El socialismo del siglo XXI ha muerto

El socialismo del siglo XXI ha muerto

El chavismo no pudo más y terminó en un clásico golpe de estado, o auto golpe. Está por completo al desnudo. El socialismo del siglo XXI, que pretendía ser una versión renovada y “democrática” de esa configuración ideológica, se ha terminado por demostrar a sí mismo que un sistema regular institucional y el pensamiento colectivista no son compatibles en absoluto. Cuando los resultados no llegaron, las amenazas no alcanzaron, ni los presos políticos, ni la colocación de pseudo jueces, apenas delegados facciosos del régimen, ni las elecciones fraudulentas, ni el espionaje al voto de la gente para amenazarla, ni el cierre de medios de comunicación, ni la propaganda abrumadora, ni el apoyo de los fondos del narcotráfico, ni el de Irán, ni el papa ejerciendo unos “buenos oficios” porque los venezolanos “se llevaban mal” con su gobierno, quedó el mazazo final sobre el Congreso, a lo bruto, a lo bestia, como el socialismo de siempre.

Ha muerto el socialismo del siglo XXI hoy, jueves 30 de marzo de 2017, cuando el “supremo” tribunal, una mascarada del aparato gangsteril de Maduro, asumió por él el poder legislativo, dejando inoperante a la Asamblea que votó la gente, de un modo tan abrumador que ni el fraude pudo tapar. La policía chavista vestida de justicia, tiró las urnas por la ventana y el régimen ya no es más que un viejo aparato opresor stalinista, lo único que a la larga son capaces de diseñar los Castro.

A ver qué hacemos, porque estos quince años de contaminación de América Latina con estas ideas de aplastamiento de la libertad individual, vienen coladas por una ética paternalista cuyo final no puede ser otro que éste. La parálisis económica consecuencia del autoritarismo y la vuelta a apostar por el comisario general que persiga a los conspiradores que explican el fracaso de cualquier cosa, es el eterno retorno de nuestro hemisferio.

América Latina no solo debe deshacerse de todos estos patanes, debe pensar diferente. En el siglo XXI tenía que haber autos voladores, no dictadores bananeros.

SI LA ARGENTINA ESTÁ CONDENADA AL ÉXITO, DUHALDE LA QUIERE INDULTAR (Febrero 2002)

Semanario Urgente.

SI LA ARGENTINA ESTÁ CONDENADA AL ÉXITO, DUHALDE LA QUIERE INDULTAR
— POR JOSÉ BENEGAS

Ante un país que se hunde en el mar de la anomia, el alfonso-peronismo se apresta a asaltar el Palacio de Justicia al mejor estilo nacional socialista, en nombre de los ‘sanos sentimientos’ del Pueblo argentino.

Son esos ‘sanos sentimientos’, que en la Alemania nazi servían de fundamento al sistema penal y a la represión estatal, los esgrimidos, con otros nombres, contra la Corte por las hordas ‘cacerolistas’ y los grupos de abogados laboralistas que protegen, por vías torcidas, sus intereses pecuniarios. Ellos son el fundamento real por el que la policía política representada por el progresismo mediático y parlamentario se propone otorgar a la alianza gobernante la suma del poder bajo la mascarada de un juicio político.

Los jueces con los que reemplazarán a los actuales, son jueces amigos, cercanos, que ya han prestado servicios a la causa proletaria y a la cruzada ‘antimenemista’ (lo que para ellos es, lo más sano entre los sentimientos nacionales).

Son el tipo de jueces a los que llaman ‘independientes’. En cambio quienes no les responden, ni convalidan los procedimientos de ajusticiamiento de sus adversarios; los que cometen el atrevimiento de resolver de acuerdo a derecho aunque beneficie a los réprobos preestablecidos y quienes tienen supuestas simpatías con gente antipática para el poder; vendrían a ser para nuestra política bizarra los dependientes.

La población ignora por completo los motivos y aspiraciones de la cosa nostra política para quitar a los jueces que no les responden del medio y es conducida como ganado por las campañas oficiales de desinformación y distracción.

Un día la víctima son los banqueros, otro día los comerciantes, otro día las empresas privatizadas, otro día los que saltaron el ‘corralito’ y otro las instituciones más básicas de la República, como la Corte Suprema de Justicia.

Sin saber siquiera quienes son los ministros de la Corte, ni qué hacen, ni qué espera la Constitución de ellos, ni de qué se los acusa, muchos de los golpeadores de cacerolas colaboran mansamente con la destrucción del último resguardo que les queda en la protección de sus derechos y de sus garantías.

Un día protestan porque la propaganda oficial dice, falsamente, que convalidaron el corralito, y cuando se enteran de que lo declararon inconstitucional protestan porque se supone que atentan contra la subsistencia del sistema bancario (¿cuál sistema bancario?), aunque los bancos eran supuestamente los depositarios de todo el mal habido en el país y maléficos aliados de anteriores gobiernos a los que el actual venía a abandonar.

Y si no protestaran ya por eso, lo harían por otra cosa; prenderían la televisión para notificarse de contra quién tienen que despotricar hoy.

La actual Corte es producto de un pacto sellado entre el propio Alfonsín y Menem en 1994, denominado Pacto de Olívos. El radicalismo ‘progre’ sostenía que debían hacerse cambios en el máximo tribunal para otorgarle credibilidad. Lograron su propósito pero parece que lo que era creíble en ese entonces ya no lo es; y entonces la Corte no cuenta más con el aval del señor Alfonsín, que vendría a ser algo así como el máximo exponente de los ‘sanos sentimientos’ del Pueblo argentino.

Duhalde, quien fue partícipe al haber apoyado y convalidado el Pacto de Olivos, no aprueba (él cree que debe aprobarlo) que esta Corte haya declarado ilegal el procedimiento que llevó a la detención de su archienemigo Carlos Menem, con todo el esfuerzo que él había hecho para que eso fuera posible.

Cualquier cosa que se oponga al poder de Alfonsín, a los deseos de Duhalde o a ‘la Verdad’ representada por la señora Carrió, resulta automáticamente ilegal, no independiente, corrupto e inmoral.

Estas tres voluntades unidas al periodismo ‘progre’ y a las empresas periodísticas que hacen negocios con el Estado conforman la nueva religión nacional y a cuyo son parece que deben desenvolverse las instituciones bajo pena de ser arrasadas. El que no se adapte es un corrupto, un gusano que debe ser aplastado. Los intereses políticos de esa entente son el único Derecho vigente.

Padecemos un gobierno provisorio que no cuenta con legitimidad electoral, que fue seleccionado por ser lo más representativo de la clase política que a su vez se encuentra completamente divorciada de la gente. Ese gobierno conduce los destinos del país liberado del control parlamentario gracias, a las facultades extraordinarias otorgadas por el Congreso. A su vez, mediante incentivos, extorsiones y amenazas ha concentrado la información y logrado una prensa tan obediente y oficialista como no se recuerda en la Argentina, a pesar de toda la tradición que tenemos en la materia.

Como corolario de este proceso de feudalización política, asistimos a esta forma tan grave de golpe de estado que es el descabezamiento del Poder Judicial con un doble juego. Por un lado se recurre al hostigamiento mediante hordas callejeras y mediáticas que ni los gobiernos militares se atrevieron a utilizar y por otro a un aparente juicio político que no es tal porque la sentencia final ya está dictada. No existen garantías en la Argentina para la celebración de juicio político alguno contra los jueces de la Corte.

Si el gobierno se sale con la suya podrá disponer a diestra y siniestra (sobre todo a siniestra) que hacer con nuestro patrimonio sin ningún control parlamentario ni judicial. Podrá hacernos ricos o pobres según encajemos día por día en el grupo de beneficiarios del terrorismo normativo al que ya nos ha acostumbrado.

Estamos sometidos a la política de la hoguera, que subsiste consumiendo todo lo que haya su alrededor: banqueros, empresarios exitosos, empresas privatizadas, adversarios políticos y ahora el Poder Judicial. Habrá que preguntarse que seguirá cuando consuma a todos los conspiradores que ha creado la propaganda sin escrúpulos adquirida en Brasil.

¿A qué enemigo recurrirá el gobierno una vez que acabe con la Corte Suprema de Justicia? Tal vez seamos los ciudadanos que traicionamos al país comprando dólares porque somos tan egoístas que no nos gusta que el Estado nos asalte.

Lo que es indudable es que es un proceso que se retroalimenta y necesita cada vez dosis más grandes de violencia y atropello para subsistir. Tal vez fusile en la plaza pública a algún banquero que tienen prisionero con ayuda de nuevos amigos que tiene en la Justicia para alimentar teorías conspirativas que expliquen su fracaso. Ese sistema institucional que se está instalando a paso redoblado recibe por nombre totalitarismo.

El señor Duhalde afirma ahora, acompañado de nuestra aprendiz de Robespierre, la señora Carrió, que la Corte intentó ‘chantajearlo’ con el fallo en el que declaró la inconstitucionalidad del llamado ‘corralito’. Pero es solo una afirmación de quienes han mentido demasiado, y que ni siquiera sirve para rebatir la solidez que de manera unánime se le reconoce a la sentencia.
Si por casualidad o por un milagroso despertar de la conciencia republicana la Corte perviviera a esta andada de incivilización, habremos dado un paso a favor de la institucionalidad, estableciendo un antecedente con efectos beneficiosos.

En cambio si, como parece, la desaparición de la Justicia se concreta por cualquier método que les resulte útil, nos preguntaremos si a esa cita que efectuara el Presidente respecto a que “la Argentina está condenada al éxito” no habría que completarla con la obsesión de este gobierno por indultarla.

— ® José Benegas, febrero de 2002, Argentina.