Es difícil ubicar esta historia en el marco teórico de algún tipo de pensamiento político o económico. Supongo que lo más sencillo es situarla como una derivación de las ideas proteccionistas que hay detrás de todo entusiasmo aduanero por llamarlo de alguna forma. De ahí el título que en breve se entenderá del todo.

Desde chico me enseñaron en el colegio (nunca lo aprendí) que la cultura del país debía ser sostenida por el Estado para su supervivencia respecto de la “invasión” de productos culturales foráneos (la palabra deja claro que se trata de algo feo). Había en esa época mucha preocupación por el ingreso de música norteamericana e inglesa. Tanto que una de las inteligentes acciones que tomó Galtieri como represalia contra Gran Bretaña en 1982 fue imponer el rock nacional en las radios y suspender el cine de ese origen en la televisión. A propósito, nunca me enteré quién era el asesino en una película de suspenso (la típica en la que la mujer de un señor desaparece en un pueblito perdido en la ruta y cuando pregunta por ella le dicen que nadie la vio nunca y que él llegó solo al lugar) porque por la mitad la cortaron en ATC por los reclamos del público ante semejante cabecera de playa.

Lo cierto es que, como dije entre paréntesis, nunca aprendí esas lecciones y entre otras consecuencias fui expulsado cual infiel entre los talibanes cuando dije que la existencia misma de una secretaría de cultura tenía raigambre totalitaria en una mesa de evaluación de una de las etapas de la beca de la Fundación Río de la Plata. No se si sigue existiendo, en esa época te llevaban a Estados Unidos a reunirte con gente del gobierno. Tenía unos veinte años y pensaba entonces que la verdad nos hacía libres y sin duda sería premiado por mi honestidad. Después tuve oportunidad de ir perdiendo otras becas y enterarme mejor de cómo venía la mano.

Así es que mi dificultosa carrera para aprender estas cosas de la militancia político-cultural me sorprenden en los años 2000 con la tentación de dedicarme a pintar. Y después de pintar bastante para mi mismo, se me ocurrió que podía vender. Con los avances de las comunicaciones e Internet se me ocurrió inclusive vender hacia el exterior (eso que en los manuales de economía se llama “exportar” como si tuviera una naturaleza económica distinta, y no solo una categoría política distinta, que la de vender adentro de las fronteras). Si me vieran mis antiguos profesores estarían más que felices de ver mi intento de colonizar culturalmente otras tierras. Supuse que podrían ver que en caso de mandar muchos cuadros a Estados Unidos podríamos sustituir al propio Bush por algún peronista. Ya ni haría falta la beca de la Fundación Río de la Plata para hacer mi periplo político por ahí.

Me decidí y abrí mi galería virtual en un sitio español muy exitoso en el que los artistas colocan sus creaciones para venderlas. El sitio se llama Artelista.com y mi galería virtual josebenegas.artelista.com

Para mi sorpresa me empezaron a llegar buenos comentarios. A las dos semanas ya tenía un español interesado en una de mis obras que se llama Año Nuevo. Me preguntó sobre los costos de envío a España y le prometí averiguarlos pensando otra vez ser el protagonista de un movimiento de conquista cultural, en este caso de la madre patria.

En una conocida agencia de correos norteamericana me cotizaron el envío en ochenta y tantos dólares. Flor de cifra teniendo en cuenta que es casi el diez por ciento de lo que costaría enviar al propio pintor ida y vuelta. Pero en fin, todo sea por los sueños expansionistas de la Argentina. No era el único costo por desgracia. Me dijo el señor que me atendía que se trataba de una exportación (claro, no lo había pensado, eso dicen los manuales de economía) en consecuencia debía contratar a un despachante de aduana. No entendí del todo esta correlación lógica y le dije que si bien se trataba de una exportación me parecía extraño que tuviera que contratar a un señor para mandar un cuadro mío a un particular en España. Alguien debía decirme cuanto quería el Estado sacarme para permitirme comerciar como dice la Constitución que tenía derecho de hacer sin pagar nada (me arrepentí un poco de usar la palabra comerciar tratándose de arte porque también me enseñaron que eso no es de buen gusto). Además cité a mi profesor de economía de primer año de la facultad y le dije que exportar era bueno, lo malo era importar, por lo tanto debían darme beneficios por hacerlo en lugar de ponerme trabas. Al señor que me atendió no le importaron mis razones. Se ve que no sabía nada de economía y como trabajaba en una empresa norteamericana no simpatizaba con mi tentativa de conquistar culturalmente a España. Un argentino lo entenderá mejor, me dispuse a contactar a un verdadero despachante de aduana nacional (y popular hubiera sido ideal, pero no conocía a ninguno).

Lo primero que me preguntó el despachante fue si era exportador. Le respondí que intentaba serlo y creía que el hecho de exportar me convertiría en exportador. Muy ingenuo lo mío creer que uno es algo de acuerdo al diccionario de la Real Academia Española. En la Argentina ser exportador no depende de exportar sino de figurar en el registro de exportadores. Ese mismo que se inauguró el año pasado para que no se nos escapen los novillos argentinos. ¿Pero eso no fue hecho para estorbar a los productores de carne para que se vean obligados a vender en el mercado interno? Si, me dijo, pero usted para mandar su cuadro también tiene que ser exportador y acá el que dice quién es exportador es el Estado. Está bien le dije, voy a hacerle caso a mis enseñanzas que decían que el Estado tenía que estar presente y no ausente (el que yo conozco en realidad llega siempre tarde),dígame cuanto cuesta inscribirme en el registro. Me preguntó mi categoría impositiva y cuando le dije que era monotributista me respondió con un rotundo “no”. ¿No qué?: “No puede señor, los monotributistas no pueden ser exportadores”. Pero señor, voy a exportar sólo un cuadro que pinté en el verano, no voy a cambiar de categoría impositiva para hacerlo como se imaginará. Lo lamento, entonces no puedo ayudarlo. ¿Y si en lugar de “exportarlo” que supone un ánimo de lucro, lo quiero regalar? Lo mismo da.

Ya a esa altura mis sueños de conquista estaban bastante debilitados. Nada más que los honorarios del señor que me obligan a contratar sumaba otros cien dólares al costo de la campaña. Pero no era todo. Me informó que para ser parte del registro de exportadores, de acuerdo a una nueva “normativa” (palabra mortal para los oídos de un artista) tenía que presentar un aval y que si el aval no era suficiente no me anotaban. ¿Aval de qué obligación? (el abogado que uno tiene adentro salta en los momentos menos oportunos). De su obligación fiscal me dijo. De nuevo me tomé un rato para explicarle lo que decía mi profe de economía de primer año de la facultad y lo que me había costado aprobar la materia por no entenderlo. Le dije que teníamos un gobierno productivista que mantenía un dolar super alto para que exportáramos y que debía haber un error. ¿No sabía acaso lo que había pasado con el Pato Donald en la década del 60 (ahora resignificado) cuando nos trataron de convertir en yankies mandandonos ese caballo de Troya cultural? No le importó nada al despachante. Menos por supuesto cuando le hablé de la libertad de comercio (dejando saltar al indio) y de que nos habíamos liberado de España por mucho menos que estos impedimentos. Imperturbable siguió hablando de requisitos. Antes tendrá que hacer tasar su obra por el Banco Nación (apuesto a que no lo hace gratis). Si el Banco Nación llegara a decir que su pintura cuesta veinte mil dólares, usted deberá pagar un impuesto por esa cifra. ¡Señor usted trabaja para la secretaría de cultura española y está tratando de detener mi conquista! Para mi asombro faltaba algo más: Tenía que intervenir la secretaría de cultura (oh las vueltas de la vida, mi desprecio se me había vuelto en contra después de tantos años) quien podía determinar que mi obra era parte del patrimonio cultural argentino (es decir, no era de mi patrimonio) y en consecuencia debía quedarse acá, junto con los bifes de chorizo.

Así fue que “Año Nuevo” se quedó en casa y lo que pudo ser el inicio de un largo pero seguro camino hacia la conquista de España quedó perdido entre las políticas proteccionistas (o anti proteccionstas no entiendo muy bien) de nuestro lindo y justo país. Y yo sin saber si tengo que ser proteccionista, mercantilista, librecambista, capitalista. ¿Dónde cornos van a considerarme un buen ciudadano bendecido por el Estado?

Año Nuevo

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30 Responses

  1. Fuiste otra víctima de la OSA, (Organización para el sufrimiento argentino), como bien la definió Rolando Hanglin. Son las delicias de que disfrutamos diariamente, que acaban de ser refrendadas una vez más por este felicísimo pueblo, dándole otra victoria al kakismo en Entre Ríos. En cuanto a los links sobre el Pato Donald, jamás escuché tantas pe….deces juntas, pero ahora me explico por qué simpatizo con el “imperialismo” yanqui: de chico me encantaba el Pato Donald, y estos malditos capitalistas me lavaron el cerebro.

  2. Ese nacionalismo cerril tiene defensores en todo el mundo y que no le tienen miedo al ridículo.

    Cuando llegò a Italia el simpático Batman impusieron rebautizarlo en versión traducida:

    “Il uomo pipistrella”
    y así se obligó a llamarlo por años.

    Aquí en la Argentina, ese nacionalismo cerril ademas sirvió de buen pretexto para hacer unos pesos desde esa plataforma para robar al amparo de la ley que se llama : Estado.

  3. Sinceramente, patético peregrinar por oficinas públicas que reconoce y confirma el desastre de calificación de nuestro pais en materia de burocracia.
    Respecto al pato Donald……… este “excelente escritor” MONTOYA, tiene la pelotudez crónica de los marxistas ridículos que todavían creen en el Paraíso Terrenal del Estado.
    Como si el mandamas de turno en el sillón de Rivadavia no nos quisiera hacer un lavado de cerebro a nuestros hijos con las estupideces que les hacen leer como lecturas obligatorias.
    Y tienen mucho espacio en los medios de comunicación…………………………..

  4. A Montoya habria que decirle que ya tiene su paraiso en Bolivia y que vuelva.
    A vos Jose, andate a Correo Argentino, que tienen cajas de todo tipo, y elegi una que es un tubo como para titulos, y mandalo a España en forma directa. Es el camino corto, que en la Argentina siempre hay que tomar para sobrevivir.
    Alejandro

  5. Esto ya fue escrito hace unos cien años por un pobre y oscuro y oscuro burcrata que abrumado por semejante estupidez decidio hacer catarsis y legarnos una de las novelas mas importantes del siglo XX…me refiero al Proceso de kafka y su victima el pobre Sr. K (obre si hubiese sabido que iba a tener un hominimo en la argentina como este cerdo apestoso seguramente le cambiaba el nombre)….Jose EL CONTRABANDO Y LA REBELION FISCAL NOS HARAN LIBRES y no esos estupidos ritos democraticos que solo sirven para elegir a la faccion tiranica que controlara nuestras vidas

  6. Bajo perfil fiscal, mínimos bienes registrables y los ahorros lejos de las manos del estado saqueador.

    La fórmula para matar de inanición a los parásitos enancados en el populismo.

  7. Hace muchos años, un argentino, residente en el Chile de Allende escribió no un artículo sino todo un libro dedicado al tema del famoso pato, se llama “Para leer al pato Donald” y el autor es un “famoso” intelectual llamado Ariel Dorfman. Hojas y hojas dedicadas al tema para decir las mismas idioteces.
    José, comprate el tubito, mandá el cuadro y chau picho. ¡Féliz conquista!

  8. Por algo siempre me quedo mirando un rato largo la etiqueta de “Old Smuggler” y termino con una sonrisa.

    José brindo por vos si llegás a zafar del tentáculo estatal.

    Saludos

  9. Si sos un empresario y tenes que importar insumos que acá no conseguís sonaste,tenes que pagar 30% de arancel mas impuestos ,en total casi llega en algunos casos al 50 % del precio del bien,es la forma que este estado depredador te roba ,ya que encarece tu producción y para ganar tenés que vender en dólares o sea exportar y esperar que no te vengan con las malditas retenciones,tenía razón el que dijo por ahí que Argentina es el único país donde tenés que pagar para trabajar.Eso si las pelotudeces académicas importadas de Francia están libres de impuestos.

  10. Mandalo como “documento” en un tubito como dijo Alejandro, y listo.
    Y con una parte de lo que recibas, comprá algún producto que sepas que es de contra-bando. A mantener la rueda de libre comercio girando.

    (me enganché a leer este post porque yo estaba viendo la misma película inglesa, la señora se enfermaba y el señor la dejaba en una clínica local por la noche y pernoctaba en una posada cercana. Al dia siguiente ni rastros. Creo que era así. Jamás supe cómo terminaba. )

  11. Hola!

    Aquí Óscar Ribas, de artelista.com. Lo cierto es que me he quedado bastante sorprendido: conozco de otras transacciones que se han hecho de tu país hacia España, y hasta la fecha no habíamos tenido noticias de que hubiera problemas como el que señalas. Entiendo que por el camino oficial estás sacando “una obra de arte” de tu país, que hay que comprobar que no forme parte del Patrimonio Nacional (al menos, así es en España) pero eso sólo se aplica a obras de determinadas características. Muchos artistas de latinoamerica simplemente hablan con un mensajero, ponen la obra en un tubo… y a volar. No te han dado ninguna opción más? Podemos darte una mano de alguna forma?

    Suerte.
    Óscar

  12. Leyendo tu prosa agudamente perspicaz y observando los colores brillantes de tu obra de pintura, tengo la agradable sensación de que el idiota no podrá regresar a Latinoamérica!

    Bendito ciudadano!

    Afectuosamente
    Anahí

  13. Este estado de cosas está fielmente reflejado en pocas palabras en en un breve párrafo sobre la Argentina del libro de J. L. Bustamante, “La Republica corporativa” ed. Emecé que dice así:

    “lo que cada individuo quiere está obstruído por los demás, y lo que finalmente resulta es lo que nadie quiere”.

  14. Hola Oscar, muchas gracias. No debes sorprenderte, ésto es una cosa que se llama Argentina o sus despojos capaz de elegir a un presidente como el señor Kirchner.

    Por supuesto ya me han contado cómo evadir todo esto. Lo único que se puede hacer honesto en la Argentina es estar fuera de la ley, y es eso lo que haré cuando sea necesario. Un estado sin ley, nos obliga a ser clandestinos para sobrevivir y no caer en la deshonestidad más absoluta que en nuestro caso consiste en ser obedientes.

  15. Si nuestro sistema permite elegir presidentes como K algo hay que hacer al respecto, sin demora.

    !Miren si nos toca un loco!

    Si además a ese presidente le es dado elegir los ministros que le plazca, sin ningún tipo de test de inteligencia o psicológico (como haría cualquier empresa para tomar un cuadro dirigente), podemos estar en un problema muy serio (nada que ver con lo actual, ojo).

    No hay más que ver al Aníbal, al Alberto, la A Garré, la Micheli…

  16. Igualdad 7-2521: Tú no puedes pintar cuadros y venderlos, porque está prohibido por el Consejo Nacional. El Consejo de Vocación te asignó el oficio de “abogado” y el Consejo siempre tiene la razón. Pintar cuadros pertenece a los artistas y tú no perteneces a la Casa de los Artistas. !Serás condenado a morir en la hoguera! JaJaJaJaJa………..
    Nota: Para los demás participantes del blog que no entienden lo que digo, lean “Himno” de la escritora y filósofa Ayn Rand.

    Pido una indulgencia de José Benegas, porque he visto los cuadros y son preciosos. José es una personalidad fascinante. Su faz artística la he conocido hace apenas unos dias.

  17. buenísima tu historia, eeeeh, no la historia, sino como la cuentas y lo que quieres decir, lo que dices con ella; llegué a ella a trevés de un link en Uruguay económico! cuando tenga la posibilidad de hacerlo (cuando “pegue” temáticamente en mi blog aesd) te pondré un enlace. Saludos y pese a todo, ARRIBA! al menos arriba el ánimo!

  18. Sé que llego tarde (unos cuantos meses, ya lo sé…), pero para la próxima vez, si surge una oportunidad: el que te dijo que los monotributistas no pueden inscribirse como exportadores, no tiene ni idea de su trabajo. Es más: el monotributista es el único que no tiene que demostrar solvencia (no hay que presentar garantía ni nada de eso), y además por una sola venta te podés anotar como exportador eventual (te cubre por 60 días, es un trámite gratuito que hacés en Aduana -bah, el formulario creo que sale 2 pesos). Con eso cubrís el papelerío fundamental.
    Saludos,

    Lola

  19. Estimado, ante un estado tirano no hay sino que luchar por nuestra libertad.
    Una de las maneras de luchar es sortear los impedimentos arbitrarios de un estado que intenta controlar la vida de aquellos que deberían servir.

    Te recomiendo hablar con alguien que tenga un velero (quién suscribe) y viaje a Uruguay a menudo. Ahí todo se resolvería.

    Saludos

  20. Que uno ni cien imbéciles te frustren, la "Máquina de impedir" no se detiene nunca: A mi me tienen en un jucio por un trámite de trece años para que me patenten un Corazón Artificial Inalámbrico para pediatría. Suerte.

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