Echen a sus asesores

Hay un mercado de los políticos de la última era, posterior a la crisis del 2001, que se acostumbraron a estar ausentes de todos los problemas. La política quedó reducida para ellos a “lindas propuestas” y el “no te metás” que tanto batía Neustadt se hizo ética, algo ya del último escalón de nuestra involución.

Argentina no es una isla como Cuba, pero está en el fin del mundo. El aislamiento del país tiene su explicación geográfica y además la supervivencia del estatismo parasitario requiere cierta cuota de ensimismamiento. Por eso la conversación política es tan irracional, tan llena de slogans y demagogia impune. Hay pocas referencias y eso facilita la vida de los mediocres.

Nuestros políticos acostumbrados a mirar desde afuera (o desde adentro de su oficina pública, mate en mano) creen que no tienen que cambiar, porque nadie cambia y quién se pelea mucho (en su vocabulario, el que se pelea un poco) con el gobierno, es mal visto por el aparato de control moral de los estúpidos que con gran eficacia ha formado el oficialismo bajo el formato de opinión publicada “moderada” y “seria”.

Es así que el kirchnerismo ha tiranizado un jardín de infantes y ese mercado de políticos está abastecido por una serie de “asesores” que incluso siendo importados se dedican a recaudar en pala mientras le dicen a estas luminarias que parecen vendedores de pasta de dientes lo que quieren oír: no hagas nada, no te metas en nada, decí cosas lindas, ponete una orquesta para tocar en la cubierta del Titanic, porque eso es lo que “la gente” quiere ¿Cuál es el problema del país según esta gente? Pues que los K son muy irritantes y “la gente” pide paz, amor, globos.

Les encanta oír eso porque ellos mismos quieren paz, amor y globos en vez de kirchnerismo, lo cual hace muy feliz al kirchnerismo, pero eso es algo que sin mediar aquella decadencia un político no aceptaría jamás.

Los otros días Lanata llamó “bosta” a la oposición, asombrado por su nula actividad mientras un gobierno al borde del abismo sigue produciendo daño en proporciones mayores incluso de lo que lo hacía cuando estaba en su apogeo. Las reformas a los códigos hecha por unos tramposos, es una herida muy grande a la convivencia futura y a la economía.

Carrió ayer a la mañana quiso discutírselo, sintiéndose con justo derecho porque es la que más ha peleado, pero creo que el periodista aclaró bien su punto. Hay una no actividad política, solo queja frente al gobierno. Queja en el mejor de los casos, casi siempre se hacen los distraídos teniendo el peor el oficialismo que un opositor pueda imaginar para criticar; uno que no ha dejado desastre por hacer y que nunca en ningún momento se interesó por solucionar ningún problema, sino nada más por favorecerse. Todo lo que le pasara a la población, en la medida en que era informado, se interpretaba como una conspiración, pero de arreglarlo no se interesaron ni en la sombra. Ese gobierno que ante una oposición tan estúpida, está pidiéndoles que expliquen lo que van a hacer si llegan a gobernar ni amaga con explicar algo de su incendio neroniano. Los contrincantes en cambio rinden cuentas de sus acciones futuras y del gobierno que los corre todavía no saben ni a quiénes les expropiaron Ciccone. Sin embargo sus asesores los congratulan porque sus sonrisas son cada vez más cercanas a sus orejas.

Esa es la oposición que no sale a la calle sino tímidamente siguiendo a la gente harta que se manifiesta sola. Que no hace declaraciones ni repudios y jamás le contesta una sola de sus ridiculeces a la señora a cargo y se entretiene demonizando a sus lacayos. Ha sido un complemento perfecto de este sistema. Tanto que uno podría sospechar que sus “brillantes asesores políticos” los desactivaron por encargo oficial.

Se pasaron un par de años llorando por Moreno. Se fue Moreno y todo está peor, porque el problema nunca fue el mono sino el dueño del circo. Ahora se concentran en la corrupción de Boudou, un cadete. O de Lázaro Baez, un chofer.

A Carrió hay que reconocerle que en su soledad y a pesar de que a veces cae en esto de dejar a salvo a la señora (que es el único poder político oficial, por lo tanto el único objetivo para una oposición), no ha tenido la misma actitud de animadores de fiestas de sus colegas, exponiendo lo que los demás callaron. Imposible que tenga éxito, porque esa política del régimen kirchnerista de apaciguamiento, necesariamente la hace ver fuera de lugar en la medida en que sus colegas la compran.

Lo mismo ocurre en el ambiente periodístico, tan corrupto como la política, en el que una serie de señores siempre están recordando al rebaño que ser “antiK” no es de buen periodista o inclusive se lo dicen a un ciudadano indefenso irritado por la opresión y el mal trato. Enseñan buenos modales en un chiquero. Entonces ante la explosión de información sobre el dinero de la familia imperial su versión de buen periodismo es no nombrar el tema y dejar que lo mencionen los “desaforados”.

Un buen periodista para estos “correctos”, verdadera retaguardia del relato, es el que pregunta en un campo de concentración si aumentó la ración de pan, para ver si puede reconocerle algo a los carceleros y demostrar con eso su “espíritu científico”. Los políticos “opositores” “asesorados” se llevan mejor con estos voceros del sometimiento que con cualquiera que les pregunte por su indolencia. De alguna manera se sienten legitimados por ellos, lo que no saben es que los legitiman como ovejas.

También ayer Lanata habló con Sergio Massa. Le mencionó palabras de la señora que padece el país en la presidencia según quién el que dijera que en el próximo gobierno se solucionaría la inseguridad mentía. ¿Qué responde el gran candidato del temible peronismo ex – kirchnerista? Pues que “están” (en plural, no vayan a pensar que hablaba de ella) tratando de meter miedo. Los “asesores políticos” les pasan sus grandes facturas pero parece que no pueden preparar al candidato para ponerse en posición de competidor ante una rival tan fácil, tan vencida, con tantos costados flojos y ridículos, con absolutamente todos los aspectos de su gobierno haciendo agua. Ni se le ocurre responder algo tan sencillo como que fue la señora la que no lo resolvió porque nunca le importó o que de lo que puede estar segura la población es de que él no tendría criminales propios en una agrupación oficialista, ni nombraría a los jueces y fiscales que canalizan su propia violencia de marxismo de Billiken en la delincuencia, tildándose a si mismos de “garantistas”. Podría haber dicho que todo eso se acabaría, que era el grueso del problema, no las camaritas en la vía pública sino la falta de voluntad, el oportunismo y la simpatía oficial hacia el delito.

Lo nombro a Massa como representativo de la actitud “opositora” de las últimas semanas de dar explicaciones al gobierno, en lugar de exigírselas. A lo que deben temer los argentinos es a que este gobierno no va a solucionar ni se va a ocupar de la seguridad en todo un año que les queda.

Pero entiendo igual que un asesor así sería echado por los políticos de esta generación en Argentina. En el mundo, ese lugar ignorado que queda al norte de Formosa, al este de Buenos Aires y al oeste de Mendoza, a eso se dedican los asesores y también los políticos. Y si los asesores le dijeran a los candidatos que se conviertan en el abuelito de Heidi frente al lobo feroz, serían inmediatamente despedidos.

Ahí tengo que coincidir con el apelativo de Lanata. Tienen el arco libre, el arquero preso por chorro, condiciones meteorológicas inmejorables, están a dos metros del arco y desinflan la pelota por miedo al gol. Dan lástima.

No tienen tampoco costo social por este comportamiento. Una sociedad muy degradada está chupándoles las medias porque tal vez eso sirva para conseguir algún cargo o subsidio en el futuro. Hoy la “élite” argentina es una runfla formada por una patética farándula envejecida y prostituida que hace fiestas con políticos. Un “jet-set” del infra subdesarrollo, también fomentado este fenómeno circense por la despolitización de los medios masivos ideada desde el vamos por el señor Kirchner. Toda cosa de valor está vedada en el ámbito público. Porque si hay cosas de valor, la agachada se nota mucho más. Es como una conspiración imaginada por Ayn Rand de todo lo peor de una sociedad para ahogar todo mérito.

Va de onda, dono los millones que me corresponden por lo que les voy a sugerir a los investigadores que usa el grupo de Paul Singer para descubrir los manejos del dinero sucio oficial para que continúen trabajando después de que este gobierno salde la deuda para no ser delatado.

Este es mi asesoramiento: Es ella. La señora Kirchner es el único kirchnerismo que existe, es el rival, es a quién hay que vencer, es a quién hay que pasarle la factura por el daño hecho al país en lo político, económico, institucional, internacional y moral. El resto serían todos mozos de bar si este matrimonio no los hubiera puesto a hacer sus barbaridades.

Segundo. El momento de doblegarla es ahora. Es por su inactividad política que esta señora cercada conserva una mayoría en el Congreso que maneja como si fueran colimbas. A ustedes no solo debería preocuparles cómo maneja al país, sino incluso cómo sigue manejando al oficialismo, eso es un fracaso de ustedes que están entretenidos dando explicaciones a un descerebrado que los provoca.

Dejen de mirarse al ombligo, de cepillar el traje con el que piensan asumir. Es enorme el daño que están haciendo mientras preparan la campaña electoral, este gobierno debe ser detenido porque quienes pagarán las consecuencias son ustedes. Además el país, pero ni se los digo porque no veo que eso les caliente la sangre. Si llegaran a revivir por culpa de su inactividad ustedes serán el hazmereír de la historia. Este no es el momento para que descansen y piensen en su marketing porque se está diciendo qué va a pasar con ustedes después de la ceremonia de juramento, si es que les interesa algo más que verse bien el discurso inaugural.

Tercero, tal vez me contesten lo bien que les ha ido hasta acá. Bien, de eso no los voy a poder convencer tan fácil porque la mediocridad es tan calentita que sería como despertarlos de una siesta. Vean la tiranización del país, no cómo les va en las encuestas. Esa es la medida de su fracaso, que 11 años de destrucción y sigan gritándoles y el indicio de cuánto deberían darle las encuestas si la población se sintiera protegida por ustedes. Las encuestas no miden cuánto deberían tener, sino cuan resignada está la población a elegir entre los chicos malos y unos tibios que en tiempos normales no despertarían ninguna expectativa. Quiero decir, sus votos no son suyos, también son de los K. Son votos que los K les regalan de gente que no fue comprada ni sometida psicológicamente y ha sufrido el castigo que ustedes evadieron.

Este año que queda es para su eventual futuro gobierno más importante que el período de cuatro años que les toque, si lo cumplen. Ahora es su pelea, lo que los condiciona a futuro. Repito, hay un solo objetivo político que se llama Cristina Fernández de Kirhner y si no pueden enfrentarla no son dignos competidores. Los que teman que los apaciguadores del relato los cuestionen como “destituyentes” ni entienden la Constitución, ni la democracia, ni el juego que les están haciendo desde el primer día para convertirlos en eso que Lanata calificó por mi.

¿Qué es ser antikirchnerista?

Un perverso aparato de propaganda y difamación elige como sus víctimas propiciatorias a quienes por voluntad propia o por simple casualidad se ponen en su camino. Estos se vuelven contra el gobierno. Mucho del antikirchnerismo se nutre también de capas geológicas de ex kirchneristas utilizados como combustible en algún momento.
Pero también existen los que desaprueban por razones generales o de principios los criterios iniciales K cuyos resultados mucha más gente percibe ahora como negativos.
El panorama es muy amplio y heterogéneo, por eso si bien la palabra “antikirchnerismo” se puede definir como lo que se opone al kirchnerismo, los antikirchneristas en si no son definibles de la misma manera. Al menos habría que precisar que al fanático se lo puede identificar casi en su totalidad con el objeto de su fanatismo, porque eso es lo que lo hace fanático, al que se opone al fanatismo, por más que grite y se lo vea alterado por el maltrato, totalizarlo en su resistencia es una enormidad equiparable a otro maltrato. Su vida no gira en torno del fanatismo, sino que solo sería posible si no se lo somete. Para el fanático su causa es su vida, para el que padece al fanatismo, su vida es lo que es amenazado por el fanatismo. Por eso estar muy en contra del fanatismo no es ser fanático antifanático, que sería una contradicción en términos.
Hay una postura bastante perniciosa en la Argentina que consiste en igualar dos gritos, el del fanático y el del que reacciona ante el fanatismo, para colocarse en un medio geométrico. Está el poder abusador, que esta postura no niega que exista o se comporta como si fuera intrascendente, y está esa parte de la sociedad que parece no querer ni una pizca de abuso ni de ilegalidad. Como ponerse entre la víctima y el victimario, como si entre el asaltante y el asaltado lo más sabio, prudente o superado fuera decir que no se está con ninguno de los dos. Costo cero, beneficio propio aparente.
Si fuera parte del complejo y perverso sistema de propaganda y manipulación pagaría por tener gente que haga este juego, porque es como el bardal máxima compresión en el motor del autoritarismo oficial. Se podría utilizar el aparato del estado para agredir, estigmatizar y cosificar a elegidos enemigos y después estarían los “prudentes” listos para declarar el empate moral y acabar con lo que queda del lugar en el mundo de los que lo combaten.
Por supuesto que esta experiencia que señalo también puede ser negada. Negar la experiencia de quién observa es otro de los métodos de manipulación. Nada muy, pero muy feo está pasando, estamos en un país normal, con un estilo un poquito excesivo, pero por ejemplo llamarle “dicatadura” al uso del estado para destruir a la oposición ¡no es para tanto locos! Es la señora Kirchner hablando de la libertad de que se goza en la Argentina de hacerle críticas despiadadas, como por ejemplo decir que hay problemas en el mercado inmobiliario, o inflación. Eso para la señora es grave y despiadado, sin que tenga ninguna importancia si es o no cierto. Qué le queda después al que le pregunte de dónde sacó la plata o a su vice qué tiene que ver una imprenta que hace billetes para el gobierno.
Son los que están muy en contra de este “estilo” los despiadados señora kirchner, hable de ellos, pero no de nosotros que no tenemos nada que ver. Es cierto que hay unos muy malos, esos si merecen que les manden a la AFIP o se los deje sin trabajo, señora, ocúpese de ellos que nosotros somos solo los moderados que estamos esperando que usted cambie. Este es el discurso.
Tal vez con un criterio estratégico de dudoso éxito también se afirma que el proyecto autoritario busca un espejo con el cual jugar el juego de amigo/enemigo que el kirchnerismo ha utilizado desde su llegada al poder sin necesidad de tener ningún enemigo de verdad. Digo de dudoso éxito porque esta visión del problema político que genera un aparato autoritario en el poder hasta ahora ha producido sonrientes derrotas, mucha gente diciendo ohm mientras los pisan y los transforman en monstruos sin que hayan abierto la boca. El problema político que plantea el autoritarismo no es cómo mostrarse, sino cómo conducirse. Mostrarse de cualquier manera que no sea funcional al poder, siempre se verá o se mostrará mal.
Ser antikirchnerista es nada más que no cultivar el relato, ese credo flexible y variable que justifica las acciones y fracasos del gobierno y nos habla de su gloria. Pero esta es poca información sobre los antikirchneristas. Los judíos no podrían haber sido definidos como antinazis, las supuestas brujas sacrificadas no eran anti-inquisición, está mal hablar de anticastrismo en el exhilio cubano o en el venezolano de antichavismo. El nazismo en cambio era el antijudío, la inquisición era antibrujas, los castro, Chavez y los kirchneristas son antidisidentes y anti muchas cosas como el derecho de propiedad y la libertad de expresarse. Lo inconcebible es que exista un fanatismo antifanático, esa es una falacia que no se les ocurrió a los K sino a los que pretenden ser críticos pero verse bien frente a las acusaciones del aparato de propaganda.
Más inconcebible es que se pueda estar en el medio entre el fanatismo y el antifanatismo. Este firulete moral, psicológico y político es un fenómeno argentino. Lo que es muy extendido además es que a esa actitud que para Dante merecía los lugares más calientes del infierno sea confundida con la virtud de la prudencia y así nos la venden los tibios que conducen las carrozas doradas de lo políticamente correcto.
No quiero decir con esto que frente al gobierno sólo se pueda ser amigo o enemigo, sino que todos somos tratados como enemigos sólo por no estar con ellos y que este es el dato moral sobre el que hay que apoyar el análisis, no la visión superficial del estado de ánimo del que es agredido. Será entonces la percepción del gobierno como un enemigo apenas una profesía autocumplida, como el asaltante callejero que descubre un enemigo en aquel al que asaltó, como el enojo, la impotencia o la bronca de su víctima fuera algo que está en ella y no la consecuencia lógica de lo que ha padecido.
Hablar de un problema entre kirchneristas y antikirchneristas implica igualar lo inigualable en provecho sólo del agresor. Quién está violando la ley, quién está desconociendo derechos, quién está abusando del un poder dado para defensa de la sociedad y no para ponerla en guerra es el oficialismo. Nadie le está haciendo nada al kirchnerismo más que hablar de el.
Esa es una postura ruin, no moderada, ni sabia, ni prudente. Nuestra crisis moral es esa, no la burda mano metida en la lata, porque un país es un edificio delicado de acuerdos sanos que se van acumulando.
Se percibe en el aire enrarecido un temor a las definiciones claras. Si se ve un déspota, se trata de evitar el término que lo describa porque usarlo significaría casi tener la obligación de estar en un lugar poco valioso, donde hay pocos dividendos y bastantes lágrimas ¿Quién quiere estar incómodo? Hay que salir de esta con un martini en la mano.
Se le huye al blanco igual que al negro porque ha sido tanto tiempo tan buen negocio el gris que las palabras reconocidas por su peso generan el vértigo hacia un orden franco donde el simple parecer quede para siempre devaluado.