Voy a esbozar apenas la idea porque da para mucho más. Venimos oyendo de parte del nacionalismo cristiano la falacia de la necesidad que tiene el liberalismo del cristianismo, después de habernos pasado la vida escuchando como el liberalismo era pecado. Pero tenemos que aclarar que la nueva mentira no viene del cristianismo en general, sino de esta minoría que había sido mejorada, me atrevo a decir, de su postura cristiana por abrazar en gran medida al liberalismo. Ahora han abandonado eso, han dado vuelta sus prioridades y se han propuesto no solo “convertir” al liberalismo al cristianismo, degradarlo, sino execrar a todos los que no se arrodillen ante su señor, que en la práctica es ante ellos, lo que hace que de su liberalismo no quede más que una queja por lo caros que están los impuestos. 

Ellos son un impuesto en especie, el mismo tipo de costo que plantea la revolución cubana mientras sostiene que su “educación” es gratuita. En ambos casos el precio es entregar el alma. Uso alma acá de manera metafórica, lo que pretenden que se les ceda es la conciencia. En ese sentido toda religión implica la cesión de la conciencia a una autoridad o libro. Cualquier religión es disciplinaria y por eso moralmente insignificante. 

Este movimiento es en sí mismo extremadamente deshonesto, pero no me voy a referir a los frutos del cristianismo, que son también estos nuevos evangelizadores, muchos de los cuales dicen abiertamente que se convierten por razones políticas. En un club la hipocresía se puede exhibir tranquilamente, se convierte en parte del pacto colusivo, anti-conciencia. Es que esto les da un lugar superior en una escala que se han trazado entre los que creen y los que no. Les provee unos inferiores en los cuales expiar todo. Pero esta inmoralidad no es propia del cristianismo sino de todas las religiones, que no se convierten en un peligro si no se toman seriamente. Voy a comparar doctrinas, brevemente, para demostrar la superioridad moral del liberalismo y que por lo tanto la reversión que plantean en ese terreno equivale a abandonar un automóvil moderno para subirse a un carro a caballos. 

La primera constatación que sí habría que hacer es cómo han desmejorado las personas que se suben a esta ola. Se ponen agresivos, ven conspiraciones que los habilitan a hacer limpiezas en nombre de dios, hablan desde una superioridad moral que no está permitida en su propia doctrina. En realidad tampoco les está permitido hablar en nombre de dios, ni tirar la primera piedra, ni mezclar la política con su credo, ni sentirse mejores. Hay expresas prohibiciones al respecto y se me podrá decir que varias de esas cosas influyen en la ética liberal, pero es que justamente prueban lo contrario. Si tengo un cuerpo de doctrina que me dice que la gente se va a ayudar la una a la otra y que de tan buenos, de tan adheridos al credo trabajarán según sus capacidades y consumirán según sus necesidades, que todo el mundo tendrá su doctor, su linda casa y su auto, no podemos evaluar la catadura moral de esa propuesta sin tener en cuenta que ha olvidado el punto central que es el corazón del individualismo liberal, que es que nadie puede ser obligado a tal cosa. Lo que acabo de describir es al socialismo, que expresa mucho mejor los valores declamados cristianos que el liberalismo, como creen los teólogos de la liberación. La superioridad moral del liberalismo se encuentra en que no pretende gobernar o tener la respuesta acerca de qué tan generosa debe ser el alma. Su observación de la realidad, no su revelación, indica que tendemos a colaborar, que es nuestra arma de supervivencia más importante tal vez, que nuestros sentimientos están ajustados a esa colaboración, que nuestra confianza en los demás y propensión a establecer vínculos cercanos y a tener muchos otros que nos interesan, por quienes estamos dispuestos a hacer cosas que no pueden verse como se ven los intercambios comerciales pero que también se alimentan de cosas que damos y recibimos. El liberalismo, al contrario del cristianismo, ve al amor al prójimo como una consecuencia y como algo completamente subordinado a la libertad humana. No solo a la libertad respecto de la policía, a la libertad de no ser amigo o no caerle bien a alguien, de no ser nada generoso. La puerta abierta para el liberalismo es esencial, para el cristianismo, si la considera, es una cuestión menor, precisamente porque su amor al prójimo es subordinado de una orden derivada del cielo. Es algo que manda el señor. De manera que lo que propone el cristianismo es una esclavitud psicológica, si no legal, porque está siempre libando las mentes de los gobernantes para imponer todo tipo de maldades en nombre del amor. El punto donde el liberalismo se detiene cumple mucho más las aspiraciones del cristianismo que el mandato y la obligación moral de amar. Como decía Ayn Rand refiriéndose al amor romántico, pero que debe ampliarse a toda forma de ese sentimiento: nadie quiere ser amado por obligación. El cristiano está obligado a amar y no vayamos a creer por esto que amará de otra forma que no sea la egoísta, es que a partir de la inmoralidad de la obligación moral de amar, se sucede una alta toxicidad de relaciones y actitudes falsas o dobles vidas. La no obligación de amar al prójimo es muy superior como axioma y hasta como productora de amor verdadero. Un carrito de rulemanes versus una Ferrari.

El liberalismo incluye en su moral al error como parte de un proceso. Supone el avance moral en la búsqueda de la supervivencia. El cristianismo tiene su “bien” que difundir, al lado del cual hay un “mal” a erradicar, a reprimir, a suspender. Y ese subterfugio es tan nocivo que lo   que vemos en el cristianismo como regla general es hipocresía. Sus sectas más represoras se usan para establecer vínculos políticos, protegen la pedofilia y todo tipo de crímenes, pero llevan juguetes a los barrios pobres. El bien cristiano es un aval, es como un crédito en la cuenta corriente con el cual liberarse de la culpa. Esto es un directo producto de aquella dualidad entre el bien y el mal que el liberalismo no se plantea porque considera al error como parte del proceso y no lo define de antemano, ni de manera tajante y listada. Solo como ejemplo, la moral cristiana ha condenado cosas como la especulación, el agio, el crédito, cuya ética, ya no digo cuya función o beneficio sino cuya ética, solo puede explicarse desde el liberalismo. El cristianismo condena al egoísmo, algo que el liberalismo rescata como individualismo. El liberalismo no venera a la mezquindad, un buen entendimiento de la colaboración social la puede ver como una no virtud y un mal negocio, pero en su ética no interventora, la ve disminuir sin condenarla. Solo para aclarar le llamo acá mezquindad a alguien que se preserva tanto de no perder lo que tiene que no intercambia y lo pierde.

El cristianismo como dogma no puede más que ver relativismo en el liberalismo. Del mismo modo los socialistas ven caos en la falta de planificación centralizada. No entienden el problema de la complejidad y la dispersión. No es que todo de lo mismo, es que no lo podemos decir desde una racionalidad central, que eso es lo que es toda religión y cuanto más detalles morales da, más se acerca al fracaso socialista en economía, pero en este caso moral. Pero quiero ser claro en esto, el relativista también es moralmente superior al cristianismo, en la medida en que está más abierto a la experiencia que a las conclusiones apresuradas.

Para el liberalismo la moral es un proceso espontáneo. Se deduce de la colaboración y su producción es compleja y dispersa. Eso se ve claramente en el comercio, pero también en la creación y ruptura de vínculos familiares. El cristianismo no considera que pueda haber ruptura de vínculos familiares, con lo cual convalida relaciones de poder tóxicas y hasta crímenes. Para el liberalismo los vínculos afectivos están a plena disposición de los individuos, para el cristianismo hay mandatos que no se pueden romper que obligarían a Shocklender a querer a sus papás. Para el cristianismo los vínculos sexuales tienen una misión divina, se pueden establecer únicamente en el matrimonio cristiano (también incluyen al natural, pero convenientemente lo olvidan). 

El sexo es, de hecho, una herramienta evolutiva y no es meramente reproductivo. En realidad no sabemos si en la evolución el sexo es anterior a su función reproductiva. El sexo genera vínculos fuertes, cura el cuerpo y da felicidad disponible de una manera inmediata. El sexo te sirve para lo que te sirve. El cristianismo lo tortura, lo reglamenta, lo condena y ha generado miles de años de represión, infelicidad, familias tóxicas y crímenes sexuales. El cristianismo usa el sexo como una forma de disciplinar. El liberalismo al simplemente agregar la palabra “libre” a las relaciones, ha roto completamente esa disciplina, cuyo control es esencial a la preeminencia política no ya del cristianismo sino de sus distintas formas de sindicalismo, unificado o disperso. Hoy el sexo gracias a la perspectiva liberal se estudia como mucho más que reproducción, acercándose a la realidad de lo que es, sin moralizarlo.

Lo mismo ha hecho el cristianismo con el lucro, una función vital fundamental que todo el mundo ejerce como alternativa al robo, pero que para el cristianismo está condenado por el solo hecho de ser inevitable, como el sexo. El deseo prohibido, como de Adán y Eva que se atrevieron a tirar los mandatos ridículos a la basura y ser ellos. El cristianismo ensucia ambas cosas y todo tiene una finalidad política. Claro, están los cristianos que se han liberalizado hablando de compatibilidades, pero en realidad son la excepción y apenas pueden invocar una parábola cristiana muy tergiversada como la de los talentos para decir que en realidad en un rincón, un rato, Jesús estaba encantado con el lucro. Pero es que ni siquiera esa parábola indica eso. Son siervos, no propietarios, los que son puestos a cuidar la fortuna de su amo y el premio que otorga la moraleja de Jesús es al ciervo más imbécil que de tan sometido en lugar de gastarse la plata en juerga, se la multiplica. 

Todo el avance moral que podía significar el Cristianisno lo dio tal vez en el siglo I. Aclaro, tiene cosas muy buenas como esto de condenar a los tirapiedras, a pesar de que todos los militantes cristianos (no todos los cristianos) son tira piedras, por el hecho de que creerse en “gracia” ya es corromperse. Acá podríamos hablar de sus frutos. Pero para eso es mejor hablar del presente y no me voy extender demasiado. Solo basta ver lo agresivos y malvados que se han puesto los que eran liberales, la forma en que se palmean la espalda para repudiar minorías o convalidar todo tipo de formas de segregación y como han llegado a abrazar otra corrupción moral como el nacionalismo, como nos condenan de manera tan petulante, solo para estar adentro de un club que afuera dice amor al prójimo y adentro promueve quemas de brujas. 

Los únicos cristianos con los que se puede convivir fácil es con los que han abrazado el liberalismo y aceptan vivir su religión como un alimento espiritual para ellos, no para los demás. El liberalismo ha moralizado al cristianismo cuando estaba en su peor momento de degradación moral, no al revés. Ahora intenta empeorar al mundo, reduciéndolo al oscurantismo otra vez hablando de una “cultura degradada”, que encima tienen la deshonestidad de vincularla al marxismo como un fantasma. Hoy están en la militancia cultural para moldear a la sociedad al extremo totalitario y desde la deshonestidad de llamarle verdadero liberalismo. No defienden ni a su dios, se escudan en versiones falsas de genética, biología, historia y filosofía. Porque justamente quieren convertir su creencia poco practicada en autoridad omnímoda, que gobierne todos los campos del conocimiento pero escondiendo a dios porque su oscurantismo se vería fácilmente oscuro. En ese sentido su nuevo programa es peor que la militancia a lo Gramsci, que no es más que una táctica para dividir y generar movimiento político. En este caso es un intento constructivista al extremo para imponer una forma de vivir que los primeros que no cumplen son ellos. 

La moral evoluciona bajo axiomas liberales en el ensayo y error. Los axiomas cristianos son pétreos y solo cabría tergiversarlos para poder cambiar; subsisten en su incumplimiento porque la supervivencia tiene más fuerza que los dogmas. 

Sería fácil simplemente decir que no tengo nada contra el cristianismo, pero en realidad no tengo nada contra ninguna creencia vivida de modo privado, sujeta al proceso de colaboración social, no invasiva, no iluminada, no convalidada por magos que conducen al mundo al punto en el que eso los pone por encima de los demás y los habilita a andar jodiendo y despreciando a los otros en nombre del amor tóxico que proponen. No tengo nada contra nadie que use alguna explicación mejor o peor para mejorarse a sí mismo, entendiendo que no se puede mejorar a otro y que podemos tener ideas sobre como les iría mejor a los demás, pero hay un límite en el intento de contárselos que lo ensucia todo. 

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2 Responses

  1. Exelente!
    Mi evolución al liberalismo , fue debido al despertar de mi ateísmo o como quiera llamarse , fue sacarme un gran peso de encima , que se incrementó en el paso del tiempo desde mi educación cristiana en la niñez .
    El liberalismo ahora me permite ver todo desde otra óptica , y es un evolucionar continuo , es la naturaleza misma.

  2. “Amarás al prójimo como a ti mismo” implica una predisposición a compartir las penas y las alegrías ajenas como propias. Esto proviene de la “empatía emocional”, la principal ley de supervivencia y de adaptación al orden natural.

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