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Nada de la decadencia argentina fue causado por gente que no fue al colegio. En casi todos los casos fueron universitarios cuya característica más común han sido las buenas notas. El problema es de concepción, no de educación. Lo que se educa es una visión del mundo y de la vida equivocados, el resultado es una combinación de cinismo y estupidez.
 
Se entiende que la vida es una desgracia pero hay un poder capaz de hacerla más llevadera. Ese poder está en el cielo o está en la tierra, pero el esquema es siempre el mismo: estamos indefensos y debemos colocarnos bajo algún tipo de protección. En las universidades y colegios se forman protectores y se cuenta la historia de la protección. La vida de la sociedad compleja, con los parámetros tribales. Algo que conviene al aparato político y que termina siendo entendido como conveniente por los que han sido educados. A ellos se les dió a entender que los que saben manejan, los que saben dominan. Por lo tanto la única fórmula es el poder sabio y toda falla será atribuída a la falta de sabiduría, aunque siempre la causa es la misma: el exceso de poder.
 
La otra concepción es la de la vida adulta. Ningún poder se ocupa de nosotros. Otorgarle a un poder la capacidad de protección no solo nos coloca en peligro contra cosas externas, nos coloca en primer lugar en riesgo frente al propio poder ungido. El poder corrompe, pero el pedido de protección corrompe al poder. Como adultos estamos expuestos a riesgos, pero no nos va a ir mal, porque nuestras armas de supervivencia son altamente eficaces. Somos capaces de comerciar y colaborar de todas las maneras posibles. No solo lo hacemos por afecto, eso ocurre en un pequeño círculo en el que los sentimientos son válidos. Lo hacemos por interés con cualquier persona. Así podemos vincularnos a gente más sabia, en lo que hay que saber, y más eficaz que nosotros, o más fuerte. Enriquecemos a los que son capaces de crear un flujo de soluciones que ninguna sabiduría especial ha creado, sino una cadena infinita de ensayos y error.
 
Saber es conocer la realidad, pero “saber” se le ha llamado demasiado tiempo el conocer los códigos comunes de la complicidad en ignorar la realidad y favorecer al poder.
 
En la concepción adulta se ha renunciado a la falsa seguridad del protector, por la probable seguridad del comercio y el esfuerzo. Se renuncia a la magia y se obtienen resultados en el mundo real. El primer paso para dejar de ser esclavo, es dejar de ser alimentado.
 
La salida no está en el estudio, está en la consciencia. Puede ser que eso se transmita, pero fundamentalmente se acepta.
Individualidad

Individualidad

La individualidad es una ventaja evolutiva. Unos aciertan y otros cometen errores, los segundos copian a los primeros. El colectivismo anula esa ventaja y la suplanta por la envidia que pretende, y no logra, eliminar la tensión del riesgo de estar entre unos u otros. Entonces el fracaso será general y no habrá otra cosa con qué compararlo como no sea la imaginación de los más creativos, que rara vez son escuchados por las masas.

Hace falta muy poca madurez para saber que los que logran buenos resultados además de no ser enemigos de los que fracasan, son su salida, su reaseguro, sea para seguirlos, sea para trabajar para ellos o ser sus clientes. La política de “igualdad de oportunidades”, anula esta segunda instancia de la bendición de la individualidad.

Educar puede querer decir dos cosas: La primera es adoctrinar, es decir inculcar las creencias necesarias para que no se cuestione un esquema de poder y sus sentimientos de base: el colectivismo, el miedo y la envidia. El otro sentido es la transmisión de las condiciones reales de la existencia del ser humano, que es la individualidad y sus condiciones: la libertad, la responsabilidad y la capacidad para celebrar los triunfos y procesar los fracasos.

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Sobre por qué la evasión fiscal es el único límite al poder que queda (Mayo 2001)

Sobre por qué la evasión fiscal es el único límite al poder que queda (Mayo 2001)

Buenos Aires, mayo 21 de 2001.-

SOBRAN IMPUESTOS

por José Benegas

Todos sabemos el peso enorme que la maquinaria política tiene sobre nuestro bienestar, pero no sólo porque son muchos los que se encuentran colgados en ella, sino por el tipo de pensamiento predominante entre políticos y en la sociedad en general.

Hagamos nuestra pequeña encuesta y preguntémosles a diez de nuestros conocidos cual es la función de un legislador y cuales son las condiciones requeridas para que el encuestado tenga un buen concepto de un legislador. Me atrevería a decir que salvo en reducidos círculos de inadaptados cómo mis propios amigos, todas las demás respuestas contribuirán a alimentar al aparato político y a hacer crecer el gasto público como viene ocurriendo hasta ahora.

Quejándonos de los políticos somos como una madre que conocí que le pegaba a un bebe porque lloraba. Adivinen que hacía el bebe después de recibir los cachetazos.

Va a ser difícil deshacer el trabajo de la deseducación pública, que ha dado muerte a la filosofía convirtiendo casi todo en un problema técnico que podría resolverse con un par de manuales de instrucciones. Desgraciadamente la “técnica” no sirve para mucho si no se tienen en claro los problemas de fondo.

Es así que a la pregunta de para que sirve un legislador, por toda respuesta obtendremos: “Para hacer leyes”. Dentro de este concepto “aséptico” tan digno de la UBA y del Colegio Sarmiento, como del Newman o la UCA, caben: la ley de entidades financieras, la ley de asociaciones profesionales, la ley de contrato de trabajo, la ley anti evasión, etc. Etc. Etc. Si esa es la función del legislador, vayamos ahorrando para prever que el gasto público siga creciendo al infinito y por supuesto, el aparato político asociado a él también.

Si conseguimos salvarnos de la devastación de muchas décadas de intervención estatal en la educación, tal vez podamos responder que dentro de la función (pretendida) del estado de velar por las libertades individuales, la del legislador consiste en hacerlo mediante normas que tiendan a ese fin y controlando a los otros dos poderes. Si ese es el cometido del legislador, entonces podremos pretender que el gasto público disminuya.

En el contexto actual, menos legisladores no garantizan menor gasto ni mas justicia, ni mas limpieza ni nada lo que se suele pretender de las instituciones tal cual están, salvo tal vez en el corto plazo. Y no tengo nada contra ahorrarnos unos pesos teniendo veinte inútiles en lugar de cien, pero no puedo poner expectativas desmedidas en eso.

La primera conclusión es sobran conocimientos inútiles, sobra educación vacía, sobra idioma inglés, sobran “family days”, y, como corolario: sobra ignorancia. No hacemos otra cosa que adular a supuestos impecables que van a destrozar todo lo que nos importa de verdad porque ya no somos capaces de distinguir el bien del mal.

Conclusión dos: tenga cuidado: su hijo también esta siendo mal programado en este preciso instante y esta en riesgo de repetir la historia de quejarse de lo que el mismo genera. Si usted no sabe para que sirve un legislador y por tanto es parte del problema, lo que le cuesta mucha plata, sepa que su hijo está siendo formado de igual manera.

Sin embargo este elefante que se retroalimenta de esa manera, tiene una debilidad. Esa debilidad no es por cierto el hecho de que el ciudadano vote, ni que “participe” en internas partidarias, conteste encuestas o compre el diario. Todo eso lo hace del mismo modo en que piensa, y nada de eso sirve realmente para limitar al poder si el propósito del fondo que sostiene a la idea de división de poderes, por ejemplo, ha sido por completo divorciado de ella.

La única debilidad real del estado elefantiásico, inclusive la debilidad del sistema por el cual las propias víctimas alimentan al victimario es la evasión fiscal. Los impuestos son la contracara de la ignorancia.

Una pregunta que tal vez ni siquiera resista a nuestro pequeño círculo es para que sirven los impuestos. Hagan esta encuesta también, verán que la gente, a pesar de lo que dice, no piensa que sobren políticos sino que cree que faltan.

La respuesta es: sirven para que unos vivan a costa de otros. No tienen absolutamente otra utilidad. Por medio del aparato de deseducación se ha convencido a la población de que si no nos gustan tales o cuales impuestos (la cuestión de si nos gustan LOS impuestos queda directamente fuera de cuestión), lo que “corresponde” es que los discutamos, que hagamos campaña, que propongamos la derogación, que nos metamos en política (es decir, que nos convirtamos en PARTE DEL PROBLEMA), PERO QUE NO DEJEMOS DE PAGARLOS porque eso es algo así como un pecado. No tengo tan claro pecado de que religión, porque en lo que respecta al cristianismo el recaudador de impuestos era considerado al mismo nivel que las prostitutas; pero pecado al fin.

La evasión fiscal y no los jueces, ni los legisladores, ni los comicios, ni las comisiones investigadoras, ni el periodismo (todos ellos mas bien contribuyen), ES EL ÚNICO LIMITE REAL DEL PODER que nos queda.

Si nos asusta que el Estado no pueda financiarse por medio de tasas en lugar de impuestos pensemos que no sería una gran pérdida pues lo que esperábamos de él era seguridad fundamentalmente, que brilla por su ausencia.

Que no nos engañen con que si nosotros pagamos los demás también deben hacerlo. Nuestro bienestar depende de que no nos roben ni a nosotros ni a nuestro vecino. Si después de que nos robaron a nosotros le roban a otro señor, no estaremos mejor.

¿Qué no es justo que unos paguen y otros no?. Esto es una gran falacia que el Estado promueve. Si hablamos de una transacción limpia como por ejemplo comer en un restaurante: no es que debemos pagar porque otros lo hacen, sino porque hemos comido, NO POR UN PROBLEMA DE IGUALDAD, SINO DE JUSTICIA. Si a mi vecino lo pisó un auto, ¿DONDE ESTA LA JUSTICIA EN QUE ME VENGA A PISAR TAMBIÉN A MI?. Cuando el estado me sacude tengo un problema, cuando sacude también a mi cliente o a otro con el que me relaciono directa o indirectamente, tengo dos problemas.

¿Ustedes creen que puede construirse una sociedad justa y moral sobre la base de la imposición, de cobrar sin contraprestación, de obligar al otro a pagar por NADA, o lo que es peor, pagar para que alguien pueda dedicar su vida a joder la nuestra?. ¿Cómo puede alguien sostener éticamente semejante concepto?.

¿No hemos soportado suficiente en esta materia?. Hasta aceptamos que se nos obligue a declarar nosotros lo que tenemos para que nos puedan robar. Cómo decía la propia DGI: No deje que le roben: SOBRAN IMPUESTOS. HAGAMOS UN MUNDO MEJOR, TERMINEMOS CON LA ESCLAVITUD, TERMINEMOS CON LOS IMPUESTOS Y LOS SERVICIOS GRATUITOS AL ESTADO.

Argentina Days, número 13

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Educación neutra

La idea de educación pública es un despropósito si por eso se entiende una forma de inculcar conocimientos asépticos, sin una orientación filosófica, si se quiere llamar así ideológica o una toma de partido en cuestiones morales. Salvo, en cierta medida, que se pretenda limitarla a determinadas ciencias duras.

El estado se supone que intenta ser neutro en estas cuestiones, pero la neutralidad es de por sí una toma de partido. Por eso poder y educación son cuestiones incompatibles. Sin embargo, el descaro de inculcar sin disimulo versiones facciosas de la realidad tampoco puede ser permitido. Acá si, porque a casi ningún padre le importa que le digan cualquier idiotez en el colegio a sus hijos o que lo llenen con palabrería panfletaria cuya aceptación les permitirá vivir sin ser molestados. Muchos padres privilegian su comodidad y la de sus hijos y entregan todo lo que haya que entregar.

En España hay algunos antecedentes que permiten fundar una oposición a contenidos que tengan obvios propósitos ideológicos o religiosos. El Tribunal Superior de Andalucía hizo lugar a una objeción en ese sentido de algunos padres.  Sobre la materia de la que pidieron que sus hijos fueran exluidos el Tribunal ha dicho que se “emplean conceptos de indudable trascendencia ideológica y religiosa, como son ética, conciencia moral, y cívica, valoración ética, valores o conflictos morales y sociales” y  “es razonable que los demandantes, por razones filosóficas o religiosas, que no tienen por qué exponer detalladamente, puedan estar en desacuerdo con una parte de la asignatura

No tenemos un juez que diga algo así, salvo en favor de la religión progre puertomaderista. Es decir, lo dirían como una forma de imponer el sometimiento, nunca para reafirmar un derecho individual.

En lo personal la educación sexual católica no me cierra para nada, sin embargo cuando comentaba en la radio hace un par de años que los padres tenían derecho a elegir cómo inculcarles valores a sus hijos, no había forma de que se me entendiera que eso no significaba adherir a esa manera de encarar la cuestión del sexo. Y no lo entienden justamente porque la educación pública ha sido neutral en un punto crucial que es en destacar la diferencia entre estar de acuerdo y respetar al otro. Hay cosas que de grande ya no se aprenden.

Visto en Desde el Exilio

Juan Carlos Tedesco, un igualador

La igualdad es el peor objetivo que una política podría tener y en materia educativa su efecto es devastador.  El conocimiento depende de la diversidad y la apertura que es por su naturaleza desigualadora. Es además el peor negocio para los que están en la situación peor, los deja sin esperanza ni salida.

Sin embargo para el sucesor de Daniel que es Filmus es un problema central. Le preocupa que haya desigualdad en la educación, en algunos lugares es de muy mala calidad y en otros es sólo de mala calidad. El problema del señor Tedesco es que a él y a todos los genios que le antecedieron les toca comandar a la de “gestión pública” que es la peor de todas y lo único que va a lograr es que cualquier alternativa se le parezca. Será ministro de educación pero va a solucionar las cosas al modo orangután: con leyes y más leyes.