Hablemos en serio de cambio institucional.

Si, se necesita un cambio institucional como repiten varios postulantes o comentaristas. Lo que no está muy claro es que se entienda de qué se trata lo institucional y la diferencia enorme que que existe con la muy arraigada concepción platónica del rey sabio, bueno o idóneo. Esto que voy a decir es válido para la Argentina pero también para los otros ladronismos, es decir el chavismo, el correísmo, el evismo y varios colaboradores.
Es tan grande el cambio institucional que debe haber como el que ocurrió con la sanción de la Constitución de 1853, pero parece que existe un temor muy irracional a lo que eso significa, el sistema político entero (incluyo todos los partidos y todos los votantes, salvo un pequeño número) están embarcados o en la moralina platónica buscando un salvador sabio y honesto o en el cinismo populista. Populistas son los que ya saben que todo el palabrerío de los primeros tiene como única utilidad crear una oligarquía y parasitar a la sociedad. Unos quieren usar la disciplina social y la extracción de recursos para el bien y los otros para el mal. Los primeros son los más equivocados.
La Argentina funciona como una sociedad que alimenta el miedo para inventar manosantas y estúpidos líricos. Ya no se sabe qué es peor. Pero de una cosa estoy bastante seguro (contra la opinión de muchos) y es de que el populismo ladrón es hijo de los soñadores socialdemócratas, no de los comunistas marxistas cuya franquicia está agotada. Y ambos, populismo y pulcrismo social demócrata, descienden del mismo miedo a la existencia como es y el viejo recurso humano de la fantasía, sea magia, sea religión, sea gobierno protector, sea estado de bienestar. Todos representan seguros de primas siderales para evadir la incertidumbre en un sistema que fracasa e incrementa el temor en un círculo vicioso.
Quiero hablar de las primas de esos seguros, porque los vendedores de seguros nos dicen que a lo que le tenemos que temer es a los infinitos peligros, pero me parece importante que la gente se entere de cuánto paga por liberarse del temor, que le devuelve más temor y le quita su dinero.
El domingo pasado en el programa de Mirtha Legrand había un nutricionista que hablaba de “políticas de estado contra el hambre”. Todo el mundo quedó encantado, porque el mensaje es que un poder puede terminar con el hambre cuando en realidad el poder sólo puede provocar hambre. Lo que termina con el hambre es la producción de alimentos ¿Dónde están los alimentos que vamos a comer en unos meses? No están. Debemos movernos y coordinarnos, si sabemos hacer otra cosa y no plantar tomates la haremos para intercambiarla por los tomates. Así se come en este mundo, en otro que no conozco tal vez haya unas “políticas de estado contra el hambre”. Acá tuvimos incluso un programa sobre “el hambre más urgente” patrocinado por el señor Rodriguez Larreta, Majul, el diario La Nación y sigue la lista. Todavía está por ahí el organismo. Y al lado del organismo, sigue estando el hambre. Ahí está la prima, en cada villa miseria, en cada aviso de la quiebra de cada empresa, en el cuentapropismo en negro. Resulta que los beneficiarios son los primeros en huir del seguro.
Gente que no toca al estado salvo cuando tiene que pagar impuestos (que no pueden invertir en lo que hacen), es la que combate el hambre. Ninguna “política de estado” sobre el hambre es posible sin que “ideas y riesgos de privados” no le hayan antecedido. Sobra con enterarse de las hambrunas en la Unión Soviética o en la Corea del norte gobernada por un “super hombre de estado”. Para qué ir tan lejos si se puede salir a la calle en Buenos Aires y ver cartoneros y mendigos que se multiplican de modo exponencial. En cualquier ciudad del interior pasa lo mismo. Vean el presupuesto, ahí se van a enterar de la parte de la prima de seguro que se paga en dinero, pero en la calle está el costo en especie.
Nuestro amigo médico nutricionista era muy agradable. Lo que digo acá puede en cambio sonar muy desagradable, eso es lo que le ha tocado a la racionalidad en la historia, en general, la hoguera. Aunque sean los tipos que nos dieran de comer, para el hombre la amenaza que significa no saber qué comerá mañana se identifica con el que hace, no con el que no hace. Los sacerdotes de todo estilo que “condenan el hambre”, que es como condenar la lluvia, son depositarios de todas las simpatías.
Este es el dilema. En todas las sociedades el miedo trajo la socialdemocracia y en algunas la cosa se hizo más peligrosa con el populismo, los comunismos marxistas o fascistas. En nosotros es esta caterva de vendedores de seguros falsos, pero en el fondo todo el mundo sabe que la realidad, el mercado, es lo que nos saca de 80 años de mentalidad mágica, retrógrada y mentirosa. El problema es que nadie confía en que el vecino también apoyará un cambio de esa naturaleza y el país se ha puesto a castigar el último tímido pero interesante momento de despertar, asignándole todos los problemas del mantenimiento de los seguros a la libertad de contratar, al derecho de propiedad, a la posibilidad de comerciar y al acceso al mercado mundial. Todo lo que nos pasó nos dicen que fue culpa de la libertad, con más kúnkeles nos hubiéramos ahorrado todos los problemas. La energía que se pone en repetirlo no hace más que mostrar la falta de convicción que en el fondo existe y la apelación al temor. Los comentarios que puede despertar en internet un artículo como éste que tal vez no firmarían más de doscientas personas en el país, también demuestran ese pánico a la realidad.
Pero no quiero convencer. Es problema del que lee aceptar la realidad, porque si estoy equivocado, respiren, serán felices. Pero si estoy acertado no es problema mío, es de todos.
Cambio institucional, lo que más me interesa aclarar, no quiere decir un conjunto de comisarios buenos, quiere decir que gobiernan las reglas y no los comisarios ni los fantasmas. Discurso nacionalista e institucionalidad es como un chorizo con dulce de leche. Que se bajen los de la “soberanía nacional” y se pongan a hacer algo útil, como plantar los tomates que dicen que llegan a precios altos a las góndolas porque los que los hacen son malos y ellos buenos que los denuncian. Déjense de denunciar y tráiganos los tomates que como consumidores en seguida los elegiremos.
¿Pino Solanas podrá cultivar tomates?
Institucionalidad no es que el club de los políticos se mueva con reglas cómodas. Es que Juan de los palotes que tiene la desgracia de mantenerlos, sea protegido por reglas no por “buenos” omnipotentes. Es todo eso que quieren destruir en función de sus falsos seguros del proteccionismo, el inexistente bienestar, la educación que convertirá a Cabandié en Einstein y todas las sandeces que la Argentina se empeña en perpetuar.
Si todo les parece un disparate porque la magia es mucho más confiable, olvídenlo. Tienen como diez generaciones más si quieren para hacer funcionar lo que nunca funcionó y no aceptar la realidad que siempre funcionó. No hay nada más seguro que un auto que no funciona, es casi imposible que choque. Digo casi, porque últimamente tipos como Kicillof me hacen dudar de ciertos milagros al revés.

 

 
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Policía política en la Justicia

Dentro de la política de mejorar las instituciones uno de los pilares fundamentales debe ser el disciplinamiento de la Justicia. La diputada Conti detenta la jefatura política de los jueces y no tiene ningún problema en marcarles el paso. Así como derechos humanos quiere decir que ellos pueden matar sin ser molestados, calidad institucional quiere decir que las instituciones tienen que estar a su servicio.

El consejo de la magistratura no tiene facultades de superintendencia. No puede dar instrucciones, es solo juez de los jueces, no jefe de los jueces. Pero en un contexto kakista donde se hace lo que se le canta al mandón chiflado, estas son diferencias sin importancia.

Puede parecer un chiste que estas son formas de mejorar instituciones, pero esto el kakismo lo hizo desde el primer día con la Corte Suprema de Justicia (otra vez realizando un proyecto duhaldista) y en todo el espectro político se lo convalido como un acto para mejorar a la justicia. También se le reconoce al señor K el haber “puesto el acento en los derechos humanos y en terminar con la impunidad de los militares” cuando ninguna facultad tiene el presidente de la nación ni para juzgar u opinar sobre el desempeño de la Corte, ni para juzgar a los militares y llevar a cabo una política represiva. Nada de eso es función del poder ejecutivo pero tuvimos bobos asintiendo, desde Carrió que tiene la misma “óptica” institucional del kakismo, hasta el llamado centro que cree no ser parte de ningún conflicto y convalidó todo.

Lo que quiero decir, tanto para los miembros de la Asociación de Magistrados como para todos los que ahora están asustados porque el agua también les llega, es que esto no empezó ayer.

El carro delante del caballo

Siguiendo el asunto del post anterior. Enrique Iglesias, ex titular del BID,  afirma que el gran desafío para América Latina es producir una reforma del Estado y la Justicia. Si el estado funciona mejor, seremos todos felices. Era parte de un evento basado en poner el carro delante del caballo: “La corrupción como obstáculo para el desarrollo”.

América Latina está capturada por la política. El estado está omnipresente, pero los “transparentes”, el mejor aliado bobo que han tenido los nuevos tiranos de la zona, creen que todo estaría bien si en el chiquero los chanchos no se ensuciaran. O lo que es lo mismo: si el estatismo estuviera gobernado por gente que no quiere plata (no tienen la mínima prevención contra la gente que quiere poder).

Varios de estos desorientados (porque algunos saben muy bien lo que hacen) creen que América Latina es como Estados Unidos pero lleno de corruptos. Pero el estado es enemigo de la gente, se llena de ladrones (que es un efecto secundario y menor del gran crimen que es controlar la vida de las personas) y la justicia no existe por otros motivos. La idea de igualdad destruyó todo vestigio de justicia y la construcción del llamado “Estado de Bienestar” derivó en el cajismo que acabó la república y federalismo al crear una dinámica de poder por afuera de las instituciones formales y con mucho más peso.

Quienes venden el estatismo eficiente y honesto son los principales colaboradores de la corrupción, la destrucción de la justicia y la pérdida de las libertades en América Latina

Lo único que falta es votar que no se vota más

La ultra izquierda aprendió que la democracia entendida como “cualquier cosa que vote la mayoría está bien”, tal como la han promovido los Estados Unidos dicho sea de paso, es su mejor aliada. Ahí está el señor Correa festejando el aval obtenido en un plebiscito para destruir los derechos individuales bajo la forma de una constitución ¿Qué respuesta puede dar a esto el democratismo? Pues nada.

No hablo, lo repito por enésima vez, de que el antidemocratismo sea mejor, es decir la creencia de que a la mayoría desatada se la debe reemplazar por una minoría iluminada. Una cosa es tan equivocada como la otra. El problema político para un país libre pasa por otro eje que no tiene que ver con las elecciones y que es la vigencia de derechos individuales. Si ellos no están en discusión, sólo si ellos no están en discusión, se puede y es coherente votar.

La democracia no puede ocurrir (ni siquiera importa que ocurra) fuera de un contexto de libertad, de otro modo hasta la voluntad del votante está falsificada o distorsionada por métodos extorsivos. Las constituciones no existen (ni siquiera importa que lo hagan) si no consisten en formas de limitar al gobierno. Una constitución que libera al gobierno de límites es incoherente en sí misma y por completo inútil.

El punto está relacionado con los principales conflictos actuales. Es racional aceptar votar entre gente que respetará nuestra libertad, lo contrario no lo es y la mayoría de los que han puesto el acento en las elecciones para dotar a los países de “instituciones” en realidad evaden este conflicto creyendo que a la larga se soluciona por sí mismo. Gobiernos cajeros y repartidores de malestar en nombre del estado de bienestar no conducen a sociedades abiertas sino a tribus gigantes gobernadas por sátrapas. Si sabremos nosotros de eso. En definitiva es racional ser civilizado con quienes lo son con uno, es racional ser respetuoso y comerciar con quienes se manejan con los mismos parámetros, pero no con una banda de saqueadores.

Lo que se encuentra en crisis en definitiva es la universalidad del trato pacífico y libre entre las personas porque los enemigos de la libertad se vienen riendo a carcajadas hace rato de la gratuidad con que el mundo libre ofrece estos beneficios a quienes trabajan para quitárselos a ellos.

Un día se votará que no se vota más y hasta las elecciones se habrán terminado. Cuando digo mundo libre recurro a una convención porque no existen países defendiendo la libertad cuando se trata de destruir una constitución por medios electivos. Y la libertad no es otra cosa que límite al poder.