La falacia de la “inmigración ilegal”

Si establecemos una religión legal y determinamos que las demás son ilegales, eso sería terminar con la libertad religiosa, creo que cualquiera podría darse cuenta de eso. Sin embargo he visto mucha gente decir que está a favor de la inmigración, pero no de la ilegal. No hay aspecto en el que tal sentencia no esté equivocada: en la conceptualización del a inmigración, en su valoración económica y, sobre todo, en el sentido de “ley”. Sin embargo, cuando me preguntan qué es lo que está mal en el giro anti inmigratorio que ha tomado la campaña dentro del partido republicano, mi respuesta es que lo peor es la visión lúgubre del futuro que hay detrás del miedo a los extranjeros, a la invasión mexicana, a la posibilidad de que los locales no puedan competir con los con ellos y queden en la ruina ¿Qué idea de país derrotado y perdido tiene que haber detrás de ese pánico?

Escucho todo tipo de justificaciones para lo que dice Trump y para lo que dicen los demás candidatos, todas sostenidas con un alto grado de irritación y ninguna disposición a escuchar. La gente se pone furiosa porque padece de una profunda xenofobia, no reconocida, en su más estricto sentido literal, como miedo y depósito de ese miedo en el extraño. Miedo al extranjero tienen los países perdidos, no los que lideran al mundo. La razón por la ese discurso derrotista y aplastante puede llegar a servir para vencer al partido demócrata, es que estos son todavía más miedosos, le tiene miedo también a las empresas, a los capitales, a los ricos y al motor de la vida y la existencia que es la ambición. Estos creen que solo se puede morder al otro para sobrevivir, por lo tanto los que están mejor es porque han mordido más. Pero los republicanos, estos republicanos del 2016, están difundiendo que nada más hay que morder a los mexicanos, porque si ellos están mejor será a costa de que los locales estén peor. Con parar esa avalancha los Estados Unidos serán “grandes otra vez”.

En el caso de Trump su miedo se extiende a los chinos y a todo tipo de amenazas, con el mismo tipo de prevenciones que todos los miedosos latinoamericanos, que de tanto proteger a sus países los han condenado a ser cola del mundo. Es curioso, porque quienes muestran ese pánico suicida a que Estados Unidos sea como Latinoamérica, llevan en si mismos el espíritu mezquino y cobarde del fracaso más típicamente latinoamericano.

Imaginemos un empresario cuyo propósito sea ahorrar gastos, en lugar de maximizar beneficios, no competir y por lo tanto instalarse en la selva amazónica a vender hamburguesas porque su obsesión es que no haya otros haciendo hamburguesas. O un obrero que decidiera irse a vivir a la Antártida donde no van los mexicanos ni gente de ninguna parte, con la esperanza de una vida mejor. O imaginemos a los mexicanos con miedo a trasladarse a los Estados Unidos donde hay gente mucho mejor capacitada. Tal vez a un estudiante que buscara ingresar a la universidad con menores calificaciones para salvarse de ser comparado con unos mejores ¿Qué piensa de si mismo ese estudiante, ese inmigrante o aquél fabricante de hamburguesas? Bien, así es como se ve la economía con los ojos de alguien que dice que hay que impedir que se le de a un “extranjero” el puesto que “pertenece” a un norteamericano. Así es la Latinoamérica que estos políticos están evitando que los invada. No hace falta la invasión, la llevan ellos en la mente ¿Esa es la “América Grande otra vez”? Pareciera verse más chica que sus vecinos.

Primera aclaración. A los efectos económicos de todos los que no son parte de la relación en sí, la contratación de un extranjero o de un nacional o de un extranjero nacionalizado, de un residente o un portador de una visa A, B, C o X, da exactamente igual. Genera un beneficio para ambas partes y oportunidades para todos los demás. Ingreso de gente implica que habrá más consumidores. La “inmigración ilegal” no es otra cosa que un mercado negro y los mercados negros son exclusiva responsabilidad de los gobiernos entrometiéndose en transacciones privadas. Todas las economías planificadas están llenas de mercados negros, cuanto más socialista es un país más hay que esconderse para producir e intercambiar entre personas que no están perjudicando los derechos de terceros.

Con el mismo tipo de falso razonamiento económico con que se piensa en detener el ingreso de inmigrantes que demanda el mercado para sostener los salarios, habría que impedir el ingreso de turistas para prevenir que hagan subir los precios de los bienes que consumen los locales. Parece que a ningún político experto en meter miedo se le ha ocurrido sacar provecho de algo así.

Una persona que se integra a una economía es un demandante y un oferente, en ambas operaciones beneficia a otras personas. La incorporación de inmigración no “parasita” una “dotación de empleos”, crea nuevos, agranda la economía, hace posibles negocios que no son posibles sin esa incorporación. Por poner un ejemplo burdo, la industria de la comida italiana no aparece hasta que no llegan los italianos.

No se puede ejercer proteccionismo sin dañar alas personas y empresas que hubieran contratado extranjeros y a las personas y empresas que hubieran sido proveedores de esas personas nuevas. Solo se consigue ecorcetar a la economía e impedirle crecer.

Los salarios que interesan son los salarios reales, es decir lo que se puede comprar con los ingresos obtenidos. lo que se denomina “poder adquisitivo”. El nivel de vida de todos los norteamericanos está alterado por la falta de servicios que cubrirían los inmigrantes, eso es tiempo de menos para trabajar en las áreas para las que se preparan o para recreación. Cuando no se permite a las personas que buscan mejores ingresos entrar en una economía más próspera, las empresas simplemente salen del país para buscarlos. Eso es una pérdida neta de salarios y de otras oportunidades. Si a eso se responde con proteccionismo comercial, como quiere Trump, el problema se agrava disminuyendo los salarios reales de todas las personas que se ven obligadas a pagar más caro por los bienes que consumen, iniciando el camino de servidumbre que señaló Hayek.

La creencia de que “hay puestos de trabajo que son norteamericanos y los extranjeros roban”, es de partido político de país bananero. Es falso, el trabajo es de quién lo demanda, no de la nación, el estado, la sociedad o el mandamás. Económicamente condena al país a vivir con miedo “defendiéndose” de la competencia en lugar de competir. Eso achica las expectativas, achica las oportunidades y en definitiva le da la razón a la izquierda en toda su agenda.

Se que un porcentaje de los votantes piensan esto. Pues los han dejado pensar esto, pero yo creo algo mucho peor: así piensan los candidatos.

Vamos a la legalidad. El rule of law puede ser definido como ausencia completa de arbitrariedad. No puede estar prohibido lo que no implica una violación de derechos. No puede estar prohibido algo simplemente porque está prohibido, eso es el antítesis completo del concepto de rule of law. Deberíamos caracterizarlo como el “law of rule”, o le ley del mandamás. “Este es un país de leyes” decía Trump, con razón en el enunciado pero sin entender el contenido. Ley implica regla general aplicable a todos y en primer lugar al propio estado, respetando la libertad. Como decía una máxima de los tribunales ingleses citada por Bruno Leoni en “La libertad y la ley” «La ley es la herencia más elevada que el rey tiene, pues tanto él como sus súbditos están gobernados por ella, y sin ella no habría ni rey ni reino».

La la ley por lo tanto no es la voluntad del estado, de otro modo deberíamos convalidar los campos de concentración en la Alemania Nazi, el Aparheid sudafricano, la censura en Cuba o las normas opresivas y delirantes de Corea del Norte. Contra toda tiranía, toda arbitrariedad, se encuentra sentado el sentido del rule of law. Nunca nada está prohibido porque está prohibido si rige este principio fundante del sistema jurídico civilizado. Un país de leyes no es lo mismo que un país de reglas políticas, de ordenes emanadas de los órganos legislativos. Por la mera voluntad de quién decide están regidos los ejércitos y las tiranías.

Por otra parte si la nacionalidad fuera determinante de los derechos que tenemos, concepto de cualquier modo aberrante y opuesto, además, a toda la retórica falsa de los derechos humanos universales, toda restricción a un nacido fuera del país para contratar implica violar la libertad de contratación del “nacional” que sería su contraparte. A un “nacional” se le pretende proteger, violando los derechos de los demás nacionales. Son contratos libres celebrados por habitantes del país con gente que viene de cualquier parte. Prohibir esos contratos es una violación del rule of law, porque forman parte de la más estricta libertad y no violan los derechos de nadie.

Lo que veo es una gran hipocresía. Gente que dice “estoy a favor de la inmigración, pero estoy en contra de la inmigración ilegal”. Primero porque a continuación como hacen los candidatos republicanos vienen con el cuento de que hay que proteger al “trabajo de los norteamericanos”. Pues hay norteamericanos que han trabajado y después quieren gastarse como quieren el fruto de su trabajo, como por ejemplo haciéndose cortar el pasto por un señor de cuya nacionalidad ni se interesan en averiguar. Es su derecho. Si el problema es “proteger” el trabajo local ¿A que viene entonces lo de la inmigración “legal” o “ilegal”? Es una forma de no hacerse cargo de la xenofobia y del proteccionismo laboral. Entonces ya el concepto de ley está tan degradado, que se usa el término para esconder una farsa meramente fáctica.

Es obvio algo o es libre o es ilegal. Alguien que dice que está a favor de la inmigración pero no de la ilegal, está en contra de la inmigración por la sencilla razón de concederle al gobierno determinar cuándo hay o no hay inmigración.

A un país que se le vende que está derrotado, se le puede vender también un populismo.

Se pone la excusa de los también supuestos beneficios del “estado de bienestar”. Pues está muy bien que los demócratas crean que son beneficios, pero los miembros del partido que liderara Ronald Reagan no. El estado de bienestar es un peso parasitario sobre la economía que levanta los márgenes de los negocios viables, dejándolos fuera del sistema. El estado de bienestar es una sábana corta cuyas peores consecuencias caen en los que están tratando de ingresar al mercado por la parte de abajo. En segundo lugar alguien que trabaja es un cotizante del sistema, aporta a él pagando impuestos, que la propia ilegalidad arbitraria en muchos casos impide recaudar. En segundo lugar el estado de bienestar es un problema haya o no extranjeros, pero lo más ridículo es que se concedan beneficios del sistema a quienes no aportaron a él. Eso sin embargo es un problema de la “ley”. Si fueran coherentes los “legalsitas”, tendrían que decirme que solo están en contra del estado de bienestar “ilegal” y si está contemplado por los reglamentos hacerle la venia y aceptarlo. No lo dicen.

La otra cuestión es la ciudadanía. No existe ningún derecho a gobernar. La ciudadanía no es un derecho universal y a los inmigrantes no les interesa nada más que porque eso los pone a resguardo de la ley arbitraria migratoria y fuera de la mira de cualquier deportación. De manera que la fórmula debería ser no intervenir el estado en la libertad contractual, pero no necesariamente conceder ciudadanía. Eso debería estar atado a servicios al país como tal.

La legalidad de los padres fundadores, en un país que tenía mucha menos demanda de empleados y no miraba al futuro con miedo sino con ambición es esta: “todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. No creo que nadie crea en un creador norteamericano. Por suerte no lo ha habido, porque bajo la doctrina nacionalista y perdedora la mayor parte de la población del país estaría padeciendo privaciones en el resto del mundo y este no sería el gran país que es.
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Trump vs. Reason

Donald-Trumps-Hair_zpswqc4ev8gJust imagine. The United States federal government randomly picks 11 million people from the street, puts them on a boat and deports them. Imagine the economic catastrophe for the remaining people (their landlords, grass cutters, food stores, hairdressers, etc.). Now, imagine they are foreigners and think again about the economic consequences. Wait. Don’t do it. It’s actually the same[1].

Now imagine this. The federal government picks 11 million thugs, thieves, con artists and crooked bankers, puts them on a boat and deports them. Imagine the blessings on the economy. Imagine these 11 million are American citizens, with a heritage that goes back to the first American colonies. Now, imagine they are foreigners and think again about the blessings on the economy. Try to find the differences in both hypothesis. Wait. Don’t do it. It’s actually the same.

Last exercise. Imagine 11 million people on welfare, all depending on the State, are put on a boat and deported. Imagine how this eases the taxpayers’ financial burden. Imagine these people are white, with blond hair and blue eyes and a heritage that goes back to the first American colonies. Now, imagine them all shorter, with darker skin, black hair and brown eyes and try to find a different economic consequence. Wait. Don’t do it. It’s actually the same.

Let’s stop for a second and think what this all means: Nationalism is not that different from Marxism. It is also a polylogism, but it has more fans.

Trump has said a lot of things about the immigration problem, but I would like to address his main concern: according to his bias, Mexican immigrants get into the United States to commit crimes. Curiously, immigration’s mortal sin is working, not robbing (at least according to the immigration services’ questions: ‘Thou shall not work in this land’). Criminals should be arrested and judged regardless of their nationality, unless Mr. Trump is implying that American criminals should get a preferential treatment.

During the last century, a false concept was globally accepted: the immigrant ‘steals’ jobs from the locals and that is bad for the economy. Debunking this idea is key to achieving a real and effective immigration reform. During financial crises or periods of economic unrest, this error is fueled even more, leading to the old rite of finding a scapegoat. The foreigner is perceived as a threat, the cause of misfortune and the gods’ wrath. But, if the problem is that the foreigner steals jobs, don’t younger locals steal jobs too? Following that reasoning, new births should also be stopped.

Financial crises are not caused by immigration, but by banks expanding credits. Actually, when National banks expand credit, businesses go broke and people lose their jobs regardless of their nationality. Both locals and foreigners are victims of this process. These crises naturally stop immigration and are an incentive for emigration.

Mister Trump should ask himself why the United States had its main wealth expansion and became the most important world power at a time when it had a wide open immigration policy. People arrived from all around and grew everyone’s wealth, while multiplying even more the demand for workers.

The rebuttal for Trump’s mistake is the following: an economy incorporates more resources to produce more, not to produce less. A country does not get poorer with immigrants. Everyone gets richer in a growing and more productive economy.

That having been said, there is never any economic reason to have an immigration police. This should be handled under market conditions and the market only needs to clear the criminals. If criminals are foreigners they could be deported, unlike Americans who have to be held prison by public spending. It  ends up that the former is cheaper than the latter, but both do the same harm.

It is useless to focus on a technicality (in a positivist concept of legality truly away from the American tradition). A legality that is overwhelmed by incentives, extremely restrictive and just leads to companies leaving American soil, looking for better and cheaper labor conditions. Instead of hiring immigrants in America, companies just pack up and go overseas.

Finally, Milton Friedman argues against immigration, focusing on the increasing Welfare state costs and the burden to taxpayers. This is, in my opinion, a complete fallacy and here are the reasons:

  1. Immigrants know better than anyone that the United States is a strong market economy and they want to make money. They know what a failure the Welfare state is (it involves no welfare, but the simple administration of discomfort), they have suffered it in their countries of origin, and it’s the reason why they’re leaving them.
  1. Going back to the exercise at the beginning, is an immigrant taxpayer different from a born and raised taxpayer? Are the immigrants the ones that actually increase welfare spending? Or is it, maybe, just maybe, everyone?
  1. Labor is just a resource, and immigrant labor adds up to and grows the productive power of the whole economy. Any spending, justified or not, rational or not, is distributed more widely.
  1. At the end of the day, everyone’s tax money is going to be used for supporting all the government’s bad ideas and structures, regardless of their country of origin.

In case Mr. Trump wants to deport foreign criminals, he can go ahead, as there is no reason to support them on the taxpayer dime. But let’s face it. Let’s not waste time looking for ideas that can only make this country similar to many Latin American ones for immigrants. Let’s look into what well-established American universities are producing in terms of ideas, with real absurdities as departments dedicated to “Equality and Diversity”, because that is the real problem.

Finally, did Mr. Trump or his supporters have any evidence of the growth of the economies that those 11 million people or the previous generations of immigrants leave? Because following his concepts, they should have experimented the rise of better an well paid jobs and less Welfare spending.

[1] Selecting people randomly would be much cheaper.

Un corto ejercicio de imaginación, sobre la inmigración.

Imaginen que el estado federal de USA toma 11 millones de personas en la calle, elegidas al azar, las sube en un barco y las deporta a cualquier lugar. Imaginen el daño económico para los que quedan. Ahora imaginen que son extranjeros, en vez de elegidos al azar, para pensar de nuevo en el daño económico. Mejor no imaginen lo segundo, es idéntico a lo primero.

Ahora imaginen otra cosa. El estado federal norteamericano toma a 11 millones de chorros, estafadores, asaltantes callejeros y banqueros truchos. Los sube a un barco y los deporta a cualquier lugar. Imaginen el efecto benéfico para la economía. Ahora imaginen que los 11 millones de delincuentes son ciudadanos norteamericanos con generaciones que se remontan a la colonia. Después imaginen que son, estos criminales, extranjeros. De nuevo, dejen de imaginar tanto porque no hace falta, el efecto es igual.

Ultimo ejercicio. Imaginen 11 millones de mantenidos por el estado, que de nuevo son puestos en un barco y deportados. Imaginen el efecto económico de tal medida aliviando a los contribuyentes. Imagínenlos rubios de ojos celestes con una vieja raigambre norteamericana.  Ahora imagínenlos todos morochos, petisos y de piel oscura. Paren de imaginar sobre la diferencia, el efecto es el idéntico.

Ahora pensemos todos lo que esto quiere decir: El chauvinismo es un polilogismo que no se diferencia del marxista, salvo por el hecho de que tiene más adeptos.