La nueva mentira: kirchnerismo correcto

El kirchnerismo se puede describir con toda objetividad como un grupo de patoteros ricos, mentirosos, negadores de la realidad y atropelladores que utilizan el engaño y la violencia para torcer la información mientras se apoderan de empresas y recursos.

Ahora están divididos, unos se quedaron con el queso y los otros fueron neutralizados o expulsados. Y estos últimos como todos los malos perdedores disfrazan su derrota de principismo. Entre la versión De Vido y la versión Alberto Fernández del kirchnerismo, me quedo con la primera; por razones morales.

Ahora apareció  rulito también a presentarse como un luchador por la corrección contra Guillermo Moreno. El gobierno de Cristina K, dice, se parece mucho al de Kirchner. Es un insulto a la inteligencia de los lectores de Clarín que simule haber creído que se iba a encontrar con algo distinto, pero en todo caso él aceptó el cargo de su rey ante la negativa de su antecesor de continuar, entre otras cosas por tener que soportar a Moreno. El llegó para que Moreno se quedara. Se sumó a un orden perfectamente establecido y conocido por todos. Debería hacerse cargo del precio que pagó por sus ambiciones y no presentarse como víctima.

También nos informa que las retenciones móviles eran para mejorar un proyecto del policía del comercio y pretende a esta altura seguir sosteniendo que el fin que tenían era controlar el precio de los alimentos y no tapar los agujeros fiscales. Todo muy oportuno. Finaliza con otro acto de fe al kirchnerismo económico. Quiere una Aerolíneas Argentina con “fuerte control estatal”. Les encanta que sea fuerte el control. Quieren ser como el cinturón de castidad del lucro. Y lo han sido. La Aerolíneas Argentinas fundida, hijo, es la que era privada con fuerte, fuertísimo control estatal.

Los bandidos no me caen bien. Pero los que pretenden vender corrección política me dan asco. Y si lo hacen cuando han perdido la batalla por controlar el chiquero peor. Son los más peligrosos, como todos los negadores, en algún momento le cobran a otro sus propios pecados.

El malversador confeso

El nuevo Alberto Fernández, lleno de pruritos, dijo ayer en conversación con Joaquín Morales Solá algo que pasó desapercibido. Me quedé esperando para ver si había reacciones pero no pasa nada. Así de fácil le resultó al kirchnerismo manejar al país como si fuera un kiosco.

Las palabras del ex jefe de gabinete son una confesión simple:

“-¿Estaba de acuerdo con la distribución de la publicidad según el grado de amistad del Gobierno con los medios?

-Esa era una política del Gobierno. Dejemos la autocrítica para mejores causas.”

Por supuesto que no hay, por ahora, ninguna disposición presupuestaria que indique que los fondos previstos para publicidad oficial tengan otro fin que dar a conocer actos de gobierno, lo que excluye que puedan destinarse a premiar a los amigos dispuestos a decir cualquier cosa, que es la runfla de oportunistas e ignorantes que ha promovido el kirchnerismo en la prensa y otros ámbitos. Eso nos dejaría  ante la posibilidad de hacer aplicación de las normas previstas en el Código Penal para la malversación de fondos públicos:

Art. 260.- Será reprimido con inhabilitación especial de un mes a tres años, el funcionario público que diere a los caudales o efectos que administrare una aplicación diferente de aquélla a que estuvieren destinados. Si de ello resultare daño o entorpecimiento del servicio a que estuvieren destinados, se impondrá además al culpable, multa del veinte al cincuenta por ciento de la cantidad distraída.

Art. 262.- Será reprimido con multa del veinte al sesenta porciento del valor substraído, el funcionario público que, por imprudencia o negligencia o por inobservancia de los reglamentos o deberes de su cargo, diere ocasión a que se efectuare por otra persona la substracción de caudales o efectos de que se trata en el artículo anterior.

La oposición duerme.

A hierro muere AF

Durante cuatro años y medio una de las funciones de Alberto Fernández fue salir a cruzar a cualquiera que contrariara al jefe. Con gusto hacía ese papel junto con Aníbal Fernández, lavaban las heridas del dictadorzuelo humillando a sus críticos y seguro después recibían un huesito para ir a buscar corriendo moviendo la colita. Ahora sufre el mismo tratamiento de sus compañeros de ruta o de alguno de sus chirolitas.
Pero Randazzo quiere ser campeón de todo y hasta trató al hasta hace 48 horas jefe como “mezquino, corto y mentiroso“. Algo que no me atrevería a discutir por cierto.

A la mafia no le gustan los desertores.

Oscurece el Fernández desocupado

El ex kirchnerista Alberto Fernández deja trascender a la prensa sus quejas de quienes hasta ayer eran sus gurúes indiscutidos. Como esos matrimonios que están a los besos en público y una semana después empiezan los trámites de divorcio sacándose los trapitos al sol, el ex jefe de gabinete dice haber descubierto en plena debilidad de su empresa política, que los kirchner y sus secuaces estaban llenos de defectos.

Nos quiere hacer creer que él era el moderado y sensato que se cansó (justo a tiempo) del kirchnerato. Entonces se queja de Guillermo Moreno pero es el autor de la frase “En la Argentina no hay inflación“. Lo mismo puede decirse de sus cuestionamientos inoportunos a Jaime o De Vido después de haber sido miembro entusiasta del equipo para el cual recaudaban. Lo de Fernández es apenas una reflexión sobre marketing y una explicación de por qué abandona el barco mientras se hunde y no precisamente por haber cambiado el rumbo.

Frase célebre que quedará para la historia del renunciante: “Me pedían que no me fuera. Pero yo no me puedo hacer el pelotudo“. Sin embargo ha sido el experto número uno en esa actividad. Quedara para la historia como la cara del cualquiercosismo justificatorio de todo tipo de ilegalidad. No hace falta poner ejemplos porque fue su actitud permanente en estos cuatro años y medio.

De nada sirve su pretendido desaire ahora. Esto es kirchnerismo aplicado contra el kirchnerismo. En lugar de eso, si quisiera reparar el daño hecho puede hacer como Antonini y empezar a cantar. Entonces hablaríamos en serio de su “arrepentimiento” y le haría un servicio al país que contribuyó a destruir como pocos. En el ínterin, no sea caradura hombre, porque todos los amigos que hizo en la prensa a costa de dinero nuestro, están a punto de no atenderle más el teléfono en cuanto se den cuenta de que usted como cantera está agotado.

¿Alberto Fernández no tuvo nada que ver?

Al menos el cree que la posibilidad de ser cómplice de los Kirchner era una hipótesis a futuro y no algo que viniera ocurriendo en los últimos cuatro años y medio. De paso les tira un poco de barro a sus compañeros de ruta Guillermo Moreno, Carlos Fernández y Julio de Vido. Con este último tenía una feroz interna, pero por espacios de poder no por principios. En realidad podría leerse entre líneas en su renuncia que no quiere hundirse en el barco de sus cómplices.

El que me gustaría saber cuánto durará es al flamante reemplazante. Si tendrá la misma presencia de ánimo de su antecesor para defender cada 24 horas cosas indefendibles o negarlo todo como por ejemplo la existencia de inflación. Pareciera que la señora buscó una cara más “correcta”. El problema es que para que le sirva el gobierno tendría que ser más correcto también, de lo contrario don Massa va a tener poco tiempo para acomodar sus cosas en el despacho antes de ser convertido en pan (chascarrillo fácil).