Delitos kirchneristas del día

No es inimputable en un sentido jurídico, pero si lo es en un sentido político porque practica con orgullo el cualquiercosismo sin tener idea de la naturaleza de lo que está afirmando. Me refiero al teñido gobernador de Tucumán José Alperovich. Acaba de confesar de manera pública haber recibido beneficios a cambio de retirar el stand de la provincia en la rural para responder a la venganza estúpida de los kirchner.

El problema no es si el intercambio “beneficia” a la provincia, no se le puede discutir la metodología delictiva desde el punto de vista de los resultados. Un ladrón no puede alegar la gran utilidad que le sacó al botín. Un funcionario no puede recibir ni para si ni para su organismo una dádiva para ejercer su cargo. Alperovich no podría mandar a pegarle a De Angeli para obtener un nuevo subsidio a la caña de azúcar, ni retirar un stand de la Rural para otro tipo de contraprestación.

De cualquier manera, unido a otras afirmaciones del gobernador se entiende que los beneficios no son sólo para la provincia.

Una leidita al código penal le vendría bien a esta gente y a los fiscales:

ARTICULO 256. – Será reprimido con reclusión o prisión de uno a seis años e inhabilitación especial perpetua, el funcionario público que por sí o por persona interpuesta, recibiere dinero o cualquier otra dádiva o aceptare una promesa directa o indirecta, para hacer, retardar o dejar de hacer algo relativo a sus funciones

ARTICULO 256 bis — Será reprimido con reclusión o prisión de uno a seis años e inhabilitación especial perpetua para ejercer la función pública, el que por sí o por persona interpuesta solicitare o recibiere dinero o cualquier otra dádiva o aceptare una promesa directa o indirecta, para hacer valer indebidamente su influencia ante un funcionario público, a fin de que éste haga, retarde o deje de hacer algo relativo a sus funciones.

ARTICULO 258. – Será reprimido con prisión de uno a seis años, el que directa o indirectamente diere u ofreciere dádivas en procura de alguna de las conductas reprimidas por los artículos 256 y 256 bis, primer párrafo. Si la dádiva se hiciere u ofreciere con el fin de obtener alguna de las conductas tipificadas en los artículos 256 bis, segundo párrafo y 257, la pena será de reclusión o prisión de dos a seis años. Si el culpable fuere funcionario público, sufrirá además inhabilitación especial de dos a seis años en el primer caso y de tres a diez años en el segundo.

Alberto Fernández: Plan B

El problema con las traiciones políticas se presenta cuando están mal organizadas. No es bueno, en ese sentido, disfrazarlas mucho de indignación si se llega al punto en que el protagonista se la cree un poco.

“A mi esto no me gusta yo me voy”, o “encontré un nido de vívoras” son frases que muchos pueden comprar pero no está bueno que el emisor se engañe a si mismo. Hay que estar preparado para decirlas. Lo digo por don Alberto que es Fernández y su operativo “así no” respecto de todas las cosas por las que había estado poniendo el hombro la cara y a veces otras partes durante 4 años y medio. Un poco inconsistente y encima le duro poco.

El señor llega a la casa, lindo depto, imaginando casi siempre una especie de 17 de octubre, una galería de personajes que le digan “I am with you man”. Tal vez imagina que su salida provoque un derrumbe y las renuncias de quienes lo vencieron dejándolo como el héroe que se deshizo de los “bad guys”. Pero al final no pasa naranja, su suscesor es tratado como un genio, hasta C5N lo promueve con música emotiva.

Por otra parte la cantidad de mensajes en el contestador va disminuyendo y encima percibe que los lugares que tenía por pertenecer se ponen en duda. Allí donde más fracasaba como en la Capital Federal al comando del pseudo peronismo le iban a facturar sus errores. Urgente reunión y notificación: Vuelvo a ser el más kirchnerista de todos y lanzo la frase más chupa medias que Kirchner haya conocido. Lo que no es poco. Con resignificar sus críticas al “doble comando” y aclarar que lo que le molestaba era le influencia de su pariente Cristina en el gobierno lograría un cierto efecto reparador. Podría ensayar un “las mujeres a lavar los platos”. A Néstor le encantaría.

Capaz que debería pedirle algunos consejos a Lavagna que está volviendo a ser opositor (algo que nunca fue). Beliz no le sirve porque ya estará pensando a qué nuevo gobierno presentarse para investigar al anterior.

Lo que le falta aceptar a Caparrós

Me manda Leandro un artículo de Martín Caparrós que no había leído en el que reconoce que los Montoneros luchaban contra la democracia y se proponían asaltar al poder. Hechos son hechos y es interesante que se acepten como tales para lograr alguna forma de entendimiento. También rompe la gran mentira nacional de unos militares solitarios peleando contra el pueblo que convierte a la Argentina en el paraiso de la negación, con terribles consecuencias en el presente.

Creo que es innecesario que abjure de sus creencias. Por ejemplo de su idea de que la democracia es burguesa y su dictadura es popular o que los militares, tan nacionalistas como este gobierno y casi tanto como los montoneros que hacían su ensalada con el marxismo, luchaban para “imponer un modelo económico”. De hecho, en materia de economía no tocaron nada de la economía mixta existente con las principales áreas de la economía estatizadas. Más estatizadas inclusive que en la Venezuela del nuevo ídolo de la izquierda. Esa es la discusión de ideas e histórica que tendría con Caparrós.

Lo que falta para mi es encontrar motivos para convivir en cosas más simples. Poder mantener las diferencias pero aceptarlas con respeto. Una es esta: el reconocimiento de que sus absolutos no son más justificatorios de la violencia que los de su oponente que tiene el derecho a defenderse. Si el elige creer que lucha por el bien contra el mal, eso no significa que aquél a quién tiene frente a él no tenga derecho a resistir. Y tampoco significa que con el mismo grado de dogmatismo del otro lado puedan entender que la relación bien/mal es inversa. Menéndez lo juzga a él del mismo modo que él lo juzga a Menendez.

Si alguien admite que quiere cambiarlo todo por la violencia debe aceptar que se le responda del otro lado. Pero eso de llamarse a si mismo violencia revolucionaria y a los otros asesinos es trastocar el papel de guapo del socialismo por el de víctima de mal trato sin un mínimo de explicación.

Sería el comienzo de otra historia, porque entonces podría discutirse desde la legalidad actual, la democracia “burguesa” que le asegura discutir las cosas sin ser eliminado, que fue lo que estuvo mal en toda la historia con un fin mucho más útil que el de la venganza que es el de no volver a repetir lo que nunca debió ocurrir.

Derechos Humanos S.A.

Los contratistas del estado están acostumbrados a todo tipo de trampas para quitarle plata al estado, lo novedoso es que recurran a “escraches” (fascistas según definió Alberto Fernández cuando era kirchnerista) y cortes de calle, como es el caso de los empresarios de la construcción Hebe de Bonafini y Sergio Shocklender.

A no confundirse, los derechos humanos y la historieta de los setenta no es sólo negocio para los kirchner. Ni la soja da tantos réditos.

¿Se animará alguien a plantear una investigación sobre las actividades de las Madres de Plaza de Mayo y sus vínculos con el Estado? Yo siempre pidiendo mucho.

Kirchner no debe cambiar

Tiene razón Rosendo Fraga cuando señala que Kirchner no tiene capacidad para hacer otra cosa que lo que ha hecho siempre, aún cuando hay muestras sobradas de que se encuentra desplumado y sin margen para continuar con lo mismo. Ordena estupideces a sus subordinados porque hasta ahora ha visto mucha gente dispuesta a agacharse ante él y todavía hay candidatos para ocupar ese rol. No importa si son muchos, o son tres, dos de los cuales son miembros de su familia, Kirchner exige sumisión incondicional.

Ojalá siga así. Porque el sistema político, el mundo empresarial que lo padece y la sociedad deben aprender a pararle el carro al gobierno en lugar de considerarlo salvador o pensar en qué se pueden hacer socios de él y llevarse algo. Kirchner es el gran “coach” de comportamiento político para la Argentina. El campo parece haber egresado con éxito de esa escuela. No hay estudiantes perfectos pero ya tienen la base para empezar a caminar.

Cuando hablamos de un gobierno limitado no nos referimos a uno que se limita a si mismo. Gobernar es abusar. Un gobierno limitado no es uno que no quiere pasar ciertos límites sino uno que no puede hacerlo, y eso requiere un país que no se encuentre en la anomia absoluta soportando cosas como las que han soportado los empresarios argentinos, los gobernadores, los legisladores y los intendentes hasta ahora. Si kirchner deja de ser kirchner todos ellos seguirán esperando al hombre providencial que haga su trabajo. Si se despiertan muchos más y los próximo años de Kirchner se reducen al maltrato intramuros, vamos bien.

La tiranía llega al ridículo

El grado de resentimiento de la gente que fue elegida para gobernar llega a niveles ridículos. Ahora le han prohibido al ejército participar en los espectáculos de la Exposión Rural.

En su obsesión consiguen, debe ser lo que buscan, que se los vea como gente caprichosa a la que más vale no contradecir para evitarse problemas. Varias provincias llegaron a retirar sus stands; si el loco les pide que se tiren al río se tiran seguro, a ese nivel llegó la degradación política después de que tanto tarado gritara “que se vayan todos”.

Scioli, primitiva esperanza blanca, ordenó a su policía presentar su habitual espectáculo según contó anoche Biolcati en el programa de Grondona. Se ha convertido el gobernador en un personaje sin retorno. Deberían lloverle los pedidos de juicio político por la completa sumisión, no al poder federal, sino a las chifladuras de un matrimonio que está para la internación hoy mismo.

El hecho no tiene ninguna importancia en si, ni siquiera para los asistentes a la muestra que no creo que estén muy interesados en ver propaganda de provincias. Pero habla de en manos de quienes estamos y de hasta dónde llega la obediencia indebida al que maneja la caja. Hay prostituidores pero también hay prostituídos. Nunca hay renuncias cuando estos impresentables ordenan cualquier locura a la que no tienen derecho, como usar al estado para sus batallas mezquinas.

Ser subordinado no es ser esclavo, ni siquiera en el ejército. Y si alguien ha decidido ser esclavo, será que lo merece, pero esto habla, en el caso de los políticos como Scioli, de que el gobierno elegido no es una equivocación, un defecto del sistema. La selección anti natural de la peor resaca de la sociedad es la regla.