Individualidad

Individualidad

La individualidad es una ventaja evolutiva. Unos aciertan y otros cometen errores, los segundos copian a los primeros. El colectivismo anula esa ventaja y la suplanta por la envidia que pretende, y no logra, eliminar la tensión del riesgo de estar entre unos u otros. Entonces el fracaso será general y no habrá otra cosa con qué compararlo como no sea la imaginación de los más creativos, que rara vez son escuchados por las masas.

Hace falta muy poca madurez para saber que los que logran buenos resultados además de no ser enemigos de los que fracasan, son su salida, su reaseguro, sea para seguirlos, sea para trabajar para ellos o ser sus clientes. La política de “igualdad de oportunidades”, anula esta segunda instancia de la bendición de la individualidad.

Educar puede querer decir dos cosas: La primera es adoctrinar, es decir inculcar las creencias necesarias para que no se cuestione un esquema de poder y sus sentimientos de base: el colectivismo, el miedo y la envidia. El otro sentido es la transmisión de las condiciones reales de la existencia del ser humano, que es la individualidad y sus condiciones: la libertad, la responsabilidad y la capacidad para celebrar los triunfos y procesar los fracasos.

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Desnudando al colectivismo

(De Crónicas Inconexas Nro 8)
Dos noticias para los niños: Santa Claus son los padres y lo “colectivo” es el poder. Hay una ola colectivista muy expresa en la parte de América hispana que vive bajo dictaduras oportunistas. Llevan adelante un modelo de transformación cultural, que no tiene que ver con ideales del pasado, sino con lo que les reportan a los tiranos en recursos humanos, poder e impunidad. El proyecto colectivista somete, lleva consigo el mensaje de que tus deseos y objetivos deben subordinarse a un dios llamado colectivo, todos, bien común. Aunque lo de bien común viene de otra tradición. Incluso tenía la intención de convencer al déspota de que tenía obligaciones con sus vasallos. No importa, las circunstancias cambiaron y ahora lo que importa es la construcción de un poder total, para lo que es indispensable sembrar la culpa de querer algo para uno, de perseguirlo. Todo tiene que ser vivido como una traición al grupo.
¿Alguien ha visto al todos? Podría uno hacerse una imagen mental de todos nosotros en un gran campo vistos desde arriba. Pero eso no es el colectivo, eso es la suma de individuos independientes que sobreviven por si mismos, construyen lazos afectivos reales y no genéticos, el todo no está. No hay una entidad “todos” que quiera algo, que busque algo, que trabaje por algo. Por lo tanto tampoco lo que trabajamos, producimos y consumimos no afecta al “todo” que no quiere ni tiene nada, simplemente porque es una abstracción idealista, un no existente. El todo como idea igual no respira, no come, no siente, no vive. Es además una gran simplificación. Porque, sin querer hacerme el físico cuántico, el ojo del observador crea esa “realidad” llamada “todos”. Aún en el caso de la foto, hay que decidir que los homo sapiens digamos tienen que estar en una foto. Es decir, la observación del todos en la imagen, es posterior a la decisión. El homo sapiens amontonado en ese campo, es un presupuesto de lo que “se ve”.
Si me complico un poco más, a lo mejor el “yo” también es un presupuesto antes de ponerme frente al espejo. No se, porque no puedo escindir al observador y lo observado tratándose de mi, pero lo que importa es que ambas cosas, el yo y el todos, tienen una finalidad. Los presupuestos apuntan a algo. El yo a la vida, a mi vida, como es, como la elegí de acuerdo a mis potenciales. El todos puede servir a varias cosas y acá está la cuestión. El todos de mi como individuo es una generalización de baja intensidad que me dice dónde puedo encontrar un intercambio potencialmente. Ese es el universo de mis intercambios en potencia, pero no en acto. En ese fin, el todos tiene un valor, pero es un valor muy diferente al del colectivismo que agrega otro elemento esclavizante: dice que el todos es más importante que el yo, que se trata incluso de una entidad con fines y deseos que se ven contrariados y amenazados por mi. El todos depende ahora, por pura decisión “ideológica” (perdón que me ahorre discurrir sobre el significado de la palabra) de mi sacrificio. Es otro “todos” ¿verdad? Es otra foto, es otro fotógrafo.
Pero ojo, el colectivo no es el fotógrafo. El fotógrafo es otro individuo que se está pasando de listo. Un conjunto de individuos, una banda. Ellos son los que esgrimen la versión mitificadora del todos a nuestra costa. Dicen que la foto es un ente, que todas las fotos de muchos son más que uno, porque es nada más que un manejo de poder. Una manipulación de la realidad, definida por el observador, en su propio provecho. O peor aún, en provecho de nadie y entonces deberíamos llamarle simplemente envidia. Es decir la frustración de otro individuo que trata que que no alcancemos nuestros objetivos aunque de eso no le resulte provecho alguno.
Hay algunos conjuntos pequeños de relaciones que pueden definirse como si se trataran de una entidad con vida propia, pero no la tienen y si resisten su desaparición es precisamente por su dimensión (esto parece cuántico también) y por su carácter no agobiante. La familia por ejemplo. En ese vínculo primario se acepta, con limitaciones, que los individuos ceden por un “todos”, pero el vínculo es muy primario. La tribu operaba como una familia ampliada. Tampoco hay “todos”, pero dada la simpleza de la organización, esa foto, según ese criterio fotográfico, no genera mayores problemas de mando y obediencia, es decir, políticos.
El proyecto totalitario latinoamericano iniciado con el chavismo toma todas las metodologías de sus antecedentes religiosos y no religiosos. El ahogamiento del individuo a distintas formas de nueva bondad (anti discriminación, “solidaridad” declamada, etc) y la redefinición de todo por medio de “colectivos”. No importa cuál. No importa incluso que sea el gran colectivo de “la sociedad” o “la clase social”, puede ser incluso los cantantes de ópera. El punto es desviar el punto de imputación de intereses y voluntad para disminuir a la única realidad que molesta al poder: el individuo y sus aspiraciones. Perdón, más preciso, la realidad sobre la cual unos individuos perversos que colectivizan todo, quieren canalizar sus propias aspiraciones perversas, que ya no son una imposición, una agresión, un acto de sometimiento al otro, sino el servicio a dioses imaginados como sumas de engranajes. En eso nos convierten, en un engranaje de un motor de un vehículo cuyo volante tienen para dirigirlo a sus objetivos.

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Captura de pantalla 2015-06-24 a las 6.18.15 PMEn este número nos metemos con la polémica sobe la bandera confederada en el Capitolio de Carolina del Sur: ¿Las banderas matan? Diferencias entre racismo, homicido en masa e historia de los Estados Unidos. Como se deposita en un elemento lo ue no se puede resolver.

Desnudamos al colectivismo como lo que es: una foto tramposa.

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Los K definen su propia violencia

¿Cómo encajamos la idea de la “diversidad” con la de “eliminar lo individual en función de lo colectivo” en un mismo bote colectivista?
¿Cómo compatibilizar la idea de violencia contra el “género femenino” contenida en la ley 26.485 con el discurso permanente del poder K o los antecedentes terroristas que consideran heroicos?
La ley dice en su artículo cuarto que violencia contra la mujer es: “Definición. Se entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes”. ¿No es esto la rutina del trato de Cristina Kirchner y cada kirchnerista, miembro de la cámpora o amanuense del aparato de propaganda a todos los que no forman parte de su banda o los veneran, en cada discurso, cada cartel, cada pintada, cada participación en los medios? Solo podemos excluir el ataque sexual, pero todo es actuar desde el abuso del poder por acción y omisión contra la vida, la libertad, la integridad física y psicológica, económica y patrimonial de cada argentino no K. Siempre tratando de convencer de que esa violencia le conviene a la mayoría y sólo afecta a una minoría indeseable, descalificada por ser minoría.
Supongamos que lo que dice el artículo cuarto citado solo sea violencia contra la mujer pero que por alguna razón que no explicitan la violencia contra los hombres fuera otra cosa ¿No están padeciendo violencia así definida todas las mujeres no kirchneristas del país?
No está mal definida la violencia, lo incorrecto es que se la circunscriba a la mujer o que se iguale una trompada a un prejuicio. Porque entonces la trompada queda diluida en su gravedad. O que se lo presente como un problema de lucha de géneros y no de gente civilizada contra salvajes. Pero desde el punto de vista político y del trato a los ciudadanos inermes esa caracterización es más que acertada y tiene otro efecto mucho más dañino. Recuerda aquella campaña publicitaria que ideó Gabriel Dreyfus para la UCEDE en la que la imagen de la república aparecía como una mujer golpeada.
La práctica del asesinato de la reputación no empezó por este gobierno, pero son la continuación de esa actividad violenta de sus antecesores ideológicos como Horacio Verbitsky y todos sus soldaditos. Gente acostumbrada a no debatir sin ensuciar. El problema es que como nos enseñaron los propios falsos organismos de derechos humanos y lograron convertir en doctrina, el crimen adquiere otra dimensión, la universal, cuando se practica desde el Estado.
Clarín, el campo, los periodistas, Juan Carlos Blumberg, Mauricio Macri, Francisco de Narvaez, y con menor importancia pero igual gravedad yo mismo cuando expuse la relación entre artistas fanáticos K y las fortunas que cobraban del estado. La lista es larga, otros antes que ellos antes de que el aparato de desprestigio llegara al poder. La “década del noventa” que todo el mundo se siente obligado a insultar y menospreciar para no ser objeto del efecto invalidante que el paredón verbal ha logrado sobre determinadas personas, situaciones o hechos. Todo es violencia, todo es rompimiento de la paz, todo es enemistad. El caldo en el que nadan los que quieren enseñarnos diversidad y qué cosa es violencia de género.
Preguntaba al principio. Saben definir mejor que nadie lo que ellos hacen y mucha gente en nombre de la aceptación a si mismos colabora de manera inadvertida con otras violencias contra terceros, cuando no la ejercen por si mismos invirtiendo los roles. Como un festival en el que le toca a otros.
El perverso plan totalitario de la psicópata que nos gobierna es tan retorcido que está invitando a los violentos a formar parte de su proyecto, y a las víctimas de la violencia a convertirse con ellos en victimarios de otros. Hacer de toda factura emocional una fuerza agresiva para usar en su favor.
De manual, no hay contradicción. Cuando la presidente ilegítima de la Argentina invita a ahogar la individualidad en función de lo colectivo, no está interesada en ahogar la individualidad de los aliados, ni de ella, ni de los que estén dispuestos a ser violentos con los que ella señale. Por eso está dispuesta a practicar toda la diversidad que no se oponga a sus planes. Y cuando define lo colectivo, pues no es otra cosa que sus propios intereses.
Esto debiera tener solución. No se si los que se convierten en parásitos económicos, políticos y morales de la sociedad llegan al aparato del poder y destruyen la posibilidad de convivencia o si el aparato de poder termina por ser un incentivo para que gente antisocial se encumbre. En todo caso lo que debiera tener una salida es la relación de enemistad que establecen con todos nosotros. La secesión, la sedición, lo que sea. Si el único problema que tienen los nazis del gobierno somos los que no somos nazis ni queremos robar con ellos, deberían divorciarse de nosotros y nosotros de ellos. Pero son parásitos como los tipos que golpean a las mujeres, no lo hacen porque las odien, lo hacen porque necesitan estar sobre ellas, dominarlas. La vejación es un método para permitir esa violencia. Entonces sólo hay una guerra que empieza a terminarse cuando la víctima deja de justificar, abandona la complicidad y comienza a auto estimarse al punto de decir basta. A veces el golpeador no sabe qué hacer cuando la victima deja de hacer el papel para el que la preparó.