Las diferencias no son oposición

El ejercicio autoritario del poder termina acostumbrando y entonces el silencio es norma. Cuando alguien dice lo que se debe decir porque responde a la realidad es tal el contraste con lo que ocurre en la mayoría de los medios y con la llamada oposición, que pareciera el inicio de un levantamiento.

En Cuba denunciar los horrores del poder está criminalizado como acto “contra-revolucionario”, en los Estados Unidos se puede trabajar abiertamente para fomentar la izquierda extrema, ahora convertida en Izquierda S.A., sin ser investigado por delito alguno. Se puede ser considerado un idiota por decir “viva Fidel” en Estados Unidos y dicho en ciertos ámbitos hasta otorga un halo de distinción. Pero decir “viva Bush” o hablar de lo que padecen los cubanos por su gobierno es tildado de “opositor”. Eso es un crimen y se llama, como ya he dicho, contrarrevolución.

Ahora bien, Argentina año 2007, que algún día será declarado año del circo cocoliche tal vez. Decir lo que pasa en Santa Cruz (y olvidarse de que pasa en todo el país) es tildado de opositor. Pero para ser opositor no solo hay que hablar, algo que los “opositores” nuestros jamás harán, también se debe disputar el poder y ser claro en presentar una alternativa. Lo que además, todavía es legal en la Argentina.

Lo digo de otra manera. Con hablar no se hace nada y acá ni siquiera se habla. Me molesta mucho cuando los obispos se ponen a opinar sin saber nada sobre temas económicos y contribuyen a la mitología general tratando el tema como si el problema fuera la falta de generosidad de los ricos y cosa semejante porque eso es pura ignorancia. Me gusta en cambio cuando se meten en temas morales tales como el clientelismo como una nueva forma de esclavitud y una falsificación de la democracia porque se esté o no de acuerdo con ellos es su campo y tienen mucho que aportar a un debate. Y me gusta también cuando dicen lo que nadie quiere decir como el obismo Juan Carlos Romanin, ni siquiera los irresponsables que juegan al “no kakismo” sólo porque todavía no han recibido la oferta borocotista adecuada y dicen ser alternativa.