Bárbaro también

Le tengo respeto por su nivel de tolerancia a Julio Bárbaro a pesar de estar en las antípodas de su pensamiento y no compartir muchos de sus valores. Una vez me dijo que para llamar asesino al Ché Guevara tendría que considerar igual a San Martín, lo que marca hasta qué punto llega esa distancia. También podría decir que colaborar con este gobierno no es un gran antecedente, pero nunca me pareció que las decisiones generales por si mismas descalifiquen a una persona. Vaya a saber uno con qué composición de lugar se acepta semejante cosa, pero mi respeto por Bárbaro pasa por otro carril y es que creo que es de los pocos hombres de izquierda que se banca otras ideas sin hacer un juego de identificación entre buenos y malos y colocarse en el lugar de un Torquemada.

Nuestra izquierda made in Argentina es tan berreta que es muy difícil encontrar personajes así. El año pasado en un desayuno de UCES se bancó que lo llamara “dictador de los medios” cuando hablaba de cómo distribuir la grilla de programación de compañías de cable privadas. Se limitó a contestar mi objeción dándola por válida aunque por supuesto no la compartía. Lo he visto participar de programas de televisión ideológicamente “incorrectos” con la misma actitud que con los chupa medias habituales del kirchnerato. Esto es más raro todavía.

El reportaje de Fontevecchia al ex titular del COMFER promete buenas definiciones. Destaca un aspecto en el que insisto desde el principio de esta aventura autoritaria y es que el kirchnerismo responde a fenómenos psicológicos y no tanto a ideológicos. Y también los mecanismos de identificación por oposición que atribuye al peronismo residual pero que es parte de toda la inconducta política argentina. Y cuando digo política incluyo al periodismo y a la población:

“Hoy me parece que el antiperonismo es una cosa que incitamos los peronistas para encontrar una identidad afuera que no tenemos adentro”

El oficialismo le saltará al cuello cumpliendo su definición como una profesía. Todo grupo de miserables se define atacando a alguien para encontrar su identidad. Este sería un buen argumento para convencer a Bárbaro de que abjure del colectivismo, pero ese es ya otro tema.

Menemista contra los noventa

Estuve en un desayuno organizado por la Asociación de Dirigentes de Empresa en el que el expositor era Julio Bárbaro, titular del COMFER. No me sorprendió que a Bárbaro todo lo que fuera estado le sonara idem, me permití recordarle que la Cámara de Casación, las provincias y municipios, los fondos fiduciarios, la cancillería y hasta los fondos de Santa Cruz también eran el estado y que el confundía a la facción del señor Kirchner con el sector público.  El estado está privatizado a su favor.

 

En fin, que se planteara esta diferencia era lógico y Bárbaro contestó al menos de modo muy educado en contradicción con las normas habituales de comportamiento del déspota al que responde. Lo que me sorprendió fue una pregunta desde la retaguardia, que era una verdadera diatriba contra la “década del noventa” y apoyando la recuperación del estatismo para revertir la destructiva “ola neo-liberal” de esos años. No venía la declaración hecha por la hermana del expositor o algún enviado de la corriente clasista y combativa, sino de la señora que comandó el ministerio de educación durante el gobierno de Menem y una de sus personas de confianza, la señora Susana Decibe.

 

¿Habrá llegado al tope de rentabilidad el caradurismo o le quedará suficiente resto como para que se siga invirtiendo en él?