OEA: de la complicidad activa a la complicidad estúpida

OEA: de la complicidad activa a la complicidad estúpida

Describir la situación en Venezuela como “crisis”, es lo que el filósofo Gustavo Bueno llamaría anegación de la especie por el género, que consiste en privar a los hechos de sus atributos específicos, para esconderlos en el género. El asesinato de Kennedy podría así ser tildado de un “acto violento”. Pero acto violento también es insultar al señor que se nos cruza con el auto sin poner el guiño, el chico que le contesta mal a la mamá o el que se agarra a las trompadas en una cancha de fútbol. La definición del asesinato de Kennedy como una acción de violencia, nos impide conocer lo más importante y nos permite no tomar partido con mayor comodidad, igualando situaciones graves con trivialidades.

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El socialismo del siglo XXI ha muerto

El socialismo del siglo XXI ha muerto

El chavismo no pudo más y terminó en un clásico golpe de estado, o auto golpe. Está por completo al desnudo. El socialismo del siglo XXI, que pretendía ser una versión renovada y “democrática” de esa configuración ideológica, se ha terminado por demostrar a sí mismo que un sistema regular institucional y el pensamiento colectivista no son compatibles en absoluto. Cuando los resultados no llegaron, las amenazas no alcanzaron, ni los presos políticos, ni la colocación de pseudo jueces, apenas delegados facciosos del régimen, ni las elecciones fraudulentas, ni el espionaje al voto de la gente para amenazarla, ni el cierre de medios de comunicación, ni la propaganda abrumadora, ni el apoyo de los fondos del narcotráfico, ni el de Irán, ni el papa ejerciendo unos “buenos oficios” porque los venezolanos “se llevaban mal” con su gobierno, quedó el mazazo final sobre el Congreso, a lo bruto, a lo bestia, como el socialismo de siempre.

Ha muerto el socialismo del siglo XXI hoy, jueves 30 de marzo de 2017, cuando el “supremo” tribunal, una mascarada del aparato gangsteril de Maduro, asumió por él el poder legislativo, dejando inoperante a la Asamblea que votó la gente, de un modo tan abrumador que ni el fraude pudo tapar. La policía chavista vestida de justicia, tiró las urnas por la ventana y el régimen ya no es más que un viejo aparato opresor stalinista, lo único que a la larga son capaces de diseñar los Castro.

A ver qué hacemos, porque estos quince años de contaminación de América Latina con estas ideas de aplastamiento de la libertad individual, vienen coladas por una ética paternalista cuyo final no puede ser otro que éste. La parálisis económica consecuencia del autoritarismo y la vuelta a apostar por el comisario general que persiga a los conspiradores que explican el fracaso de cualquier cosa, es el eterno retorno de nuestro hemisferio.

América Latina no solo debe deshacerse de todos estos patanes, debe pensar diferente. En el siglo XXI tenía que haber autos voladores, no dictadores bananeros.