La idea de educación pública es un despropósito si por eso se entiende una forma de inculcar conocimientos asépticos, sin una orientación filosófica, si se quiere llamar así ideológica o una toma de partido en cuestiones morales. Salvo, en cierta medida, que se pretenda limitarla a determinadas ciencias duras.

El estado se supone que intenta ser neutro en estas cuestiones, pero la neutralidad es de por sí una toma de partido. Por eso poder y educación son cuestiones incompatibles. Sin embargo, el descaro de inculcar sin disimulo versiones facciosas de la realidad tampoco puede ser permitido. Acá si, porque a casi ningún padre le importa que le digan cualquier idiotez en el colegio a sus hijos o que lo llenen con palabrería panfletaria cuya aceptación les permitirá vivir sin ser molestados. Muchos padres privilegian su comodidad y la de sus hijos y entregan todo lo que haya que entregar.

En España hay algunos antecedentes que permiten fundar una oposición a contenidos que tengan obvios propósitos ideológicos o religiosos. El Tribunal Superior de Andalucía hizo lugar a una objeción en ese sentido de algunos padres.  Sobre la materia de la que pidieron que sus hijos fueran exluidos el Tribunal ha dicho que se “emplean conceptos de indudable trascendencia ideológica y religiosa, como son ética, conciencia moral, y cívica, valoración ética, valores o conflictos morales y sociales” y  “es razonable que los demandantes, por razones filosóficas o religiosas, que no tienen por qué exponer detalladamente, puedan estar en desacuerdo con una parte de la asignatura

No tenemos un juez que diga algo así, salvo en favor de la religión progre puertomaderista. Es decir, lo dirían como una forma de imponer el sometimiento, nunca para reafirmar un derecho individual.

En lo personal la educación sexual católica no me cierra para nada, sin embargo cuando comentaba en la radio hace un par de años que los padres tenían derecho a elegir cómo inculcarles valores a sus hijos, no había forma de que se me entendiera que eso no significaba adherir a esa manera de encarar la cuestión del sexo. Y no lo entienden justamente porque la educación pública ha sido neutral en un punto crucial que es en destacar la diferencia entre estar de acuerdo y respetar al otro. Hay cosas que de grande ya no se aprenden.

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