Dictadura

Una cosa es aplicar el artículo 194 del Código Penal a quienes cortan calles y rutas para el propósito que sea y otra muy distinta es utilizarlo sólo contra los enemigos. Antes de ayer hubo una manifestación de piqueteros del estado cortando calles en el centro de la ciudad como una demostración contra los dirigentes rurales que gozó otra vez de impunidad total. Ayer, luego de agotar los intentos de que el campo desistiera de sus demandas con todo tipo de maniobras, trampas, insultos y mentiras, se ordenó la detención de manifestantes del campo cuando no se encontraban cortando rutas. El gobierno los identificó primero como opositores y competidores y después los mandó a detener.

Una cosa es decir no se cortan más rutas ni calles, otra es decir "ustedes" no cortan más rutas ni calles o ahora que se terminaron las negociaciones no se cortan rutas ni calles y establecer un comando político sobre los jueces desde el consejo de la magistratura. Y por cierto, una cosa es aplicar el artículo 194 del Código Penal y otra muy distinta es inventar quemas de pastizales atribuyendoselas por capricho a los ciudadanos que protestan, sin siquiera molestar a la funcionaria inepta responsable de prevenir esa situación.

Tampoco un gobierno puede comandar al poder judicial. Le obedecen más los jueces y fiscales que los punteros que tienen que mandarles ovejas a los actos. Cada uno de estos jueces y fiscales deberían terminar en cana ellos. Increíble que un juez pueda afirmar cual empleado desorientado que “el Gobierno siempre afirmó que no quería criminalizar las protestas y no persiguió la detención de Luis D’Elía cuando tomó una comisaría, pero ahora pretende que levantemos los cortes de rutas”. Un juez está para procesar a los funcionarios que emiten esas órdenes, no para quejarse de que no los entienden.

La orden del dictador, que ni siquiera ocupa un cargo en el estado, incluyó la citación a dirigentes opositores que no eran parte de los cortes de ruta sino que nada más acompañaban a los manifestantes para adherir a sus reclamos. No tienen problema en mostrar sus fines persecutorios, además de echar a los jueces y fiscales por seguir instrucciones del ejecutivo en la detención de personas, habría que hacerlo por brutos.

En la Argentina no hay república, no hay ley y tenemos un gobierno dictatorial con todas las letras. Es una dictadura berreta de un nivel ni siquiera africano, pero dictadura al fin. Para recuperar la república se debe actuar. Se trata de un gobierno fuera de la ley y de la Constitución que ha sobrepasado hace rato los límites para hacerse acreedor de un juicio político.

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Otro negocio para la Victoria

Las consignas altruístas enamoran a los estudiantes de ciencias sociales como derecho o economía. "Pleno empleo", "precio justo", "servicio público", "igual salario por igual tarea". Boludeces sin contenido, sin utilidad, que actúan como excusa para que el poder se entrometa en las relaciones de individuos privados y se convierta en el gran árbitro de la bondad humana, llevándose algún vuelto. La voluntad de alguien siempre debe ser violada. Alguien que perderá dinero y que estará dispuesto a dejar cierto porcentaje para que no lo jodan ¿Parecido a la Argentina no? Firmes creyentes los argentinos, votarán una y otra vez por los buenos, serán cada vez más pobres, auyentarán a los productivos y atraerán a los delincuentes con sonrisa fácil y se quejarán: Pero que mala leche, otra vez nos engañaron ¡que se vayan todos!

Si en lugar de pagar una coima, que en la Argentina es el impuesto al votante estúpido y entusiasta, se queja, entonces vendrá la denigración: oligarca, egoísta, capitalista salvaje, explotador. Cuántos leerán esto y pensarán "que malo es este tipo". Y lo bueno que sería si estuviera proponiendo repartir la  plata de ellos.

Los monitos mediáticos estuvieron hablando en estas últimas semanas de "unidad". Parece que la "unidad" es siempre algo bueno. Salvo cuando hay buenos motivos para recaudar impuestos apelando a la diversidad. Todo depende. Son buenas las exportaciones y malas las importaciones, salvo que la oportunidad de recaudación más importante esté en asaltar a los exportadores. Las teorías sobre la bondad y la maldad se pueden ir acomodando, no hay por qué ser tan dogmático.

La unidad entre el gobierno de los Beberly Ricos patagónicos y el Grupo Clarín no era un gran negocio para el país por ejemplo. Algún arreglo ya hay otra vez porque los reclutas de la organización militar kirchnerista no le dedican más carteles ni cantos al grupo y las tapas van y vienen digamos. Hay un poco más de unidad, que parece que era lo bueno. Sin embargo gracias a la división obteníamos algo de información de parte del "gran diario" y el gobierno se decidía a terminar con la prohibición a las telefónicas de dar servicios de televisión. Por supuesto, a cambio se declarará que ese gran negocio es un "servicio público". En la Argentina las cosas no son cosas hasta que haya una declaración política que determine que lo son. Un lujo como la televisión por cable por ejemplo puede ser declarada "servicio público", "delito contra la humanidad", "patrimonio común de la humanidad" o sandwich de salame y queso. Si está la resolución firmada no hay más nada que discutir. Una vaca puede ser perro si la mayoría lo quiere y que los antidemocráticos golpistas no lo vengan a discutir. Lo que convenga más al patrimonio del que toma la decisión será. Tendremos a Moreno controlando los precios del cable y viendo como se encarece y decae su calidad al mismo tiempo, con valijas que irán y vendrán (irán llenas y vendrán vacías) que es lo mismo que está pasando con la medicina prepaga, ahora que es cada vez más un "servicio público" y le sirve por lo tanto cada vez menos a menos público.

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La última ratio de todo dictador

El máximo nivel de degradación de la pobreza llegó a la Argentina de manos de los idealistas de la década del setenta que venían a cambiar al mundo leyendo a Hegel. Se los usó para las elecciones, se los usó para arriarlos como ovejas hacia actos partidarios, siempre desde los grupos políticos que más hablaban de ellos y les reprochaban a los otros su insensibilidad. La condena a la pobreza eterna como negocio político es el atributo más notorio del "campo nacional y popular". Pero a lo que han llegado los herederos de los montoneros alquilándolos para el trabajo sucio que ellos no harían intentando silenciar disidencias y reclamos es como el último escalón de manipulación de la desesperación.

Triste el papel de D’Elía y Pérsico cuyo único destino posible es ser entregados como Röhm. Pero hasta las SA nazis tenían un componente de mayor independencia. Eran fanáticos y no simples masas sumidas en la miseria y utilizadas para cualquier cosa.

Capitanich y el revuleto

En medio de este re-frío desubicado, noventista, culpa de Menem, las multinacionales y Martínez de Hoz, soportando la re-tensión en la que estamos metidos por las retenciones (verdaderas re-tensiones), me vengo a enterar de que el gobernador del Chaco don Jorge Capitanich es tan pero tan reflexivo (y re-flexible) que es capaz de proponer un día la eliminación de las retenciones y después hacerse fanático de las retenciones móviles y hasta parecer re-convencido. La explicación es re-simple: Un re-vuelto.  Estamos en el re-horno y encima falta gas.

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