el que compitieron otros estatismos de estilo socialdemócrata. La verdad es que no se puede diferenciar al peronismo post década del 40 del radicalismo en primer lugar, pese al complejo que tiene este partido de tildarse a si mismo de ético y republicano. Una socialdemocracia no es republicana, pero no me voy a extender en eso. Desde el 55 todos los partidos, salvo la UCEDE en su momento, quisieron representar variantes de “peronismo bueno”, incluido el partido militar.

El kirchnerismo implica volver al fascismo original, de un modo más eficiente, con un estado más afilado gracias al pensamiento socialdemócrata de medio siglo, y con unos ribetes un poco más puramente delictivos, todo enraizado en una historia heroica de aquellos jóvenes psicópatas de los setenta, de los que tampoco son exactamente una continuidad, pero incluye a sus protagonistas. Este fascismo contiene al marxismo revolucionario, confirmando una vez más que no tienen diferencias más que de forma, si Cuba sigue en pie es por haberse exportado como nazismo a Venezuela.

Otro dato importante es que sin la política de victimización del terrorismo iniciada por Alfonsín, enancada en “derechos humanos” al punto de la glorificación, el kirchnerismo tampoco hubiera fructificado. Esa estafa de que porque no se los había juzgado eran jóvenes idealistas, empezó ahí.

Volvamos a la actualidad. El eficiente aparato de manipulación kirchnerista consiguió dos cosas importantísimas para su subsistencia: una oposición que los subestimara como problema, por temor a enfrentarlos y, segundo, que diluyeran el conflicto en uno viejo, no vigente en iguales términos: peronismo antiperonismo. Entonces nos encontramos que los mismos que nos dicen que no hay que ser antikirchneristas, nos quieren convencer de que es momento de ser antiperonistas. Creo que con eso se entiende por qué al kirchnerismo esta sutileza le conviene tanto como convertir a Clarín en la oposición.

El kirchnerismo es parte de un problema continental actual, el peronismo es un problema viejo que no es mayor que el del resto de los partidos políticos. El kirchnerismo debe resolverse entendiendo lo que ocurre en Bolivia, Ecuador y Venezuela.

Sostener que el kirchnerismo y el massismo/de la sotismo son lo mismo, le conviene a los kirchneristas que tienen de ese conjunto las de ganar. La oposición necesita dividir ese frente, por lo tanto distinguir al peronismo laboralista del fascismo de ultra izquierda delictivo, asociado al Vaticano, como para complicar las cosas un poco más.

Lo paradójico es que si se hubiera entendido esto antes de las PASO, el peronismo entero estaría fuera de combate. El massismo/ de la sotismo por quedar fuera de octubre y el kirchnerismo por encontrarse en la posibilidad de perder en primera vuelta y en la certeza absoluta de perder en la segunda.

Por eso reitero, el desvío de la atención hacia el “peronismo” como un todo, es una estrategia K, como el convertir a un medio que no va a elecciones en su principal enemigo. Hace un par de años que se reflotó el conflicto como si fuera actual y se puso un empeño ciego en negar la naturaleza del kirchnerismo.

Desayuno con Ramón Puerta

Recién liberado de un virus más malo que Guillermo Moreno partí temprano para un desayuno con Ramón Puerta organizado por Mariano Caucino. Más que un desayuno parecía esta vez una asamblea porque estaba repleto. Caras muy conocidas del peronismo que no se vendió, por llamarlo de alguna manera, de otros que fueron mal tratados, pero también había varios opositores no peronistas notorios.

Más allá de las palabras de Puerta que fueron bastante parecidas a lo que se conoce públicamente ya (reiteró su adhesión a la economía de mercado como cuando habló con Fontevecchia)  el fenómeno interesante era ver por primera vez un centro de atención opositor con pretensiones nacionales, con forma de partido político, haciendo planes para una victoria “posible”. “El gobierno no es el problema, sino lo que nosotros tenemos que hacer” dijo alguien.

Por supuesto que no hay que creer que el potencial es actual, como tantas veces pasa y en política más veces aún, pero se olió un guiso con cierta consistencia. El transversalismo kirchnerista apostó a la dispersión y confusión de cualquier cosa que pudiera desafiar al presidente, el peronismo incluido. Por primera vez vi gente centrada en una posible salida reconstruyendo el sistema institucional y de convivencia que fue roto en aquel diciembre de 2001 fatídico. Si del kirchnerismo se saliera ocupándose de acordar reglas de juego para que ese autoritarismo destructor de instituciones y borocotizador no pueda repetirse, la Argentina podría volver a ser un país, desde este coto de caza en que lo han convertido.

No quiero con esto sobreestimar lo que está ocurriendo en la política local, pero creo que más allá de como logren proyectarse estas intenciones, los movimientos en la oposición se suman a otra serie de señales. Da como para un “epa, mirá lo que está pasando”.