Santos – FARC, acuerdo de perros.

tarde-de-perros-cartelUna remake de Tarde de Perros debería tener un final diferente, acorde con los nuevos tiempos. Al Pacino tendría que llegar a un acuerdo con la policía en el que se le permitiera quedarse con una caja del banco y que algunos de sus rehenes tengan que manejar sus casas de acuerdo con las reglas del asaltante. Se le podría dar una radio para que difunda sus ideas políticas basadas en que los bienes de otros tienen que ser repartidos por él y donde cuente la historia de sus logros heroicos.

El convenio podría estar avalado por el cura del barrio e invitar a las fuerzas vivas de la ciudad a la ceremonia de firma, con fotos.

Ahora estamos en el reemplazo de todos los valores políticos por las relaciones. La policía y los delincuentes deberían participar de talleres de terapia de grupo para mejorar su relación y dejar de lado las reglas de justicia que los separan. Ese sería un mundo con más amor, más comprensión y más paz ¿O no?

Narcokirchnerismo: Consumo libre, comercialización de los amigos.

Para un gobierno que quiere asociarse con el narcotráfico la combinación ideal es consumo libre, producción y comercialización prohibidas. El consumidor es el mercado y la prohibición le asegura al gobierno corrupto decidir quién entra y quién no y ser el guardián del negocio. Liberar las drogas, como han sido en general libres durante toda la historia a excepción del último siglo, sería perder la capacidad de autorizar de hecho a los narcos. Mantener restringido el consumo sería limitar los ingresos del negocio.
Hay unos secretos más para asegurar la impunidad. Invocar la simbología de la izquierda pobrista es una, crear un ambiente sin normas objetivas pero con mucha autoridad (lo que el señor Randazzo y los nazis coincidirían en llamar “la ley”) es otra.
La gente que puede reaccionar frente al saqueo tiene que ser mantenida en estado de permanente temor, físico mediante la inseguridad y la legitimación del asaltante y jurídico con regulaciones, persecución fiscal, vigilancia y estado de sospecha permanente.
La presencia de una voluntad del poder imposible de cumplir es fundamental. El que se queje está siempre a mano del castigo. El más asustado dirá de si mismo que no es un cobarde sino un cumplidor de la “ley” que además quiere que los demás cumplan así que estará señalando a sus vecinos por no obedecer. Quienes tienen sangre en las venas habrán de sentirse tan cuestionados que perderán toda voluntad de resistir.
No hay nada que el gobierno de Cristina Kirchner y su séquito no sean capaces de hacer, ni nada que pueda ser definido como el límite de tolerancia de la oposición.
Nadie puede asombrarse del felpudismo que la señora decidió demostrar a la figura del Papa Francisco. Todo suma a la impunidad, que es el único fin.
Se puede ser cura, regenteador de buenismo de ONG, cantante frustrado o actor asustado, el poder corruptor K arrastró todo y no hay atajos para extirparlo. Los kirchneristas hasta han corrompido a los ladrones de la calle que ahora nos juzgan a los demás.
El problema es justamente “la ley”, cuando se interpreta como voluntad del poder, como despotismo santificado. Con el narcotráfico en particular, admitir la autoridad estatal en materia de ingestión de cualquier cosa es un puñal en el corazón del sistema republicano y una oportunidad para las mafias y los gobiernos saqueadores.
Por mucho menos que todo esto en el siglo XIX se cortó de raíz el poder colonial con mucha gente dispuesta a dar su vida para no vivir vidas miserables. Hace falta una generación sin vocación de ovejas, porque la decadencia no enseña, no cambia sistemas políticos ni saca a los criminales del trono para ponerlos entre rejas.

La benevolente figura del lavado para la corrupción K

El asunto en el caso Kirchner – Lazaro Baez – Fariña no es ni el lavado de dinero ni la evasión impositiva, es el asalto durante una década a las arcas del estado a la vista de todos. Los Kirchner jamás han escondido sus delitos, lo que hicieron fue llegar hasta el 2008 con una complicidad tan generalizada que quedará en la historia de la vergüenza nacional.

Al Capone fue apresado por evasión impositiva y siempre se señala eso como una genialidad, pero en realidad era pura impotencia, porque el mafioso más célebre de la prohibición no era un asaltante sino que hacía negocios en áreas que el gobierno había decidido prohibir, sin que hubiera víctimas. Era un delincuente porque su actividad iba acompañada de todo tipo de crímenes, pero no del robo. Vendía alcohol a quién quisiera comprarlo. El estado al prohibirlo dejó ese mercado sólo para a los delincuentes.

Con las drogas el problema aumentó porque los flujos de dinero se hicieron exorbitantes Esa prohibición a diferencia de la del alcohol, se hizo mundial.

Tampoco el dinero del narcotráfico es robado, pero ¿cómo perseguir a los narcos internacionales por evasión impositiva?

No creo siquiera que exista acción por evasión por actividades sin víctimas que se encuentran prohibidas, porque no hay forma de pagar impuestos por algo que el estado decide que no se puede hacer, sin someterse al castigo establecido. Es decir, se transforma en la elección entre dos castigos, pagar impuestos se vuelve una confesión y una entrega, por lo tanto si en los tribunales se pudiera discutir todavía de cosas serias que definen al sistema político (cosa imposible), creo que las acciones por evasión contra un Al Capone no podrían prosperar con seriedad. Si yo fuera juez al menos, porque o la actividad está prohibida o se recuadan impuestos por ella, pero las dos cosas juntas no cierran desde el punto de vista lógico. Ni siquiera entro en la cuestión de que la evasión tampoco debería ser delito.

El invento del delito del lavado de dinero es más incoherente todavía. Resulta que se transforma en crimen no sólo una actividad sin víctimas sino un movimiento (del negro al blanco) que permite al estado cobrar impuestos, que antes estaban siendo “evadidos”. Al Capone preso por evadir, y un señor X del narcotráfico por lavar, es decir por hacer algo para dejar de evadir. Gataflorismo penal del estado prohibicionista.

Lo único coherente (no digo justificado) por lo que se podría perseguir a Al Capone y a los narcos es por desobediencia. Esos son todos los delitos sin víctimas. Pero el estado no quiere asumir su autoritarismo.

Igual que los mafiosos los funcionarios ladrones hacen una exhibición orgullosa de cómo pagan impuestos, como si eso fuera un indicio de que la plata por la que pagan se la ganaron.

Acá viene la diferencia entre los narcos, Al Capone y ellos. Los primeros no robaron nada, se les debió inventar figuras o forzar otras. En cambio los lavadores de dinero robado al estado tiene como víctimas a todos los “contribuyentes” y al estado en lo inmediato. Lo que tienen no les pertenece.

Para los corruptos que se les diga que no pueden justificar el origen de sus fondos es una buena noticia, porque es un tema menor frente al hecho de que no es su dinero y si logran pagar impuestos son los tipos más felices del mundo. Total nada del monto imponible es de ellos.

Por eso, atención. Que el caso Fariña esté en el casillero de la evasión, es un síntoma más de la impunidad con la que los K se llevaron todo.

Otro argumento en favor de las drogas libres

La prolongación de la vida humana es un artificio. También lo es el mejoramiento de la calidad de vida y todo lo que no sea tomar una naranja de un árbol silvestre o cazar una liebre. Con el sistema natural destruiríamos en muy poco tiempo nuestro propio ambiente en los volúmenes actuales de población. Está claro que no es el naturalismo el conservacionista, sino al contrario. El naturalismo verdadero es extractivo, no productivo. Hay variantes y grados por supuesto, pero el punto de este comentario es otro.
El artificio de los antibióticos, los desinfectantes, las cirugías y los estudios complejos que los expertos pueden hacer nos llevan a vivir lo que vivimos estas generaciones. Nuestros genes operan en un sentido y nuestra consciencia en otro. Tomo partido por la segunda y pienso que hay que darle mayor libertad, hay que dejarla andar, probar, ver si puede todavía ganarle más batallas a la genética y a la biología. Pero siempre que la consciencia actúe sobre su propio soporte o en colaboración con otras consciencias en iguales condiciones, es decir, la decisión tiene que ser individual.
Hay personas que en todo su derecho eligen eliminar ciertas ventajas como las transfusiones de sangre en función de sus creencias trascendentes. Están en todo su derecho. Pero también lo están a seguir por otro camino los demás.
Lo que no debe haber es control político, porque eso pone a unas consciencias por encima de otras.
Ahí naturalismo o artificialismo se convierten en crímenes, en violaciones de derechos y la solución es poco inteligente porque el avance del ser humano no depende de una autoridad que determine qué cosa está bien, sino en el descubrimiento experimentando de los errores. La autoridad no admite revisión, el sistema de gurúes, brujos, dioses, presidentes, médicos autorizados, psiquiátras oficializados, diputados, senadores, adolece de este grueso problema de entorpecer las vías de aprendizaje y de hacer eternos los errores.
Hasta aquí hemos llegado en la lucha entre los que quieren controlar y los que quieren ver. Después de un corto período en que se entendió que la autoridad era un problema a delimitar de manera severa, la humanidad volvió a las andadas y busca padres entre los que cobran impuestos.
La gran cuestión para mi es que prolongar más la vida, hacerla más rica en términos de valores humanos, no genéticos, necesita más elecciones no más reglas. Necesita que se pruebe y se vea lo que pasa, el grueso de la población sacar ventaja de los más osados y ver cómo les va, dejar a los mejores actuar y beneficiarse o perjudicarse.
Puede haber gente que decida vivir menos fumando ¿Cuál es el problema si no hay una autoridad que nos obligue a los demás a hacernos cargo de las consecuencias? Tal vez el señor tenga una vida corta pero muy buenos amigos que de acuerdo a su evaluación valga más. Es decir que tampoco la cuestión es la prolongación de la vida como un absoluto, el mejoramiento de la vida, de acuerdo a la consciencia individual puede consistir en un aumento de su calidad en unos términos que los demás no tenemos por qué compartir. Pero tenemos la enorme ventaja de observar y de discutir.
Pensemos en ambas dimensiones, la cuantitativa y la cualitativa. El acceso libre a las drogas y junto con eso el fin de las recetas, es un requisito para que vayamos mucho más allá de donde estamos hoy.
Manejamos nuestro estado de ánimo durmiendo bien, juntándonos con gente agradable, yendo al cine. Habrá quienes elegirán una pastilla, o un buen vino, un chocolate o una pizza napolitana. Harán su apuesta en esa escala entre lo natural como viene dado y lo artificial como un experimento de la consciencia. Y nuestra vida como se viene dando ganará en calidad y cantidad. Al menos creemos vivir mejor que en las cavernas y eso no deja de ser un juicio de valor que alguien podrá discutir.
Seguirán discutiendo los anti tabaco, los anti alcohol, los anti marihuana. Que lo hagan como lo hacen los Testigos de Jehová. Pero que no se impongan con las armas en la mano, ni los primitivismos reconocibles ni los más exitosos.
La conclusión es que nos está quedando demasiado chico el modelo del gurú y el papá. La humanidad necesita hacerse adulta para ser mejor, en los múltiples sentidos en que lo puede ser.

El crímen de ensuciado de mercado

Cuando el estado se arroga a si mismo la facultad de moralizar a la población también se convierte en redentor. Pero no es un redentor a la vez moral, sino a lo sumo oportunista, como cuando convierte a un “criminal lavador de dinero” en un “consultor“. Se puede decir que el estado norteamericano se parece al kirchnerismo en cuanto lava el pasado de la gente que decide sumarse al club.

Cuando un dealer en alguna calle de una ciudad de Estados Unidos vende una dosis de cualquier sustancia prohibida recibe un precio. Esta es una operación comercial. El control moral de la población establece que el consumo y el comercio de drogas debe ser castigado. El problema es cómo lidiar en ese caso con el derecho de propiedad. La operación se realizó, el dinero del vendedor no fue robado pero fue fruto de un acto “ilegal” (¿”inmoral”?, ¿”contrario a las buenas costumbres”?). Tal vez podríamos decir que la operación es nula, pero entonces la nulidad y la restitución de las cosas al estado anterior al acto tendría que ser pedida por el frustrado comprador. Si nos olvidamos de ese detalle entonces el estado “anulador”, “redentor” y “moralizante” tendría que devolver el dinero a los compradores.

No lo hace. Porque no objeta el derecho de propiedad, sino que para ser consistente con la primera prohibición moralizante, “inmoraliza” y criminaliza el movimiento de ese dinero. Ya había hecho algo antes de esto que no se puede olvidar. El estado había creado el concepto de dinero “negro”, a diferencia del dinero “blanco”, después de arrogarse el derecho a cobrar impuestos sobre ganancias. La gente entonces tenía que mostrarle al estado sus ganancias y su patrimonio. Lo que no se mostraba era negro. En el caso del dinero proveniente del tráfico de drogas, no existe la alternativa de mostrarlo. Se considera delito y es una de las principales preocupaciones de la política exterior norteamericana, el sólo hecho de usarlo en el circuito de lo “blanco”, el de los ciudadanos obedientes.

Cuando se topa con gobiernos con menos preocupaciones por moralizar a la población pone el grito en el cielo, todos deben castigar el “lavado” y casi todos lo siguen en eso. Los rebeldes se llaman “paraísos fiscales” pero no como elogio que sería lo lógico, sino de manera despectiva. Un paraíso fiscal es aquel dónde la gente no es monitoreada en sus cosas, donde el ojo del Gran Hermano recaudador no llega a todas partes. Suiza ha sido considerada siempre como un país para refugiados, la nueva moral bancaria antilavadora norteamericana la está considerando poco menos que un aguantadero.

Lo que no está dentro del circuito controlado es una plaza “off shore”, a diferencia de la otra que es la norteamericana. Y acá cierra el circuito. Todo moralista tiene que comer al final de cuentas.

Pero resulta que en todo mercado se realizan muchas operaciones que no tienen nada que ver con el movimiento de dinero proveniente del tráfico de sustancias malignas. La gran mayoría hace cosas como doña Rosa que se compra un departamento en Buenos Aires con dinero del colchón porque conoce bien la naturaleza perversa de los gobiernos argentinos. Entonces se prohíbe todo. Transitar con dinero que el estado no vio, no tocó y no se afanó un cacho es digno casi de fusilamiento como norma ya general, aunque no se haya visto nunca otra droga más que la aspirina y se paguen todos los impuestos que representan en nuestro caso, según el Banco Mundial, el 98% de nuestros ingresos.

Del control del dealer y su cliente en Miami a la prohibición de las operaciones en efectivo en la Argentina, un país de izquierda y antinorteamericano, así como así. Y por el mismo camino habrá que prohibir todo para alegría de los estados autoritarios y abusadores fiscales que antes tenían que lidiar solos con los que escapaban de sistemas injustos y ahora cuentan con un aliado de lujo en el estado norteamericano, representante del ¿capitalismo?

Ah, pero bueno, gracias a eso la gente no se droga más, sobre todo en Estados Unidos, entonces vale la pena ¿O no?

Conclusión, el dealer y su cliente siguen en carrera, pero doña Rosa está en el horno.