Viejo, conocido, aburrido e ineficaz despegue de la derecha local

Si el cardenal Bergoglio puede tener un mensaje moral que se opone a la paparruchada kakista sin ser “acusado” de “ideológico”, por qué cuernos la oposición evade por completo toda confrontación por cuestiones de principios.

Sobich es un personaje muy cuestionable. Cuesta diferenciarlo de la vieja tradición populista y autoritaria a la que pertenece el propio gobierno nacional, aunque se lo puede distinguir con claridad en cuanto a modales. Eso es fácil por supuesto. Pero Sobich era así también la semana pasada cuando figuraba en la lista de posibles aliados de Macri. Este despegue macrista es un poco feíto ¿no? Hasta Moyano se le ríe.

Bonafini ha triunfado

¿Qué ocurrió en Neuquén? Lo sabemos por los diarios. Un policía llamado Darío Poblete mató a un manifestante docente llamado Carlos Fuentealba disparándole con una carga de gas lacrimógeno. Poblete tenía una condena por apremios ilegales. Para ser perfeccionistas a toda la oración deberíamos agregarle el calificativo de “supuesto”, sólo contamos con versiones periodísticas sobre lo ocurrido, mientras que una condena de tipo penal (en un país liberal al menos) requiere que esto se pruebe (y no por las convicciones libres de jueces educados leyendo Página 12, en un país libre al menos).

Demos esto por superado. Supongamos que todo está probado como que ocurrió de esa manera ¿frente a qué nos encontramos? Un policía responsable de un homicidio simple ocasionado después de haber cumplido una responsabilidad de su cargo como es la de reprimir (usar la fuerza para poner fin al uso de la fuerza agresivo de algún grupo) los cortes de caminos y la violación masiva de derechos de los ciudadanos como elemento de extorsión al poder. Según la crónica Poblete disparó desde atrás apuntando a la luneta trasera del auto de Fuentealba mientras este regresaba de un intento de piquete que la policía había impedido. El proyectil atravesó la luneta trasera y dio en la cabeza de Fuentealba.

¿De qué se trata esto? Del tipo de elementos que tiene la policía, consecuencia de muchos años de bajos salarios y por lo tanto baja calificación del personal policial. El personal policial es marginal y esto es una política seguida en todo el país. Hay una responsabilidad política en el hecho de que un condenado por apremios ilegales, por más que hubiera cumplido su condena, siga siendo policía. En un país en serio, la legislatura estaría trabajando en estudiar esas responsabilidades y ver a quienes alcanza y si el gobernador puede o no ser imputado por algo, y en su caso, luego de un proceso que sirva de ejemplo para sentar normas que impidan que esto se repita, destituido. En la payasolandia kakista llueven los pedidos de renuncia, el gabinete cae sin decir agua va y el circo oficial, Moyano incluido (el tipo cuyo sindicato tiene un chofer que dispara por televisión y que no renunció a nada salvo a la vergüenza), utiliza todo el episodio para que se olvide lo que está pasando en Santa Cruz y cuales fueron las consecuencias en todo el país del demagógico aumento de salarios dispuestos por el señor Filmus, ungido candidato a intendente de Buenos Aires.

Siguiendo la hipótesis de un país en serio, la única circunstancia en la que se estaría pidiendo renuncias de manera histérica hasta por locutores de televisión tan brutos como audaces, sería que se descubriera que el señor Sobich ordenó matar a algún manifestante. De cualquier modo una acusación tan grave requeriría comprobación, pero en fin, si tuviéramos la filmación y algún testigo de haber presenciado el momento en que se dio la orden pedir la cabeza del gobernador sería bastante lógico.

Pero la Argentina país en serio es de todos los slogans de campaña que hemos padecido el menos serio de todos. Entonces el episodio se lo presenta tanto en Infobae como en Página 12, pasando por La Nación y Clarín, como lo haría Hebe de Bonafini, cuya escala de valores se ha impuesto en todo el espectro: criminalizando la represión.

El homicidio pasa entonces a un segundo plano, es un mero instrumento para demostrar el verdadero crimen que consiste en utilizar a la policía para defender los derechos de las personas a circular, es decir reprimir, no las manifestaciones en si sino los cortes de ruta y los actos de violencia. Fuentealba pasa de ser víctima a bandera política. No hay protestas contra un homicidio, sino protestas contra la represión. El paraíso bonafineo ha triunfado y los Fuentealbas del futuro corren cada día más peligro. Sus muertes son llaves para la política y la vida vale lo que una foto del Che Guevara.