Nelson Castro dice que le hicieron “el juego” a la señora por “judicializar”

Hay gente que nunca va a aprender, salimos de 12 años de un sistema criminal y todavía no lo han entendido. El impedimento no es sólo de inteligencia, sino que son tan adictos a la corrección política que siempre terminan siendo instrumento del kirchnerismo. Estos días los operadores K en América TV sobre todo, estuvieron repitiendo que Macri y la señora son igual de responsables en los términos del traspaso presidencial. Esos lo hacen a propósito, ante un público que ya no es K, buscan que Macri se vea embarrado porque a los seguidores de la señora les importa todo tres pitos.

Pero hay otros peores que se compran el buzón de otra forma, por su dependencia del buenismo, de verse correctos frente a lo que se debe decir y hacer. Caso de Nelson Castro, a quién estoy escuchando otra vez, igual que ayer, decir que “Macri entró en el juego de CFK al judicializar la cuestión”. Una de las cosas más estúpidas que le he escuchado decir. No entiende o no le interesa hacer el esfuerzo de entender que no tiene ninguna importancia lo que haga Macri, lo “judicialice” o no lo “judicialice”, siempre el kirchnerismo lo va a objetar y va a simular responder a un principio.

Tan perspicaz el hombre que afirma que la señora buscaba una excusa para no ir y Macri se la dio. No señor, usted no entiende nada. Primero que a nadie le interesa que vaya, así que si esa es la pérdida no tiene importancia alguna. Segundo porque esta mujer está perdiendo todo lo que le queda por la forma en que se va como lo expliqué en un post anterior, no hay ninguna viveza en su “jugada” ni estaba anticipando nada. Mucho más simple: quería convertirse ella en la protagonista del traspaso de mando y se encontró con que le dijeron que no. La supuesta “excusa”, provocó que dos de sus lacayos sostuvieran el relato con un video de Youtube a la salida del Congreso y se le desmoronaran todos los acuerdos.

Lo peor de lo que dice es que aunque se las da siempre de tan apegado al republicanismo, adhiere a la tesis fascista de que hay un pecado llamado “judicializar”. El poder judicial es donde se resuelven los conflictos institucionales, no entre bambalinas y no a las piñas. Si no se recurre a la ley es cuando se hace el juego de los autoritarios. Macri consiguió no “entrar en el juego” de la presión y el enjuague, resolviendo sus diferencias donde debía, de modo oportuno, definitivo y eficiente. Todo lo contrario a lo que dice Castro mirando la reacción K, como si el objetivo de las decisiones de Macri tuviera que ser que no se enoje una señora que se enoja salvo que le besen los pies.

Por supuesto, tampoco tiene la más remota idea de cuáles eran los valores en juego ni tuvo en cuenta el desastre que sería subordinar las instituciones a los caprichos de una desequilibrada que se niega a dejar el poder. En este caso, el protocolo y las formas de la asunción de un nuevo jefe de estado, le corresponde marcarlo a él. Eso se logró con la medida judicial y era imposible lograrlo de otra forma.

Pero claro, hay una urgencia por seguir demostrando que no se es “ni K ni anti K” (como la del nuevo gobierno debo decir), que hay que salir a tomar posiciones equidistantes entre lo inaceptable y lo debido. Porque es tal la cola de paja de haber sido oficialistas y de estar siempre con el dedo mojado al viento, que supongo que el sentimiento de vértigo debe ser importante. Por eso el contraste con los medios extranjeros que no tienen ese problema es enorme. A nadie se le ocurrió otra cosa que describir esto como el resultado del capricho, el autoritarismo y la baja estofa de la señora que se va, quiera o no.

La escalada tonta hacia la derrota

La escalada tonta hacia la derrota

También esta señora tan deteriorada en sus nervios, tuvo su momento en el que todo lo que hacía al elenco estable del cholulismo del poder le parecía muy inteligente. Igual que en el caso de Aníbal Fernández, se confunde la combinación de perversión e impunidad con inteligencia. Este es un gran momento para ejemplificarlo, porque la escalada menor que ha iniciado con la pelea por el protagonismo en el traspaso de mando puede subir hasta el tono que ella quiera, pero el resultado le es irremediablemente desfavorable: ella sale del poder y Mauricio Macri lo retiene, rodeado de ceremonias, saludos de presidentes, incluso algunos amigos de ella. El final es que la señora que se cree “genia” pierde, si es que ella elige armar un berrinche de peluquería, como diría su ladero estrella.

Ya es tarde incluso para desarmar el operativo humillación a Macri que aunque triunfe fracasa. Si desarma el curso de acciones que inició se verá también como una derrota. Lo que está haciendo asegura el final más ridículo imaginable para un régimen todopoderoso. No hay ninguna incompatibilidad entre el ridículo y el abuso del poder, casi siempre van unidos. El problema es que en un caso todos se ven obligados a adular y en otro se transforma en un espectáculo grotesco, que es lo que esta mujer está empeñada en dar.

El estado socialdemócrata es tan poderoso que permitió a Hitler ser Hitler, algo que está bien retratado en ese libro que siempre recomiendo que se llama “4000 años de controles de precios y salarios…” de R. L. Schuettinger y E. F. Butler. Allí los autores comentan que el dictador alemán no tuvo que hacer grandes cambios en la legislación económica para construir un estado todopoderoso, nada más se apoyó en la que le dejó la socialdemocracia concebida para hacer cosas “buenas”. Ese estado otorga un poder omnímodo al que quiera usarlo sin escrúpulos. Esa falta de escrúpulos, más la impunidad de ese estado, es lo que le otorgó a esta señora la capacidad para decir y hacer cualquier estupidez y que se la llene de elogios. El estado que nadie quiere desarmar, dicho sea de paso.

Perdido el poder la señora caprichosa es nada más que una señora caprichosa y esta disputa que armó muestra eso y su falta de inteligencia. Haga lo que haga el 10 de diciembre pierde. La única cosa inteligente que podía hacer no es capaz de hacerla, que es entregar todo con una sonrisa, sin mostrarle a todo el mundo que está derrotada y que le duele al punto de estar dispuesta a hacer el ridículo. A quién le va a vender ahora que el que perdió fue Scioli ¿A Echarri?

Esta es la Fábula del Alacrán de la era de los zombies.