El asalto a La Rural

El Poder Ejecutivo puede anular sus actos cuantas veces quiera, pero los actos civiles como las compraventas no son revocables por la voluntad de una de las partes. Una cosa es el decreto que autorizó la venta del predio de la Rural, que la señora Kirchner dejó sin efecto, y otra es la voluntad consumada en el acto civil de compraventa unida a la del comprador y al pago del precio. Este último acto civil no es anulable por decreto, sólo podría hacerse tal cosa en un juicio en el que el Poder Ejecutivo se encontrará sin fundamentos y sin plazos. Y si lo ganara, debería devolver cada peso que puso la Sociedad Rural para adquirirlo.

La única forma que tiene el gobierno de quedarse con el predio es la expropiación, para lo cual deberá tener una causa de utilidad pública, obtener la ley del Congreso y pagar antes el precio de la indemnización a la Sociedad Rural.

En cuanto a las supuestas razones de justicia que se invocan como el que llaman precio vil de la adquisición y una investigación realizada al respecto, hay que recordar la acción de la llamada Oficina Anticorrupción, instrumento de la Alianza para criminalizar al gobierno que la precedió seguida por una justicia federal corrupta puesta al servicio de aquellos objetivos a cambio de su propia impunidad o ascensos. Esta investigación debería ser puesta en la historia del disparate y la ignorancia de esa justicia que tenía que encontrar crímenes en cualquier acción parecida a una privatización como delito de leso estatismo. Y no exagero nada, sería largo exponer acá el papel que ha tenido la Alianza en la corrupción de la Justicia Federal que no venía precisamente inmaculada de las gestiones anteriores, pero que quedó tapada por la ceguera y la ambición de poder de los principales cruzados anticorrupción que querían confirmar que su papel en la historia no había sido por completo calamitoso.

Qué precio vil va a haber en la transacción hecha entre dos entidades sin fines de lucro como la Soc. Rural y el estado. El precio de esa compraventa se explica por las restricciones en cuanto al uso y por la histórica cesión a esa entidad para una feria tradicional. No tiene nada que ver con la estafa que se mandaron los Kirchner en Calafate. Se podrá estar o no de acuerdo con aquella decisión, pero ni el precio es vil ni parece haber en principio nada delictivo en que el estado se deshiciera de algo que nunca utilizó a cambio de un precio que podría discutirse tanto para arriba como para abajo. De hecho dos tasaciones oficiales difieren en la friolera de cien millones de dólares y ambas son inconducentes.

El gobierno va por el camino del saqueo, acompañado por todo un aparato que promueve el resentimiento y el desprecio por la propiedad privada. No digo por la propiedad solo, sino por la propiedad privada que es la de aquellos que no están en el poder. Porque estos últimos si adquieren propiedades por izquierda y las mantienen.

La Constitución se parece ya a los diez mandamientos, se invocan en su totalidad pero se cumplen algunos y a nadie le importa tanto. Pero la Constitución no está para ser venerada y mantenida como una forma de consciencia a la cual referirse pero no utilizar, sino para legalizar al poder dentro de un marco inviolable. No regula la actividad de las personas sino de los privilegiados que recaudan impuestos y deciden sobre la vida de los demás. No estamos ante almas que tendrán dificultades para pasar al otro mundo, sino de crímenes en la Tierra que se toman con una absoluta banalidad.

 

Eso ocurre a la luz del día bajo la apariencia de un marco legal, dentro del cual las elecciones son solo una parte. En el aguantadero donde se mantiene a una persona secuestrada, no hay una democracia cuando se decide votando si se la va a liberar o no. Para que haya democracia los que votan tienen que ser libres y no estar jugando en la votación ni su libertad ni su condición lógica que es su propiedad.

Eso que estamos llamando democracia en distintos aguantaderos como la Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela (la lista podría seguir pero tomemos los casos más burdos) donde el poder exhibe crímenes y criminaliza la actividad legal es una forma de guerra contra la democracia y contra amplios sectores internos. Un verdadero alzamiento contra la idea de la legalidad del poder, eso que se llama Estado de Derecho. Son formas solapadas de guerras frías civiles llevadas a cabo a veces un espectáculo de resentimiento que compran las mayorías contables, que no tienen ningún valor jurídico que comprometa a quienes reciben el trato de enemigos internos.

Nos escandalizamos décadas atrás de los golpes de estado, como métodos ilegales de reemplazar gobiernos. Estos ya no son atentados contra la formalidad constitucional, sino contra los fines constitucionales. Son golpes constitucionales, eso que está por encima del propio estado y le da existencia.

El juego de las carpetas

Ayer soportaba el programa “Tres poderes” de Majul con la esperanza de ganar indulgencias, cuando se trataron las imputaciones contra el Juez Tiscornia, el mismo que imputó a la señora Garré por contrabando agravado de partes de armamento. Lleno de razones, el trío repitió las imágenes que ya se habían visto en su momento en televisión de un supuesto enviado de Tiscornia que le pedía a representantes de la empresa Codere nada menos que cuatro millones de dólares para liberar el ingreso de máquinas tragamonedas y sobreseer a sus directivos. Después recordaron que los empresarios se llegaron a reunir con el padre de Tiscornia, alguna vez Juez Civil echado por coimero.

El meollo de la cuestión no fue tocado por “Tres poderes” que es que los antecedentes y conductas de jueces son utilizados para disciplinarlos y no para castigarlos cuando corresponde. Que ser “juez de la servilleta” vale como categoría arbitraria contra todo el que no obedezca. Que el Consejo de la Magistratura fue tomado para llevar a cabo esta política que se viene practicando desde la salida de Menem del Poder, cuando muchos de los hasta entonces jueces más cuestionados hoy son intocables. No digo con esto que Tiscornia sea un santo, pero lo que es seguro es que no perdió la castidad por señalar la evidente responsabilidad de la señora Garré en el escándalo de contrabando de armas y que la ausencia de santidad es un camino a la impunidad si se hace la venia al poder post noventista.

En la Argentina se toman como sutilezas cuestiones cruciales. Por ejemplo, una cosa es luchar contra la corrupción y otra cosa la extorsión, que consiste en acumular antecedentes para exigir servicios a cambio. Si la acusación contra el juez se produce como respuesta a la imputación contra Garré la naturaleza de la acción es del segundo tipo. Si la defensa de la señora Garré es que el juez es malo es que todos juegan a derribar muñecos y nadie explica lo que debe explicar.

El gobierno responde con confrontaciones, tanto contra Tiscornia como contra la Sociedad Rural y contra otro, que tampoco es santo, como el señor Stornelli. El que critica recibe una represalia, el que investiga como Lopez Biscayart es amenazado con acusaciones estúpidas. Todos representan al Estado, pero el gobierno sin problemas se ocupa de los intereses del Frente para la Victoria desde los cargos oficiales. Así es el juego institucional, eso que la señora ha denominado fortalecimiento.

En esta cloaca institucional no hay siquiera equilibrios. Porque el gobierno confronta sin explicar nada sino tratando de silenciar a los críticos y del otro lado recibe permisos, porque se le responde con paños fríos, huyendo o con mensajes “positivos”. El arrugue permanente sigue alimentando el juego despótico. El costo de esta conducta para el oficialismo en cambio es igual a cero. Cada vez que alguien se atreve a cuestionarlos recibe una cachetada y como respuesta los otros son los que terminan dando explicaciones. Muy fácil, muy bobo, muy vergonzoso. Las encuestas les dan bien y en gran medida porque la gente no ha visto a nadie más en la cancha. Nadie quiere pararse en el lugar en el que pareciera que se está defendiendo a un Tiscornia. Cuidan la ropa, el gobierno no lo hace.

Complicado de resolver por este camino. Pero uno se explica por qué los gobiernos más irracionales y dispuestos a hacer cualquier cosa, como éste, solo han sido limitados por su propio colapso.

Un poco de dunga dunga

El que critica recibe los ataques feroces de los funcionarios del gobierno por orden de su Alteza Kakal. Por desgracia pocos tienen la dignidad de bancarse la confrontación y ponerlos a todos estos en su lugar, así que viviremos así varios años.

Lo que me sorprende cada vez más es la capacidad de arrastrarse que tienen los que se acercan al poder. Toda una vida deben haber llevado de bajarse los pantalones para aceptar ese papel que les propone el rey K de hacer de lúmpenes de la lengua. Estamos acostumbrados a los Fernandez, pero el espectáculo de Javier de Urquiza huyendo del palco sometido como una rata a los caprichos kakales y después Peirano contestando como un guanaco a una crítica,siendo ministro de economía para mantenerse bendecido por el madamas es un bochorno.

Con un presidente normal estos funcionarios nos hubieran parecido normales. Nos sirve para aprender cuanto ejercicio agachándose hacen los que llegan a ocupar cargos en la Argentina.