El error de la señora Clinton: derecho a la educación superior.

La precandidata a presidente por el Partido Demócrata, aspira a convertir a la educación superior en un “derecho”. La parte que no contará es que eso implica convertirla para el contribuyente, en una obligación. Deberá ahora pagar la educación de otros, aunque no quiera, como si el gobierno tuviera derecho a disponer de recursos de las personas en función de sus objetivos morales. Mucha gente lo compartirá seguramente, porque el gobierno crea la ilusión de que multiplica los panes sin costo y piensan que si mayor cantidad de gente no accede a una educación universitaria es porque falta generosidad, que será reemplazada con el uso de la autoridad. Lo que la gente no quiere pagarle a los nuevos beneficiarios, se les quitará por la fuerza. Autoritarismo es esto, ninguna otra cosa y siempre es importante ponerle a toda esta bondad presupuestaria el apelativo que corresponde, pese a que para muchos autoritarios, cuando el autoritarismo es una “bondad”, está bien. El establecimiento de estos “derechos” que suponen violar otros, implica una destrucción del sistema jurídico como un todo. Bueno, que se hagan cargo, antes de pasar al mayor error de la señora Clinton.

Pero antes de ir a ese error, algunas consideraciones previas sobre la inoportunidad de esta iniciativa. Hoy el acceso al conocimiento es enorme y las mejores universidades organizan todo tipo de cursos online gratuitos. La enseñanza superior está en plena evolución, mientras el aparato destructor del Estado se pone a pensar en armar un esquema de subsidios que atrasará 20 años y probablemente actúe como un incentivo para que la universidades detengan su desarrollo para responder al esquema avejentado de una política demagógica. ¿Es el modelo de educación universitaria actual el que mejor responde a los desafíos del futuro? Eso es algo que está por verse y salvo que el gobierno se meta, se resolverá.

Ahora si, el gran problema. La señora Clinton supone muy mal que el valor para el mercado de los egresados de la educación superior será igual con independencia de las cantidades. Esto es algo que está muy presente en el mito de que los países salen de la miseria con educación, cuando la verdad es que el nexo causal es al revés, porque lo que da valor al conocimiento, valor económico, es decir sueldos, es el mercado. El mercado también determina una cantidad que tiende a ser óptima de egresados, al determinar salarios, incentivar con eso al estudio de determinadas disciplinas y dándole valor así al trabajo educativo en si mismo.

Latinoamérica debería servirle como referencia a la señora Clinton y al Partido Demócrata, una región llena de “derechos”, entre otros la educación universitaria gratuita en muchos de ellos. El caso extremo de la confusión en el nexo causal está en el socialismo, justamente porque ellos ignoran el problema de la escasez, por lo tanto del precio; pretendiendo planificarlo todo centralmente. Entonces en Cuba estarán llenos de médicos, ingenieros y odontólogos, que no tendrán cómo aprovechar sus conocimientos porque no tienen mercado.

Este es un problema que se repite en muchos países con educación superior suministrada con fondos públicos: sobreabundancia de profesionales que los convierte en masas frustradas que esperaban tener lo que se podía tener haciéndole caso el mercado, sólo por capricho de un político petulante que cree que lo puede reemplazar.

Resumiendo, el proyecto Clinton producirá para empezar estos efectos nefastos, además del más conocido de hacer que no se comprenda el concepto de “derecho” y que se lo termine utilizando para designar al despojo “bien intencionado”:

  1. Introducir incentivos para que el sistema de educación superior no evolucione.
  2. Incrementará el gasto público en perjuicio de actividades productivas que pagan por el conocimiento útil.
  3. Disminuirá el valor de la preparación que dará el sistema, al aumentar artificialmente la cantidad de egresados.
  4. Generará una cantidad de profesionales frustrados. Tal vez con el beneficio partidario de que ese tipo de resentimiento es el caldo de cultivo del pensamiento izquierdista de características místicas.

 

Artículo de Crónicas Inconexas, número 10

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