El viejo

El anciano juez fue bajado del auto por dos jóvenes de al rededor de 25 años con remeras de La Cámpora. Estaba desnudo. El cuerpo encorvado y frágil dejaba ver el contorno de sus huesos. Los ojos húmedos reflejaban algo más que temor por lo que estaba por vivir; se notaban capturados por una profunda e irremediable tristeza. El pelo se le iba sobre los ojos pero no podía arreglarlos porque las esposas se lo impedían. Se lo condujo al escenario montado especialmente en la Plaza Néstor Kirchner (ex Plaza de Mayo). Los concurrentes gritaban excitados consignas como “Legítima justicia, el pueblo te propicia”, “estos son los pibes de la revolución” y “Néstor no murió”. El crimen del juez había sido precisamente no morir cuando la presidente necesitó su lugar en la Corte para colocar a su nieto, quince días atrás.

Mientras lo ataban a los engranajes del potro armado en forma vertical para que todos pudieran ver al Pueblo haciendo justicia, se entonaron las estrofas del Himno Nacional. Al gritar la muchedumbre la estofa que dice “oh juremos con gloria morir”, la excitación se potenció, la gente levantaba el brazo izquierdo con el puño cerrado y ponía un énfasis mayor al cantar. Después corearon “viejo hijo de puta”, una y otra vez.

“Señor procesado ese es el Pueblo”, dijo el joven ministro. “¿Acepta usted que su mandato ha terminado pues los legítimos representantes populares lo han determiando?” Acercó el micrófono a los labios del juez, quién levantó la cabeza para mirar al ministro a la cara e intentó escupirle, pero no tuvo la fuerza para alcanzarlo.

“Como así no lo habéis hecho, la patria te lo demanda”, gritó mirando a la gente. Hizo una señal y otros dos integrantes de La Cámpora comenzaron a girar la rueda.

Se sintieron los quejidos del juez, que luego se convirtieron en un grito ahogado y en espasmos. Su ojos se dieron vuelta hacia atrás y ya parecía inconsciente cuando su brazo derecho se desprendió porque no se le notó reacción. El brazo suelto chorreaba abundante sangre y se produjo un silencio en el que no se oían siquiera las respiraciones de los asistentes. La pierna izquierda se separó de inmediato, expulsando más sangre, como una explosión que manchó a las personas de la primera fila que se limpiaban con desesperación y escupían el líquido que les había ingresado a la boca. Algunas personas miraron a su alrededor, buscando referencias sobre cómo debían reaccionar. El ministro quebró el silencio al comenzar a aplaudir. Poco apoco lo fue siguiendo el resto de la gente.

“Tenemos otra vacante en la Corte” certificó el médico poniendo sus dedos en la carótida del magistrado. Se puso a saltar y a gritar “legítima justicia, el pueblo te propicia. Se agachó para mojar sus manos en la sangre, y salpicó al público agitándolas. El ministro festejaba la ocurrencia con la mirada desorbitada. Todos eran uno ahora que el juez no estaba más y gritaban con la consigna del escenario, más fuerte aún que al comenzar.

“Conmociona al mundo el fallecimiento del juez” tituló el diario más vendido. Su principal columna de opinión señalaba que “La presidenta tiene que darse cuenta de que no puede tener ministros así, que desprestigian a su gobierno”. En la radio por la mañana se oyeron más críticas: “Este gobierno no tolera a la gente que piensa distinto”, “así no es una democracia verdadera”, “casi parecen el gobierno de los noventa”, “ejecutar jueces no es de izquierda, le están haciendo el juego a la derecha”.

Algunas voces más moderadas destacaron que el país vivía una gran división entre los que apoyaban la ejecución y los que estaban en contra, como si no pudiera haber posiciones más objetivas y equidistantes.

Los K definen su propia violencia

¿Cómo encajamos la idea de la “diversidad” con la de “eliminar lo individual en función de lo colectivo” en un mismo bote colectivista?
¿Cómo compatibilizar la idea de violencia contra el “género femenino” contenida en la ley 26.485 con el discurso permanente del poder K o los antecedentes terroristas que consideran heroicos?
La ley dice en su artículo cuarto que violencia contra la mujer es: “Definición. Se entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes”. ¿No es esto la rutina del trato de Cristina Kirchner y cada kirchnerista, miembro de la cámpora o amanuense del aparato de propaganda a todos los que no forman parte de su banda o los veneran, en cada discurso, cada cartel, cada pintada, cada participación en los medios? Solo podemos excluir el ataque sexual, pero todo es actuar desde el abuso del poder por acción y omisión contra la vida, la libertad, la integridad física y psicológica, económica y patrimonial de cada argentino no K. Siempre tratando de convencer de que esa violencia le conviene a la mayoría y sólo afecta a una minoría indeseable, descalificada por ser minoría.
Supongamos que lo que dice el artículo cuarto citado solo sea violencia contra la mujer pero que por alguna razón que no explicitan la violencia contra los hombres fuera otra cosa ¿No están padeciendo violencia así definida todas las mujeres no kirchneristas del país?
No está mal definida la violencia, lo incorrecto es que se la circunscriba a la mujer o que se iguale una trompada a un prejuicio. Porque entonces la trompada queda diluida en su gravedad. O que se lo presente como un problema de lucha de géneros y no de gente civilizada contra salvajes. Pero desde el punto de vista político y del trato a los ciudadanos inermes esa caracterización es más que acertada y tiene otro efecto mucho más dañino. Recuerda aquella campaña publicitaria que ideó Gabriel Dreyfus para la UCEDE en la que la imagen de la república aparecía como una mujer golpeada.
La práctica del asesinato de la reputación no empezó por este gobierno, pero son la continuación de esa actividad violenta de sus antecesores ideológicos como Horacio Verbitsky y todos sus soldaditos. Gente acostumbrada a no debatir sin ensuciar. El problema es que como nos enseñaron los propios falsos organismos de derechos humanos y lograron convertir en doctrina, el crimen adquiere otra dimensión, la universal, cuando se practica desde el Estado.
Clarín, el campo, los periodistas, Juan Carlos Blumberg, Mauricio Macri, Francisco de Narvaez, y con menor importancia pero igual gravedad yo mismo cuando expuse la relación entre artistas fanáticos K y las fortunas que cobraban del estado. La lista es larga, otros antes que ellos antes de que el aparato de desprestigio llegara al poder. La “década del noventa” que todo el mundo se siente obligado a insultar y menospreciar para no ser objeto del efecto invalidante que el paredón verbal ha logrado sobre determinadas personas, situaciones o hechos. Todo es violencia, todo es rompimiento de la paz, todo es enemistad. El caldo en el que nadan los que quieren enseñarnos diversidad y qué cosa es violencia de género.
Preguntaba al principio. Saben definir mejor que nadie lo que ellos hacen y mucha gente en nombre de la aceptación a si mismos colabora de manera inadvertida con otras violencias contra terceros, cuando no la ejercen por si mismos invirtiendo los roles. Como un festival en el que le toca a otros.
El perverso plan totalitario de la psicópata que nos gobierna es tan retorcido que está invitando a los violentos a formar parte de su proyecto, y a las víctimas de la violencia a convertirse con ellos en victimarios de otros. Hacer de toda factura emocional una fuerza agresiva para usar en su favor.
De manual, no hay contradicción. Cuando la presidente ilegítima de la Argentina invita a ahogar la individualidad en función de lo colectivo, no está interesada en ahogar la individualidad de los aliados, ni de ella, ni de los que estén dispuestos a ser violentos con los que ella señale. Por eso está dispuesta a practicar toda la diversidad que no se oponga a sus planes. Y cuando define lo colectivo, pues no es otra cosa que sus propios intereses.
Esto debiera tener solución. No se si los que se convierten en parásitos económicos, políticos y morales de la sociedad llegan al aparato del poder y destruyen la posibilidad de convivencia o si el aparato de poder termina por ser un incentivo para que gente antisocial se encumbre. En todo caso lo que debiera tener una salida es la relación de enemistad que establecen con todos nosotros. La secesión, la sedición, lo que sea. Si el único problema que tienen los nazis del gobierno somos los que no somos nazis ni queremos robar con ellos, deberían divorciarse de nosotros y nosotros de ellos. Pero son parásitos como los tipos que golpean a las mujeres, no lo hacen porque las odien, lo hacen porque necesitan estar sobre ellas, dominarlas. La vejación es un método para permitir esa violencia. Entonces sólo hay una guerra que empieza a terminarse cuando la víctima deja de justificar, abandona la complicidad y comienza a auto estimarse al punto de decir basta. A veces el golpeador no sabe qué hacer cuando la victima deja de hacer el papel para el que la preparó.

La dignidad se jubila en silencio

“La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios

sino sobre las faltas de los demócratas”

Albert Camus

No puedo evitar recordar todo el tiempo aquella afirmación del ex embajador de Estados Unidos respecto a que “la Argentina es una muy buena democracia“. Sobre todo cuando se publica sin que pase nada que el presidente del principal tribunal penal del país dice que fue amenazado por enviados del presidente de sufrir “escraches” fascistas de la agrupación “hijos” y la amenaza se cumple.

En total soledad este juez debe expresar que el kakismo actúa por identificación organizaciones terroristas que operaron en el pasado en el país, lo que dicho más claro quiere decir que los montoneros presionan para continuar su guerra contra las fuerzas armadas utilizando a la justicia. Mientras tanto Macri habla de cómo administrar la ciudad, la fauna “institucionalista” de “los noventa” está escondida debajo de un helecho y agrupaciones que se identifican con “el liberalismo” y tienen tratos con la Fundación Ford hablan de dictaduras lo más lejanas posibles en el espacio o en el tiempo y se suman al coro acusatorio que le proponen los enemigos de la libertad actuales, vivitos y activos, sanguinarios en otros tiempos que no se atreven a recordar ¿O no servirán para obtener fondos?

Nuestro problema no es el gobierno, sino la miseria general.

"Los cambios políticos, son sobre todo cambios de vestuario"

La revista Debate, creada por el embajador de privilegio Héctor Timerman, salió en tapa con la cara (la nueva) de Cristina Kirchner aludiendo a la representación ilegal que realizó del país en Francia para promocionarse como candidata presidencial. Allí la muestran en tapa, para hacer los correspondientes afiches y empapelar el país con una frase que pretende ser célebre e inteligente.

Quién diseñó la tapa no entendió el significado de la cita que eligió. Leyó “cambio” y “cultura” y le pareció una afirmación digna de una estadista.

Lo que dice la señora es que el poder transforma a la cultura, es decir que los hábitos, costumbres y creencias de una sociedad se moldean por la fuerza. Claro, dicho así se trata de una frasesita bien jodida, pero eso es exactamente lo que piensa la señora. Hace una proclama totalitaria y como nadie la entiende en lugar de taparla la destacan como si fuera maravillosa.

Por eso rediseñé la tapa como una forma de hacerle un servicio a la señora, a ver si me gano unos mangos de publicidad oficial como Debate. Es mucho mejor ser frívolo que totalitario. Si la señora lo supiera sería más feliz y menos peligrosa.