Continúan las conciliaciones en estos días turbulentos para el gobierno. Esta vez le tocó a las favoritas del ensañamiento presidencial que son las Fuerzas Armadas (¿será que se habrán dado cuenta de que si tienen que atacar a los Estados Unidos necesitarán Fuerzas Armadas y que los montoneros están un poco viejos?).

En este caso conciliación quiso decir retrotraerse a las disquisiciones que más de veinte años atrás hacía Raúl Alfonsin, para quién al menos había militares buenos y militares malos. Los buenos eran los que tenían que delatar a los malos, y los malos eran los que habían hecho lo que los buenos, al menos, habían tolerado.

La señora veinticuatro años después vino a mejorar un poco su relación con las Fuerzas Armadas a costa de volver casi a la posición de Alfonsín cuando les habló a los nuevos egresados del Colegio Militar ayer. La división ahora es distinta, se trata de los jóvenes contra los viejos. Pero esta vez el mensaje tiene que ver con la debilidad en que se encuentra el gobierno en su elegida lucha con Estados Unidos para tapar sus chanchullos.

Faltaría una óptica liberal en este asunto. No hay buenos hi hay malos. Hay acciones de gente con y sin uniforme que merece castigo y si la idea es la eliminación de la prescripción como concepto, eso debe valer para todo el mundo. Lo primero que habría que condenar para entendernos todos es el intento de tomar el poder por las armas y la metodología terrorista de las organizaciones con las que se identifica el gobierno (lo que hace que de ese lado todos sean condenables y si no tenemos prescripción de por vida).

Pero no perdamos el tiempo con las cuestiones de fondo porque de lo que se trata es de cerrar frentes en el oficialismo y este gesto insuficiente debe ser tomado por ahora como algo circunstancial.

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4 Responses

  1. Una pregunta, se vendrá el famoso Ejército popular como lo pedía doña Alicia Castro, copiando el dictado de las Fuerzas Armadas venezolanas.

  2. Coincido José. Por ahora ha sido sólo un gesto convencional que, tal vez mañana, sea contrariado por otro gesto agresivo.
    También en su discurso inaugural pareció que buscaba el camino de la tolerancia, pero fueron sólo fuegos de artificio. No bien se le dio la oportunidad volvió a la crispación.

    De cualquier modo hay que darle la bienvenida a todo gesto que implique un principio de reconciliación con nuestras fuerzas armadas. Más asturo que la señora, estuvo el Secretario de Derechos Humanos, Eduardo Duhalde. Dijo que ya es hora de distinguir entre aquellos militares cuya mayoría ha muerto y otros andan por una edad muy avanzada, y los nuevos que ingresaron a partir de la década de 1980. Éstos, señaló, son dignos de respeto por todos nosotros.

  3. Coincido con Ricardo, si bien la señora hizo una análisis considerable sobre qué funciones cumplieron las FF.AA. a lo largo de la historia.
    En todo caso, no dijo “No les tengo miedo”, como el dorima aquella vez.

  4. Uno de los hitos en el conflicto civil que sufrió nuestro país en el siglo XX fué el derrocamiento de Perón. Usted, señor Benegas, es un admirador de la “Libertadora”, la misma que recibió como héroes a los que cobardemente arrojaron bombas sobre la Palza de Mayo, la que fusiló a 30 argentinos, la que hizo desaparecer el cadáver de Evita e inició un período de 17 años de proscripción de la fuerza política mayoritaria. De 1955 a 1973 solo hubo pseudodemocracias proscriptivas (y jaqueadas por las FFAA) o dictaduras abiertas. En ese marco histórico una serie de argentinos respondieron a la violencia de arriba con violencia desde abajo.

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