Confluencia colectivista del siglo XXI

Las teorías conspirativas son graciosas como tales, el problema es que son un instrumento para atribuir maldad desde la ficción a un grupo enemigo y justificar su castigo, sometimiento o exterminio. Hitler iba tras una teoría conspirativa de judíos malignos tratando de destruir Alemania. El comunismo va contra la teoría  conspirativa de los ricos explotando a los pobres y en general todo miserable ha enarbolado una conspiración que disfrace su criminalidad de épica.

La diferencia entre una conspiración y una teoría conspirativa es que la primera es en un principio descubierta y luego se responsabiliza a quienes participan mediante referencia a sus actos. La segunda en cambio es construida una vez que se define al enemigo, es decir, al revés, y constituye un instrumento de poder. Una conspiración es algo de lo que hace falta defenderse, una teoría conspirativa es un libreto para atacar.

Es otra de las diferencias que debe sumarse a las que ya señalé respecto de la pretensión de los terroristas argentinos de asimilarse a judíos perseguidos en el Holocausto. La conspiración judía era falsa, la conspiración montonera era explícita y violenta. No era una suposición militar.

Fíjense que parece curioso que D’Elía, un izquierdista de pura cepa argentina, se alíe al fundamentalismo iraní, una teocracia que en el lenguaje aparente de su tribu idiotógica podría calificarse como de ultra-derecha. Recordé hace unos meses el vínculo histórico entre el terrorismo argentino y el islámico, pero hay más en común. Cuando hablamos de la izquierda, construida sobre cuanta teoría conspirativa sea necesaria para descalificar a sus contrincantes, tenemos que diferenciar la retórica que es lábil y se adapta a la necesidad política inmediata del pensamiento real.

La izquierda llama fascismo a todo lo que no es parte de su estrategia. Aplica una teoría conspirativa global que dice que todo el que no colabora con sus deseos de poder es de alguna manera simpatizante y/o cómplice del fascismo. No usan a los nazis en ese sentido por una cuestión musical. Es más efectivo decir fascista que nazi. El señor K por supuesto tiene a mano cuanta teoría conspirativa ad hoc sea necesaria para cada una de sus agresiones y ataques a gente pacífica que se permite no estar de acuerdo con él o no ser su cómplice. Pero vuelvo a la izquierda, no debe confundirse la teoría conspirativa con la realidad a la hora de sostener que existe algún tipo de contradicción entre la idiotogía del señor D’Elia y el fundamentalismo islámico iraní. La ficción conspirativa es la que se contradice, pero no el pensamiento y la acción en los que ambos grupos confluyen.

Muchas veces dije también en este blog que la izquierda latino americana es la verdadera heredera del nacional socialismo alemán. De hecho el llamado “socialismo del siglo XXI” no es otra cosa que la re-edición del sistema que Hitler impuso en Alemania, un totalitarismo con cómplices, sin socialización de los medios de producción.

Lo que demuestra este comportamiento es que también pueden prescindir de la teoría conspirativa marxista de la explotación si les es úti. La idea real que es además el elemento común entre el fundamentalismo islámico y la izquierda es el deseo de colectivizar a la sociedad, eliminar las individualidades que hieren la auto-estima dañada de los déspotas y regir a sus congéneres convirtiéndolos en piezas a su disposición. Es entonces cuando surge el único eje político que importa y ha importado siempre: individualismo versus colectivismo. Esos son los lados reales, esos que el semi-analfabetismo de los dirigentes del PRO quieren evitar. El colectivismo es por supuesto anti-norteamericano. Escribe todos los días alguna teoría conspirativa para hacer malo a los Estados Unidos con el mero recurso de la ficción y así avanza. No hay que confundirse, no hay otro propósito real, ni el trascendente, ni servir a la divinidad, ni servir a la igualdad, ni nada real o falso que no sea el deseo de ejercer el poder sin límites.

¿Y por qué me me mandé esta perorata en el día del descansador? Fue por un comentario que leí en el post sobre la defensa de D’Elía al lobo feroz que me llevó al blog El rejunte.il que además de tener una buena crónica del episodio de la Feria del Libro, menciona y demuestra que la Organización Islámica Argentina se hacía eco en su página de la existencia de un “plan andina”, otra conspiración judía pero esta vez para quedarse con la Patagonia. Y si bien el documento fue borrado no bien se les reprochó, el chaché de Google nos permite conocer igual su contenido.

Lo que tienen memoria habrán hecho la misma asociación que hice yo. Aunque el general Bendini se ocupó de negarlo, se le atribuyó alguna vez haber hablado del mismo “plan” conspirativo. Sería otro de los personajes cercanos al presidente con fobias anti-semitas, esta vez desde el supuesto otro extremo ideológico de D’Elía. La negativa de Bendini fue tan poco convincente que se formó una comisión para investigar si el episodio existió. Se están durmiendo una larga siesta los muchachos y nadie se ocupa de reclamarle al gobierno sus demoras en producir un resultado. Se diría que en este caso si podemos hablar de complicidad en la falta de investigación porque los hechos lo demuestran y no en el caso de la Cámara de Casación sobre la cual el presidente elaboró otra teoría conspirativa ad hoc que todos conocemos.

Termino con el parentesco. No es casual que los montoneros hayan salido de las filas del nacionalismo católico. Siempre han tenido, como la izquierda argentina en general, ese mix entre marxismo y nacionalismo que es justamente la esencia del nacional socialismo que terminó por florecer en esta cosa entre populista y cambalachera que padecemos en esta época.

Rosendo Fraga y la seguridad política

Rosendo Fraga comenta hoy en La Nación la pérdida de vigencia de la visión ongeísta e ingenua de lo que se llamó “consenso de Washington” respecto de las reglas bajo las cuales se atraen inversiones.

Relacionado con esto escribí hace tiempo la diferencia que existe entre “seguridad jurídica” y “seguridad política”. Esta última es la aspiración general de los empresarios argentinos, muchos de los cuales encabezaron las conspiraciones contra los “terribles noventa” y ahora se los ve tan felices con el kakismo.

Claro que hay y habrá inversiones en estas nuevas formas de socialismo copiadas de Hitler que olvidaron sus viejos prejuicios marxistas y se decidieron a hacer caja llenándose de cómplices. ¿Acaso le fue mal a Schindler?

Agregaría al artículo de Rosendo, que en muchas regiones del mundo como Asia y Latinoamérica estatismo y negocios están comulgando del mismo modo que en su momento lo hicieron gobiernos y bancos. El problema no es para “los países” sino para la gente que carece de poder, los privados, los que quieren pensar por si mismos y quedan afuera de cualquier beneficio y los que valoran su libertad.

Para un régimen totalitario como el chino o el cubano esta salida del sistema mediante la complicidad con empresarios es un avance. En cambio para países que se encaminaban hacia la libertad es una pérdida dramática. Pero estos últimos son también consecuencia de los errores del consenso de Washington. Para ellos la izquierda era parte de esa “institucionalidad”, inclusive era más parte todavía que la derecha liberal. Desde Washington se los fomentó como una forma de promover la democracia. Y es esa izquierda que en nombre de la igualdad recurrió al estado, democráticamente, para repartos de riqueza y terminó convirtiéndose en la dueña de las inversiones y con ello de las libertades de los individuos. ¿Y la democracia? Pues la democracia se convirtió en esta cáscara que legitima tiranos.

Salto de rana ya Petrobrás

El señor de la gran caja nacional y mano izquierda presidencial don Julio de Vido se ha mandado esta frase para referirse al presidente de una empresa que quiere aumentar los precios de los productos que vende:

No vamos a permitir que venga a opinar y a condicionar inversiones”

Está todo patas para arriba. Que difícil de congeniar esta frasesita peronista con los esfuerzos kakistas para disimular allá en el norte.

Lo que podría hacer el presidente de Repsol para no caer en contradicciones parecidas es reunir a sus gerentes estudiar preguntarles qué han hecho en los últimos años para impedir que un ministro crea hasta que las inversiones son obligatorias. Las empresas contribuyen a alimentar a sus falsos acreedores morales. No digo siquiera que no los combaten, les pagan para que se formen futuros de vidos.