Nisman: Lo que es y lo que no es.

Es lógico que después de diez años de bombardeo de falacias, negaciones e informaciones falsas difundidas por el aparato con vocación totalitaria del oficialismo, lo que reine sea la confusión. La defección opositora y de los primeros años del periodismo, no ayudan. Sin descartar que yo mismo esté confundido en semejante maroma, en estos días escucho definiciones que a mi juicio están muy equivocadas. Voy a detallar dos:

1. La señora viola el artículo 109 de la Constitución Nacional al hacer hipótesis delictivas.

No es así y eso sería reducir la cuestión a un exceso de funciones. La Constitución en el artículo 109 no refiere a opiniones, ni siquiera a opiniones tontas del presidente. Cuando le prohibe “conocer” las causas (“o restablecer las fenecidas”) el sentido del término “conocer” no es literal, sino técnico. Implica intervenir, es decir tomar decisiones en el proceso, cosa que esta señora no hizo. Presiona desde afuera, pero no toda violación a la independencia del Poder Judicial, que sí es el caso, es una violación al artículo 109 de modo específico.

En cambio sí fue una violación al artículo 109 de la Constitución, que se les escapó, la intervención del señor Kirchner como presidente al instar al Congreso al juicio político de la anterior Corte, con el propósito expreso de responder a un fallo adverso para las finanzas y planes políticos de su gobierno. Su acción estaba dirigida a esos contenidos judiciales que lo estorbaban, a deshacerse de jueces por el modo en que fallaban y así torcer los criterios jurídicos que adoptaron. Pero en ese momento nadie dijo nada. El señor Kirchner con su lugarteniente Beliz, representaban para el común y el no común comunizado, la restauración de las leyes. Como Rosas antes, de un modo tan similar.

La señora viola la independencia del Poder Judicial, que es un principio general aludido en el artículo 1 (forma republicana de gobierno), al exponer hechos que conoce al no denunciar lo que dice saber. No por violar el 109 y “conocer” en el caso, por atropellar y querer confundir a quiénes si lo hacen. Sin embargo lo grave acá no es eso, nos estamos deteniendo en lo accesorio. La señora interfiere con sus acciones al enviar un delegado personal a la escena del crimen, no por las tonterías que dice como cuando involucra a Clarín. Sus actos en esta causa son cuestionables no porque se mete al opinar, sino porque opera para desviar el curso de un proceso, en un abuso de poder que además es causal suficiente de Juicio Político (la parte de la Constitución que toda la clase política ha decidido violar, es decir, la que se refiere a la responsabilidad del presidente y sus consecuencias).

En lo que se refiere a la investigación el problema fundamental con las declaraciones de la señora sobre el caso Nisman, no es formal. No es siquiera la cuestión constitucional, sino la penal. Tiene que ver con lo que implican sus actos en relación al objeto de al menos tres investigaciones penales: 1. La del Atentado de la AMIA, 2. La denuncia contra ella por encubrimiento y, 3. La muerte de Nisman. Quedarse con la cuestión de la intromisión en el trabajo de la Justicia es minimizar ese significado. Sería como querer condenar a Yiya Murano por copiar la receta de las tortas sin pagar los derechos intelectuales.

¿Qué significa que un delegado político, defensor a ultranza del gobierno, haya estado en la escena del crimen antes que las autoridades competentes? ¿Una violación a la independencia del Poder Judicial o un interés específico? No entiendo cómo a tanta gente se le puede escapar semejante elefante.

¿Qué significa que la señora y los demás denunciados y el aparato de gobierno estén en una campaña para denostar al muerto? ¿Falta de educación, no entender su alta misión presidencial, falta de sensibilidad por no dar el pésame a la familia? ¿O una enemistad con la víctima de un posible homicidio?

¿Que valor tiene que todo el aparato estatal haya sido puesto al servicio de la diatriba contra el muerto? ¿Una negligencia o la exhibición obscena de un motivo para celebrar la muerte cuyo autor mediato o inmediato se investiga?

Imaginemos una escena del cine más obvio dónde se descubre un muerto y uno de los posibles involucrados se muestra sumamente nervioso, sale corriendo, se sube a un auto ajeno y huye ¿Qué decimos? ¿Cómo encuadramos la cuestión? ¿Como hurto automotor?

No se, me parece a veces que la principal muerte decidida por el gobierno K es la del sentido común. Por si acaso dejo abierta la respuesta.

2.Lagomarsino y la provisión de armamento.

La información dice que se ha “imputado” a Lagomarsino la provisión de un arma a una persona no autorizada para la tenencia. Escuché todo tipo de reflexiones al respecto, incluso que el problema era que Nisman tenía su permiso de tenencia vencido.

En la Argentina hay una ley de Armas número 20.429 y una modificatoria del Código Penal número 25.886 sancionada en abril de 2004 que en su inciso 4 del artículo 1° establece que “será reprimido con prisión de UN (1) año a SEIS (6) años el que entregare un arma de fuego, por cualquier título, a quien no acreditare su condición de legítimo usuario”

Acá sí debería saltar el instinto constitucional, que parece otro muerto. Existe un principio universal del derecho que es el de la legítima defensa, que no sólo es defensa propia, sino que también alcanza a la defensa de otros, como dice el inciso 7 del artículo 34 del Código Penal. Pero aunque no fuera así, hablo del instinto constitucional porque todo el andamiaje en el que se sustenta una legalidad constitucional (y por lo tanto también la legalidad positiva) parte de la base de que los ciudadanos ceden su defensa, pero no de forma absoluta. No pierden el derecho a defenderse por sí mismos o hacerlo con terceros, cuando las circunstancias lo ameriten (del modo en que en la Argentina están detalladas en el mismo artículo).

Hay unos requisitos para la legítima defensa. Debe haber una hipótesis demostrable de la imposibilidad de recurrir a las autoridades policiales y se exige racionalidad del medio empleado. El requerimiento es la no existencia de provocación suficiente por parte del que se defiende. Aclaremos para los desprevenidos que una denuncia de un fiscal, no es una provocación suficiente sino un acto legítimo y debido.

No creo que a Lagomarsino le vayan a pedir que demuestre que tenía motivos para pensar que Nisman no podría recurrir a las autoridades policiales, a juzgar por los resultados. Pero como el aspecto subjetivo en materia penal es fundamental y la falta que se le imputa no puede cometerse en forma culposa, la pretensión de centrarse en este verdadero perejil, se disuelve con toda facilidad. Su supuesta falta, en este contexto, es una absoluta estupidez formal.

Quiero decir con esto que me parece que hay fallas gruesas de formación en quienes se dejan barrer por la apariencia formal de las situaciones y no entienden el problema esencial de la juridicidad, que es proteger derechos, no reglas en abstracto.

Si estamos frente al caso de un fiscal que acaba de denunciar a un presidente autoritario en un hecho que es un escándalo internacional, en el que están involucrados los intereses de varios países y actos de terrorismo, Lagomarsino sería un verdadero imbécil si se pone a leer la ley 25.886 y le dice a Nisman que no puede darle el arma si no le muestra el carnet de legítimo usuario. Para colmo a un fiscal. Tal conducta no sería ni jurídicamente exigible ni deseable.

Si la decisión fue buena o mala, si debió hacer otra cosa, es harina de otro costal. Lagomarsino por entregar el arma (en falta o no), no tiene ninguna relevancia  en la investigación del homicidio en sí y hasta ahora nadie ha sostenido cómo esa transgresión que no es tal en este caso, lo convierte en autor o cómplice de la muerte.

Si alguien llega a recibirse de abogado pensando que en el medio de un tiroteo mientras alguien es asaltado, un señor le acerca un arma al que se está defendiendo sin preguntarle por su permiso de tenencia, comete un ilícito, estamos en serios problemas.

Vamos al elefante: el gobierno quiere tirar la pelota afuera de la cancha con cualquier cosa ¿Por qué? Yo díría que habría que preguntárselo al hijo de Pierri. Seguro lo sabe.

Otra pregunta fácil ¿Cómo se comportaría un gobierno inocente? Ahora comparemos.

Ejecuciones en Irán, tierra bolivariana.

 

La foto pertenece a una de las 16 ejecuciones llevadas a cabo en Irán (la mayoría por el “delito” de homosexualidad), el aliado de Hugo Chavez a cuyo destino se encuentra unido la Argentina, sin contar con las simpatías de tipos como D’Elía que forma parte del oficialismo, el Padre Farinelo expresión de la “bondad” argentina y la afición de la izquierda argentina y los llamados de manera muy generosa “organismos de derechos humanos” de la Argentina.

Fusilamiento de niños en el paraíso del señor D’Elía

No es un informe del Partido Republicano de los Estados Unidos sino uno de Amnisty Iternacional el que sitúa a Irán a la cabeza de los países que llevan a cabo sentencias de ejecución contra niños. Pese a que Irán se comprometió a no condenar a muerte a menores, desde 1990 ejecutó a 24 “criminales menores”, once de los cuales fueron fusilados cuando todavía no habían cumplido los 18 años y el resto si bien fueron sentenciados antes, se recurrió al artilugio de esperar a que cumplieran esa edad para matarlos. Hay 71 más a la espera de que se cumpla su sentencia de muerte.

No hay protestas por la mano dura de Irán en los medios locales. Verbitsky no escribió nada al respecto ni hubo quejas de intelectuales de la tala de Claudio Morgado. Eso si, se ocupan de llamar nazis a los que quieren poner freno al crimen.

La lista es seguida muy lejos por Sudán que ejecutó dos niños en 2005, China y Paquistan que ejecutaron un niño en 2004 y 2006 respectivamente.

Fuente: Desde el Exilio

Confluencia colectivista del siglo XXI

Las teorías conspirativas son graciosas como tales, el problema es que son un instrumento para atribuir maldad desde la ficción a un grupo enemigo y justificar su castigo, sometimiento o exterminio. Hitler iba tras una teoría conspirativa de judíos malignos tratando de destruir Alemania. El comunismo va contra la teoría  conspirativa de los ricos explotando a los pobres y en general todo miserable ha enarbolado una conspiración que disfrace su criminalidad de épica.

La diferencia entre una conspiración y una teoría conspirativa es que la primera es en un principio descubierta y luego se responsabiliza a quienes participan mediante referencia a sus actos. La segunda en cambio es construida una vez que se define al enemigo, es decir, al revés, y constituye un instrumento de poder. Una conspiración es algo de lo que hace falta defenderse, una teoría conspirativa es un libreto para atacar.

Es otra de las diferencias que debe sumarse a las que ya señalé respecto de la pretensión de los terroristas argentinos de asimilarse a judíos perseguidos en el Holocausto. La conspiración judía era falsa, la conspiración montonera era explícita y violenta. No era una suposición militar.

Fíjense que parece curioso que D’Elía, un izquierdista de pura cepa argentina, se alíe al fundamentalismo iraní, una teocracia que en el lenguaje aparente de su tribu idiotógica podría calificarse como de ultra-derecha. Recordé hace unos meses el vínculo histórico entre el terrorismo argentino y el islámico, pero hay más en común. Cuando hablamos de la izquierda, construida sobre cuanta teoría conspirativa sea necesaria para descalificar a sus contrincantes, tenemos que diferenciar la retórica que es lábil y se adapta a la necesidad política inmediata del pensamiento real.

La izquierda llama fascismo a todo lo que no es parte de su estrategia. Aplica una teoría conspirativa global que dice que todo el que no colabora con sus deseos de poder es de alguna manera simpatizante y/o cómplice del fascismo. No usan a los nazis en ese sentido por una cuestión musical. Es más efectivo decir fascista que nazi. El señor K por supuesto tiene a mano cuanta teoría conspirativa ad hoc sea necesaria para cada una de sus agresiones y ataques a gente pacífica que se permite no estar de acuerdo con él o no ser su cómplice. Pero vuelvo a la izquierda, no debe confundirse la teoría conspirativa con la realidad a la hora de sostener que existe algún tipo de contradicción entre la idiotogía del señor D’Elia y el fundamentalismo islámico iraní. La ficción conspirativa es la que se contradice, pero no el pensamiento y la acción en los que ambos grupos confluyen.

Muchas veces dije también en este blog que la izquierda latino americana es la verdadera heredera del nacional socialismo alemán. De hecho el llamado “socialismo del siglo XXI” no es otra cosa que la re-edición del sistema que Hitler impuso en Alemania, un totalitarismo con cómplices, sin socialización de los medios de producción.

Lo que demuestra este comportamiento es que también pueden prescindir de la teoría conspirativa marxista de la explotación si les es úti. La idea real que es además el elemento común entre el fundamentalismo islámico y la izquierda es el deseo de colectivizar a la sociedad, eliminar las individualidades que hieren la auto-estima dañada de los déspotas y regir a sus congéneres convirtiéndolos en piezas a su disposición. Es entonces cuando surge el único eje político que importa y ha importado siempre: individualismo versus colectivismo. Esos son los lados reales, esos que el semi-analfabetismo de los dirigentes del PRO quieren evitar. El colectivismo es por supuesto anti-norteamericano. Escribe todos los días alguna teoría conspirativa para hacer malo a los Estados Unidos con el mero recurso de la ficción y así avanza. No hay que confundirse, no hay otro propósito real, ni el trascendente, ni servir a la divinidad, ni servir a la igualdad, ni nada real o falso que no sea el deseo de ejercer el poder sin límites.

¿Y por qué me me mandé esta perorata en el día del descansador? Fue por un comentario que leí en el post sobre la defensa de D’Elía al lobo feroz que me llevó al blog El rejunte.il que además de tener una buena crónica del episodio de la Feria del Libro, menciona y demuestra que la Organización Islámica Argentina se hacía eco en su página de la existencia de un “plan andina”, otra conspiración judía pero esta vez para quedarse con la Patagonia. Y si bien el documento fue borrado no bien se les reprochó, el chaché de Google nos permite conocer igual su contenido.

Lo que tienen memoria habrán hecho la misma asociación que hice yo. Aunque el general Bendini se ocupó de negarlo, se le atribuyó alguna vez haber hablado del mismo “plan” conspirativo. Sería otro de los personajes cercanos al presidente con fobias anti-semitas, esta vez desde el supuesto otro extremo ideológico de D’Elía. La negativa de Bendini fue tan poco convincente que se formó una comisión para investigar si el episodio existió. Se están durmiendo una larga siesta los muchachos y nadie se ocupa de reclamarle al gobierno sus demoras en producir un resultado. Se diría que en este caso si podemos hablar de complicidad en la falta de investigación porque los hechos lo demuestran y no en el caso de la Cámara de Casación sobre la cual el presidente elaboró otra teoría conspirativa ad hoc que todos conocemos.

Termino con el parentesco. No es casual que los montoneros hayan salido de las filas del nacionalismo católico. Siempre han tenido, como la izquierda argentina en general, ese mix entre marxismo y nacionalismo que es justamente la esencia del nacional socialismo que terminó por florecer en esta cosa entre populista y cambalachera que padecemos en esta época.