La materia en la que es experto Giovanni Sartori no es le economía sino la ciencia política, hoy le dice a los economistas (a la mayoría de ellos, no ha escuchado a los austríacos): no me vengan con el cuento de que no pudieron prever la crisis. El tono de su comentario es el del que está cansado del verso del sistema financiero.

Aunque no es preciso en las soluciones porque mezcla regulaciones de negocios limpios con la autorización que tienen los sistemas financieros asociados a los gobiernos de estafar (no me canso de recomendar para entender esto el libro de Huerta de Soto publicado en su página) desde fuera de la “ciencia económica” (más vale ponerla así en el estado de brujería matemática en el que se encuentra) tiene una visión más completa del problema porque en su campo de acción la base filosófica juega un papel, mientras que para los brujos de los números un asalto generalizado a la población puede cubrirse bajo una palabra que lo haga aparecer como instrumental: devaluación. A estas cosas se ha llegado autorizando a los bancos, no ahora sino hace muchas décadas, a prestar dinero que no tienen a cambio de un interés, producir inconsistencias económicas a las que han llamado “ciclos” para que parezca que ocurren por alguna fuerza metafísica (Sartori se volvería austríaco con una sóla leída de cómo ocurrió esto) y después explicar que tal situación es espontánea y necesita corrección por parte de los médicos brujos.

Claro que hay más estafadores en el sistema financiero que operadores honestos como dice el autor. A veces es difícil definir esto último en un contexto de una ausencia de transparencia asombrosa. Cuando el 2001 muchos argentinos estaban tratando de huir una vez más de sus gobiernos, sus operadores en el mercado norteamericano (“on shore”, lejos de los “paraísos fiscales”) le enchufaban sin que supieran acciones de compañías argentinas, es decir los devolvían a casa y andá a hacerles un juicio sin una fortuna que te respalde.

Desde esa posición, fuera del club de los economistas que tratan de hacer complejo lo que es simple, Sartori puede dar en el clavo al decir que no es parte de las reglas de ningún mercado que se pueda vender metal amarillo por oro. Eso no se soluciona con regulaciones, sino quitando las regulaciones que permiten estafar, en las que los gobiernos son socios de los bancos y dejar de llamar a la estafa “problema económico” porque no lo es. Porque no se le puede llamar regulación a la ley penal que protege al propietario de sus asaltantes. La idea de regulación tiene que ver con limitar las libertades por pensar que son perjudiciales (o porque conviene decir que lo son) y nadie tiene la libertad de vender metal amarillo por oro. Aunque defender esto cambiando las palabras te lleve a ganar el Premio Nobel.

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7 Responses

  1. El sistema financiero funciona como una ficción. Se presta dinero con la esperanza de que no todos los depositantes vendrán en un mismo día a pedir su dinero; y a su vez cruzando los dedos en que sus tomadores de crédito nodevengan en insolventes. Son riesgos que se concretán más tarde o más temprmano.
    La reserva del 100% es la única solución. El que quiera dedicarse a la actividad crediticia que lo haga con su propia fortuna.

    • Y podrìamos agregar, que al socialismo habrìa que hacerle un pequeño ajuste y luego todos felices de que lo apliquen los que lo proponen:

      Que apliquen todas las polìticas monetaristas, intervencionistas, crediticias, subsidios y demàs…CON LA PLATA PROPIA, DE SU PATRIMONIO PARTICULAR, A CUENTA Y RIESGO DE LOS ACONTECERES CONSECUENTES.

      Quedarà algùn socialista, intervencionista con esa medida?

      La falacia de tanta mierda declamada durante siglos, se derrumba siempre con esa propuesta.

      Què fàcil que es elucubrar polìticas y arriesgar la guita del pròjimo, no?

  2. Me quedo con esta maravilla de claridad:

    “A estas cosas se ha llegado autorizando a los bancos, no ahora sino hace muchas décadas, a prestar dinero que no tienen a cambio de un interés, producir inconsistencias económicas a las que han llamado “ciclos” para que parezca que ocurren por alguna fuerza metafísica (Sartori se volvería austríaco con una sóla leída de cómo ocurrió esto) y después explicar que tal situación es espontánea y necesita corrección por parte de los médicos brujos.”

  3. El problema es que muy pocos en el mundo entero piensan que la regulación es una limitación de las libertades. Y encima la ven como buena.
    Hoy ví una encuesta hecha en EEUU en donde la mayoría pensaba que la regulación del gobierno era una manera efectiva de solucionar la crisis financiera.

    • Porque, entre otras imbecilidades, el concepto “estado” es una abstracciòn, un ente inmaterial para la masa de ignorantes.
      Algùn dìa tendràn una epifanìa liberal y seràn iluminados: EL ESTADO ES UN GRUPO DE TIPOS DE CARNE Y HUESO A LOS QUE HAY QUE CONTROLAR AL MAXIMO Y NO DARLES EL PODER DE SODOMIZAR A LA SOCIEDAD SIEMPRE.

  4. Vale la pena leer el artículo de Sartori.
    Está escrito por un no especializado en la materia que tiene mucho sentido común.
    Una verdadera joya.

  5. En estas crisis hay en la gente una fuerte demanda de interpretacion de las cosas a traves de explicaciones claras y sencillas como la de este artículo.

    Estas son las oportunidades en que se pueden hacer grandes avances para cambiar las cosas.

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