Bárbaro también

Le tengo respeto por su nivel de tolerancia a Julio Bárbaro a pesar de estar en las antípodas de su pensamiento y no compartir muchos de sus valores. Una vez me dijo que para llamar asesino al Ché Guevara tendría que considerar igual a San Martín, lo que marca hasta qué punto llega esa distancia. También podría decir que colaborar con este gobierno no es un gran antecedente, pero nunca me pareció que las decisiones generales por si mismas descalifiquen a una persona. Vaya a saber uno con qué composición de lugar se acepta semejante cosa, pero mi respeto por Bárbaro pasa por otro carril y es que creo que es de los pocos hombres de izquierda que se banca otras ideas sin hacer un juego de identificación entre buenos y malos y colocarse en el lugar de un Torquemada.

Nuestra izquierda made in Argentina es tan berreta que es muy difícil encontrar personajes así. El año pasado en un desayuno de UCES se bancó que lo llamara “dictador de los medios” cuando hablaba de cómo distribuir la grilla de programación de compañías de cable privadas. Se limitó a contestar mi objeción dándola por válida aunque por supuesto no la compartía. Lo he visto participar de programas de televisión ideológicamente “incorrectos” con la misma actitud que con los chupa medias habituales del kirchnerato. Esto es más raro todavía.

El reportaje de Fontevecchia al ex titular del COMFER promete buenas definiciones. Destaca un aspecto en el que insisto desde el principio de esta aventura autoritaria y es que el kirchnerismo responde a fenómenos psicológicos y no tanto a ideológicos. Y también los mecanismos de identificación por oposición que atribuye al peronismo residual pero que es parte de toda la inconducta política argentina. Y cuando digo política incluyo al periodismo y a la población:

“Hoy me parece que el antiperonismo es una cosa que incitamos los peronistas para encontrar una identidad afuera que no tenemos adentro”

El oficialismo le saltará al cuello cumpliendo su definición como una profesía. Todo grupo de miserables se define atacando a alguien para encontrar su identidad. Este sería un buen argumento para convencer a Bárbaro de que abjure del colectivismo, pero ese es ya otro tema.

Buscando malos

El kirchnerato se alimenta de señalar y alimentar malos. De nuevo no hay nada, el recurso es viejo como los métodos de expiación del mal y los sacrificios humanos. Lo nuevo es su utilización como especulación política y el último grito de la moda latinoamericana es que esté al servicio de negocios personales. Uno de sus cultores fue Adolf Hitler. El siguiente es un reportaje que se le hizo en 1922 y cuya traducción vi en el blog El nanopoder.

“Es claro y está probado en la práctica y por los hechos de todas las revoluciones que luchan por ideales, por mejoras de cualquier tipo que debe estar complementado por una lucha sobre alguna clase social o casta.

Mi objetivo es crear turbulencia revolucionaria de primera clase, sin importar los métodos y medios que deba usar en el proceso. Revoluciones anteriores estuvieron dirigidas sobre los campesinos, la nobleza, el clérigo o dinastías y su red de milicias feudales, pero en ningún caso la revolución triunfó sin la presencia de la vara luminosa que puede conducir y canalizar el odio de las masas.

Con esto en mente, exploré los eventos revolucionarios de la historia y me pregunté contra qué elemento racial en Alemania podía destar mi propaganda de odio con la mayor probabilidad de éxito. Tenía que encontrar a la víctíma adecuada, una contra la cual la lucha tendría sentido en el sentido material.

Le puedo asegurar que examiné toda posible y pensable solución a este problema y, sopesando todo factor imaginable, llegué a la conclusión de que una campaña contra los judíos sería tan popular como exitosa.

Hay pocos alemanes que no hayan estado enojados por la actuación de los judíos o, en su defecto, que hayan sufrido pérdidas a través de ellos de un modo u otro. Desproporcionadamente a su pequeño número, representan una inmensa parte de la riqueza nacional alemana, lo que puede fácilmente usarse provechosamente para el estado y el público general, como podrían las pertenencias de los monasterios, los arzobispos y la nobleza.

Una vez que el odio y la batalla contra los judíos sea realmente fomentada, su resistencia necesariamente se desmoronará en el menor tiempo posible. Están totalmente indefensos y nadie se levantará para protegerlos”