El argumento mafioso contra el Impeachment contra Dilma Rousseff

El argumento mafioso contra el Impeachment contra Dilma Rousseff

El siguiente argumento es repetido como un mantra por partidarios de Rousseff y por comentaristas y periodistas: “Aquellos que juzgaron a la presidente de Brasil están tan comprometidos con las investigaciones de corrupción como la propia Dilma”, por lo tanto no pueden condenarla. Es completamente inválido. Lo mismo dicen cuando frente al latrocinio generalizado del kirchnerismo, se responde “Macri es igual”; respuesta sin sentido aún cuando la igualdad fuera cierta.

Lo asombroso es cómo se repite fuera de los sectores interesados y en mi opinión tiene que ver con la capacidad de difamación y castigo psicológico que ha desarrollado la izquierda, que hace que mucha gente con poco valor esté pensando todo el tiempo si lo que va a decir de algún modo la pone a merced de ese ojo censor. Lo que se conoce como “corrección política” que es el resultado de un acoso moral.

Es un argumento mafioso porque supone que deberían callarse o apoyarla los que son iguales que ella. Es como decir “son del mismo club” para justificar que sean tolerantes con los crímenes de un “par”. No se cómo descendimos al punto en que no se dan cuenta de lo que denota esa observación: Deben preservarse los valores de la mafia.
El juicio político por cierto no es bueno ni correcto por sí mismo, pero tampoco es un juicio penal. Los mismos que repiten el argumento mafioso en el día de hoy se encargaron de aclarar que el proceso contra Rousseff no se basaba en actos de corrupción sino en el desvío de partidas con fines partidarios. El primer error es pensar que corrupción es nada más llevarse dinero a casa, porque para la cultura latinoamericana el lucro es un tabú, algo que no se puede mostrar, mientras se relativiza cualquier acto delictivo que no implique eso. Un crimen no requiere quedarse con nada en lo personal. Ni siquiera el problema del robo es el “beneficio propio”, sino la violación de la propiedad. Desviar partidas por razones políticas es una forma de defraudación y es estrictamente un caso de corrupción, en tanto que esta palabra quiere decir “desnaturalización”, puede ser de la función o del acto. En este caso la función del presupuesto, un elemento esencial entre quienes están en el poder manejando fondos que no les pertenecen y la gente. Desviar fondos es apoderarse de ellos.

El segundo error es darle nulo valor a las investigaciones sobre Petrobrás al contexto del juicio político. Como en muchas investigaciones criminales cuando hay una multiplicidad de hechos, es válido elegir algunos que están más claros para llegar a una condena. Si este desvío de fondos no requiere una investigación ulterior, es un medio idóneo para juzgar a una presidente que además de malversar fondos, está involucrada como ex ministra del área en el escándalo de Petrobrás. Es decir, no es que el proceso no tiene nada que ver con ese caso. Lo mismo y tal vez de un modo más determinante, puede decirse de la recesión profunda que vive el país, forma parte fundamental de la situación de una presidente a ser responsabilizada por sus actos y errores. Son tres las motivaciones fundamentales de la destitución de la ex presidente, aunque en la condena se tuviera en cuenta una sola.

Distinto sería el caso si todo fuera inventado, que es el único punto aquí. Ni el argumento mafioso ni el pretendido divorcio de las otras dos cuestiones fundamentales, sirven para responder lo que habría que responder que es la realidad de las imputaciones. En la Argentina se vivió un proceso de juicio político que era una verdadera farsa contra la Corte Suprema. Los hechos invocados no tenían ninguna entidad y se basaban en el desacuerdo jurídico de gente bastante ignorante, sobre el cuál la Corte tenía la máxima autoridad y encima se los usó para condenar a los réprobos y no se les aplicó a los que seguían los criterios que interesaban al poder. El contexto que servía como motivación era imposible de invocar: el gobierno quería el control de la justicia para cambiar la jurisprudencia respecto del “corralito” y las causas sobre los hechos de la guerra sucia.

El juicio político es una bendición. Brasil lo ha utilizado dos veces para presidentes en las antípodas ideológicas. Una república y el poder en general requieren responsabilidad, es bueno que los presidentes, que son todopoderosos, se sientan vulnerables. Hay una versión hiperlegitimadora según la cual el resultado es malo porque contradice al voto a favor de Rousseff de la población. Primera falacia: no fue elegida para violar la ley. No hay pronunciamiento de la gente al respeto y los legisladores también fueron votados entre otras cosas para eventualmente llevar adelante un juicio político contra alguien obviamente votado. En segundo lugar, más importante aún, esa interpretación de una “democracia” como la selección de un dueño del país que no puede ser tocado, no vale nada. A los mismos marxistas que años atrás hablaban abiertamente de terminar con ella les encanta para llevar adelante dictaduras votadas de una población cautiva del populismo. Pero si esa fuera la democracia, habría que terminar con ella por ser el régimen más perverso de opresión imaginable. La opresión en nombre de los oprimidos.

Chavez si Gabrielli no

Ayer el embajador argentino en Estados Unidos don José Octavio Bordón se vio reprendido publicamente por Nicholas Burns, el número tres del Departamento de Estado, por el acto anti Bush realizado por Chávez en Buenos Aires. La respuesta hipócrita del señor Bordón fue que el gobierno no tienía nada que ver con esa manifestación política y que era parte de la libertad de expresión del presidente Venezolano. Hasta comparó el caso con atribuirle responsabilidad al gobierno norteamericano por declaraciones de Chavez en New York durante una visita a las Naciones Unidas.

Al mismo tiempo el canciller Taiana expresaba el malestar del gobierno por las declaraciones del titular de Petrobrás quejándose con el control de precios que afecta a la empresa. Las empresas pueden venir pero calladitas y sin chistar, según la política oficial.

Dificil de congeniar la amplitud con que se considera parte de su libertad de expresión el un gobierno extranjero utilice a la Argentina para atacar a otro gobierno por parte del señor Chavez y la estrechés con que se interpreta el derecho al pataleo de una empresa radicada en el país.

Dejando de lado todos los principios olvidados en ambos casos, lo que está clarito es que las acciones oficiales de la Argentina están dirigidas a defender intereses personales kirchneristas. Hay libertad de expresar lo que le gusta a Kirchner pero no para decir algo distinto a lo que quiere oir.

 ¿Necesita el señor Burns alguna prueba más de la responsabilidad directa del señor K por el acto de Chávez?

El riesgo económico de dejarse manosear

Francisco Olivera escribe hoy en La Nación sobre lo que se produjo acá en Macondo Ayer porque el titular de Petrobras José Sergio Gabrielli osó decir que los precios manejados hacían inconveniente producir nafta y gasoil. No voy a agotar el tema con este comentario, de hecho creo que da para unos cuantos tomos acerca de la argentinitis, una enfermedad mortal que no está ahogando, pero si me parece necesario apuntar ciertas cosas para que el sistema de autoengaño no esconda otra vez un elefante debajo de un pañuelo.

El título de la nota es “El riesgo económico de romper el silencio”. Se que la intención no es contribuir al deseo oficial de atemorizar a los que no “piensan” como ellos (se entiende por qué el “piensan” está encomillado ¿no?), pero desde el vamos ese es el mensaje: Ojo, hablar cuesta caro. Y en el contenido de la nota va el detalle de ese costo: Ahora les van a caer inspecciones por todos lados y “la van a pasar mal”, con el agregado de la sentencia de “sabios diplomáticos brasileros” que le endilgaron falta de habilidad política al titular de la empresa estatal brasilera por no saber que al señor Kirchner no le gusta que lo contradigan.

Es abrumador el absurdo a partir de esta crónica de todos los que hablan de este gobierno como un “defensor de los derechos humanos”. Un gobierno que extorsiona a la luz del día a quienes expresan opiniones inconvenientes y donde la diplomacia extranjera aconseja dejarse extorsionar. Una farsa difícil de superar.

Pero el punto que me interesa es que aceptar como normalidad que una empresa no pueda hablar de los problemas que le causan las políticas oficiales, no al país, el futuro, la patria y los pajaritos, sino al balance y a las posibilidades de desenvolvimiento del negocio, es una verdadera locura. Ni siquiera hablo de que sea necesario inmolarse que es la alternativa que esta crónica boicotea presentándola como única. No hace falta que alguien se plante, deje de colaborar, cierre el negocio y se mande a mudar en las narices de los parásitos encumbrados en el poder. Ni siquiera digo que ante las palabras del señor De Vido se le conteste con palabras más fuertes (sospecho que este gobierno va arrugar como nunca el día que eso le pase). Pero cómo puede ser que gente inteligente sostenga que las alternativas son inmolarse o someterse.

Ayer lo dije, si la única política es la compra de voluntades hagan al menos control de calidad. Si la idea es pagar protección, exijan la protección porque no veo nadie que se las esté dando. Sin embargo, ninguna de ambas cosas conducen a nada, porque el riesgo de sostener un negocio en la voluntad alquilada, comprada o aún en la buena voluntad política o periodística es inmedible. La voluntad cambia, se muere, es reemplazada por otra, se asusta, duda. Es un mal capital para sustentar una inversión que requiere plazo. Este es el verdadero costo de la sumisión, uno que cualquier persona medianamente instruida mediría.

No se en qué escuela de negocios se enseña a no correr riesgos o que quedarse quietito produce mayores dividendos. Es más, me asustaría pensar que en esas escuelas de negocios alguien crea que no correr riesgos es menos arriesgado que hacerlo en forma inteligente. No me pueden convencer entonces de que la actitud pasiva y suplicante del sector empresario es fruto de habilidad para obtener ganancias.

Una crisis política por esta vía los va a hacer volar por el aire con toda su “habilidad”.

¿Y qué se debe hacer? Pues se debe actuar. Y actuar no es hablar. Siempre hay gente dispuesta a hablar con la que se puede contar, pero ese no es el problema en este momento. Piensen señores, porque el costo económico de ser ovejas les aseguro que se paga y caro.

Salto de rana ya Petrobrás

El señor de la gran caja nacional y mano izquierda presidencial don Julio de Vido se ha mandado esta frase para referirse al presidente de una empresa que quiere aumentar los precios de los productos que vende:

No vamos a permitir que venga a opinar y a condicionar inversiones”

Está todo patas para arriba. Que difícil de congeniar esta frasesita peronista con los esfuerzos kakistas para disimular allá en el norte.

Lo que podría hacer el presidente de Repsol para no caer en contradicciones parecidas es reunir a sus gerentes estudiar preguntarles qué han hecho en los últimos años para impedir que un ministro crea hasta que las inversiones son obligatorias. Las empresas contribuyen a alimentar a sus falsos acreedores morales. No digo siquiera que no los combaten, les pagan para que se formen futuros de vidos.