El riesgo económico de dejarse manosear

Francisco Olivera escribe hoy en La Nación sobre lo que se produjo acá en Macondo Ayer porque el titular de Petrobras José Sergio Gabrielli osó decir que los precios manejados hacían inconveniente producir nafta y gasoil. No voy a agotar el tema con este comentario, de hecho creo que da para unos cuantos tomos acerca de la argentinitis, una enfermedad mortal que no está ahogando, pero si me parece necesario apuntar ciertas cosas para que el sistema de autoengaño no esconda otra vez un elefante debajo de un pañuelo.

El título de la nota es “El riesgo económico de romper el silencio”. Se que la intención no es contribuir al deseo oficial de atemorizar a los que no “piensan” como ellos (se entiende por qué el “piensan” está encomillado ¿no?), pero desde el vamos ese es el mensaje: Ojo, hablar cuesta caro. Y en el contenido de la nota va el detalle de ese costo: Ahora les van a caer inspecciones por todos lados y “la van a pasar mal”, con el agregado de la sentencia de “sabios diplomáticos brasileros” que le endilgaron falta de habilidad política al titular de la empresa estatal brasilera por no saber que al señor Kirchner no le gusta que lo contradigan.

Es abrumador el absurdo a partir de esta crónica de todos los que hablan de este gobierno como un “defensor de los derechos humanos”. Un gobierno que extorsiona a la luz del día a quienes expresan opiniones inconvenientes y donde la diplomacia extranjera aconseja dejarse extorsionar. Una farsa difícil de superar.

Pero el punto que me interesa es que aceptar como normalidad que una empresa no pueda hablar de los problemas que le causan las políticas oficiales, no al país, el futuro, la patria y los pajaritos, sino al balance y a las posibilidades de desenvolvimiento del negocio, es una verdadera locura. Ni siquiera hablo de que sea necesario inmolarse que es la alternativa que esta crónica boicotea presentándola como única. No hace falta que alguien se plante, deje de colaborar, cierre el negocio y se mande a mudar en las narices de los parásitos encumbrados en el poder. Ni siquiera digo que ante las palabras del señor De Vido se le conteste con palabras más fuertes (sospecho que este gobierno va arrugar como nunca el día que eso le pase). Pero cómo puede ser que gente inteligente sostenga que las alternativas son inmolarse o someterse.

Ayer lo dije, si la única política es la compra de voluntades hagan al menos control de calidad. Si la idea es pagar protección, exijan la protección porque no veo nadie que se las esté dando. Sin embargo, ninguna de ambas cosas conducen a nada, porque el riesgo de sostener un negocio en la voluntad alquilada, comprada o aún en la buena voluntad política o periodística es inmedible. La voluntad cambia, se muere, es reemplazada por otra, se asusta, duda. Es un mal capital para sustentar una inversión que requiere plazo. Este es el verdadero costo de la sumisión, uno que cualquier persona medianamente instruida mediría.

No se en qué escuela de negocios se enseña a no correr riesgos o que quedarse quietito produce mayores dividendos. Es más, me asustaría pensar que en esas escuelas de negocios alguien crea que no correr riesgos es menos arriesgado que hacerlo en forma inteligente. No me pueden convencer entonces de que la actitud pasiva y suplicante del sector empresario es fruto de habilidad para obtener ganancias.

Una crisis política por esta vía los va a hacer volar por el aire con toda su “habilidad”.

¿Y qué se debe hacer? Pues se debe actuar. Y actuar no es hablar. Siempre hay gente dispuesta a hablar con la que se puede contar, pero ese no es el problema en este momento. Piensen señores, porque el costo económico de ser ovejas les aseguro que se paga y caro.