Mis diferencias morales con el Papa Francisco

El Papa relacionó la “adoración al dinero y la guerra” con manifestaciones de un sistema económico que “ya no aguanta”. En el centro de todo, sentenció el pontífice, tiene que estar el hombre y, como un signo de estos tiempos en los que pareciera que nos hubiéramos estado refiriendo solo al varón con esa palabra, agregó “la mujer”. También mencionó a los jóvenes que en su interpretación son “excluidos por la desocupación”. Según él esto es pura maldad de la “economía”, en particular del culto al dinero.

Hay dos clases de creyentes. Están los creyentes en el catolicismo que aceptarán o no este diagnóstico, lo criticarán, reflexionarán o le darán algún crédito pero estarán dispuestos a revisarlo. Pero también están los que hacen ídolos, que adoran a las personas y entienden la religión como la suplantación del propio cerebro por la consigna de un líder. En este caso el Papa. Estos segundos crecen de modo exponencial, sobre todo en la Argentina. Gente que ofende y agrede ante la crítica al Papa. Mi recomendación es que los de éste grupo no sigan leyendo. Supongo que si se tientan a continuar tendrían que confesarse o flagelarse, de manera que no me parece negocio.

Ahora si, voy a la cuestión que me interesa. Mis diferencias con el Papa Francisco no son económicas, son morales. No lo descalifico como persona, conozco su tipología porque he soportado muchos sermones en esta misma línea que en realidad si hace un culto del dinero pero al revés. Rechaza la producción y adora lo que el fruto de esa producción puede hacer por los que no producen. El Papa, y tantos curas idénticos que he conocido en mi pasada vida religiosa, por más que lo verbalicen, no siguen a Francisco de Asis, sino a una versión populista de su figura. Tal cosa responde a una formación política, no religiosa, de la que América Latina en general es víctima.

Francisco de Asis descubrió el camino del desprendimiento como una forma de liberación interior. Renunció a los llamados bienes materiales. No estaba haciendo ninguna reforma económica porque buscaba la pobreza, no la rechazaba. Si, en cambio, rechazaba al poder. Ni siquiera aceptaba que sus seguidores fueran designados cardenales de la Iglesia. Es una idea que siempre me parecido interesante y coherente. En algún momento, en algún aspecto todos practicamos algo de ese desprendimiento. Nos sentimos demasiado atrapados por algo que queremos y le ponemos un freno. Para el Francisco original, eso debía hacerse todo el tiempo y él lo practicó porque era inmensamente honesto. Nunca hubiera aceptado ser Papa y jamás se codeó con ningún poderoso.

¿Es la doctrina franciscana compatible con el capitalismo? Por supuesto, los bienes están definidos por la subjetividad, no hay ninguna diferencia entre que unos busquen la felicidad cambiando el auto y otros regalándolo. Lo importante es que cada uno pueda seguir su plan de vida, como le parezca, con sus valores. Es muy valioso para todos que los otros lleven a cabo otros proyectos y poder observarlos, aprender y debatir sobre cómo es mejor vivir.

Pero la versión populista de aquella idea es por completo diferente. Ahí se trata de encontrar el pecado en el que produce, no de desprenderse de nada. Al contrario, la idea es quedarse con esa producción. Está siempre asociado al autoritarismo, esto es al estado que no es otra cosa que autoridad. Francisco de Asis con el estado no tenía ninguna relación. El falso franciscanismo es en cambio una forma de manipulación desde el no tener para condenar a los que tienen y proclamar que el fruto supuestamente mal habido del “culto al dinero” sea repartido, en lugar de quemado en una hoguera. Te culpo por lo que hiciste y me quedo con los frutos.

El franciscanismo populista es política económica basada en condenas morales. Existe la misma diferencia entre ambas versiones que la que hay entre un nutricionista que nos aconseja bajar las calorías y el cocinero de una cárcel que nos sirve una sopa insulsa.

El adorado sistema educativo produce con mucho gasto candidatos a empleados. El proyecto del estado argentino y de la mayoría es que la gente esté preparada para tener buenos sueldos. Es decir, opera como un subsidio al empresario y esto es una gran distorsión, de la cual es autora la política, no la economía. Tampoco a la guerra la hacen los empresarios sino los gobiernos. Un empresario que cuenta con un ejército, no es un empresario, es un gobierno. En todo caso los contratistas del estado o empresas asociadas al estado podrían estar interesadas en una guerra ¿Por qué no se apunta esta crítica moral a la política?

El Papa casi no ha dicho nada condenando a la política. Y no lo ha hecho porque en su pensamiento moral el problema es el lucro como si fuera un pecado. El entiende que a esa “mala tendencia” hay que controlarla con el estado. En consecuencia es su pensamiento moral el que fomenta la guerra endiosando al monopolio de la fuerza como si tuviera funciones de vigilancia de la concupiscencia. Esa visión es la que fortalece a los contratistas del estado y crea los intereses que conducen a que la fuerza se use para poder proveer insumos.

Advertí a los católicos del segundo grupo que no siguieran leyendo para que ahora no me digan que han encontrado una cosita que les serviría para negar la realidad del Papa más antiliberal de los últimos tiempos. Pero la realidad es esta: si, el Papa es estatista y negarlo es evadir la realidad. No es mi intención poner a la realidad en discusión sino el pensamiento moral del Papa sobre la economía. Me podrán decir que la realidad bla bla bla. En tanto en este punto tal cosa es evasión pura del problema, los abandono en sus juegos y sigo adelante. Supongamos que contrariamente a lo que digo el Papa suscribiría lo anterior. Pues entonces no pierdan el tiempo enojándose conmigo, festejen. No debería molestarles que diga lo mismo que interpretan que el Papa aceptaría, a mi juicio contra toda evidencia.

Sigo con la cuestión del sistema educativo y su relación con este tema. El Papa también piensa que el ideal es que el sistema económico provea buenos sueldos. Aquí está la gran contradicción. Buenos sueldos es buen dinero. Ah, pero podría ser sólo el dinero suficiente para subsistir ¿En qué parte de la Biblia dice que unos deben aportar a la supervivencia de otros? Me la perdí, si es que existe. Lo cierto es que somos dotados (por la casualidad o la providencia) de los medios de subsistencia. El sistema educativo (controlado) nos convence de que alguien nos pagará bien si pasamos varios años escuchando un “programa” cuyo fin es que el mundo se divida entre empresarios y empleados y nosotros seamos en general de la segunda categoría, para estar quejándonos de la maldad de los de la primera con ayuda de todos los sermones.

Pero lo cierto es que para que haya buenos sueldos (o simplemente sueldos) debe haber gente que haga “el culto al dinero”, al menos mucho más que nosotros. Aclaro, esto del culto al dinero es nada más que una etiqueta estigmatizante. La gente que se ocupa mucho más que nosotros por conseguir dinero no es muy diferente que la que se ocupa mucho más que nosotros de jugar al tenis y gana campeonatos. La diferencia es que los primeros nos son absolutamente indispensables, son una verdadera bendición de la vida. Con su iniciativa y riesgo la economía todavía subsiste a pesar del sistema educativo, a pesar de este parasitismo moral que intenta poner a los mejores de nosotros (si, los empresarios son los mejores de nosotros; no los que tratan con el estado, esos son lobbistas) en estado de culpa permanente, para ser parasitados. Ese parasitismo moral impide entre otras cosas, que haya mejores sueldos.

¿Puede existir como problema moral la obsesión por el dinero? Claro, como por el tenis. Toda obsesión es mala, pero eso no agrega mucho. Ponerle a una ocupación el carácter de obsesión depende del punto de vista del observador. Desde afuera nadie puede afirmar que otro está obsesionado por algo, en cambio él si. Es una elección personal el punto en que el sujeto entiende que está atrapado en un círculo perjudicial. Colgarle a otro esa etiqueta es una forma de manipulación. No se busca el bien del “diagnosticado” como “obsesionado”, sino servirse de él. Y si esto se menciona como un “sistema económico”, entonces se está condenando a la función y se está convirtiendo en pecadores a todos juntos.

Seamos coherentes. Si creemos que estamos condenados por el culto al dinero de los empresarios, reclamemos que la gente renuncie a sus empleos, se están contaminando compartiendo el fruto del pecado. Nadie debiera aceptar sueldos de los herejes dinerarios.

El Papa no escucharía esto, no le interesaría adentrarse en los mecanismos que condena para ver hasta que punto está equivocado y está provocando un enorme daño moral y económico y ayuda a perpetrar enormes injusticias. Porque el vicio más común del moralista es encontrar una visión de cómo se divide el mundo entre buenos y malos que asegure la propia permanencia entre los primeros. Eso es lo que se defiende y la prueba es cómo se despreocupan los condenadores del lucro de los frutos que se obtienen siguiendo su pensamiento. De eso hay suficiente literatura como para no tener que detallarlo.

Tengo cero intención de ofender ni a los católicos pensantes ni a los católicos obedientes; tampoco al Papa por supuesto. Se que él ofende sin querer a gente que no lo merece. El remedio a eso es responder, no callarse. Creo que la justicia es más importante que el Papa y que de las cosas más necesarias a debatir están las falsas éticas que nos condenan a la insatisfacción, la división innecesaria y al autoritarismo.

El mito del Papa opositor

La idea del “Papa opositor” solo cabe en las pequeñas cabezas kirchneristas. El cardenal Bergoglio, hoy Papa Francisco, fue puesto en el lugar de enemigo en el momento de plena complicidad de la sociedad argentina con un Néstor Kirchner ilimitado, en el enamoramiento con su “estilo”. Un vengador de alguna cosa, en el que un país que venía de un gran trauma podía depositar todas sus frustraciones, acompañadas de todos los permisos. Como ocurría con las botas en otros tiempos, el país era su estancia.

Kirchner suponía ser emperador y su intolerancia a cualquier crítica bastó para que una homilía en el año 2004 hablando de concordia lo viera al ahora Papa como una amenaza para su persona y cortara lazos con él evitando incluso el tradicional Tedeum del 25 de Mayo en la Catedral a partir de ese momento.

Pero si tuvieran que enumerar sus actos de enemistad, tendrían menos material que para inventarle un pasado oscuro en materia de derechos humanos. Por desgracia los medios extranjeros reciben la información contaminada por este clima creado al que nos hemos acostumbrado pero Bergoglio no ha sido para ellos otra cosa que un frontón sin vencer, alguien que no se agachó ante el poder del capricho megalómano.

La supuesta acción antikirchnerista del Papa Francisco no existe sino en la paranoia de un régimen que lo quiso poner en el centro de la difamación. Lo cierto es que ningún gobierno de los últimos 30 años ha tenido menos pronunciamientos críticos de la Iglesia a través de sus representantes que los de Néstor y Cristina Kirchner. De todos sus antecesores los prelados han dicho lo que han querido. A veces fueron duros, en general han sido críticos de cuestiones económicas sin mucha razón y nunca se tuvieron que cuidar de enojar al poder temporal como han debido hacer ante este despotismo sin ilustración.

Fue después de que Kirchner lo marcara como indeseable, repito, por sostener que el país necesitaba concordia cuando su plan era llenarlo de resentimiento, que el señor Verbisky descubrió vínculos oscuros con dictaduras del pasado, como una forma de servicio a la dictadura del presente.

Esa categoría, a la que el propio Premio Nobel de la Paz Perez Ezquivel ya aclaró que Francisco no pertenece, es puramente utilitaria en manos del gran titiritero de las reputaciones. La gente entra y sale de su infierno personal de acuerdo a las necesidades de impunidad o poder absoluto de su proyecto de poder. Así se ocupa de encontrarle a Bergoglio antecedentes, que sus jueces amigos después intentarán convalidar, mientras mira para otro lado sobre la colaboración del señor Timerman, Alicia Kirchner, o el propio matrimonio K nadando en millones. Así le inventaron un pasado convalidado por jueces sin ética alguna al señor Patti y convirtieron a Blumberg en un supuesto nazi, cuando ellos lo son. Así inventaron la historia falsa del robo de niños de la señora de Noble, mientras la tapaban cuando eran aliados.

El señor Kirchner eligió a ese derecho humanismo oportunista y ávido de fondos como aliado estratégico por su posibilidad bien aceitada de producir condenas e impunidades para construir su imperio político y económico.

Pero Bergoglio fue tan opositor como Blumberg, Cobos, el Campo, la Corte anterior y la que ellos nombraron, Esteban Righi, que ellos nombraron, el Juez de las Carreras, Mirtha Legrand o Clarín.

Todo proceso fascista moderno incorpora la tecnología totalitaria del régimen cubano de asesinato de la reputación, como una forma de aislar al rival y destruirlo civilmente. La única defensa contra ese proceder miserable, delictivo cuando se lo ejerce desde el poder, es el desagravio de la gente que nos gusta y de la que no nos gusta también cuando es injustamente señalada. Lo digo esto desde mis grandes diferencias con la Iglesia y con su Santidad en particular.

El Papa Francisco cometió la única audacia de lesa kirchneridad de no hacerse soldado de la causa Nac&Pop. Lo que ocurre es que cuando la tolerancia no existe y se construye un sistema totalitario, respirar es un desafío al poder.

Calentamiento político global y desinformación

Lo que caracteriza el estado de la opinión pública respecto a los mitos del cambio climático difundidos por empleados públicos reunidos en un comité inter-gubernamental es el pánico. El pánico es la antesala de la demanda de salvadores, de las limpiezas étnicas y de la violencia contra los infectados, los contaminadores, los impuros y toda cháchara primitiva y estúpida con la que los seres humanos se destruyen los unos a los otros desde tiempo inmemorial. La verdadera alarma debe ser puesta ahí.

Algunos pocos se dan cuenta y entre ellos son los menos los que hablan. Pero la psicosis colectiva creada es tal que los medios reflejan las noticias en base a una creencia previa con características de irreductible. Según unos el ser humano está a punto de extinguirse, para otros el Papa se sumó a la cadena de advertencias generales sobre los peligros de la emisión de gases de efecto invernadero. Los dos diarios hablan de la misma noticia, pero no tienen la capacidad de aceptar lo que de verdad está diciendo el Papa que es que se debe tener cuidado con las alarmas injustificadas basadas en prejuicios ideológicos. No consiguió llegar con su mensaje porque ya hay poca gente dispuesta a escucharlo o con capacidad para hacerlo.