Las internas estatizadas y obligatorias del 14 de agosto fueron pensadas como una gran trampa para prolongar lo más posible la indefinición de candidaturas en la oposición en combinación con todo el aparato de propaganda y difamación que maneja ilegalmente el gobierno. El peronismo federal es hasta ahora el único sector que se propuso actuar para contrarrestar esto con sus primarias anticipadadas, más allá de las críticas de Solá cuya única oportunidad es descalificar lo que no puede alcanzar.

 

De los últimos actos autoritarios de la señora Kirchner (que sus ayudantes en la oposición llaman actos de Garré, de Gonzalez, de García o de Moyano) surgió el acuerdo de algunos dirigentes en un documento en defensa de la escuálida democracia que aún queda y flotó la idea de una alianza electoral. El debate se dio entre los que creen que la oposición tiene que presentar un frente unido y los que entienden que primero deberían ver si están de acuerdo en algún tipo de programa.

Sin embargo, el eje del acuerdo podría ser otro. Si algún opositor logra llegar a la segunda vuelta el sistema K se vería enfrentado al resto del país que los padece. El oficialismo no es un competidor como cualquiera, sino una minoría con vocación totalitaria, una combinación de neo-nazismo y oligarquía, de modo que quienes no están dentro de la banda son víctimas de ella. Este es el panorama que hay que resolver y los dirigentes que dejan algún elemento afuera están evadiendo la realidad. No hay una competencia por el programa más lindo de país, y si la hay se tiene primero que alejar el fantasma de que la Argentina entrará en un largo oscurantismo del que será difícil salir. Lo de “primero” no tiene necesariamente un sentido cronológico, como se verá.

Hay una solución por la que el monstruo se comería a Frankestein y en la que también podría darse la competencia por distintos programas. No se si es exactamente lo que están pensando Duhalde y Macri porque no lo expresaron de esta manera. Podrían estar por un lado el radicalismo y el filo radicalismo, por otro los que forman parte del peronismo federal con el candidato que resulte ganador y los que se quedaron afuera presentándose aparte, el PRO y otros partidos nacionales. No haría falta que acuerden en cuanto a sus programas económicos, si los tienen. Ya se sabe que coinciden en algunos puntos institucionales que sería fácil enumerar.

La receta es sencilla: después de que cada sector determine sus candidaturas, sea como lo hace el peronismo federal, o por un sistema al estilo Talento Argentino como el del PRO o por sorteo, dirimir la competencia entre la oposición el 14 de Agosto  y que de ahí surja un sólo candidato fortalecido para enfrentar a la señora o a quién resulte candidato oficial. Es decir, ningún sector tendría que dejar de lado sus ideas ni bendecir a nadie que no quiera. Todos competirían el 14 de agosto como si se tratara de una elección nacional, después de todo la es, debatirían, se tirarían los pelos e intentarían ganarle a los otros opositores del modo que prefieran.

La alianza que habría que presentar sería sólo la formalidad para asegurar la salida, no un acuerdo de fondo, solo aceptar el resultado de esa elección del 14 de agosto como una responsabilidad de los votantes. No hay nada de fondo que acordar y para el país es mejor que no haya acuerdo en ese sentido sino múltiples propuestas. El gobierno se vería en serios problemas en su estrategia, porque se enfrentaría con un sólo candidato en octubre y tendrían que ser ellos los que se planteen si llegan a la segunda vuelta y  en vez de ser los que dominan la escena hasta agosto, serían los únicos que no estarían en ella porque toda la atención estaría sobre lo que pasa en la oposición.

 

 

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