Kirchner no debe cambiar

Tiene razón Rosendo Fraga cuando señala que Kirchner no tiene capacidad para hacer otra cosa que lo que ha hecho siempre, aún cuando hay muestras sobradas de que se encuentra desplumado y sin margen para continuar con lo mismo. Ordena estupideces a sus subordinados porque hasta ahora ha visto mucha gente dispuesta a agacharse ante él y todavía hay candidatos para ocupar ese rol. No importa si son muchos, o son tres, dos de los cuales son miembros de su familia, Kirchner exige sumisión incondicional.

Ojalá siga así. Porque el sistema político, el mundo empresarial que lo padece y la sociedad deben aprender a pararle el carro al gobierno en lugar de considerarlo salvador o pensar en qué se pueden hacer socios de él y llevarse algo. Kirchner es el gran “coach” de comportamiento político para la Argentina. El campo parece haber egresado con éxito de esa escuela. No hay estudiantes perfectos pero ya tienen la base para empezar a caminar.

Cuando hablamos de un gobierno limitado no nos referimos a uno que se limita a si mismo. Gobernar es abusar. Un gobierno limitado no es uno que no quiere pasar ciertos límites sino uno que no puede hacerlo, y eso requiere un país que no se encuentre en la anomia absoluta soportando cosas como las que han soportado los empresarios argentinos, los gobernadores, los legisladores y los intendentes hasta ahora. Si kirchner deja de ser kirchner todos ellos seguirán esperando al hombre providencial que haga su trabajo. Si se despiertan muchos más y los próximo años de Kirchner se reducen al maltrato intramuros, vamos bien.